
Andrew Lloyd Webber, reconocido como uno de los compositores más influyentes de la historia del teatro musical, se identificó abiertamente como una persona “en proceso de recuperación” por su adicción al alcohol. En una entrevista publicada por el diario The Times, el músico británico detalló el impacto del consumo en su vida y el cambio definitivo hacia la abstinencia, impulsado por el apoyo de su familia y el compromiso de no ocultar más su dependencia. “Hace dieciséis meses decidí que necesitaba ayuda y es lo mejor que me ha pasado en la vida”, aseguró.
Después de años de consumo secreto y negación, el célebre compositor de Evita, El fantasma de la ópera, Cats y otros tantos éxitos, asiste a reuniones diarias de Alcohólicos Anónimos como parte de un tratamiento sostenido. Esta etapa coincide con un aumento en su productividad y una mayor cercanía familiar, mientras avanza en su sobriedad con disciplina y apertura sobre su experiencia personal. “Fui un adicto que intentaba convencerme a mí mismo y a los demás de que todo estaba bajo control”, reconoció. Y explicó que su relación con el alcohol empezó en la adolescencia bajo la influencia familiar, cuando el vino se normalizaba en casa. “Pensaba que era secreto, pero no lo era. Todo el mundo lo sabía”.
Al referirse a la dinámica de ocultar su adicción, Lloyd Webber describió el desgaste que implicó sin que lo advirtiera en ese momento. “Comencé a caer en picada y hace unos dieciocho meses mi familia estaba desesperada. Mi esposa sentía que no podía seguir”. Entonces decidió internarse en una clínica, donde el primer paso lo llevó a acudir a una reunión de Alcohólicos Anónimos en Suiza, y luego a otras en Reino Unido.

La adicción al alcohol de Lloyd Webber
Durante años, el autor británico intentó dejar el alcohol sin ayuda profesional. “Me di cuenta de que era lo que llaman ‘aguantar con los puños blancos’, sin respaldo alguno”, relató. Esa etapa afectó la creatividad que tanto valoraba: “Empecé a preocuparme por no poder ser creativo. Asociaba la composición con una copa de vino. Y pensé: ‘Ya he dicho a todos que no bebo’. Así que empecé a beber a escondidas”. Además, al principio, tenía prejuicios sobre los grupos de apoyo. “Siempre decían que no me gustaría, que era para gente de la calle. Pero al llegar, descubrí que en esas reuniones todos son iguales. He hecho amistades que no habría imaginado.”
Actualmente, Lloyd Webber asiste a reuniones diarias, moviéndose entre sus hogares en Londres, Hampshire y Nueva York. No le incomoda que lo vean ahí: “Por supuesto que me reconocen, pero no supone ningún problema. He asistido incluso en días de estrenos importantes y nadie comenta nada”. Y recuerda las “absurdas estrategias de ocultamiento y simulación”. “Solo pensaba en sobrevivir al día. Me preocupaba no estar componiendo, y entonces me convencía: ‘Quizá con una copa lo logre. Bien, escribí algo’. Al principio parecía liberar, pero luego el consumo aumentaba más y más”.
Y admite que su memoria sufrió tras años de consumo: “He tenido suerte de que nada saliera realmente mal. No tuve incidentes graves, pero uno comienza a pensar en los riesgos evitados”. Reconoce también el posible daño a su entorno profesional: “El rumor circula. Creía ocultarlo, pero no era así. Siento mucho y solo puedo pedir disculpas a quienes haya causado problemas”.

El camino hacia la sobriedad
El periodo sin alcohol ha transformado todos los aspectos de su vida. “Lo mejor de estar sobrio es cómo ha reunido a mi familia”, señaló. Relata un gesto reciente de su hija menor: “Al volver a casa en Nueva York, el portero me preguntó si celebraba un cumpleaños de bebé. Había globos con el número uno en todo el apartamento; mi hija los envió para festejar mi primer año sobrio”.
La muerte de su hijo Nicholas, quien también tuvo problemas con el alcohol y padeció una grave enfermedad gástrica, supuso una reflexión profunda. “Él también fue alcohólico. Estuvo en un estado lamentable y logró salir, pero su salud quedó marcada. Cuando veo las pulseras que llevo, una por Nick y otra por mis cuatro hijos restantes, me recuerdan lo que está en juego y me detienen”. Según recordó, su padre y una tía también enfrentaron la adicción. “Mi padre, organista y profesor en el Royal College of Music, solía deprimirse. Siempre quiso ser compositor, pero sentía que su música no encajaba en su época”. Esta huella familiar refuerza su compromiso con la sobriedad.
Pese a los años de consumo, resaltó que su creatividad ha florecido ahora. “Jamás habría podido montar un espectáculo tan complejo ni escribir tanto si no estuviera lúcido. La concentración y la claridad han sido clave en esta nueva etapa”, comentó en relación con los dos musicales que desarrolla actualmente y las producciones en curso en Londres y Nueva York: uno basado en la película El ilusionista (2006) y otro sobre el famoso robo de la Mona Lisa en 1911 .
La venta definitiva de su colección de vinos, con una recaudación estimada de 300 mil libras, representa para Andrew Lloyd Webber un cierre de etapa. “Esta vez me desprendo de todo. La recaudación irá destinada a la Music in Secondary Schools Trust, la causa educativa que más me importa”, afirmó. Y apuntó que el beneficio está demostrado: “Por cada libra que se invierte en mi programa, retornan 9,87 en valor social”. Por supuesto, guarda buenos recuerdos de su colección, pero subrayó el riesgo personal. “Sin duda hubo momentos felices, pero eso me empujaba cuesta abajo”.
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