
Sarmiento escribió sobre educación como quien escribe sobre supervivencia. Para él, un pueblo que no sabe leer no puede gobernarse, no puede trabajar con eficiencia y, entonces, no puede ser libre. Esta convicción atraviesa todos los textos reunidos en El maestro. Ideas sobre educación, el ebook gratuito que ofrece Infobae Ediciones. Aparecen desde su gran ensayo de 1849 sobre instrucción pública hasta el último discurso que pronunció en Asunción, en 1887, cuando ya casi no le respondía la voz.

El maestro
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En esos textos resalta su convicción de que las mujeres son las mejores maestras —por su paciencia, por su cercanía con los niños, por sus instintos de tutoras— y que sin la educación femenina no hay civilización posible, porque son ellas quienes la transmiten en el hogar. Hay propuestas concretas de programas escolares, hay datos de fábricas de Massachusetts que prueban que los operarios que saben leer producen más y mejor, hay cartas, hay leyes, hay discursos. Todo apunta al mismo norte: que la Argentina —y América— no puede darse el lujo de seguir desperdiciando inteligencia.
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Este volumen reúne textos que pueden leerse juntos, como lo que son: las piezas de un proyecto que Sarmiento no dejó de construir a lo largo de toda su vida. En ese último discurso, en Asunción, y ante chicos de escuela, dijo que esperaba que las banderas de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay le sirvieran de mortaja, para atestiguar que había merecido bien de sus habitantes. Pocas semanas después, murió.
Con estas ideas, Infobae produjo el cortometraje “Sarmiento, el Maestro”, que se estrena este 11 de septiembre, en el Día del Maestro. Allí, Juan Leyrado le pone la voz al sanjuanino y Carla Peterson a su hija Ana Faustina. Las imágenes fueron generadas con inteligencia artificial.
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La introducción al ebook El maestro es una entrevista al historiador Alejandro Herrero, que aquí se reproduce.
Alfabetizar, ante todo
“En la época de Sarmiento la idea era alfabetizar, básicamente”, dice Alejandro Herrero, investigador de Historia de las ideas políticas y de educación en Argentina, profesor en la Universidad del Salvador, Universidad Nacional de Lanús, e investigador del Conicet. Y agrega un dato: “el tema de la letra le importaba mucho, que se entendiera lo que escribían, la claridad. Decía que eso tenía que ver con la moral, que escribir para que se entendiera era una cuestión moral”. ¿Sorprende? Bueno, muchas cosas tal vez sorprendan en los artículos que vienen a continuación. Donde el sanjuanino muestra su concepción, sus ideas sobre qué es educar. Muestra por qué Sarmiento es Sarmiento, sus puntos de vista, su adecuación a la política de la época, sus aportes.
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— ¿Qué aportó Sarmiento?
— Sarmiento tiene como referentes algunos estados de Estados Unidos. Acordate de que estamos en el siglo XIX, parte de los estados son esclavistas, los del norte son los que se llamaban “Estados Libres”. Uno de esos estados es Massachusetts. Y la concepción de la educación es liberal: apuesta a que el vecino sea quien crea y sostenga la escuela. En algunos casos, junto al Estado, pero es el vecino el protagonista. Entonces habla de vecinos que “donan” tiempo y esfuerzo fuera de su trabajo, vecinos benefactores que aportan recursos económicos, bienes, para la escuela o para la biblioteca.
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— ¿Y qué pasa? Porque después él trae maestras y funda escuelas que no son sostenidas por los vecinos...
