
“Se retomó un hilo pinochetista que no se había retomado en treinta años”, advirtió la escritora chilena premio nacional de literatura 2018 Diamela Eltit, en diálogo con Infobae Cultura antes de presentarse en Buenos Aires en la Serie de Lecturas Frost, como parte del programa de la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), este miércoles a las 19 en la sede Rectorado Centro (Juncal 1319, CABA), con entrada gratuita y reserva previa.
Nacida en Santiago en 1947, Diamela Eltit es una de las voces más radicales de la literatura latinoamericana contemporánea. Profesora de castellano formada en la Pontificia Universidad Católica de Chile, desarrolló desde fines de los años setenta un proyecto literario que atraviesa novelas, ensayos, testimonios y proyectos intermediales con fotografía y performance. Su participación en el Colectivo de Acciones de Arte (CADA) y en la llamada Escena de Avanzada marcó de forma decisiva su concepción de la escritura como acto encarnado y político. Para Eltit, la literatura es una forma de militancia que no aspira a cambiar gobiernos, sino a transformar los modelos de representación, la sintaxis y las jerarquías del sistema literario y cultural.
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Ese compromiso se tradujo en una obra que, desde Lumpérica (1983) hasta Falla humana (2023), da voz a sujetos expulsados del relato oficial: vagabundos, trabajadores precarizados, enfermos psiquiátricos, mujeres sometidas a la violencia del Estado y del mercado. Su estilo —caracterizado por la fragmentación, el neobarroco y el uso de lenguajes marginales y orales— rehúye el realismo lineal e incorpora recursos del cine, la performance y la etnografía para construir textos que obligan al lector a participar activamente en la construcción de sentido.
Esa dificultad formal no es un gesto elitista, sino parte de su estrategia crítica: al forzar otra forma de leer, su escritura hace visible lo que el discurso dominante borra. Desde una perspectiva feminista, de clase y de periferia, su obra denuncia el autoritarismo de la dictadura de Pinochet, la violencia patriarcal y los efectos del neoliberalismo sobre los cuerpos y las subjetividades. El Premio Nacional de Literatura de Chile (2018), el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (2021) y el Premio Internacional Carlos Fuentes (2021) consolidan su lugar como referencia ineludible para pensar la relación entre literatura, poder y resistencia en el Chile contemporáneo.
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El avance de la extrema derecha
—¿Cómo vive este momento de la humanidad, con guerras, discursos de odio y gobiernos que se fundan en la seguridad y el rechazo a la migración?
—Estamos viviendo un tiempo muy dramático, en el sentido de que las guerras, los genocidios, las colonizaciones están muy presentes y, por lo tanto, desde el punto de vista humano, es muy difícil aceptar eso. Por otra parte, la migración y la inseguridad que ha generado básicamente el narcotráfico, han impulsado gobiernos que se fundan en la seguridad y la antimigración. En ese sentido tenemos que pensar que el narco favorece mucho a la extrema derecha. Entonces, la pregunta que uno se puede hacer pensando en Uruguay, que legitimó el uso de la marihuana y eso generó un cambio. ¿Por qué nuestros países no permiten el libre uso de la marihuana, en el sentido de que lo administre el Estado? Mientras el narco esté vivo y sus redes internacionales estén vivas, la violencia va a seguir. La migración siempre ha sido necesaria. Buenos Aires en un momento tuvo más migrantes que nacionales, a principio del siglo veinte. Chile ha tenido una migración también importante. La cultura y Occidente entero se ha construido a partir de la migración. Todos esos factores son muy dolorosos. Y en Chile estamos viviendo un momento muy complejo y dramático, puesto que se retomó un hilo pinochetista que no se había retomado en treinta años. Incluso con un diputado que se pone una capa como la que usaba Pinochet y aparece en espacios públicos.
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La mentira como forma de poder
—¿Cree que conceptos como verdad y mentira están en proceso de reconfiguración o directamente dejando de existir como tales?
