
La precariedad económica marcó los últimos años de Carlo Mense, de quien hoy se cumplen 55 años de su muerte, hasta el punto de que el pintor intercambió cuadros por alimentos para sobrevivir. Esta situación, que se agravó tras la Segunda Guerra Mundial, ilustra el declive de un artista que, décadas antes, había sido figura central de la vanguardia renana y uno de los principales exponentes de la Nueva Objetividad en la pintura alemana.
La trayectoria de Mense, desde sus inicios en una familia acomodada hasta su muerte en la pobreza, bien podría ser un capítulo de algunos clásicos literarios como Los Buddenbrook, de Thomas Mann, El ruido y la furia de Faulkner o, más acá en lo geográfico, a Las de Barranco, la obra de teatro del argentino Gregorio de Laferrere. Y es que en estas obras no solo se relata una historia entremuros, sino que sirven como metáfora de las convulsiones políticas y sociales de un tiempo en un país.
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Nacido el 13 de mayo de 1886 en Rheine, en el seno de una familia de comerciantes, Mense creció bajo la influencia de una educación católica estricta y un entorno familiar que valoraba la formación artística. Tuvo todas las facilidades para seguir su deseo artístico, aún cuando se esperaba que continuará el negocio familiar de venta de semillas.

Estudió en la Academia de Arte de Düsseldorf y rápido se integró en los círculos de la época, como el “Gereonsklub” y la “Kölner Sezession”, lo que le permitió establecer una red de contactos con otros artistas de vanguardia y participar en exposiciones internacionales, como la Sonderbund de 1912 en Colonia y la muestra de expresionistas renanos en Bonn en 1913.
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En aquellos años dorados, su obra transitó desde el impresionismo aprendido en Weimar hasta la influencia del fauvismo francés y el orfismo de Robert Delaunay, con una evolución estilística que incorporó elementos cubistas y futuristas.
La Primera Guerra Mundial interrumpió su carrera. Tras ser movilizado en 1914, Mense sirvió en Flandes y en el frente oriental, experiencias que le acercaron a los movimientos pacifistas y revolucionarios de artistas y escritores.
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Desde 1916 colaboró con la revista “Die Neue Jugend” y, tras el conflicto, se integró en agrupaciones como la “Novembergruppe” y “Das Junge Rheinland”, que buscaban renovar el arte alemán desde una perspectiva social y política. Estas asociaciones le ofrecieron nuevas oportunidades de exhibición y consolidaron su posición en la escena artística.
En la década de 1920, Mense se trasladó a Múnich, donde contrajo matrimonio con la artista rusa Vera Baske en 1919. Allí, junto a Alexander Kanoldt y Richard Seewald, formó un núcleo fundamental de la Nueva Objetividad, corriente que se distanció del expresionismo para adoptar una representación más sobria y realista.
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La dificultad para vender sus obras en un mercado dominado por gustos tradicionales le llevó a pasar largas temporadas en Italia, especialmente en Positano, hasta que en 1925 fue nombrado profesor extraordinario en la Academia de Arte de Breslavia.

Ese mismo año, participó en la exposición de arte postexpresionista en Mannheim, considerada clave para la difusión de la Nueva Objetividad, y su obra fue destacada en el libro “Nach-Expressionismus – Magischer Realismus” de Franz Roh, lo que incrementó su reconocimiento público. De aquellos años es “Muchacha de verde” (1928), que se encuentra en Kunstmuseum Bonn.
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La evolución estilística de Mense refleja las tensiones de su tiempo. Si bien sus primeras obras muestran la impronta del expresionismo y la influencia de figuras como Cézanne, Matisse y el cubismo, tras la guerra se orientó hacia un realismo frío y la Nueva Objetividad, en sintonía con muchos de sus contemporáneos.
La llegada del régimen nazi en 1933 marcó un punto de inflexión. Ese año, Mense recibió el Premio de Roma y una estancia en la Villa Massimo, donde vendió un cuadro a Hermann Göring, alto dirigente nazi y Ministro del Aire del Reich.
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Posteriormente, se produjeron otras adquisiciones oficiales, como la compra por parte de la ciudad de Colonia de una pintura de las montañas Siebengebirge destinada a Joseph Goebbels, jefe de propaganda del Reich. A pesar de este aparente encaje con el gusto oficial, más de 30 obras de Mense fueron confiscadas en 1937 bajo la acusación de “arte degenerado” y en su mayoría destruidas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el artista fue movilizado y y parte de su producción en un bombardeo en 1944. Tras la contienda, regresó a Bad Honnef y expuso de forma regular en la región.
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Mense adaptó su estilo hacia una pintura de paisajes regionales, en sintonía con los temas aprobados por el régimen, aunque nunca abandonó del todo su lenguaje personal. Sirvió como oficial en el frente occidental y oriental durante la Segunda Guerra Mundial, hasta que una enfermedad reumática le obligó a retirarse en 1942. Luego, perdió su estudio de Colonia durante los bombardeos aliados.

A partir de allí, fue todo caída. Mense nunca recuperó su fama, ni salud. De alguna manera, aquel artista pacifista había traicionado sus convicciones y tras la caída del Tercer Reich la caza de colaboracionistas estaba a la orden del día. No importaba si había sido forzado, alguien debía cargar con la culpa.
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La penuria económica de la posguerra le llevó a intercambiar cuadros por alimentos, y aunque participó en asociaciones de artistas y exposiciones regionales, su proyección quedó limitada al ámbito local.
En 1961 recibió la Cruz Federal al Mérito y en 1964 fue candidato del FDP en las elecciones municipales de Bad Honnef. Desde los años 50, su obra experimentó un retorno estilístico y temático a las décadas de 1910 y 1920, motivado en parte por el renovado interés del público alemán por el expresionismo, aunque sus cuadros de esta etapa no alcanzaron la calidad de sus primeras creaciones. Algunas piezas tardías muestran un estilo cada vez más ingenuo y casi infantil.
Murió olvidado, y salvo alguna retrospectiva -como las que se realizaron en los ‘90 y otra hace dos años en Bonn- así continúa.
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