Lisandro Alonso estrena ‘La libertad doble’ en Argentina: “Tengo una cadencia que va a contramarcha del ritmo del cine comercial”

El director inaugura la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de la UBA con una “secuela” de su ópera prima, que retoma a su protagonista original para reflejar otra crisis social argentina

Tráiler de "La libertad doble", de Lisandro Alonso
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Lisandro Alonso estrena en Argentina La libertad doble como película de apertura de la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de la UBA (FIC.UBA). Es uno de los directores argentinos con mayor presencia en los festivales internacionales, gracias a un cine de observación, pausado y contemplativo, que quedó definido en su ópera prima La libertad y que veinticinco años después retoma con especie de “secuela”. Ese estilo, alejado de cualquier lógica comercial, es también la razón por la que nunca lo llamaron para dirigir una saga de superhéroes o de cómics, algo que Alonso repasó con cierta ironía: “Yo tengo una cadencia y un tipo de sensibilidad que va a contramarcha del ritmo y del vértigo que exigen esas narrativas”, dijo, en diálogo con Infobae Cultura. “A mí me encantaría que me lo ofrezcan para hacerla como yo pienso, pero me parece que por obvias razones consideran que hay otros que son más idóneos para llevar adelante esas empresas”, explicó. “No me han llegado esas ofertas y tampoco me parece que me vayan a llegar en el pronto tiempo”, cerró con una sonrisa.

La libertad doble se estrenó en la prestigiosa Quincena de Cineastas del Festival de Cannes, la misma sección donde presentó en 2001 su ópera prima, La libertad. Veinticinco años después, La libertad doble retoma al protagonista de aquella película, el hachero Misael Saavedra. Ahora lo muestra obligado a hacerse cargo de su hermana, interpretada por la actriz chilena Catalina Saavedra, externada de un centro psiquiátrico tras un recorte de los subsidios estatales que financiaban su internación. Rodada en 35 milímetros, la película conecta el universo de su debut con la crisis social y económica de la Argentina actual.

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Ese vínculo constante con Cannes es motivo de orgullo, pero también de una reflexión más incómoda para Alonso, cuyas siete películas pasaron por distintas secciones del festival francés. Una especie de “récord”. “También tengo otros récords que no darían cuenta de eso, tan a favor”, dijo con una cierta dosis de ironía, consultado sobre su presencia recurrente en la muestra.

Sobre lo que significa moverse en la gran vidriera del cine mundial pese a hacer un cine alejado de las convenciones comerciales, fue contundente: “Azarosamente coincidió que ese fue mi primer festival internacional. Por más que parezca una humorada, me lo tomo como que fue mi normalidad, aunque sé que para nada es así.” “Volviendo un poco a la realidad que les toca a muchos de mis colegas, que se la pasan trabajando igual que yo y tienen películas geniales y no logran llegar a ese circo, a esa alfombra roja del Festival de Cannes, donde está la crema del cine contemporáneo y de los grandes autores a nivel internacional”, agregó.

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Un hombre con gorra azul y camiseta blanca sentado junto a una pequeña mesa de madera, con un perro blanco tumbado en el suelo bajo una sombra
Una escena de La libertad doble, la secuela que Lisandro Alonso filmó veinticinco años después de su ópera prima

Las influencias detrás de ‘La libertad’

—¿Creés que La libertad abrió un camino para ese tipo de cine de observación en Argentina?

—No abrió un camino porque yo ya venía viendo a nivel cinematografía internacional en muchos cineastas que me causaba mucha curiosidad, de diferentes geografías. Puede ser Irán, Taiwán, Tailandia, Francia, África. No tanto del cono sur y menos de Argentina. Terminé la universidad y empecé viendo cine en la sección Contracampo del Festival de Mar del Plata, de la mano de Nicolás Sarquis. Fue muy beneficioso para mí tener esa ventana, porque me abrió la curiosidad al tipo de cine que a mí me interesa hacer también, que no tiene que ver quizás con algo más convencional, donde todo está más digerido y a la mano de un espectador que tiene otro tipo de ambición.

—¿Por qué decidiste volver a Misael Saavedra para esta película?