—Estamos pasando por un momento donde las democracias están muy amenazadas. Tenemos que pensar que básicamente uno de los polos, que es Estados Unidos, ha retomado el concepto del patio trasero hacia América latina y su presidente insulta de manera sorprendente a las periodistas, de una manera verdaderamente que no corresponde al cargo que tiene. Él no está en un bar, está dando una conferencia. No puede insultar de esa manera a las periodistas y especialmente a mujeres. Y eso de una u otra manera irradia, porque es un poder muy alto e irradia como forma de relaciones democráticas. El maltrato, el insulto, es una forma que espero quede atrás. Ya lo veo con claridad: se van a escribir muchos libros analizando al presidente de Estados Unidos, seguramente también bastante sobre el presidente de Argentina. Estamos en un momento complejo con la revolución tecnológica que todavía no ha sido bien asumida y que va a cambiar el panorama económico, laboral, cultural. De verdad que la gente prefiere que le roben la casa a que le roben el celular, porque ahí están todas las funciones. Pero es una conexión muy segmentada, muy manejada por los algoritmos, muy comercial, porque hay un capitalismo digital enorme. Se habla de un dios digital ya. Tenemos que esperar a ver qué pasa con esto, si va a poder normalizarse, controlarse e impedir el desastre que estamos viviendo.
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Literatura e inteligencia artificial
—¿Cómo se para como escritora frente a este panorama y cuánto de todo esto piensa que puede integrar a su obra?
—A nivel literario ya hay un cambio. Amazon está permitiendo el ingreso de tres libros diarios escritos por inteligencia artificial. Si lo sumas, son mil libros anuales, por ahora. Y todo tiene que ver con el mercado: si el mercado los va a recibir bien, que por supuesto puede recibirlos bien porque son libros que se apoyan en el mercado para escribirse. No van a hacer un libro con inteligencia artificial que esté fuera de esa lógica. Va a haber libros hechos por inteligencia artificial, libros híbridos (mitad inteligencia artificial), pero también, como siempre, va a haber libros artesanales, hechos por el escritor uniendo pensamiento y escritura. Yo personalmente sigo pensando en aquello que no se ha resuelto, que son las periferias: su cultura, su habla, su complejidad. Porque eso es lo que a mí como escritora me interesa: aquello que los centros no textualizan demasiado.
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En general hay una literatura muy interesante, por supuesto, pero muy centrada en lo burgués, en la familia burguesa y sus dilemas, que son muy válidos. Pero faltaría una literatura más frecuente que aborde a los sujetos más periféricos y sus dilemas. Todo ser humano, más allá de su economía y de su formación, es complejo. Falta restituir esa complejidad y restituir su habla. En Chile, por ejemplo, en sectores populares se dice: “Ojalá que no haiga frío”. Y eso, evidentemente, es un error gramatical para la Real Academia. Pero todos entendemos lo que quiere decir. Y ese “haiga” lo construye una comunidad. No es que se le ocurrió a una persona: hay una comunidad entera que dice “haiga”. Y si nosotros lo entendemos, es porque nos habita. Estoy pensando en esos casos, en lo que se considera infracción y que yo veo más bien poéticamente.
Desigualdad en América Latina
—¿En algún momento superaremos esa desigualdad de concepción y de mirada, o siempre estaremos regidos por el canon europeo y de clase?
—Las dominaciones son también no solamente de clase, sino también raciales. El blanco y el rubio son más apreciados de una manera sorprendente en nuestros países, que ni son blancos ni son rubios, pero sin embargo quieren aparecer en la blanquitud y en lo rubio. Podemos ser rubias con procedimientos tecnológicos, pero rubias no somos. Pienso que tendría que surgir una nueva hegemonía. La hegemonía actual es discriminatoria económicamente, racialmente, de clase. Hay que ver si hubiese una hegemonía desde abajo. Yo sigo mucho a la feminista neomarxista Nancy Fraser, que habla de la “hegemonía desde abajo”. Aquí en Chile hubo un caso interesante: fue elegido un alcalde en una comuna popular que era manejaba desde hacía muchos años con la derecha. Y este hombre es de izquierda, pero no una izquierda tradicional. Lo hizo acompañado de un cantante urbano del mismo sector de Puente Alto. Pudo dialogar muy fuertemente con las situaciones más complejas, porque en estos lugares hay drogadicción, gente con pocos ingresos, viven hacinados. Y él logró dialogar y unir ese abajo que siempre es mirado muy cerca de la delincuencia (que no debería ser así). Los pequeños delitos los cometen desde la burguesía. Todos tienen pequeños delitos: no pagan impuestos como deberían. En fin, todo eso son delitos. Hay que hacer una hegemonía desde abajo, es decir, unir a quienes están segregados, incluso segregados dentro de ellos mismos.
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[Fotos: Mónica Molina/prensa Untref; Reuters/Rodrigo Garrido; EFE/ Francisco Guasco]
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