
¿Quién es Walter Sickert? Un gran artista. Una de las figuras más prominentes de la pintura británica de finales del siglo XIX y principios del XX. Sus obras hablan por sí solas y la crítica lo ha revalidado. Destaca su excentricidad en la transición del impresionismo al modernismo. Fundó el colectivo de pintores conocido como Camden Town Group, de tendencia posimpresionista. Su estilo no deja dudas de su avanzada genialidad. Pero hay algo más. Detrás esos trazos potentes, la solemnidad de su arte y su la mirada penetrante, dicen, hay un asesino.
Sickert sigue siendo fuente de especulación por su supuesta conexión con los crímenes de Jack el Destripador, una teoría que, pese a su persistencia en el debate público y cultural, carece de respaldo concluyente. Sin embargo, siempre se vuelve a caer en ella. A más de ocho décadas de su muerte, investigaciones recientes han intentado reexaminar su posible implicancia en los homicidios del East End londinense empleando métodos como la comparación de ADN, aunque los resultados no han logrado zanjar el enigma y han suscitado una amplia controversia en medios especializados y entre historiadores del arte.
Jack el Destripador fue un asesino en serie que operó durante el otoño de 1888. Se le atribuyen oficialmente al menos cinco víctimas, conocidas como “las cinco canónicas”, mujeres que se dedicaban a la prostitución y fueron asesinadas con un patrón brutal de cortes en la garganta, mutilaciones abdominales y desfiguración facial. El caso se volvió un fenómeno mediático sin precedentes, en parte por la ferocidad de los ataques y por las cartas que el supuesto autor enviaba a la policía, incluyendo una famosa misiva titulada “Desde el infierno” que contenía parte de un riñón humano.

A pesar de las intensas investigaciones de Scotland Yard, que incluyeron entrevistas a miles de personas y la detención de unos 80 sospechosos, el asesino nunca fue capturado ni procesado. Su identidad sigue siendo uno de los mayores misterios de la criminología, alimentando un sinfín de teorías que van desde criminales locales hasta figuras de la aristocracia. Entre los sospechosos figuran el barbero polaco Aaron Kosminski, el abogador Montague John Druitt (se suicidó poco después del último asesinato confirmado), el curandero estadounidense Francis Tumblety, el príncipe Alberto Víctor (nieto de la reina Victoria) y Walter Sickert.
En 2002, la novelista criminal Patricia Cornwell amplificó el debate al publicar Retrato de un Asesino. Jack el Destripador - Caso cerrado, relanzando la hipótesis que asocia a Sickert con la identidad del asesino serial. Cornwell sustentó su afirmación en análisis de ADN mitocondrial hallado en sellos y sobres antiguos, presuntamente utilizados tanto por Sickert como por el propio Destripador. De acuerdo con la autora, “en un caso, el ADN mitocondrial, que asume proviene de Sickert, no puede ser eliminado pues existe una coincidencia con el ADN mitoncondrial encontrado en una de las cartas enviadas por Jack el Destripador”. Esta aseveración figura entre las escasas pruebas materiales presentadas para apuntalar la presunta conexión, aunque varios expertos recalcan los límites de este procedimiento: el ADN mitocondrial puede coincidir con el de entre el 1% y el 10% de la población, por lo que su valor probatorio es muy limitado.
Los críticos de esta línea investigativa, incluyendo especialistas consultados por Scotland Yard y numerosos expertos en la historia de los asesinatos de Whitechapel, objetan que la mayoría de las cartas atribuidas al Destripador son consideradas bromas o falsificaciones. Además, algunos investigadores han señalado que la correspondencia familiar ubica a Sickert durante las fechas críticas de los crímenes en Francia, lo cual imposibilitaría su participación directa en los homicidios.

Los antecedentes de esta relación entre Sickert y la figura de Jack el Destripador se remontan a la década de 1970, cuando comenzaron a circular en el ámbito literario y periodístico teorías complejas de corte conspirativo. En 1976, el libro Jack the Ripper: The Final Solution de Stephen Knight aportó una versión en la que Sickert habría sido obligado a participar en los asesinatos, alimentando el imaginario colectivo sobre una supuesta conjura monárquico-masónica en la que intervendrían figuras reales y miembros de la corte británica. Esta teoría adquirió popularidad gracias a la contribución de Joseph Gorman, quien afirmaba ser hijo natural del pintor e hijo de Alice Margaret Crook, presunta descendiente ilegítima del príncipe Alberto Víctor.
El vínculo de Sickert con el mundo criminal y el aura oscura de los crímenes del East End fue, inicialmente, producto de su propio carácter histriónico y su predilección por los relatos ambiguos en círculos sociales londinenses, en los que llegó a asegurar que había ocupado la habitación del asesino y a dar eco al rumor de que el verdadero Destripador era un estudiante de veterinaria entregado posteriormente a un hospital psiquiátrico por su familia. Su inclinación por incluir temas de ambigua violencia y escenarios de marginalidad urbana en su pintura añadió, para algunos observadores, un matiz inquietante a estas afirmaciones, aunque carecen de pruebas documentales y solo circularon en forma de relatos orales y rumores.
La vida de Walter Sickert danza entre el arte y el escándalo. Nacido en Múnich el 31 de mayo de 1860 en una familia cosmopolita con raíces danesas, alemanas e irlandesas, Walter Richard Sickert fue un artista que encarnó las tensiones y transformaciones del arte británico de su tiempo. Antes de consagrarse a la pintura, intentó una corta carrera escénica actuando en la compañía de Sir Henry Irving, para luego formarse bajo la tutela de James McNeill Whistler en Londres y, posteriormente, en París, donde conoció a Edgar Degas. Este contacto marcaría su estilo pictórico con un enfoque innovador del espacio y una gran preocupación por el dibujo.

