
El premio del millón de euros. Así se lo conoce al Premio AENA de Narrativa Hispanoamericana, que distingue al mejor libro publicado en 2025, porque tiene una dotación de, efectivamente, un millón de euros. ¿Es mucho? Esa pregunta viene rondando hace días entre columnistas, influencers literarios y escritores.
Compiten por él Nona Fernández, Enrique Vila-Matas, Samanta Schweblin, Marcos Giralt Torrente y Héctor Abad Faciolince. El jurado, presidido por Rosa Montero, está conformado por Leila Guerriero, Jorge Fernández Díaz, Elmer Mendoza, Pilar Adón, Luis Alberto de Cuenca, y el presidente de AENA, Maurici Lucena.
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El galardón pertenece a la empresa pública y primera operadora aeroportuaria, que depende de Transportes y Movilidad Sostenible. Ese es el elemento central del cual se toman los que cuestionan la abultada cifra. “Los premios privados tienen como objetivo promocionar un libro y una editorial y recuperar lo invertido. De lo que estoy en contra es del uso de dinero público de forma tan… obscena", escribió Carmen Domingo en una columna de opinión publicada en el diario español El País.

Por su parte, y en el mismo medio, el escritor español Sergio del Molino sostuvo que “en el moralista mundo cultural molesta que un agente externo rompa el ambiente de pobretería en el que hemos de vivir los escritores si aspiramos a la pureza literaria”.
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“La crítica al premio se argumenta de mil maneras, pero todas operan sobre un fondo social de desprecio a la cultura tan generalizado, que afecta al mismo mundo literario, donde abundan los franciscanos que reclaman un voto de pobreza. Asquea tanto el dinero en la literatura, que son legión los que trabajan gratis”, agregó.
“Que la cuantía del galardón sea tan grande indica, obviamente, que lo que importa es la literatura y no el dinero”, escribió Daniel Gascón en El Periódico.
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El premio mejor pago está en Emiratos Árabes Unidos, se llama 1 Million’s Poet, es un concurso de poesía televisado y otorga aproximadamente 1.3 millones de dólares. Le siguen el Premio Nobel de Literatura y el Premio Planeta de Novela de España, ambos con un millón de euros.
Luego el Premio Memorial Astrid Lindgren enfocado en literatura infantil y juvenil que entrega unos 435.000 euros, el Premio Internacional Ibsen para dramaturgos que otorga aproximadamente 215.000 euros y el Cervantes con 125.000 euros. Después está el terreno de la especulación: el Premio Goncourt de Francia, que garantiza ventas millonarias al ganador, entrega un cheque simbólico de solo 10 euros.
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En la ex Twitter y actual X el asuntó siguió. El autor Jorge Corrales comparó el campo literario con el audiovisual (donde “no es que sea una desdicha en cuanto a la precariedad, pero la gente comenta cuanto gana”) y agregó una cruda verdad: “Yo puedo ganar más dinero por hacer un vídeo en redes que por escribir una novela. Pero, para desgracia de mi cuenta corriente, a mí lo que me gusta es escribir”.
“Por eso, cuando anunciaron el premio AENA, me alegré porque existe la posibilidad de que algún escritor puede salir de pobre y dedicarse solo a escribir. Me encantaría que el dinero viniera de un filántropo o mejor, de que al Ministerio de Cultura le sobrase el dinero, pero aún así…“, agregó.
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Ese guante lo recogió Martín Caparrós. “Es cierto: muchos escritores consideramos vulgar hablar de dinero. En una época me daba risita; ahora, en este mundo donde todo es plata, me da orgullo. Los 5 finalistas del millón y muchos otros escritores vivimos del trabajo que haríamos gratis: es un gran privilegio. Parece que no te imaginas lo maravilloso que es hacer lo que uno quiere sin pensar en plata: sabiendo que vas a ganar lo suficiente para vivir, y ya”.

“Ninguno necesita un millón “para sobrevivir”, y me da mucha pena que ese tipo guarango, prepotente de dinero se mezcle con la buena literatura", dijo y concluyó: “Ese millón no le sirve a “la literatura”; le sirve a Aena para que tú y yo y tantos otros estemos hablando de ellos ahora. ¿Hay algo más opuesto a la literatura que la propaganda?"
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En la misma línea está Carmen Domingo, citada al principio, cuando dice que “por más que desde el jurado se insista en que la intención es crear un premio de prestigio, una vez conocida la lista de los finalistas, una no tiene más remedio que preguntarse si lo que se pretende es fomentar aún más a los grandes grupos editoriales o mantener a los autores consagrados en su consagración”.
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