
En una casa de Santiago de Chile, a mediados de la década de los 70, un grupo de jóvenes escritores se reunía semanalmente en un taller literario ignorando que allí mismo se planeaban atentados, se fabricaban explosivos y se perpetraban crímenes al servicio de la DINA, la policía secreta de Pinochet.
La anfitriona del taller era Mariana Callejas, escritora, madre de cinco hijos y agente de la DINA (Dirección Nacional de Inteligencia), a quien el periodista chileno Juan Cristóbal Peña dedica el libro Letras torcidas (Debate).
PUBLICIDAD
A partir de testimonios, documentos judiciales y entrevistas, el libro explora la complejidad psicológica de una mujer que encarnaba una inquietante paradoja, al aunar sensibilidad literaria y violencia, cultura y horror, según explica el autor, reconocido por sus trabajos sobre Pinochet, el cantautor Víctor Jara o el jefe de la DINA, Manuel Contreras.
Callejas estaba casada con el estadounidense Michael Townley, también agente de Pinochet, implicado en algunos de los casos más destacados del Plan Cóndor, como el homicidio del excanciller chileno Orlando Letelier, cometido en 1976 en Washington o el asesinato del general Carlos Prats y su esposa, en 1974 en Buenos Aires.
PUBLICIDAD

Acorralada por la Justicia desde finales de los 90, Callejas fue condenada en 2008 por su participación en el atentado contra Prats; según declaró en el juicio Contreras, fue ella quien accionó el control remoto de la bomba.
La sentencia definitiva, dictada por la Corte Suprema el 8 de julio de 2010, rebajó de 20 a 5 años la condena inicial, y no llegó a ingresar en la cárcel. Murió seis años después en un asilo, afectada por el párkinson, el descrédito y el olvido.
PUBLICIDAD
La comida era pésima
En el libro, el autor contrapone una Mariana Callejas “avanzada a su tiempo”, “libre sexual e intelectualmente” y con grandes ambiciones en el mundo literario, con otra que ejecutó algunas de las operaciones letales más importantes de la dictadura.
A su taller asistían figuras como Enrique Lafourcade -su mentor-, Carlos Franz, Gonzalo Contreras, Carlos Iturra y, según testimonios, el propio Nicanor Parra en alguna ocasión; en la misma casa donde, en julio de 1976, fue torturado hasta morir el diplomático español Carmelo Soria.
PUBLICIDAD

En sus memorias, Callejas asegura que en la DINA actuaba como mera pantalla para su esposo, haciéndose pasar en ocasiones por su secretaria. Cuando Peña, que la entrevistó en 2010, le pregunta por ese periodo, ella sostiene que su casa era como otra cualquiera y que no había nada que se pareciera a un cuartel militar, salvo la comida.
El problema no eran los crímenes que se cometían en una casita en el jardín, el problema, según Callejas, era que empezaron a llegar un montón de cocineros para “toda esa gente” y que la comida era pésima. “Esas fueron las tonterías que fueron minando nuestra relación”, afirma.
PUBLICIDAD
Impacto en la literatura chilena
Como escritora, Callejas no logró el reconocimiento que buscaba, aunque en la década de los 80 publicó algunos cuentos, como “La noche larga”, donde describe sesiones de tortura y fabricación de bombas y ganó, bajo anonimato y con gran polémica, un concurso de relatos de la revista La Bicicleta, de izquierdas.
En Letras torcidas, Peña da cuenta de los intentos, en los 90, del editor Carlos Orellana (Planeta) de impulsar la Nueva Narrativa Chilena, un movimiento en el que incluía a Callejas y a autores de su taller, y cómo se vinieron abajo, en gran medida por el papel jugado por el escritor Pedro Lemebel.
PUBLICIDAD

En su artículo “Las orquídeas negras de Mariana Callejas”, publicado en el diario La Nación y después en su libro De perlas y cicatrices (1998), Lemebel retrató el cinismo de una élite cultural que celebraba tertulias en sus salones mientras se silenciaban los gritos del sótano.
Ese mismo año, Roberto Bolaño viajó a Chile. Camino de una cena organizada por Planeta en su honor, fue Lemebel quien le habló por primera vez de Callejas y del lado oscuro de esa Nueva Narrativa Chilena. Bolaño entró a saludar pero decidió no quedarse a la cena.
PUBLICIDAD
Unos meses después publicó en la revista Ajoblanco su artículo “El pasillo sin salida aparente”, donde recogía su amargo reencuentro con Chile y cargaba contra el mundillo literario de la postdictadura.
Después llegó su novela Nocturno de Chile (2000), sobre un cura del Opus que dicta cursos de marxismo a los integrantes de la junta militar y que asiste a las tertulias de una escritora en Santiago donde ocurren cosas extrañas y todos hacen como si nada.
PUBLICIDAD
Fuente: EFE
[Fotos: archivo Infobae]
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La adicción a las drogas llega a la ópera con el estreno más perturbador del Festival de Edimburgo
‘The Galloping Cure’, la nueva obra de la compositora Missy Mazzoli, se presenta en el el mayor encuentro de artes escénicas del mundo con un crudo relato sobre la epidemia de opioides

Llega la subasta solidaria de arte para el Hospital Churruca Visca
El encuentro será el jueves 13 de agosto, en la Colección Amalita, y buscará reunir recursos para actualizar tecnología sanitaria y financiar entrenamientos del plantel

El Gobierno abrió la convocatoria a concurso público para los directores de cinco museos nacionales
La resolución publicada en el Boletín Oficial puso en marcha el mecanismo de evaluación, que incluye comité de especialistas, presentación en la plataforma Concursar y nombramientos con plazo definido

La UNESCO incorporó 25 nuevos sitios al Patrimonio de la Humanidad: cuáles son y dónde están
El organismo sumó 19 espacios culturales, cinco naturales y uno mixto tras su reunión más reciente, con nuevas inscripciones en Japón, Finlandia, Grecia, Sudán del Sur y Estados Unidos

¿Un país puede administrarse como una aplicación? La difícil respuesta de ‘Cruce peligroso’
Con frases cortas y ritmo vertiginoso, el periodista Jorge Porta retrata un presente en que el futuro ya llegó y hay alguien que quiere hacer justicia. Una novela breve que se lee de un tirón



