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No es solo aerodinámica: 5 datos sorprendentes sobre el gorro de natación

Desde su origen en el siglo XIX hasta el truco del cambio de color en aguas abiertas, este accesorio evolucionó hasta convertirse en una herramienta táctica y tecnológica de alto rendimiento

El gorro de natación no es obligatorio según el reglamento de World Aquatics, aunque influye en el rendimiento en la competición (REUTERS/Edgar Su)
El gorro de natación no es obligatorio según el reglamento de World Aquatics, aunque influye en el rendimiento en la competición (REUTERS/Edgar Su)
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Un gorro azul y blanco que engaña a los rivales, dos gorros apilados que sirven de armadura para las gafas, o pequeños arcos en la silicona que imitan la superficie de una pelota de golf: el gorro de natación, ese accesorio discreto del equipamiento de un nadador, acumula más ingenio del que aparenta.

Es que el gorro de natación combina reglamento, tecnología y estrategia en la pileta de competición. Según L’Équipe, este accesorio no es obligatorio por norma, pero influye en el rendimiento; evolucionó desde el siglo XIX y hoy incorpora diseños y usos tácticos entre nadadores de élite.

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El diario deportivo francés L’Équipe reveló 5 datos sobre este accesorio que, pese a su aparente simplicidad, ha evolucionado desde el siglo XIX hasta convertirse en un componente de alto rendimiento. Uno de los aspectos menos conocidos es que el reglamento de World Aquatics, organismo rector mundial de la natación, no lo exige.

Según Antoine Fontaine, asesor legal de la Federación Francesa de Natación (FFN), su uso en competición no es obligatorio, aunque los atletas de élite que nadan sin él constituyen una rareza.

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El origen del gorro de natación moderno se remonta al siglo XIX, cuando su uso femenino respondía al pudor social (Kirby Lee-Imagn Images/REUTERS)
El origen del gorro de natación moderno se remonta al siglo XIX, cuando su uso femenino respondía al pudor social (Kirby Lee-Imagn Images/REUTERS)

Eric Dernoncourt, especialista en optimización del rendimiento de la FFN, señaló al medio francés que el gorro “minimiza la resistencia del agua causada por el cabello”, lo que puede traducirse en diferencias de centésimas de segundo.

Entre las excepciones más recientes figura la estadounidense Leah Hayes, medallista de bronce en los 200 metros estilos del Campeonato Mundial de 2022, quien compite sin gorro a causa de la alopecia que padece.

Antes que ella, el húngaro László Cseh —plata en los 100 metros mariposa en los Juegos Olímpicos de 2016— y la australiana Ashley Callus —bronce en el relevo 4x100 m libres en los Juegos Olímpicos de 2008— también dejaron sus cabezas al descubierto. Arnaud Bonamy, director de marketing de la FFN, recordó a L’Équipe el valor comercial del accesorio: “Es la única parte visible; podemos mostrar a nuestros patrocinadores”.

El origen del gorro de natación moderno se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. El historiador deportivo Thierry Terret explicó al medio francés que su uso inicial, ligado a la natación recreativa femenina, respondía más a criterios de pudor social que a necesidades técnicas, ya que el cabello mojado era asociado a la “fantasía”.

La evolución tecnológica llevó del látex y el caucho a la silicona y al gorro tipo concha, diseñado para reducir pliegues (Robert Goddin-Imagn Images/REUTERS)
La evolución tecnológica llevó del látex y el caucho a la silicona y al gorro tipo concha, diseñado para reducir pliegues (Robert Goddin-Imagn Images/REUTERS)

La incorporación de este accesorio al deporte de competición se consolidó en las décadas de 1880 y 1890, impulsada por el surgimiento del waterpolo, donde los gorros diferenciaban a los equipos.

La evolución tecnológica del gorro

La evolución de los materiales —caucho, hule, látex y, finalmente, silicona— fue ampliando su adopción, aunque su uso entre los hombres varió con el tiempo: figuras como el estadounidense Mark Spitz (Múnich, 1972) o el ruso Alexandr Popov compitieron sin gorro hasta bien entrado el siglo XX.

La innovación más reciente en este campo es el denominado gorro tipo “concha”, que reemplazó al gorro plano de silicona estándar. David Maître, exnadador de la selección francesa y actual colaborador de Arena, describió a L’Équipe que estos gorros están “moldeados como un melón grande, con una forma redondeada y hemisférica”, diseñados para ajustarse al cráneo con el mínimo número de pliegues.

Por qué algunos nadadores usan dos gorros

La versión más avanzada del fabricante, el Aquaforce Wave —lanzado en 2021—, incorpora pequeños arcos en su superficie que replican el efecto aerodinámico de una pelota de golf, lo que mejora la penetración en el agua. El precio de este modelo supera los 60 euros, 4 veces más que un gorro convencional.

Algunos nadadores usan dos gorros de natación para sujetar las gafas y, en aguas abiertas, hasta cambian de color para confundir rivales (REUTERS/Stefan Wermuth)
Algunos nadadores usan dos gorros de natación para sujetar las gafas y, en aguas abiertas, hasta cambian de color para confundir rivales (REUTERS/Stefan Wermuth)

El uso de dos gorros superpuestos es otra práctica extendida entre los nadadores de alto nivel. Pauline Mahieu, especialista en espalda y medallista de plata en el relevo combinado 4x100 m del Campeonato Europeo de 2022, relató a L’Équipe su rutina: primero coloca un gorro de entrenamiento para sujetar el moño, y encima uno moldeado que alisa la cabeza.

Las gafas van sujetas entre ambos. “Es un poco como una ‘armadura’”, graficó la nadadora francesa, aunque aclaró que no usa dos gorros del mismo tipo superpuestos porque la presión resulta excesiva.

El truco del cambio de color en carrera

El uso más inesperado que recoge L’Équipe lo protagoniza el nadador francés de aguas abiertas Marc-Antoine Olivier. Desde su preparación para los Juegos Olímpicos de 2016, el atleta lleva en ocasiones dos gorros de distintos colores, uno encima del otro.

Su estrategia es la siguiente: cuando va en cabeza y quiere desorientar a sus rivales, finge dificultades, aprovecha una parada de reabastecimiento para quitarse el primer gorro y relanzarse con un color diferente, de modo que sus perseguidores no lo identifiquen de inmediato. “Hay que tener cuidado de que los jueces no te pillen, porque te pueden penalizar”, admitió Olivier ante el diario deportivo francés.

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