Winston Churchill, político inglés: “La verdad es incontrovertible; el pánico puede resentirla, la ignorancia puede burlarla, la malicia puede distorsionarla, pero ahí está”

A más de un siglo de ser pronunciada en el Parlamento británico, la máxima más célebre del gran conductor que tuvo Inglaterra cobra una vigencia feroz en la era de la posverdad. El origen de una advertencia histórica contra el relato político y la disección de su obra cumbre

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Una obra maestra de Monet que colgaba en la casa de Churchill ahora está libre de suciedad por el humo de los cigarros
Winston Churchill, político inglés: “La verdad es incontrovertible; el pánico puede resentirla, la ignorancia puede burlarla, la malicia puede distorsionarla, pero ahí está” (Foto: AP)

El 17 de mayo de 1916, el ambiente en la Cámara de los Comunes de Londres era espeso. Gran Bretaña se desangraba en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Winston Churchill, que había sido apartado de su cargo como Primer Lord del Almirantazgo tras el catastrófico desembarco aliado en Galípoli, se puso de pie y dijo, contra sus detractores, que “la verdad es incontrovertible; el pánico puede resentirla, la ignorancia puede burlarla, la malicia puede distorsionarla, pero ahí está”.

Esta declaración no quedó flotando en el éter parlamentario. Años más tarde, el propio estadista la rescataría para fijarla como el faro moral e intelectual de su monumental obra literaria e histórica: La crisis mundial (The World Crisis), publicada originalmente en seis volúmenes entre 1923 y 1931. Pero para entender el peso de la frase, es obligatorio viajar al contexto de la obra. La crisis mundial es la respuesta analítica, visceral y detallada de Churchill a los años que transformaron el mapa de Europa.

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A diferencia de su posterior y más famosa obra, La Segunda Guerra Mundial —que le valió el Premio Nobel de Literatura en 1953—, estos tomos de los años veinte muestran a un autor que escribe para limpiar su nombre y, al mismo tiempo, para salvar la memoria colectiva del sesgo político. El libro es considerado por historiadores contemporáneos como Andrew Roberts como una pieza clave de la historiografía bélica. Su importancia radica en que rompió con los fríos reportes militares de la época.

Portada de libro "Winston Churchill La crisis mundial 1911-1918" con fotografía sepia de Winston Churchill de traje y sombrero, y una fila de soldados.
La portada del libro "La crisis mundial", de Winston Churchill

Churchill mezcló la precisión de los documentos oficiales del Almirantazgo con una prosa digna de una novela de aventuras. En sus páginas, el autor no esconde los errores propios ni los ajenos; expone la verdad desnuda porque sabe que el tiempo decanta los hechos. Por eso, el análisis de la frase es importante: revela una arquitectura conceptual que parece diseñada para interpelar el presente de las redes sociales, los algoritmos de radicalización y las operaciones de prensa modernas.

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En la frase identifica tres enemigos de la verdad: el pánico (el miedo nubla el juicio: en momentos de crisis, las sociedades tienden a abrazar respuestas mágicas o mentiras reconfortantes antes que datos duros y complejos); la ignorancia (el desprecio por el conocimiento empírico y la burla hacia los expertos, un fenómeno que hoy vemos replicado en los movimientos conspirativos globales); y la malicia (la distorsión planificada: antes, propaganda de guerra; hoy, industria de las fake news).

Winston Churchill
Escribió varios libros, pero destacan los seis volúmenes de "La Segunda Guerra Mundial", obra que le valió el Premio Nobel de Literatura en 1953 (Fuente: NDLA)

Sin importar los esfuerzos de estos tres vectores, la conclusión del británico es de un realismo aplastante: “pero la verdad ahí está”. Los hechos tienen una consistencia física; son inalterables ante la opinión pública. En ese sentido, esta frase resume a la perfección el núcleo del pensamiento churchilliano. Aunque la cultura popular suele recordarlo como el líder de trazo grueso que influyó en la resistencia contra Adolf Hitler con el gesto de la victoria, su verdadero motor fue un pragmatismo obsesivo.

Churchill no era un utópico. Su filosofía dictaba que para vencer a un enemigo —ya fuera el Imperio Alemán, el nazismo o los fantasmas internos de la política británica— el primer paso ineludible era mirar la situación exactamente como era, sin maquillaje ideológico. Para él, ocultar la verdad por conveniencia política era el primer paso hacia la derrota militar y la decadencia civilizatoria. Hoy, la advertencia del viejo león sigue resonando en las redacciones, las academias y las pantallas.

¿Quién es Winston Churchill?

Sir Winston Churchill (1874-1965) fue un aristócrata, militar, periodista, escritor y estadista británico, reconocido por su liderazgo como primer ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Nacido en el Palacio de Blenheim en el seno de una influyente familia política, combinó sus primeros años como oficial del ejército en Cuba, India y Sudán con una exitosa carrera como corresponsal de guerra. En el año 1900 ingresó al Parlamento, iniciando una trayectoria política de más de sesenta años.

Churchill: aristócrata, militar, periodista, escritor y estadista británico, reconocido por su liderazgo como primer ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial (Crédito: EFE)
Churchill: aristócrata, militar, periodista, escritor y estadista británico, reconocido por su liderazgo como primer ministro del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial (Crédito: EFE)

Entre sus extensas publicaciones literarias e históricas destacan la ya mencionada La crisis mundial, Marlborough: su vida y su época y los seis volúmenes de La Segunda Guerra Mundial, obra que le valió el Premio Nobel de Literatura en 1953. Tras guiar al pueblo británico en su hora más oscura frente a la Alemania nazi y acuñar conceptos fundamentales de la Guerra Fría como el de la “cortina de hierro”, Churchill ejerció un segundo mandato como primer ministro entre 1951 y 1955.

Se retiró definitivamente de la vida pública en 1964 debido al severo deterioro de su salud, provocado por una serie de accidentes cerebrovasculares. Y falleció en su residencia de Londres el 24 de enero de 1965, exactamente setenta años después de la muerte de su padre, Lord Randolph Churchill. Su fallecimiento conmocionó al mundo y la reina Isabel II le concedió un funeral de Estado —el último otorgado a un político británico en el siglo XX—, sepultando sus restos en el cementerio parroquial de Bladon.

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