
Un poema del siglo XIV está detrás del origen de El pensador, la escultura más reconocida de Auguste Rodin y una de las más famosas del mundo. La obra, que parece concebida de manera independiente, nació en realidad como una figura dentro de un proyecto monumental encargado por el gobierno francés: Las puertas del infierno, una imponente estructura de casi seis metros de altura decorada con más de 200 figuras inspiradas en La Divina Comedia de Dante Alighieri.
En 1880, la Dirección de Bellas Artes de Francia encargó a Rodin una obra para la entrada de un nuevo Museo de Artes Decorativas. El escultor concibió un par de puertas monumentales que reproducirían escenas del Infierno, el primero de los tres cantos del poema épico de Alighieri, escrito entre 1308 y 1321.
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La advertencia grabada en la entrada al averno: “Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis”, guió la disposición de las figuras atormentadas que cubrirían cada panel. Según la Enciclopedia Británica, Rodin modeló una serie de pequeñas figuras de arcilla que representaban a los personajes atormentados del poema, con la figura central ubicada en el tímpano, observando las almas condenadas que se retorcían debajo.

El poeta que se convirtió en ícono universal
Ubicado en el dintel de las puertas, directamente sobre ambas hojas, el personaje meditabundo que hoy se conoce como El pensador fue modelado a partir del luchador y boxeador francés Jean Baud. Su título original era El poeta, y la interpretación más extendida lo identifica con el propio Dante, contemplando los tormentos que se despliegan ante él. En una versión temprana de la escultura, la figura llevaba un gorro florentino del siglo XIII que facilitaba esa asociación. El nombre con el que la obra se hizo célebre vino después: según consigna el sitio especializado Rodin-web.org, ya en 1885 el crítico Octave Mirbeau señaló las similitudes entre la figura y la estatua de Lorenzo de Médici que Miguel Ángel talló para la capilla Médici, conocida como Il Pensieroso (“El pensador”).
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Rodin comenzó a fundir algunas de las figuras de Las puertas del infierno como piezas autónomas. El pensador se exhibió por primera vez de forma independiente en 1888 y, años más tarde, Rodin lo amplió a escala mayor que la natural para el Salón de París de 1904, donde recibió críticas dispares. El propio escultor explicó su concepción de la obra en declaraciones recogidas por el periódico parisino Gil Blas en 1904:
“Ante la puerta, sentado sobre una roca, Dante iba a estar en profunda meditación, concibiendo el plan de su poema. Pero algo surgió de esta idea. Delgado, ascético en su estrecha túnica, mi Dante, separado del conjunto, no habría tenido significado. Así concebí otro pensador: un hombre desnudo, acuclillado sobre una roca, con el puño apretado contra los dientes, que sueña. El pensamiento fértil se elabora lentamente dentro de su cerebro. Ya no es un soñador, es un creador”.
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El beso, otra de las esculturas más conocidas de Rodin, tuvo un destino similar: fue diseñada también para Las puertas del infierno, pero terminó siendo retirada del conjunto porque la pareja en abrazo resultaba temáticamente discordante con el resto de las figuras.

Una obra inconclusa con más de un siglo de vigencia
Rodin trabajó en Las puertas del infierno durante 37 años y la dejó inconclusa al morir, en 1917. El Museo de Artes Decorativas para el que fue concebida jamás se construyó. Un vaciado de las monumentales puertas se conserva en el Museo Rodin de París, instalado en el Hôtel Biron, donde Rodin desarrolló el proyecto. El primer fundido en bronce de El pensador, realizado en 1904, también forma parte de esa colección. Otras copias de Las puertas del infierno se encuentran en el Museo d’Orsay de París, el Kunsthaus Zürich y el Museo Rodin de Filadelfia, donde funcionaron durante años como entrada para los visitantes.
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La popularidad de la escultura se tradujo en una amplia difusión geográfica. Rodin autorizó en vida la fundición de varias copias, y tras su muerte el Museo Rodin continuó produciendo vaciados autorizados. Hoy existen más de 20 réplicas de gran formato de El pensador en museos, universidades y espacios públicos de Europa, América y Asia.
Más allá de la identificación con Dante, la obra admite otras lecturas igualmente respaldadas por la historiografía del arte. El portal especializado The Collector señala que una de ellas propone que la figura representa al propio Rodin, observando con distancia crítica el proceso creativo que se despliega en las puertas que lo rodean —tesis reforzada por el hecho de que las puertas contienen otro autorretrato del escultor en un relieve inferior.
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Otra interpretación la asocia con Adán, el personaje bíblico que cargó con el peso del pecado original. Lo que las tres lecturas comparten es la imagen de un hombre ante una situación límite: el poeta frente al horror del infierno, el artista ante su propia obra, el primer hombre ante las consecuencias irreversibles de sus actos. Esa ambigüedad es, en buena medida, la razón de su permanencia.
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