Jim Jarmusch ganó el máximo galardón en el Festival Internacional de Cine de Venecia en septiembre de 2025 por Padre Madre Hermano Hermana, y ese sería un resultado gratificante en cualquier año. Un director que se ha mantenido fiel a su estética poco convencional desde que irrumpió con Extraños en el paraíso (1984), Jarmusch es un cineasta al que prácticamente todos los rincones de la cinefilia le tienen cierto cariño.
Pero Padre Madre Hermano Hermana -estreno en 19 salas de Argentina y 9 de Uruguay- no es un logro culminante, sobre todo si se compara con Paterson (2016), de hace menos de una década. Apacible incluso para los estándares de Jarmusch, su nueva película encuentra al guionista-director regresando a su ya conocido modo antológico. Combina la estructura en tres partes de El tren del misterio (1989), donde tres grupos de personajes dispares se cruzaban en un hotel de mala muerte en Memphis, y la premisa global de Una noche en la tierra (1991), que observaba cinco trayectos en taxi en cinco ciudades.
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Esta vez, Jim Jarmusch, que abre la película con una inquietante versión de “Spooky” interpretada por la cantautora británica Anika, presenta tres historias en tres lugares: Nueva Jersey, Dublín y París. Las tres giran en torno a padres y sus hijos adultos. Ciertos motivos (skaters, relojes de pulsera, la frase “Bob’s your uncle” aquí subtitulada como “Listo el pollo”) aparecen en cada segmento, muchas veces con giros inesperados, y las historias armonizan de maneras delicadas. Pero no todas tienen la misma calidad.
El primer capítulo, “Padre”, comienza alternando entre su personaje principal (Tom Waits) y sus hijos, Jeff y Emily (Adam Driver y Mayim Bialik), que van de visita por primera vez en bastante tiempo. Emily se pregunta cómo logra exactamente su padre sobrevivir, viviendo solo en lo que parece ser una zona boscosa y remota de Nueva Jersey. No puede estar recibiendo cheques del Seguro Social, ya que nunca tuvo un trabajo real. Jeff revela que le dio dinero para reparaciones.
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Al llegar, encuentran a su padre desaliñado, posiblemente necesitado de medicación y —en un momento inquietante— inestable con un hacha. Su casa es un desastre, y no tiene mucho que ofrecer salvo agua (una bebida que, señala a modo de disculpa, le encantaba a su madre; las conversaciones sobre beber agua aparecen en los tres segmentos). Es un encuentro incómodo, que Jarmusch conduce con ese ritmo antes de culminar con un remate más propio de un sketch. Sin embargo, el director merece reconocimiento por no exagerar una revelación que otros cineastas habrían utilizado para una risa fácil.
El igualmente sobreextendido capítulo de Dublín, “Madre”, ofrece la mayor diferencia entre el talento involucrado y la poca trascendencia del material. Esencialmente invierte la dinámica de “Padre”: aquí, la madre (Charlotte Rampling), escritora, es la exitosa, y sus hijas, Lilith (Vicky Krieps) y Timothea (Cate Blanchett), viven en un estado de inestabilidad. Solo la ven una vez al año, para tomar el té, haciendo lo posible por contener los resentimientos persistentes, con Lilith ocultando con cautela que sale con una mujer. Pero el episodio, quizás por diseño, nunca cobra vida, como si estuviera limitado por la propia reticencia de los personajes a comunicarse. Incluso si se supone que Timothea está, como dice su madre, “un poco perdida en el mundo”, Blanchett, casi irreconocible con el pelo corto rojo y gafas, rara vez ha atraído menos atención.
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Sin embargo, el tercer segmento, “Hermana Hermano”, es tan encantador que invita a reconsiderar los dos primeros. Está protagonizado por Indya Moore y Luka Sabbat como Skye y Billy, gemelos que echan un último vistazo al apartamento parisino de sus padres bohemios. Comparten recuerdos, revisan fotos y conversan en una jerga perfectamente creíble que atribuyen al “factor gemelo”. Moore y Sabbat están soberbios, y es el único capítulo en el que tanto los hijos como los padres resultan personajes completamente desarrollados, a pesar de que la madre y el padre, fallecidos en un accidente de avión antes de que inicie la acción, solo aparecen en fotos.
Cuando los gemelos ponen un ocho pistas (N. de la R.: aquí conocido como “magazine”, pero el dato solo sirve para mayores de 50 años) para escuchar la canción favorita de su madre (la versión de “Spooky” de Dusty Springfield), le otorgan a Padre Madre Hermano Hermana una agradable simetría. Es un interludio maravilloso y Jarmusch en su mejor momento.
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Fuente: The New York Times
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