
Algo nos pasa, algo nos tocó con la película de Christopher Nolan La Odisea, que de pronto hizo que mucha gente que no salía del sillón y la pantalla en casita, pagara una entrada y se sentara durante tres horas en el cine. Y no es todo: distintas fuentes reportan que las ventas del libro y las escuchas del audiolibro subieron considerablemente.
Las ventas del libro registraron un aumento del 76% en Estados Unidos desde el inicio del año, de acuerdo con datos de Circana BookScan. En el Reino Unido, el incremento alcanzó el 70% respecto a 2025. Las cifras de escucha también se dispararon: las horas diarias de reproducción de La Odisea en Francia crecieron más de un 752% en Spotify a mediados de julio en comparación con el mes anterior.
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En ese contexto... ¿por qué no mirar qué pasó antes? ¿por qué no apuntar al libro que cuenta la Guerra de Troya -de la que Odiseo vuelve en La Odisea-, o más bien, la ira de Aquiles en el último año del conflicto. Eso es La ilïada.
Clásico de clásicos, muchos autores han reescrito, reimaginado, reinventado La Ilíada. Aquí presentaremos tres libros: El poema de Homero mismo, en una versión para descargar gratuitamente, la versión de Alessandro Baricco, que dejó la guerra y las emociones humanas y sacó del medio a los dioses, y Rescate, la reelaboración que hizo el australiano David Malouf. Allá vamos.
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1) “La Ilíada”, tal como la conocemos (y gratis)

En la traducción clásica, de Luis Segalá y Estalella -y que se puede leer gratis en Bajalibros-, el poema empieza: “Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles”.
Se trata de la ira, la ira del guerraro: “Cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves”.
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Se trata de la ira, la ira del guerraro: “Cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves”.
La Ilíada no empieza por el principio. No hay fundación de Troya, ni rapto de Helena, ni flota aquea que zarpa hacia el Egeo. El poema entra en escena en el año décimo de la guerra, en el momento en que dos hombres —Aquiles y Agamenón— se enfrentan por el honor y la posesión de una esclava. Todo lo demás, la caída de la ciudad, la muerte del héroe, queda fuera del relato. Homero apuesta por un fragmento: la cólera de un guerrero y sus consecuencias.
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Esa cólera es el verdadero tema del poema. No la guerra de Troya, no la astucia de Odiseo ni la piedad de Héctor: la ira de Aquiles. Una ira que, según el propio texto, fue “funesta” y “causó infinitos males a los aqueos”. En la épica griega, la menis —la palabra que se usa en el original— no es una emoción menor. Es una furia de dimensiones casi divinas, capaz de torcer el curso de los ejércitos y de los dioses.
Lo que sigue a ese primer verso es uno de los relatos de guerra más brutales y más humanos que se hayan escrito. Hay batallas que duran cantos enteros, catálogos de muertos, dioses que intervienen en la pelea con la misma violencia que los hombres. Pero también hay una escena en que un padre anciano cruza las líneas enemigas de noche para recuperar el cuerpo de su hijo. Hay un guerrero que llora frente al mar. Hay dos enemigos que se sientan juntos y comen en silencio.
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2) “Homero, Ilíada”, de Alessandro Baricco

¿Acaso este relato de hazañas, combates y emociones humanas que deja a los dioses apartados en su Olimpo termina siendo una distorsión del texto original o incluso una farsa? ¿Se convierte este relato en una reducción que permite ver la ternura de un guerrero, al presentar a Aquiles sentado solo frente al mar, llorando y llamando a su madre? ¿Dotar a ciertas secciones de esa obra de subjetividades, narrarlas con la voz de una esclava, de un monarca o de otros personajes, representa un acto temerario? Es posible que algunos lectores extrañen las imágenes exactas de Homero. Pero el pequeño libro del italiano Alessandro Baricco mantiene a quienes lo leen al borde de sus asientos, el pulso acelerado y la emoción —¡que Héctor no muera, por favor!— apretando la garganta.
Alessandro Baricco describió su reescritura de La Ilíada como un trabajo de “restauración” que buscó apegarse al original y, al mismo tiempo, volverlo un texto accesible para una sensibilidad actual. El autor de Seda —novela traducida a diecisiete idiomas y con cerca de 700.000 ejemplares vendidos, además de adaptaciones teatrales en múltiples países— enmarcó la operación como artesanía narrativa antes que como una intervención de ruptura.
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La versión reorganizó el relato de batallas y pasiones del clásico atribuido a Homero y dejó a los dioses “en su Olimpo”. Es un gran libro: con la aventura y la pasión y una sensibilidad contemporánea.
Sobre el sentido de la literatura, Baricco fue directo: desde la antigüedad se contaban historias “para el gozo y para enseñar algo”. Cuando la pregunta se volvió personal, respondió sin rodeos: "De los libros yo he aprendido que el dolor es un componente de la vida y es necesario vivirlo profundamente, porque es vida. Y esto lo aprendí desde pequeño, leyendo. Gran parte de los libros están construidos alrededor del tema del dolor".
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3) “Rescate”, de David Malouf

Un rey que se arrodilla ante su enemigo. Esa imagen —impensable en el universo heroico de la Antigüedad— es el corazón de Rescate, una de las últimas novelas del escritor australiano David Malouf, fallecido el 22 de abril de 2026 a los 92 años.
Malouf tomó un episodio que La Ilíada apenas roza en sus últimos cantos: el momento en que Príamo, rey de Troya, decide cruzar las líneas enemigas para suplicarle a Aquiles que le devuelva el cuerpo de su hijo Héctor. Aquiles lo ha matado en venganza por la muerte de su compañero Patroclo, y desde entonces arrastra el cadáver alrededor de las murallas de Troya, un acto de profanación que niega al príncipe troyano hasta el derecho a la paz en la muerte.
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Lo que Malouf hace con ese material es expandirlo hacia adentro. No le interesa la épica de los gestos sino su reverso: la humanidad que persiste —y se recobra— en medio de la guerra. Príamo llega ante Aquiles despojado de sus insignias reales, como un hombre común, y en ese despojo voluntario reside la verdadera audacia de la novela. Aquiles, por su parte, es un semidiós atrapado en su propio dolor: la muerte de Patroclo lo ha dejado vaciado, al margen de la batalla y de sí mismo.
El encuentro entre los dos transforma a ambos. El intercambio que da título al libro no es solo material —el cadáver a cambio de un tesoro— sino la posibilidad de reconocerse mutuamente como hombres, más allá de los roles que la guerra y los dioses les han impuesto.
Malouf trabajó sobre la brecha entre el héroe y el ser humano, entre el destino y la elección, y demostró que en esos márgenes que Homero dejó sin escribir caben algunas de las preguntas más persistentes sobre el duelo, la dignidad y lo que significa actuar con libertad.
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