El laberinto del poder: el peso de 250 años de política exterior de Estados Unidos

Del aislacionismo a ser el centro de las miradas, el pueblo estadounidense celebra la independencia y una historia moldeada a base de guerras, comercio y pragmatismo

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Hoy, Washington se erige como el epicentro de la geopolítica y el lugar por donde pasan gran parte de las decisiones que repercuten a nivel global (Foto: archivo DEF)
Hoy, Washington se erige como el epicentro de la geopolítica y el lugar por donde pasan gran parte de las decisiones que repercuten a nivel global (Foto: archivo DEF)

Estados Unidos conmemora sus 250 años de independencia, y su posición como principal potencial invita a mirar atrás y entender cómo un experimento democrático de trece colonias que rompieron con el imperialismo europeo terminó convirtiéndose, precisamente, en el arquitecto del orden global contemporáneo.

La política exterior de EE. UU. fue un péndulo entre el deseo de aislarse del mundo y la necesidad de moldearlo, ambas posturas con el objetivo de prosperidad y soberanía. Hoy, Washington se erige como el epicentro de la geopolítica y el lugar por donde pasan gran parte de las decisiones que repercuten a nivel global.

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De las Guerras Mundiales a la <i>Realpolitik </i>de Henry Kissinger

El siglo XX obligó a Estados Unidos a desoír definitivamente el consejo de su primer presidente, George Washington, quien abogaba por evitar “alianzas permanentes”. Tras la Primera Guerra Mundial, impulsado por el idealismo democrático de Woodrow Wilson, el país asomó la cabeza al tablero internacional. Sin embargo, fue la Segunda Guerra Mundial y el liderazgo de Franklin D. Roosevelt lo que consolidó a Washington como la superpotencia indiscutible de Occidente, diseñando el entramado institucional que aún rige el planeta: las Naciones Unidas, la alianza militar de la OTAN y el sistema financiero de Bretton Woods.

Sin embargo, la madurez de la hegemonía global estadounidense no se explica por el idealismo, sino por el pragmatismo de la Guerra Fría. Aquí es donde emerge la figura de Henry Kissinger, posiblemente el secretario de Estado más influyente del siglo XX.

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Kissinger inyectó la Realpolitik (política basada en intereses prácticos y no en ideologías) en el ADN de Washington.

Su obra cumbre fue la histórica apertura diplomática hacia la China de Mao Zedong en 1972, un movimiento maestro concebido junto al presidente Richard Nixon para fracturar el bloque comunista y aislar a la Unión Soviética, que pasó de aliado a rival en cuestión de años. Bajo su enfoque, la diplomacia estadounidense aprendió que, para mantener la estabilidad global, no hacían falta amigos permanentes, sino equilibrios de poder perfectos.

Sin embargo, fue la Segunda Guerra Mundial y el liderazgo de Franklin D. Roosevelt lo que consolidó a Washington como la superpotencia indiscutible de Occidente (Foto: archivo DEF)
Sin embargo, fue la Segunda Guerra Mundial y el liderazgo de Franklin D. Roosevelt lo que consolidó a Washington como la superpotencia indiscutible de Occidente (Foto: archivo DEF)

El giro del siglo XXI: del terrorismo al tablero asiático

El nuevo milenio obligó a replantear los manuales de defensa tradicionales. Los atentados del 11 de septiembre de 2001, bajo la administración de George W. Bush, inauguraron la guerra contra el terrorismo. Figuras como el secretario de Defensa Donald Rumsfeld impulsaron un giro hacia la doctrina de la “guerra preventiva” y las intervenciones asimétricas en Afganistán e Irak. Durante dos décadas, el combate a actores no estatales como Al Qaeda absorbió la atención y los recursos de la superpotencia.

Sin embargo, el verdadero giro estratégico contemporáneo se consolidó años después. Con el declive de la amenaza terrorista, Washington entendió que el siglo XXI se definiría en el Indopacífico.

Irónicamente, la China que Kissinger ayudó a integrar al mundo se convirtió en el principal rival de Estados Unidos. La actual estrategia estadounidense busca frenar la expansión económica y militar de Pekín en Asia. A través de alianzas estratégicas de nueva generación como el AUKUS (con Australia y el Reino Unido) y el Quad (junto a India, Japón y Australia), Estados Unidos busca blindar el comercio marítimo global y asegurar la cadena de suministro de microchips y minerales estratégicos, moviendo sus piezas defensivas en detrimento de la influencia china.

Sin embargo, la madurez de la hegemonía global estadounidense no se explica por el idealismo, sino por el pragmatismo de la Guerra Fría: aquí es donde emerge la figura de Henry Kissinger (Foto: archivo DEF)
Sin embargo, la madurez de la hegemonía global estadounidense no se explica por el idealismo, sino por el pragmatismo de la Guerra Fría: aquí es donde emerge la figura de Henry Kissinger (Foto: archivo DEF)

Estados Unidos, el policía global y su peso en seguridad hemisférica

Más allá de los choques entre superpotencias, la política exterior de EE. UU. mantiene un frente crítico en su propio hemisferio. El combate al crimen organizado y el narcotráfico transnacional pasó de ser un problema puramente policial a convertirse en una prioridad de seguridad nacional y estabilidad regional.

A lo largo de las últimas décadas, secretarios de Estado de distintas administraciones coordinaron planes de financiamiento e inteligencia militar claves en la región, como el Plan Colombia o el Entendimiento Bicentenario con México.

En la actualidad, la devastadora crisis interna de salud pública por el consumo de fentanilo obligó a Washington a endurecer su posición. Estados Unidos actúa hoy como un aliado estratégico agresivo en la región, enfocando sus esfuerzos diplomáticos en tres frentes: asfixia financiera, inteligencia de frontera y presión geopolítica, para que terceros países endurezcan sus políticas.

En la actualidad, la devastadora crisis interna de salud pública por el consumo de fentanilo obligó a Washington a endurecer su posición (Foto: archivo DEF)
En la actualidad, la devastadora crisis interna de salud pública por el consumo de fentanilo obligó a Washington a endurecer su posición (Foto: archivo DEF)

A 250 años de la independencia de Estados Unidos, Washington se fortalece hiperconectado pero desafiado. La herencia de la Realpolitik de Kissinger y el peso de su historia obligan a Washington a reinventar su diplomacia para seguir siendo el actor indispensable en un mundo decididamente más complejo.

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