
“Enterrarme desnuda / Como he venido / Al mundo fuera del vientre / De mi madre desconocida”, comienza uno de los poemas más bellos de Grisélidis Réal. Se titula “Muerte de una puta” y está dedicado “a Gabrielle Partenza, a todas, a los demás” y forma parte de La catedral interior, antología de su obra poética que acaba de editar el sello Serapis con traducción e introducción de Vivian Lofiego.
“Su poética se destaca por la convivencia de un impulso vital muy poderoso y la forma en que lleva a los versos aquellas experiencias en donde su cuerpo aparece involucrado de maneras extremas: desde la maternidad, la entrega con la que vivió el amor pasional, el tiempo que pasó en prisión, hasta la prostitución, las manifestaciones en la calle, y la enfermedad terminal en la última etapa de su vida”, se lee en la contratapa.
Del acomodo a la ilegalidad
Nacida en Lausana, Suiza, en 1929, Réal creció en el seno de una familia de intelectuales acomodados. Su infancia transcurrió entre Egipto y Atenas, donde su padre dirigía la Escuela Suiza de Alejandría hasta su fallecimiento cuando ella tenía nueve años. Tras la muerte de su padre, regresó a Lausana, donde la relación conflictiva con su madre marcó su adolescencia. Se formó en la Escuela de Artes Decorativas de Zúrich, obteniendo su diploma en 1949, e intentó abrirse camino como pintora.
La presión social y familiar la llevó a casarse a los 20 años, y en 1952 nació su primer hijo. Ese matrimonio estuvo marcado por la violencia y las tensiones constantes, lo que la llevó a abandonarlo. Posteriormente, inició una nueva relación de la que nació su segundo hijo, situación que, en la Suiza de los años cincuenta, le costó la custodia de sus hijos. Réal recuperó a sus hijos de manera ilegal del centro de acogida donde habían sido internados y huyó con ellos a Alemania. En total, tuvo tres hijos y una hija.

El inicio de la escritura
En Alemania, intentó subsistir como pintora y se trasladó a Múnich junto a un amante afroamericano esquizofrénico y dos de sus hijos. La violencia de su pareja y la precariedad económica la llevaron en 1961 a iniciarse en la prostitución, actividad que le permitió alimentar a sus hijos y que, con el tiempo, se transformó en el eje de su militancia. Réal ejerció la prostitución hasta 1995, convirtiéndose en la trabajadora sexual más reconocida y mediática de Suiza.
Su vida dio un giro cuando fue encarcelada en Alemania por vender marihuana a soldados estadounidenses. Tras su repatriación a Suiza, continuó ejerciendo la prostitución durante un tiempo. En prisión, comenzó a escribir y a pintar, y más tarde intentó dejar la prostitución gracias a una beca que le permitió dedicarse a la escritura de su autobiografía, El negro es un color.
Su obra literaria, iniciada con publicaciones en la revista Escritura, se nutre de su experiencia como prostituta y constituye tanto un testimonio como una defensa del reconocimiento de un estatus social. Sus libros, que combinan poesía y denuncia, exploran la tensión entre el orden burgués y la espontaneidad marginal. El negro es un color (1974) destaca por su mezcla de lirismo violento, elementos escatológicos, hiperrealismo y onirismo. Más tarde, en 1992, publicó Un turno imaginario, manteniendo ese mismo registro.
Militancia y trabajo sexual
Durante la década de 1970, Grisélidis Réal se consolidó como activista, participando como una de las líderes de la llamada “Revolución de prostitutas” en París. En junio de 1975, quinientas mujeres ocuparon el distrito 18 de la capital francesa para exigir el reconocimiento de sus derechos. Réal rechazaba la idea de que la prostitución fuera siempre una imposición y defendía que podía ser una elección personal.
Insistía en que sus documentos oficiales reflejaran tanto su labor de escritora como la de “peripatética”, término que utilizaba como neologismo para referirse a su profesión de meretriz. Su vida y su activismo quedaron registrados en el documental Prostitución de Jean-François Davy, filmado en su domicilio en 1975 y 1976.En 1977, trasladó su activismo a Ginebra, donde retomó la prostitución tras siete años de pausa.
En 1982, fue una de las fundadoras de la Asociación de Defensa de las Prostitutas (Aspasie, Ginebra). Su defensa del trabajo sexual la llevó a participar en conferencias internacionales, universidades, entrevistas y reuniones públicas. En su pequeño apartamento del barrio de Paquís, en la zona roja de Ginebra, creó el Centro Internacional de Documentación sobre la Prostitución.

A lo largo de su vida, Réal defendió el valor social de la prostitución, a la que consideraba una actividad capaz de aliviar las miserias humanas y dotada de una dignidad propia. En 1977, escribió: “la prostitución es un acto revolucionario”. En el prefacio de su obra Carnet de baile de una cortesana, publicado en enero de 2005, la describió como “un arte, un humanismo y una ciencia”. No obstante, reconocía también el lado oscuro de su oficio, sobre el que hablaba con crudeza.
Reconocimiento póstumo
Tras su fallecimiento el 31 de mayo de 2005 en Ginebra, a los 75 años, sus hijos hallaron varios manuscritos inéditos, entre ellos el de su primera obra escrita durante su reclusión en Alemania, que vio la luz en octubre de 2008 bajo el título ¿Estoy todavía viva? Diario de prisión.
El traslado de sus restos al Cementerio de los Reyes en Ginebra en marzo de 2009, acompañado de controversia, marcó el reconocimiento póstumo de una figura que desafió los límites sociales y culturales de su tiempo. En la lápida, la inscripción “Écrivaine, peintre, prostituée” (escritora, pintora, prostituta) sintetiza la vida de una mujer que reivindicó cada faceta de su identidad y luchó por el reconocimiento de los derechos de las trabajadoras sexuales en Suiza y más allá.
Ahora, con la publicación de La catedral interior esta gran poeta vuelve a encontrarse con sus lectores hispanohablantes. Es una oportunidad de saborear su lirismo intenso lleno de sensibilidad. En “Muerte de una puta”, agrega: “Enterrarme derecha / Sin dinero sin ropa / Sin joyas sin lujos / Sin maquillaje sin adornos / Sin velo sin anillo sin nada / Sin collar ni aros de oro fino / Sin lápiz labial ni color negro en los ojos”.
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