
“No hay nada más implacable que la palabra escrita por uno mismo”. Con esta frase, el exfutbolista, periodista y escritor José Antonio Martín Otín cierra cualquier atisbo de polémica que haya podido haber con la publicación de El diario secreto de José Antonio (Espasa). En este ensayo, aparecen por primera vez las reflexiones íntimas que José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange española, realizó en sus últimos meses de vida, y cuyo contenido revela que este personaje, comúnmente vinculado al golpe de Estado de 1936 y la posterior dictadura franquista, no tuvo el papel en estos acontecimientos que todos creíamos.
El diario figuraba entre las pertenencias de Primo de Rivera que se trasladaron desde Alicante hasta Madrid tras su ejecución en noviembre de 1936. “Nadie había reparado en lo que había dentro”, destaca Martín Otín. “Es algo que me sorprende, porque me consta que muchos historiadores de mucha reputación, españoles y no españoles, lo habían tenido en sus manos sin ver que era la letra de José Antonio”. Cuando él tuvo acceso, se dio cuenta de que aquellos minúsculos caracteres eran, en realidad, la reconocible letra de un hombre al que ya había biografiado anteriormente en El hombre al que Kipling dijo sí.
A partir de ahí, comenzarían cinco años de “trabajo chino” para descifrar, página a página, el contenido de aquel diario secreto, regalado a Primo de Rivera como un obsequio del Colegio de Abogados. “Lo que el hombre escribió allí era, en principio, para sí mismo, porque creo que lo que quería era establecer una crónica cotidiana que luego llevaría a unas memorias”, comenta Martín Otín. “Llegó a la conclusión de que no le podía delegar a nadie la tarea de escribir lo que había vivido”.

La Falange no participó en la organización del golpe de Estado
Gracias a su testimonio sabemos, hoy, que ni José Antonio Primo de Rivera ni la Falange española tuvieron que ver en la organización del golpe de Estado que provocaría la Guerra Civil. Es cierto que él mismo había ofrecido las fuerzas del colectivo para un levantamiento militar, pero no fue a Franco, ni a Mola, Goded o compañía, sino al exministro de la Gobernación de la República, Manuel Portela Valladares. “Iba a ser un golpe como el de De Gaulle en Francia, para asentar la república desde una dictadura nacional consolidada, hasta que se eliminaran los extremos”.
Otín afirma que su investigación le lleva a descubrir cómo el líder de la UME, una de las principales organizaciones que conspiraron contra la República, se reunió con José Antonio porque querían a la Falange como “fuerza de choque”. “Y José Antonio le dice que no es partidario de militaradas, que él cree que lo conveniente es una dictadura republicana”, explica Martín Otín. A Primo de Rivera, de hecho, le molestaban mucho ese tipo de peticiones, ya que consideraba que la Falange era “manumitida” por los militares. “Manumitir significa unos esclavos a los que dan la libertad para que combatan”.
Así, la Falange no se sumaría al golpe de Estado hasta el mes de julio, cuando este ya estaba completamente organizado, y José Antonio permanecía encerrado en la cárcel. Inmediatamente después de su muerte a manos del ejército republicano, muchos escribirían sobre quién fue y lo que hizo. El régimen de Franco lo presentaría enseguida como un “mártir” del Movimiento Nacional, simplificando o reinterpretando buena parte de sus ideas para hacerlas compatibles con la dictadura “El franquismo quería construir un personaje ajeno a la vida, deshumanizado. Una idea que convino tanto a la derecha como a la escuela marxista, encantada con la idea de eliminar un adversario en la pugna revolucionaria y hacerle un siamés a Franco”.

Enemigo de Franco y afín al sindicalismo revolucionario
Pese a la extraña canonización franquista procurada por amigos y enemigos, quienes conocieron a Primo de Rivera advertían: “José Antonio no es Dios”. “El primero que sabía que no era Dios, y así lo cuenta en el diario, es él”, subraya Martín Otín. En esa línea, el autor afirma que lo que más le ha sorprendido del diario son las revelaciones más humanas e íntimas que el diario permite descubrir. “No sabía que era tan escrupuloso con la sociedad, por ejemplo, o que tuvo tanto miedo por la neurastenia (trastorno neurótico caracterizado por una fatiga crónica y un agotamiento físico o mental severo) cuando fue a la cárcel.
A pesar de que el diario era para escribir cosas que solo él leería, José Antonio Primo de Rivera tachó en algún momento dos nombres en el diario. Uno de ellos es el de la amada con la que, de hecho, pasó el último día de su libertad. El otro se sorprende, el propio Martín Otín, de uno de sus mayores “enemigos”: el militar Juan Antonio Ansaldo Vejarano, fundador de la fuerza paramilitar Falange de la Sangre y expulsado de la organización, razón por la que incluso quiso acabar con la vida del político.
Otro enemigo de José Antonio Primo de Rivera, pese a que la historiografía haya tratado de borrarlo, fue el mismísimo Francisco Franco. “En 1986, el sociólogo Amando de Miguel me dijo que era un sarcasmo histórico que, en el mismo cajetín de la historia, e incluso enterrados el uno junto al otro, aparezcan Franco y José Antonio: dos personas que se odiaron en vida”. Al fin y al cabo, este último era cada vez más cercano al sindicalismo revolucionario de la CNT. No es de extrañar, pues, que le dijera lo siguiente a Marciano Pedro Durruti: “Lo que hay que hacer es encontrar una herramienta política para que el sindicalismo revolucionario, dotado de un sentido patriótico, pueda hacer esa revolución que necesita España”.
Una historia por contar
Preguntado por si quedan todavía cuestiones por descubrir acerca de José Antonio Primo de Rivera, Martín Otín afirma creer que “tiene que haber todavía material por ahí”. “Espero que la historia nos sorprenda con nuevos hallazgos, pero este diario es definitivo en cuanto a que acaba con una mentira constante”. Para él, su trabajo ha permitido limpiar toda la “morralla” en torno a la figura del fundador de Falange, algo necesario para “sentar las bases desde las que se pueda hablar de este señor”.
En la misma línea, afirma el autor que ya hay historiadores que se han puesto en contacto con él para contemplar y comentar el diario. “Tiene algunos puntos en los que creen que pueden añadir cosas por investigaciones que habían desarrollado y que se habían parado hace muchos años, pero que ahora se han vuelto a activar porque han visto que tenían razón”. El Diario secreto de José Antonio abre la puerta, de este modo, a nuevas revelaciones sobre la historia del último siglo en España, lo cual, para Otín, es una de las consecuencias “más gratificantes” de su trabajo: ver cómo la verdad, poco a poco, va abriéndose camino.
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