Lucrecia Martel: “Que el cine no sea solamente entretenimiento para el insomnio, sino para imaginar otras formas de futuro”

En España, donde presentó su libro ‘Un destino común’ y el documental ‘Nuestra tierra’, la directora pidió hacer pequeñas acciones cotidianas frente a lo que llamó “un clima de impotencia social”

Lucrecia Martel, de mediana edad, con cabello castaño, gafas de sol y chaqueta negra, sostiene un bastón y un pasamanos, mirando al frente con un fondo verde desenfocado
Lucrecia Martel llama a construir “micro-soluciones” frente a la desigualdad
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La cineasta salteña Lucrecia Martel defendió la búsqueda de formas cotidianas de resistencia ante lo que considera “un clima de impotencia social”. Durante una serie de encuentros en España para presentar su primer libro, Un destino común, y su documental Nuestra tierra, la realizadora propuso acciones comunitarias y nuevas maneras de construir lenguajes, vínculos y relatos. “No hace falta que hagamos la gran revolución, simplemente que cada uno de nosotros fuerce la cosa en un sentido distinto al que estamos viendo”, sostuvo Martel en una entrevista publicada por El País.

Como ejemplo de ese “disciplinamiento colectivo”, Martel mencionó el desahucio de Maricarmen Abascal, una vecina madrileña de 87 años desalojada el 23 de septiembre pasado de la vivienda en la que residía desde 1956, pese a un pedido de Naciones Unidas para suspender el lanzamiento y a la movilización de cientos de personas que acamparon frente al edificio para impedirlo. El caso, que derivó en protestas en distintas ciudades españolas y en una acampada en la Puerta del Sol, se convirtió en símbolo de la crisis de vivienda en España. Para la directora, episodios como este buscan instalar la idea de que, aunque se luche, nada puede cambiar.

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Martel, nacida en Salta hace 59 años, inició el 24 de septiembre su recorrido por Madrid con una charla junto al director del Festival IDEM, Rolf Abderhalden. El encuentro formó parte del programa Ecotopías, dedicado a los desafíos ambientales de una época marcada por la intervención humana sobre el planeta. La realizadora planteó que la industria audiovisual impone obstáculos a proyectos que se apartan de sus circuitos más consolidados. Frente a esa situación, pidió encontrar vías alternativas para producir películas y recuperar al cine como ámbito de discusión pública.

La directora argentina, que estuvo en España presentando su libro 'Un destino común' y su documental 'Nuestra tierra', dijo que la cultura debe "darnos fuerzas" para "imaginar otras formas de futuro"
La directora argentina, que estuvo en España presentando su libro 'Un destino común' y su documental 'Nuestra tierra', dijo que la cultura debe "darnos fuerzas" para "imaginar otras formas de futuro"

“Que no sea un cine solo de entretenimiento y para resolver el insomnio, sino para conocernos, animarnos, darnos fuerzas e imaginar otras formas de futuro”, afirmó la autora de La ciénaga, La niña santa, La mujer sin cabeza y Zama. Desde su debut en el largometraje, en 2001, Martel abordó las relaciones de clase, el poder y el territorio. Sus películas se distinguen por el trabajo sonoro y por una construcción narrativa que presta atención a aquello que queda fuera de la imagen, a los gestos y tensiones que no se explicitan de forma directa.

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El eje de Nuestra tierra, estrenada en 2025, es el asesinato de Javier Chocobar, referente de la comunidad indígena chuschagasta, ocurrido en 2009 en Tucumán. El documental sigue el juicio por el crimen y sitúa el expediente dentro de una discusión más amplia sobre los derechos de los pueblos originarios y las formas de propiedad de la tierra. La película expone el contraste entre el sistema judicial, que analiza la posesión desde títulos y derechos individuales asociados a la explotación económica, y la perspectiva de la comunidad chuschagasta, que entiende el territorio como un bien colectivo. La tensión alcanza al lenguaje: la comunidad debe traducir su propia experiencia a categorías ajenas para hacerla comprensible ante el tribunal.

La reconstrucción del crimen para el juicio adquiere en el documental una dimensión cinematográfica: los acusados dan indicaciones a los camarógrafos y describen los movimientos que hicieron el día del hecho. Martel contrapone esas imágenes con el archivo fotográfico y audiovisual que la propia comunidad chuschagasta conserva de su historia.

documental Nuestra tierra lucrecia martel
Escena del documental "Nuestra tierra"

“En el diálogo vamos a tener que ceder algo y eso es ceder parte de la tierra”, dice uno de los integrantes de la comunidad en el film. Martel sostuvo que los significados de las palabras dependen de acuerdos que varían de acuerdo con la posición social, el contexto y el lugar desde el cual se habla. La realizadora explicó que el equipo buscó una forma audiovisual que mostrara ese desacuerdo sin convertirlo en una explicación externa. “Inventar un lenguaje es una micro-solución. Es encontrarnos”, señaló.

Lucrecia Martel también planteó la necesidad de resistencias más silenciosas frente al avance tecnológico. “Yo estoy con un bastón, así que no se me ocurre ninguna revolución por la fuerza física, pero sí creo en la clandestinidad. Vamos a tener que ocultarnos. Ocultar nuestros datos de las empresas, mentir, generar confusión”, sostuvo. La directora extendió esa desconfianza a la relación de la humanidad con sus propias invenciones: “Logramos una invención extraordinaria que es el lenguaje y, en su consecuencia, la escritura. Pero nos dio un problema terrible, que es la locura. Somos una especie enloquecida”, afirmó.

En el libro Un destino común, publicado por Caja Negra en 2025, Martel reunió intervenciones públicas y conferencias. Allí cuestiona una forma de mirar condicionada por la educación y las jerarquías sociales. “La educación genera una complicidad de clase que permite soportar no ver el mundo”, plantea en el volumen. La directora afirmó que el documental ya fue utilizado por grupos que organizan reclamos territoriales y espacios de debate. También relató que debió revisar sus propios modos de vincularse con sectores populares, luego de asistir a reuniones en barrios donde su filmografía era desconocida. “Yo tuve que cambiar para que pasara algo”.

Las conferencias de Martel circulan también fuera de los circuitos habituales del cine: fragmentos de sus intervenciones se difunden en redes sociales, donde jóvenes que no vieron sus películas replican sus ideas. “De repente estoy en TikTok, viendo carpintería japonesa y tractores y todas esas cosas que me interesan y me encuentro conmigo misma diciendo las mismas pavadas de siempre”, contó, entre risas.

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