
MJ Corey, conocida como la “experta Kardashian” de TikTok, nunca había prestado mucha atención a la primera familia televisiva de Estados Unidos hasta 2018, cuando su compañera de piso puso una repetición de su conocido programa y Corey, por impulso, se sentó a su lado.
Antes consideraba la telerrealidad como “comida chatarra para el cerebro”, pero en algún momento de la sexta temporada, cuando Kim y su hermano Rob discuten durante un viaje familiar a Bora Bora, Corey quedó hipnotizada. Le intrigaba el carácter performativo del programa, pero también cuán genuino parecía. Al compartir esta experiencia con su hermana, estudiante de estudios mediáticos, esta le sugirió que leyera la obra de Jean Baudrillard.
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Un filósofo marxista francés, creador de la teoría de la “hiperrealidad”, no parecía una referencia obvia, pero para MJ Corey (seudónimo), tuvo sentido. Corey ejerce como psicoterapeuta psicodinámica en su consulta privada, pero su proyecto paralelo, como creadora de Kardashian Kolloquium y autora del libro Dekonstructing the Kardashians, le ha permitido construir una audiencia al intelectualizar de manera extrema a “un matriarcado multimillonario que inició su vida pública como motivo de burla”.
La academia pop o “faux academia” ha encontrado un nicho en TikTok, y las Kardashians —durante mucho tiempo desestimadas como un tema superficial para el análisis serio, pero, según Corey, “código secreto” para la viralidad social— resultaron ser el material ideal. En cualquier momento, es posible ver a la autora analizando la semiótica de las raíces expuestas de Kim, explicando cómo su papel en “All’s Fair” refleja la “cultura de la mente saturada” o desmenuzando cómo la faja mandibular de Skims, en esencia un vendaje de lifting facial (lanzada tras el procedimiento de Kris Jenner), representa “la democratización del acceso a los retoques estéticos”.
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Corey entiende que las Kardashians no solo reflejan el espíritu de la época, sino que lo crean, influyendo en cómo se gasta el dinero, en la percepción del cuerpo y en la identidad digital. Aun así, Corey señala que persiste una condescendencia cultural hacia el análisis académico de su atractivo. “Probablemente deberíamos esforzarnos un poco más por entender cómo y por qué han logrado esto, y cuestionar qué dice eso sobre nosotros”.
El libro es el intento de Corey de abordar ese interrogante, entrelazando memes y relatos con la filosofía de teóricos como Walter Benjamin, Marshall McLuhan y Thorstein Veblen. Estos nombres, y muchos otros, atraviesan la obra, en la que Corey busca mostrar cómo las Kardashians, especialmente Kim, funcionan como un “modelo” de “iconicidad posmoderna”; su ascenso es “un mosaico de referencias históricas, tropos mediáticos e identidades en transformación” que pueden reproducirse, reciclarse y mezclarse a voluntad.
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En otras palabras: no son solo celebridades, sino un sistema mediático replicable que ilustra el funcionamiento de la cultura contemporánea y en el que se apoya la vida digital moderna.
Por momentos, el enfoque resulta denso, con capas de teoría que recuerdan a tareas universitarias. Pero quien logre avanzar encontrará ideas reveladoras. Un marco especialmente sugerente explora a la familia —de nuevo, sobre todo Kim— como camaleones culturales. “Kim Kardashian descifró el código: encarnar cada ícono”, escribe Corey. “Vivir la vida de lujo, evocando el desprecio colectivo”, como hizo María Antonieta; “ser musa de grandes diseñadores y crear mitologías memorables sobre la dinastía familiar”, al estilo de Jackie O. Kim, concluye, enfrenta al público a la dialéctica hegeliana, la idea de que fenómenos aparentemente opuestos pueden sintetizarse.
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El libro se organiza en torno a muchas de estas identidades fusionadas. Hay una reflexión sobre la iconografía y la imitación, centrada en Marilyn Monroe y el encendido debate en internet tras la decisión de Kim de usar el vestido de Monroe en la Met Gala 2022. (¿Fue un acto irrespetuoso? ¿Quería Kim ser Marilyn? ¿Qué mensaje transmitió su estricta dieta para entrar en el vestido? ¿O fue un momento icónico apropiado para una figura de otra generación?)

Aparecen Cleopatra y la Princesa Leia. También la Princesa Jasmine, personaje al que Kim ha vuelto en varias ocasiones, y cuyo simbolismo Corey interpreta como una fantasía de feminidad exotizada que Kim adopta, repite y refina con el tiempo.
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El capítulo de Corey sobre las Spice Girls destaca especialmente, al situar al grupo de los noventa como precursor claro de las Kardashians: un colectivo femenino tildado de “falso” y “sin talento”, creado para vender productos bajo la apariencia de empoderamiento. Ambos grupos apelaron al deseo público de identificarse —¿eras una Posh o una Baby? ¿Una Kim o una Khloe?— y supieron obtener poder colectivo y fama individual.
Traducir años de contenido en video corto a un libro legible no resulta sencillo. Aunque la ambición de Corey es innegable —hay un capítulo que conecta a Disney, la Guerra del Golfo y la presentación de la etnicidad de Kim— y su análisis metateórico suele ser convincente, la cantidad de referencias académicas y la estructura a veces fragmentada pueden resultar abrumadoras.
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Fuente: The New York Times
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