Entre sus obras más reconocidas se encuentran las representaciones de escenas de teatro y vida nocturna en Londres, en las cuales exploraba la compleja interacción entre público, artistas y ambientes urbanos. La exhibición de estos cuadros en el New English Art Club y la posterior fundación del grupo de pintores británicos Camden Town Group posicionaron a Sickert como un referente de la transición del impresionismo al modernismo. Destacan en este periodo sus series pictóricas de temas ambiguos y oscuros, como las relacionadas con el llamado Crimen de la ciudad de Camden, pintadas a partir de 1907, donde las escenas de parejas en habitaciones pequeñas e iluminaciones poco naturales remiten a conflictos de comunicación y a una visión casi teatral de la tensión social y emocional cotidiana.
Uno de sus mecenas y principales coleccionistas fue Lord Beaverbrook, quien reunió una de las mayores pinacotecas dedicadas a Sickert, hoy conservada en la Beaverbrook Art Gallery en Fredericton, en la provincia canadiense de Nuevo Brunswick. Este fondo incluye cartas y correspondencia privada que testimonian sus redes personales y profesionales. Las interpretaciones sobre su posible vínculo con Jack el Destripador quedaron también inscritas en su obra, con cuadros como El cuarto de Jack el Destripador, pintado en tonos oscuros y atmósfera opresiva, alojado en la galería municipal de arte de Mánchester. Es una pintura al óleo sobre lienzo realizada entre 1906 y 1907. Supuestamente Sickert tuvo el dato de cuál era el edificio donde vivía el asesino y fue al lugar, al piso 6 de Mornington Crescent. La casera le habría dicho que ese dormitorio había pertenecido al Destripador en 1888. Entonces lo pintó. Wendy Baron, escribiendo para la Yale University Press, calificó la pintura de “melancólica” y “siniestra”.
A lo largo de las décadas, la conexión entre Sickert y los homicidios de Whitechapel ha suscitado valoraciones encontradas entre historiadores, criminólogos y escritores. Autores como Jean Overton Fuller, en Sickert y los Crímenes del Destripador (1990), sostienen que el artista fue no solo cómplice sino autor material de los asesinatos. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos descarta la solidez de estas afirmaciones debido a la falta de pruebas irrefutables.

Una opinión recurrente en los análisis citados es que el principal ejecutor de los crímenes, según la hipótesis conspirativa, habría sido el médico de la corte Sir William Withey Gull, mientras que Sickert y el cochero John Charles Netley habrían actuado como asistentes. Estas posiciones han sido fuertemente cuestionadas, e incluso el propio Stephen Knight dudaba de la posibilidad de que Sickert hubiera cometido actos homicidas, pues “los artistas y los escritores pueden adquirir una morbosa obsesión por los asesinatos pero nunca se ha sabido de un artista que cometiera un asesinato premeditado”.
Como parte de la reconstrucción histórica, la publicación en 1970 de un artículo por el médico Dr. Thomas Stowell en la revista The Criminologist planteó la tesis de que el asesino tenía sangre real o era al menos una figura de gran relevancia social. En dicho artículo se mencionaba al culpable bajo el apodo “Mr. S”, lo que, años más tarde, algunos lectores asociaron gratuitamente a Walter Sickert por la inicial de su apellido.
Últimas Noticias
J. M. Coetzee y Mariana Dimópulos y el lujo de lo extranjero
“Don de lenguas” es una conversación apasionante donde el inglés y el español se enfrentan, con reflexiones profundas sobre identidad, traducción y la política del lenguaje en el mundo editorial actual

Cinco nuevos espacios artísticos para conocer en Buenos Aires
En barrios históricos como La Boca, San Nicolás, Retiro y el Microcentro, surgieron nuevas galerías y proyectos artísticos que impulsan la profesionalización, la experimentación y el acceso de nuevos públicos

El enigma de Graham Greene y Kim Philby: una historia de espionaje, literatura y traición
Un encuentro crucial en Londres durante la Segunda Guerra Mundial dejó abierta la pregunta sobre qué intuía el célebre novelista sobre la doble vida de Philby, el espía más carismático y enigmático de su época

Los legados de Yves Saint Laurent y Louis Vuitton brillan en nuevas biografías gráficas
Dos novelas gráficas presentan la historia y el impacto de ambos personajes, mostrando su innovación y visión a través de ilustraciones que acercan su influencia a las nuevas generaciones de amantes de la moda

El pasaje secreto de los emperadores y otros tesoros: el Coliseo de Roma se reinventa para el público
Con la apertura del misterioso ‘Pasage de Commodo’ y la recuperación de zonas históricas, el Coliseo ofrece a los visitantes una experiencia renovada, conectando leyendas imperiales con hallazgos como monedas de oro y antiguas esculturas