— Despacio. Él tiene una primera experiencia de gestión en Chile, en el Ministerio de Instrucción Pública. Y otra cuando llega a Buenos Aires en 1855 y, entre otros cargos, ocupa el Departamento de Escuelas, que gobernaba la educación común. Comienza en 1856 y termina en 1861, cuando se hace cargo de la gobernación de San Juan en enero de 1862. En el 56, 57, 58, Sarmiento tiene esta concepción de que hablamos, que la educación la van a hacer los vecinos. Pero para que la hagan los vecinos es necesario convencer a los legisladores, que tienen que formar la estructura para crear escuelas. Buenos Aires, tras separarse de la Confederación, dicta su Constitución en 1854, y tiene una ley de municipalidades, es decir, gobiernos locales. Se crearon municipios para defender Buenos Aires durante la lucha armada contra la Confederación liderada por Urquiza, especialmente en las fronteras con fortines expuestos a malones indios, que atacaban los poblados y se retiraban. Un objetivo de la dirigencia de Buenos Aires era defender el territorio y la soberanía. Eso fue clave para Sarmiento, quien se apoyó en las municipalidades para crear escuelas, ya que en el municipio estaban la autoridad municipal, el juez de paz y los municipales, es decir, vecinos, elegidos por el voto.
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— Pero...
— También estamos en un momento de poca recaudación porque es un tiempo de guerra: en el siglo XIX siempre hay guerra. Entonces hay poca plata para la educación común, es decir, la educación básica. Desde 1856, 1857, Sarmiento empieza a tratar de crear escuelas con los pocos recursos del Estado. Y con los vecinos. Pero en 1859 va a tomar otra posición. ¿Por qué? Porque no puede resolver la asistencia a clase. Los padres, las madres, no confían en la escuela porque la idea es, bueno, ir a la escuela para trabajar después. Además, como estamos en la campaña, en las zonas rurales, por el tema de la cosecha los chicos van pocos meses a la escuela porque tienen que trabajar. O trabajar en la misma casa, no solo afuera. Uno de los desafíos de Sarmiento, igual que el de los educadores, los maestros y los inspectores, es cambiar la idea de los tutores y convencerlos de que es importante alfabetizar, porque los tutores —padres y madres, básicamente— no veían nada positivo en la escuela. Ese era un problema enorme que tenían. Cuando ves los registros de asistencia, primero empiezan tarde; van solo unos meses; y los que van unos meses, van de manera salteada. Entonces, a partir de 1859 Sarmiento plantea la educación obligatoria.
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— ¿Eso es disruptivo?
— Claro que sí. Sarmiento logra crear la revista Anales de la educación común, a fines de 1858. Lo primero que dice es que su idea de la educación es la de Massachusetts. Y que está en contra de la educación que se practica en Prusia, “que es una educación coercitiva”. Dice que, a fines del XVIII y comienzos del XIX, había reglamentos en Prusia que establecían la educación obligatoria y coercitiva. Entonces afirma: “Nosotros no vamos a hacer eso. Estamos en contra”. Ahora, en 1859, se da cuenta de que la única manera de lograr alguna respuesta es la coacción. Y en la segunda mitad del 59 plantea que tiene que haber obligatoriedad. Y que eso mismo se lo planteaban los funcionarios municipales de las localidades de la campaña: que la única forma era la coerción. Y ojo que cuando uno va hacia atrás, en la época de Rivadavia ya se habían establecido reglas coercitivas, aunque fue un sistema educativo que nunca se consolidó, apenas se crearon algunas escuelas, que funcionaban muy mal. Pero esas reglas ya existían, aunque no se usaban.
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— Entonces, Prusia no, Prusia sí.
— Hay maestros que piden que vayan a buscar a los estudiantes. Y Sarmiento, cuando empezó a plantear esta salida, pasó directamente de estar en contra de Prusia a tomarla como ejemplo. En el mundo había muy pocos ejemplos, además de Prusia. En América del Sur solo Brasil: algunos estados en la década del 30 ya tenían leyes que hablaban de la obligatoriedad escolar.
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— ¿Y cómo logran que se cumpla esa obligatoriedad?
