
Adam Smith es una de las figuras más importantes en la historia del pensamiento económico. Se lo disputan de todos lados. ¿Por qué? Su obra es tan potente que posibilita infinitas lecturas. Su libro más importante se titula La riqueza de las naciones, una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones publicada en 1776. No es solo un libro de economía; es el acta de nacimiento de la economía como ciencia moderna, su Biblia. ¿Y qué dice Smith ahí?
“Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido, en todas las edades del mundo, la vil máxima de los amos de la humanidad“, escribió, pero también: “No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de lo que esperamos nuestra cena, sino de su consideración a su propio interés“. También fuertes sentencias como “La riqueza no consiste en dinero, ni en oro y plata, sino en lo que el dinero compra“, o también que la producción del mundo mejoró con ”la división del trabajo”.
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Hoy nos vamos a centrar en una frase muy singular: “Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables”. La escribió específicamente en el Libro I, Capítulo VIII, titulado “De los salarios del trabajo”. Aunque hoy se lo asocia a Smith con el capitalismo salvaje, el libro es en realidad un ataque contra el mercantilismo (donde el Estado y unos pocos comerciantes controlaban todo) y una defensa del bienestar del ciudadano común.
En el siglo XVIII, muchos economistas creían en la teoría de la “utilidad de la pobreza”. Argumentaban que los salarios debían mantenerse bajos porque, si los pobres ganaban más, se volverían “vagos” o tendrían demasiados hijos. Smith escribe esto para aplastar esa idea. El contexto es una discusión sobre los salarios: él defiende que cuando la economía crece, los salarios suben, y que eso es algo bueno, no un problema. Por esta frase que hoy traemos tiene una potencia mayor. Hay que ponerla en contexto.
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En ese razonamiento hay dos puntos clave. Primero, la economía tiene un fin humano: para él, la “riqueza de una nación” no es cuánto oro tiene el Rey en su cofre, sino el estándar de vida de su gente; si la mayoría sufre, la nación es pobre, aunque sus líderes sean millonarios. Segundo, la justicia elemental: Smith dice que es de “simple equidad” que quienes alimentan, visten y dan casa a la sociedad (los trabajadores) reciban una parte de su propio trabajo para estar ellos mismos bien alimentados, vestidos y alojados.
Quién fue Adam Smith
Adam Smith (1723-1790) fue un filósofo y economista escocés, figura central de la Ilustración escocesa, que transformó el pensamiento occidental con su enfoque en la libertad individual y la moral. Su vida transcurrió principalmente entre la academia en Glasgow, donde fue profesor de Filosofía Moral, y sus viajes por Europa, lo que le permitió observar los fallos del sistema mercantilista. Sus dos obras maestras son La teoría de los sentimientos morales (1759) y La riqueza de las naciones (1776).
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Su influencia es inabarcable: es considerado el “padre de la economía moderna” y del liberalismo clásico. Sus ideas sobre la mano invisible, el libre comercio y la limitación de la intervención estatal definieron la política económica de los siglos XIX y XX, influyendo en pensadores tan diversos como David Ricardo o Karl Marx. Aunque a menudo se le reduce a un defensor del egoísmo, Smith defendió siempre que la prosperidad económica solo era legítima si conducía a una sociedad más justa y feliz para la mayoría.
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