¿Qué es el filo? “El filo es estar lejos, es escaparse. El protagonista está solo en la montaña y piensa desde ese silencio. Estar en el borde, mandar todo a la mierda. El filo, el precipicio”, responde Antonio Birabent del otro lado de la pantalla del celular. Son las 11:30 de la mañana y la entrevista recién empieza. Dice que el hombre solo, la soledad, huir, siempre le ronda la cabeza, “ser un fugitivo, irse, dejar la ciudad. Porque la ciudad me cansa”. Y es exactamente lo que hizo el personaje misterioso de la nueva publicación del músico y escritor, hijo de Moris: un día dejó todo y se fue a vivir a la montaña. Solamente lo acompaña su perro Simón, del cual no se despega hasta que sí. Y también aparece un tal Jorge, “un Sancho Panza básico” que le alquila la cabaña y, cada tanto, le trae los víveres. “No me gusta lo convencional -dice Birabent-. Mi camino está más por el filo que por la llanura. Frente al hartazgo social, burocrático, frente al mundo en conflicto, una solución puede ser cortar con todo. Chau, me fui”.
El personaje de la historia espera que, al dejar el mundo atrás e irse lejos, todo lo anterior desaparezca y logre arrancar de cero. Pero a veces no alcanza con huir del mundanal ruido. O tal vez ¿sí? “Este hombre no quiere más palabras. Las palabras son grandes impostoras y quedamos presos de un runrún que no es nada, no existe y eso agota. Y este hombre del libro se cansa de la palabra como anestesia”, explica el autor.
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Como sea, resulta que el hombre en cuestión anda perdido y la montaña es una excusa. Por momentos parece que se está volviendo loco y en la narración aparece la dependencia con algunos medicamentos. A veces escucha, ve o piensa cosas que al lector lo hacen dudar y esto es algo que atrapa. “El tema de los remedios está presente en la historia, plantea su verdadera utilidad o no, de cuanto puede ayudar y cuanto anestesiarnos. Y es en la montaña cuando el personaje empieza a tomarlos mal y eso le permite comenzar a ver las cosas de otra manera”, revela Birabent. “Hay un borde emocional, el de decir: che estoy al límite y también hay un filo geográfico. Estamos todos un poco en el borde. La existencia es tan frágil…”
La madre es un tema fundamental en la petite nouvelle. Aparece todo el tiempo en los recuerdos del protagonista y hasta por momentos le parece verla o escucharla. El cantante explica que la figura de la mamá -para el protagonista- es su alegría y su condena. Que la madre es quien lo contuvo y el padre es una figura casi ausente en el relato. “La mamá es una presencia fantasmal”, agrega. También hay un amor que terminó fatalmente. Y según el autor, las palabras que escribe el hombre en la montaña las escribe pensando en ella. Él le hizo mal y hay culpa. Hay tristeza y le pide perdón. “El libro que trata de escribir el personaje es un documento para pedirle perdón”. Al final, El filo: ¿podría tratarse de una gran carta de amor? En fin. Sigo.
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Otro elemento muy presente en la narración es el tiempo: los amaneceres, los atardeceres, los ciclos de la vida. ¿Dónde se irá el tiempo? Ni idea. También lo son la introspección, la soledad y la libertad. Y es entonces cuando le comento al escritor que todo eso me hace acordar a la canción "El Oso“, la que compuso -hace más de medio siglo- su papá, el músico Moris. Y sí, porque el oso se escapa del circo (una cárcel para él) para irse de nuevo al bosque. Quiere ser libre y regresar a la naturaleza, a su vida anterior, cuando era feliz. “Tenés razón –me dice Antonio-, la letra del "El Oso" tiene una conexión directa con esta novela. La verdad no lo había pensado”. Y sí. Porque pareciera que el oso de la canción se mete en las grietas del hombre en la montaña. Los dos quieren estar solos, los dos se escapan del encierro. La diferencia reside en que, al final, el oso está “¡contento de verdad!” pero el hombre no tanto. Aunque un poco sí. “Vivir en el filo lo ayuda. Él se afila así mismo en su soledad y va recuperando esa capacidad de estar más presente y más despierto. Asique al final el filo lo ayuda. Lo fortalece. Lo acomoda”.
La obra es una suerte de diario personal de un hombre que, con su perro, decide irse a vivir a un remoto paraje de montaña. Tiene 84 páginas y se lee de un tirón. Y más allá del estilo, los espacios en blanco y las pausas, el mayor enigma del libro es su protagonista: ¿qué le pasó?, ¿qué lo llevó hasta ese lugar inhóspito?, ¿qué busca realmente? Y es entonces cuando el título cobra sentido. “Él está en carne viva. Hasta cuando duerme pareciera estar así. Está al límite y creo que el filo también es un principio. Si llegás al filo, supuestamente ya no hay nada. Él está un poco ahí, en el abismo“. Y aunque no se lo digo, pienso que hay mucho de autobiográfico en esta especie de bitácora del tipo solo en la montaña con su perro. ¿Tal vez sea porque está escrito en primera persona? O quizás porque mientras charlábamos me dijo que el cemento lo agota y que a veces lo mejor es patear el tablero e irse con la música a otra parte. No sé. Pero algo de eso hay. Estoy convencida.
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“Esto que estoy viviendo no tiene nombre –escribe el personaje- En el futuro tendré la tentación de ponerle uno, de identificarlo, caeré en esa trampa, mi vejez llena de tiempo será testigo de los intentos de atrapar lo que ya se habrá ido. Hoy, acá, todavía suficientemente dueño de mí, este momento sin nombre es todo lo que tengo, (…) Voy a recordar estos días acá como el cuento de un hombre que expone su debilidad a la lluvia, el viento y al sol. Lo acompaña su perro. No creo que vaya a ser un cuento necesariamente triste”.
Y la verdad que no. Quién no quiere irse un rato de este mundo en compañía de su mascota, ¿no?
¿Quién es Antonio Birabent?
Antonio Birabent lleva más de tres décadas cantando, componiendo y actuando. Desde que regresó al país en 1987, después de vivir en España, editó más de treinta discos (Azar, Cuerdas, Demoliciones) y trabajó como actor en varias series y películas como Verdad/Consecuencia, El Impostor y, Epitafios, entre otras. En 2022 publicó Tres (editorial Malisia). El Filo (Paripébooks/Camalote, 2025) es su segundo libro.
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