Días atrás, una obra de “hiperrealismo mágico” de Ricardo Celma estuvo perdida. El artista argentino había denunciado la desaparición de su pintura, que despachó por correo para concursar en certámenes internacionales en Europa, lo que motivó la intervención de Interpol y la organización de una campaña global de búsqueda. La preocupación de todos era que haya ingresado al mercado negro del arte.
Pero la historia tuvo su final feliz. Acaban de llamar a Celma para decirle que habían encontrado el tubo en un depósito del aeropuerto de Middle East, en Inglaterra. “Supuestamente fue confundido con otros tubos de cañería, ya que es parecido y tiene un color rojizo, donde se ponen materiales más bien como de construcción. Aparentemente eso habría sido el error”, le dijo a Infobae, aliviado. “Me puse muy contento”, confesó, del otro lado del teléfono.
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La obra implicó un trabajo de meses. La protagonista del cuadro es su hija. Una vez concluida, salió en un tubo de PVC de casi un metro y medio de alto desde Argentina con destino inicial en Turquía. La encomienda, sin embargo, llegó pequeña y vacía; el destinatario tomó fotografías y devolvió el paquete al identificar la irregularidad. ¿Qué pasó con la obra? Nadie supo darle una respuesta. Entonces las alarmas sonaron.
Luego de solicitar imágenes de cámaras, se dio inicio a la búsqueda especializada en bienes culturales. Y apareció. Cuando le avisaron que la tenían, le preguntaron adónde quería recibirla. “A un amigo que vive en Inglaterra. Él me mandó las fotos apenas lo abrió. El envoltorio estaba intacto y el cuadro viajó perfecto. La abrió apenas y me di cuenta que era mi obra. Tengo una felicidad enorme”, contó. Enseguida llamó a su hija y a mucha gente con la que venía hablando. A esa altura, ya todo el mundo del arte sabía de su pérdida.
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Cuando contó todo esto en redes, enseguida los usuarios corrieron la voz y viralizaron el mensaje. “Lo positivo es la confianza y la solidaridad de la gente. Es impresionante el poder que tienen las redes”, sostuvo. Ricardo Celma nació en el barrio porteño de Boedo y tiene una trayectoria internacional en ciudades como Nueva York, Tokio, Shanghái y París.
EL artista destacó la importancia del “aprendizaje”, porque “hace pocos meses los correos están habilitados para mandar obras de arte: hay que aprender a manipular obras de arte, saber que es una carga valiosa aunque no tenga tanto valor material al momento de enviarla, y es una gran carga de valor para el artista y para el que la recibe”. “Hay que tratar de que esto se revierta, y así ayudar también a un montón de artistas que tuvieron malas experiencias mandando obras”, concluyó.
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