—Había probado con hacer otras películas que eran un poco más tediosas, que necesitaban de mayor presupuesto y mayor coproducción a nivel internacional, de cuatro o cinco países involucrados. Fue muy cansador para mí por diferentes razones y decidí repensar un poco cómo había empezado a hacer películas, con qué había proyectado que podría ser un camino, una herramienta de trabajo más sencilla, más independiente, que requiera de menos apoyo y menos coproducción. Inmediatamente pensé en Misael Saavedra, que es el protagonista de La libertad.

—¿Qué conexión encontrás entre las dos películas, con un cuarto de siglo de por medio?

—Coincidentemente, tanto aquella como esta pasaron en un momento de la Argentina donde ocurrían reformas y consecuencias de una política que afectaba directamente a quien incluso estaba fuera del sistema. Hoy, en esta nueva versión, secuela si se quiere, y aun estando fuera del sistema, la política le llega de alguna manera al protagonista. Entonces me pareció pertinente hacer un eco de una a la otra película veinticinco años después y también hacer, a nivel personal pero también cinematográfico, cómo nos toca evolucionar desde aquel momento hasta este. Culturalmente, social, políticamente, económicamente. Yo sé que es una metáfora que se vive a través de Misael, pero también se puede leer como a muchas otras personas de Argentina le sucede.

—¿Cómo conociste a este personaje, Misael Saavedra?

—Yo nací en Buenos Aires, viví en el conurbano un tiempo, pero mi padre es de la provincia de La Pampa. Cuando yo era postadolescente, a través del trabajo de mi padre y mi familia, que es la actividad agrícola-ganadera, volví a La Pampa a tener contacto con la naturaleza y con esa parte de la Argentina. Fue en un campo que lo encontré a Misael cortando árboles para hacer postes para los alambrados. Eso fue en 1998.

Dos personas caminan de espaldas por un campo verdoso bajo un cielo nublado, con el título La libertad doble y texto del festival sobrepuestos
El afiche de La libertad doble, presentada en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes

Aunque viví mi juventud en Buenos Aires, me sentí reflejado con la situación que vivía Misael de aislamiento, soledad, incomunicación, falta de un futuro posible, falta de elecciones. Por más que los dos teníamos diferentes realidades socioeconómicas, de alguna manera me sentí muy reflejado en su trabajo y su sensibilidad. Por eso decidí filmar a un joven que vivía fuera de la ciudad, porque en aquel momento también se filmaba mucho dentro de la ciudad de Buenos Aires. A partir de mediados de los 90 empezamos a sacar la cámara fuera de Buenos Aires y eso hizo que el nuevo cine argentino también brille de alguna manera.

—Dijiste que la producción de tus anteriores película te cansó un poco. ¿Es tan trabajoso toda esa tarea que no se ve en pantalla, ni siquiera tiene que ver con el hecho “artístico”, que te quita energía para la creación?

—No, forma parte. El tema es que la balanza a veces, como director, productor, guionista, montajista, me absorbe mucho más, como a todos los directores de cine en el mundo y en Argentina: cómo financiar las películas en la clave, sobre todo hoy, que cambió tanto la estructura de financiación de lo que puede ser una película.

Hoy quizás la producción de una película está más inclinada hacia las plataformas, pero estas empresas no suelen producir el tipo de películas que a mí me gusta hacer. Entonces es más difícil día a día encontrar posible financiación, ni hablar en Argentina, que ya no existe por obvias razones, pero en el exterior también. Los estímulos se reducen, entonces las posibilidades y dónde buscar financiación se reduce también. Se hace cada vez más engorroso tratar de encontrar el dinero suficiente para producir algo un poco más ambicioso.

Por eso decidí volver a algo más simple, más escueto y más austero. Encontré una felicidad enorme en hacerla y creo que me voy a quedar quieto donde estoy, porque me siento más suelto de equipaje. Más libre para tomar decisiones y elegir con quién y cómo trabajar.

—¿Creés que el modelo de producción de las plataformas termina afectando la narrativa de las películas?

—Evidentemente es un factor determinante. Me parece que lo que afecta es el nivel de cómo miramos o consumimos o trabajamos las imágenes que nos nutren día a día, que nos causan estímulo. Hoy por hoy me parece que cada vez es más difícil tener un cierto grado de concentración como se tenía antes cuando veíamos una película de Fellini o veíamos en una sala cinematográfica.

Hoy necesitamos todo el tiempo de algún estímulo. Miramos todo, incluso las relaciones familiares y de amigos, de otra manera. Vivimos en un mundo distinto, a otra velocidad.

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