
Desde hace quince años, Yasmina Reza (París, 1959), una de las grandes dramaturgas contemporáneas, acude asiduamente a juicios y toma notas. “Es inútil preguntarse por el origen de la violencia”, dijo con motivo de la publicación de Casos reales (Alfaguara), un libro que recopila algunas de esas historias.

Casos reales
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Inmigrantes racistas, mujeres criminales de apariencia frágil, hombres amables que asesinan ancianas, la aclamada autora de obras teatrales como Arte (1994) o Un dios salvaje (2006) -adaptada al cine por Polanski- ha visto de cerca a los protagonistas de todo tipo de pasiones, venganzas y artimañas y fija su mirada en los detalles aparentemente menores, pero reveladores, de la vida en su estado más puro, conflictivo y contradictorio.
—¿Qué la empujó a asistir por primera vez a un juicio como espectadora? ¿Y cómo se convirtió en un hábito?
—Es como una enfermedad. Una vez que empiezas, no puedes parar. Siempre me han interesado los sucesos; hubo un caso sobre un universitario que mató a su mujer, muy mediático en Francia, y decidí asistir. Me interesó mucho, conocí a otros cronistas judiciales y me empezaron a hablar de otros casos que iba a haber.
—¿Pensaba ya en escribir un libro?
—En absoluto. Iba con la idea de tomar notas pensando que podrían servirme para el teatro o para una novela, como fuente de inspiración, pero han acabado siendo la obra en sí. Pasado el tiempo, pensé que podía hacer algo distinto a los periodistas, que están obligados a ser más pedagógicos y explicarlo todo, yo soy más libre.
—¿En qué se parece un tribunal a un escenario teatral?
—Es como un teatro, pero con mucho más en juego, más dramaturgia. Y también se parece en que hay momentos para reír y para llorar.

—Pero en el teatro hay un relato, mientras que en un juicio se trata de hallar la verdad, ¿cierto?
—No creo en la verdad, solo creo en lo real. En un tribunal no hay nada de verdad, lo que hay es realidad e interpretación. Por suerte, no hay solo distintos relatos, también hay hechos y pruebas, y hay relatos que son coherentes y otros que no. Pero incluso cuando todo es coherente, me parece muy difícil juzgar.
Por otro lado, hay acusados abominables que no querrías frecuentar jamás, mientras que otros son muy simpáticos y te gustaría conocerlos.
—Dice que juzgar es difícil, pero hoy parece muy fácil, todo el mundo lo hace constantemente.
—Es espantoso. Los tribunales han salido de su lugar natural. Ahora hay un tribunal mediático más poderoso y las redes sociales han dado a todo el mundo la posibilidad de emitir un juicio; lo que antes se quedaba en un salón, ahora tiene efecto sobre la vida de la gente, tengo amigos que han sufrido ese tribunal mediático y es terrible.
—En estos quince años de juicios, ¿ha aprendido algo sobre el origen de la violencia?
—Esa es una pregunta inútil, como preguntarse por qué tienes hambre o por qué comes. La violencia es necesaria para sobrevivir; la civilización se ha construido con violencia; la historia está hecha de violencia.
Con el humanismo y la democracia nos hemos acomodado en la idea de que hemos encontrado el sistema perfecto para erradicar la violencia y vivir en paz entre Estados, pero el problema es que los personajes que adoptaban esta apariencia de bondad y paz se volvían terriblemente aburridos, arrogantes y autocomplacientes y con ello, detestables.
—¿Eso explica el regreso de personajes como Trump o Putin?
—Mi punto de vista es más literario que político, pero sí, es así como veo el retorno de estos personajes violentos; los tecnócratas han acabado por aburrir a todo el mundo.

—¿Y Europa?
—Europa no está libre de estos autócratas, vamos en esa dirección. Hay un deseo de caos, también quizá de retorno a lo real. Personalmente, me adhiero por completo a los valores de la democracia, pero veo sus límites; la democracia debe cuestionarse a sí misma y no lo hace jamás, está demasiado segura de sus valores (...). Aunque pensemos que nuestros valores son los mejores, no debemos dejar de interrogarnos al respecto.
—En el libro expone un caso de violencia de género donde el abogado dice que estos casos se han vuelto muy complicados y que donde antes no había luz, ahora hay tanta que “estamos deslumbrados”. ¿Está de acuerdo?
—Totalmente. Creo que el punto de equilibrio no lo hemos encontrado aún en los tribunales. Antes la violencia familiar era un tema menor y ahora todo son mimos y abrazos a las víctimas, pero hay algo que no va, es un tema demasiado caliente, la actualidad influye en los tribunales por desgracia.
—En 2007 siguió en campaña al expresidente francés Nicolas Sarkozy y escribió un libro, El alba la tarde o la noche. ¿Le gustaría repetir la experiencia con algún político actual?
—No. Fue una experiencia extraordinaria, el personaje era muy interesante, polifacético, con mucha profundidad, mucha locura, un personaje novelesco perfecto para mí. Los políticos que han venido después no me interesan en absoluto y, bueno, ya lo hice una vez, no me quiero repetir.
Fuente: EFE.
Fotos: archivo.
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