— Por ejemplo Sarmiento en 1860 le escribe al jefe de Policía de Buenos Aires, Rafael Trelles. Le pide que intervenga porque hay muchos niños que deberían estar en la escuela y en cambio están en la calle. Cuando le escribe a Trelles, deja algo en claro: “Yo sé que no hay ningún reglamento, nada, que a usted lo autorice a hacer esto”. Pero igual le pide que intervenga. La respuesta de Trelles es inmediata. Le dice: “Estoy totalmente de acuerdo con usted, pero le recuerdo que ya tenemos reglamentos de la época de Rivadavia”. Entonces se los reproduce y le dice: “Uno de mis problemas es que no tengo personal”. Es decir, el propio Sarmiento ignoraba lo que había pasado en la época de Rivadavia. Sarmiento, que dirigía la educación, no sabía eso. En definitiva, Sarmiento pasa de una posición que sostenía con firmeza, la liberal, a otra coercitiva, basada en la imposición, no porque le gustara sino porque era la única que encontraba. Eso me interesa cuando se estudia a Sarmiento en la gestión: que cambia todo el tiempo, porque la realidad pone en cuestión lo que piensa. En 1875 se dicta la Ley de Educación Común en la provincia de Buenos Aires, donde lo primero que se establece es que la educación común es obligatoria, gratuita y gradual.

— ¿Gradual?
— Quiere decir que tenés que pasar año tras año, una educación progresiva por grados. Hasta ahora hablamos más de “alfabetizar” que de otra cosa. Estaban más preocupados por que los alumnos se alfabetizaran que porque terminaran la escuela, algo que era muy complicado que ocurriera. Él ve que si no es obligatorio, no hay escuela común. Y lo que le importa es la escuela común.
— ¿Por qué?
— Porque él está pensando en el pueblo. Sarmiento es un educador, pero es un dirigente político. Entonces, lo importante es cómo crear una república, y una república que en este momento tiene que apelar al pueblo, se gobierna con el pueblo, el representante es representante del pueblo. Por lo tanto, el tema que está siempre es: ¿cómo hago para formar un pueblo? Un pueblo quiere decir ciudadanos, habitantes que sepan sus derechos, hábitos de orden, respeto a las leyes, a las autoridades. ¿Cómo hago? Bueno, con la educación.
— Pensaba en Alberdi, que cree que primero hay que crear una sociedad próspera y luego avanzar en la educación. — Sarmiento sostenía que sin saber leer no hay civilización, ya que la lectura permite conocer derechos, obligaciones, y acceder al trabajo. Para Alberdi, influido por Francia y las revoluciones de 1830 y 1848, la educación fomentaba anarquía y desobediencia porque llevaba a cuestionar la ley; creía que la persona civilizada era quien trabaja, produce y sostiene a su familia y al Estado, sin necesitar mucha educación. Michel Chevalier, referente de Alberdi en Francia, opinaba igual: la ignorancia del pueblo evitaba disturbios, pues la educación impulsa a cuestionar y desobedecer. Rosas también coincidía en que lo importante era trabajar, creía que el trabajo moraliza, mientras que saber leer podía causar disturbios. Esta visión estaba presente en la dirigencia política de varios países y en el Río de la Plata. Sarmiento representaba la postura contraria. A partir de 1850, tanto la Confederación con Urquiza como Buenos Aires coincidieron en priorizar la educación. No prevaleció la idea de Alberdi, sino la importancia de la educación asociada a la lectura, a la escritura.

— ¿Qué aspecto de la educación resalta Sarmiento?
— Él le da mucha importancia, más que escribir, a leer. Entre 1845 y 1847, Sarmiento viaja a Europa y a Estados Unidos a estudiar sistemas educativos y va viendo que las sociedades prósperas son sociedades alfabetizadas. Y que la lectura es fundamental para formarte como ciudadano y saber tus derechos, tus obligaciones, pero también para trabajar. Entonces, si yo sé leer, yo sé cómo comprar tal cosa. Si yo sé leer, yo sé dónde vender el trigo. El tema de la lectura para él es la llave de todo.
— ¿Por qué les presta tanta atención a las mujeres?
