
¿Alguna vez te preguntaste de qué manera leés? ¿Qué se lee al predisponerse a esa actividad-acción? ¿Solo se leen textos y palabras o las imágenes también nos hablan? ¿Todas las imágenes dicen algo? ¿Todas son capaces de expresar sentidos? ¿Y qué sucede cuando no hay palabras, siquiera un mínimo epígrafe?
Muchos de estos interrogantes se han ido formulando en torno a los libro álbum, de la familia de los libros ilustrados. Si bien ambos comparten rasgos similares, no son lo mismo. Ni se manejan bajo las mismas reglas. De hecho, todos los libros álbum son libros ilustrados, pero no todos los ilustrados son libros álbum.
En el primer volumen de Desbordes: Una mirada sobre el libro álbum, Mariel Rabasa y María Marcela Ramírez, señalan que es un género que está “en constante construcción” –y se podría agregar, en franca expansión–. Asimismo, retoman la idea de Josefina Ludmer acerca de los modos de leer, “diferentes lecturas que distintos sujetos ponen en práctica cuando leen”.
Desde esa idea se llega a entender que las ilustraciones en los libros álbum no son complementos sino partes fundamentales para la interpretación del libro en sí. Cualquier ilustración no daría lo mismo. Tendría otro resultado, otra interpretación, otro sentido.
La selección de esta semana incluye cuatro obras muy diversas en tonos, paletas, tipos de ilustraciones e incluso públicos destinatarios. Dos son novedades; uno hace pensar en un corto animado y otro, además, abre el debate acerca del infinito. Los cuatro son preciosas obras de arte y diseño, con humor, misterio y poesía. Porque las imágenes, si conmueven, son tan poéticas como los textos.

Un coso (Limonero, 2021), de Santiago Craig y Pablo Bernasconi. Este libro que nació de un concurso es, al igual que su diseño, un libro para la pregunta. ¿Qué es un coso?
Con las ilustraciones tan reconocibles de Bernasconi y las palabras de Craig se construye un universo de preguntas sin respuestas. Se impulsa un vértigo que invita a avanzar hasta donde sea para encontrar respuestas, que muchas veces no existen.
El texto de Santiago Craig mezcla humor absurdo que evoca a Alicia y su fantástico país de las maravillas con ciertas dosis de misterio. Y Pablo Bernasconi diseña, una vez más, tramas, sensaciones, patrones inconexos que generan una fascinación frenética.
El diseño de Sonia Basch le suma aún más puntos a un libro que es un misterio en cada lectura.

El paraguas (Lecturita, 2025), de Nicolás Schuff y Andrea Antinori. Pocos objetos son más polémicos que los paraguas: son odiados y hasta se los responsabiliza de dar mala suerte si se abren en lugares cerrados. Por eso este libro es una reivindicación –bueno, a medias…–
Como dice en la contratapa, junto con las llaves, las medias y las bufandas, son de las cosas que más se pierden u olvidan. De eso se trata El paraguas, de las aventuras de un paraguas verde que va, de mano en mano, por distintos lugares y viviendo miles de aventuras.
Las ilustraciones sencillas, pero cargadas de sentimientos de Antinori, y las palabras de Schuff se amalgaman para crear una historia que conmueve por lo simple pero emotiva a la vez. El paraguas es la prueba fiel de que se puede armar un cuento maravilloso con lo más insospechado que está a la mano si se tiene talento.
¿Una sorpresa? El lado B en la retiración de contratapa: un silent book de regalo…

Cuando me aburro (Muchas nueces, 2025), de Lulú Maranzana. Este libro es una oda a la imaginación. En este volumen se condensa la esencia pura de lo que un libro álbum es: lo indisoluble de texto e imagen.
Elda, una niña pequeña, quiere ser exploradora, y se entrena para ello. Un día, sus padres hacen una fiesta en su casa, y se desata el caos.
Entre viñetas y páginas completas, Lulú Maranzana le da vía libre a Elda, a través de sus trazos y palabras, para que sea libre.
Un libro reconfortante para cualquier edad.

¡Silencio! (pípala, 2022), de Céline Claire y Magali Le Huche. Un libro alegre y para prestar atención, como en los libros de este género. Cada detalle cuenta.
En breves líneas se cuenta la historia del Sr. Martin, un amante del silencio, que es sensible al desorden y a los ruidos, que un día toma una drástica solución.
El abordaje del relato, tanto desde el texto como desde las ilustraciones, se concibe con un ritmo que se va graduando para que las emociones de los lectores se acompasen con la de los personajes.
¿El resultado? Un libro para volver a buscar detalles, gestos, expresiones. Ideal para días de lluvia en familia.
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