— Sarmiento es un dirigente político y la educación es una de las funciones de gobierno. Entonces, cuando está como jefe del Departamento de Escuelas del Estado de Buenos Aires, en los años cincuenta, al mismo tiempo es concejal de la Ciudad de Buenos Aires y es senador del Estado de Buenos Aires. Y dirige el diario más importante del país, que es El Nacional. El centro de la política no es la educación, que casi no tiene presupuesto. Pero a Sarmiento nunca se le acaba el ánimo. Entonces, una de las cuestiones a resolver es cómo se sostiene el maestro, el docente. Por eso apela a las mujeres. Piensa que se sostienen en su hogar por el marido, por el padre, y se les puede pagar muy poco.
— Pero además tienen que ser buenas maestras.
— Sarmiento se maravilla con determinadas mujeres. Una de las primeras es Juana Manso, que en realidad ya tiene toda una trayectoria. Él la conoce recién a fines de 1850, pero Juana Manso ya tiene toda una trayectoria en los años cuarenta en Brasil, en Montevideo. Y vuelve a Buenos Aires en 1854. Manso manejaba varios idiomas, traducía, escribía, creaba revistas, se divorció, era muy libre, era actriz. Hablaba de emancipación de la mujer. Entonces, por eso no era tolerada en la Sociedad de Beneficencia, que era la institución que se encargaba de las escuelas de niñas. Juana Manso discute con hombres en el Departamento de Escuelas en los años sesenta, a comienzos de los setenta, y en general sus planteos ganan. Hay dos cosas: el encuentro con Juana Manso y que él sabe que en el norte, en Massachusetts, son las mujeres las que se encargan de la educación. Por eso trae maestras norteamericanas.
— Que ya están formadas.
— Claro, está probado que van a ser buenas docentes. Y, además, que están preparadas para la aventura, porque vienen solas. Hay que recordar un dato inédito y excepcional: Buenos Aires es uno de los pocos sitios en el mundo donde son más las niñas que los niños que concurren a las escuelas. Y el dato lo señala Sarmiento en sus informes del Departamento de Escuelas.
— A esas maestras no las mantiene el marido.
— No, y tenés que tener muchas agallas para estar en la escuela sola.
— Pero el problema del pago se va a presentar.
— Sí, pero igual se les paga poco. Y les paga el Estado.
Las mujeres en el proyecto educativo de Sarmiento
— En uno de los artículos, Sarmiento plantea un programa para las escuelas de mujeres. Hay Matemática, Geografía, Historia. Me interesaba preguntarte qué concepción hay detrás de eso y qué ideas políticas. — Para Sarmiento, se debía crear un sistema de educación pero choca con la realidad de los escasos recursos y de la mentalidad de gran parte de la población, que no valora la educación. De modo que el objetivo real va a ser la alfabetización. Cuando existe el consenso para dictar la ley que se establece en 1875 en Buenos Aires, se observa esa concepción de crear un sistema de educación común basado en la obligatoriedad, gratuidad y gradualidad. Es decir, alfabetizar es solo el primer paso, el objetivo es educar para ejercer derechos y obligaciones en la república, y para insertarse en lo que hoy llamamos “mercado de trabajo”. La mujer es madre y la primera educadora de sus hijos; la mujer debe educarse porque tiene una función fundamental en este proyecto republicano, de orden y de progreso. En este marco, Sarmiento plantea una variedad de materias. Y a las que citás, agregaría los idiomas, por ejemplo. Porque para Sarmiento las ideas del siglo XIX están en libros y en publicaciones inglesas, francesas, alemanas o de Estados Unidos. La mujer debe educarse para educar a sus hijos, para incorporarse al magisterio. Educar es sinónimo en el siglo XIX de civilizar, se civiliza educando, y en los distintos espacios. En el caso de la mujer en el hogar y en la escuela, madre, maestra, directora.

— ¿Entonces, en Sarmiento es más importante su política de hacer obligatoria la escuela o sus ideas pedagógicas? — La obligatoriedad se impone porque se advierte, en la gestión del Departamento de Escuelas, que resulta imposible cambiar la mentalidad de los tutores que no valorizan la educación para sus hijos. Para Sarmiento, sin educación común, sin una población al menos alfabetizada, se torna imposible crear una sociedad moderna. Si no se educa no se civiliza, y si no se civiliza se torna imposible una república y una economía. Dicho esto, te respondería que Sarmiento observa que solo con la política de la obligatoriedad se pueden implementar sus ideas pedagógicas que siempre se articulan con su visión del mundo, de cómo se crea una sociedad civilizada en Buenos Aires, en Argentina.
— ¿Cuáles son sus ideas pedagógicas principales?
— Me gustaría hacer un rodeo para responderte. En primer lugar, para Sarmiento, sin educación común se torna complejo que los habitantes y ciudadanos respeten a las autoridades constituidas, respeten leyes, o normas de convivencia; o que tengan destrezas básicas. Sarmiento vive un momento donde impera la guerra, donde la escasa recaudación fiscal se destina en gran parte al ejército. La dirigencia política puede ubicar la educación entre los temas importantes pero no entre los urgentes, que se resumen en la frase “Orden y progreso económico”. Los escasos recursos del erario se destinan a comprar armas, o a construir caminos o puertos para el desarrollo económico. Para expresarlo de otro modo, si en 1875 se dicta una ley de educación común que impone la gratuidad, la obligatoriedad y gradualidad, sin duda es porque se trata de un tema importante, pero los recursos se destinan a los temas urgentes. En segundo lugar, para Sarmiento la educación común debe enseñar una variedad de asignaturas propias del mundo civilizado del siglo XIX. Por eso, se pueden leer en la grilla de asignatura el aprendizaje de idiomas: inglés, francés, alemán, porque para Sarmiento la ciencia se escribe en esos idiomas; y el mundo moderno lo mueve la ciencia. O se pueden observar asignaturas como Matemáticas, Historia, Geografía, o movimientos militares, ligados a la ciencia, al trabajo, a la defensa de la patria. Conocer la geografía para conocer el suelo, la siembra, la producción económica de un país civilizado; y el uso de las armas para defender la patria. Solo se defiende una patria, su suelo, si se lo conoce, si enriquece al que la trabaja, si se lo ama. Pero esa escuela gradual, solo se establece en algunos lugares y cuando se ha producido el crecimiento económico, y reducido el momento de la guerra, por ejemplo, al comenzar la década de 1880.
— ¿Qué hizo que Sarmiento sea Sarmiento?
— Sería difícil ofrecer una respuesta. En principio, reformularía la pregunta de este modo: ¿Qué hizo Sarmiento para ser Sarmiento para quién? Sarmiento fue un dirigente político que ocupó prácticamente todos los puestos de gobierno; y que tuvo una dilatada trayectoria. Su trayectoria específica en educación fue una de las distintas intervenciones que tuvo. Halperín Donghi ha señalado que si en el siglo XX (y hoy diríamos XXI también) se lo recuerda como el maestro, el educador, es porque ha fracasado su proyecto político de república; y solo ha quedado vigente la educación común asociada a su nombre. Halperín alude a esa república que soñaba Sarmiento luego de su viaje por los Estados Unidos. Una república de pequeños propietarios, agricultores, alfabetizados, donde la igualdad y la libertad fueran posibles, en la economía, en la política, en el funcionamiento social. Opuesta a esa república oligárquica, latifundista, desigual que se ve a fines del siglo XIX. Hoy, en 2026, Sarmiento me permite decir que los liberales del siglo XIX apelan al Estado, a la obligatoriedad escolar, por ejemplo, para lograr el objetivo de que toda la población se eduque; son liberales que construyen el Estado y al mismo tiempo lo necesitan para crear una sociedad moderna; liberales como Sarmiento que aspiran a una república igualitaria en términos económicos, en términos políticos. Igualitaria construyendo un sistema capitalista, de pequeños propietarios. Porque Sarmiento y el historiador Halperín Donghi eran liberales, y al mismo tiempo se oponían a una sociedad donde imperara una enorme desigualdad. Quisiera darte esta respuesta porque hoy estamos discutiendo la cuestión liberal en nuestro país y en el mundo.
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