
Durante años, la identidad del artista urbano conocido como Banksy fue uno de los misterios más debatidos en el arte contemporáneo. Este enigma ha dado un giro: una investigación de la agencia internacional Reuters identificó al grafitero como Robin Gunningham, nacido en Bristol en 1973, quien utilizó también el nombre de David Jones para gestionar su fortuna y sus derechos artísticos.
El descubrimiento no solo responde al largo interrogante sobre su verdadero nombre, sino que plantea nuevos debates sobre el sentido del anonimato en la cultura visual de nuestros días.
Antes de la investigación de Reuters, la identidad de Banksy ya había sido objeto de pesquisas previas. En abril de 2025, el detective español Francisco Marco había revelado al diario El Mundo que Banksy sería Robin Gunningham, nacido el 28 de julio de 1974. Marco, director de la agencia de detectives Método 3, había desarrollado su propia tarea de rastreo tras un desafío planteado por sus hijos.

Según explicó Marco al medio español, Gunningham se casó en Las Vegas en 2006 con la exactivista Joy Charlotte Millward y es padre de una niña de cinco años. Pese a haber acumulado una fortuna considerable, la pareja mantiene hábitos de vida de clase media.
La nueva información publicada por Reuters detalla que el equipo periodístico recorrió diversos territorios para recoger testimonios directos, analizó grabaciones y siguió minuciosamente los desplazamientos de Gunningham.
Los elementos documentales permitieron, según la agencia, establecer una correspondencia directa entre este nombre y las intervenciones públicas de Banksy. La revelación fue replicada por numerosos medios internacionales al conocerse el informe.
Uno de los datos clave aportados por Marco fue el uso de la identidad “David Jones”, que coincide con el nombre real de David Bowie. A través de esta personalidad, Gunningham controla varias empresas dedicadas a la autenticación, comercialización y protección de sus derechos de autor. Destacan Pest Control Office Ltd, como la firma dominante, y Picturesonwalls Ltd, responsable de la venta de serigrafías y ediciones limitadas.

Marco señaló que “un tío que es rico, tiene dinero o lo utiliza. Entonces, ves cómo se movía societariamente ese dinero”. Según el detective, el análisis de movimientos económicos y societarios permitió demostrar el vínculo entre Gunningham y Banksy, lo que finalmente lo llevó a resolver uno de los enigmas más comentados del arte urbano.
La hipótesis de Marco señala que la progresiva desaparición de Gunningham del circuito del grafiti coincidió con el auge de su éxito internacional. Marco interpretó que el deseo de anonimato de Banksy se relaciona directamente con la naturaleza ilegal de muchas de sus intervenciones: “Lo que hace es ilegal y necesita hacerlo a espaldas de la policía. Ahora simplemente no quiere que le molesten”.
Una pregunta recurrente es: ¿quién es Banksy y qué implica el hallazgo de su identidad? Según la investigación de Reuters y la labor previa divulgada por El Mundo, Banksy es Robin Gunningham, británico nacido en 1973 o 1974, casado y residente en el Reino Unido.
A lo largo de los años, Gunningham habría operado al menos bajo tres nombres distintos relacionados a su actividad artística y financiera: Robin Gunningham, Robert Banks y David Jones. El descubrimiento de su verdadera identidad permitiría trazar de modo científico la autoría de su obra y atribuirle la gestión directa de su fortuna millonaria a través de empresas especializadas en la protección de derechos de autor y comercialización de arte urbano.

El nombre de Gunningham aparecía entre las sospechas desde 2008, cuando el medio británico Daily Mail realizó una investigación propia. Entonces, la publicación advirtió que estaba “lo más cerca posible de revelar” la identidad real del artista, aunque eligió la prudencia ante la ausencia de confirmación.
En esa época circularon fotografías de Gunningham en escenarios vinculados al arte callejero, pero la oficina de representación de Banksy negó cualquier relación, denunciando que se trataba de “especulaciones sin fundamento”.
La última oleada de revelaciones intensificó el debate en torno a la identidad de Banksy, un artista cuyo anonimato constituyó parte central de su atractivo cultural. Según Reuters, el uso posterior de nombres ficticios para gestionar negocios, especialmente el de “David Jones”, generó un entramado legal y financiero que protegió sus intereses durante años. No existe certeza pública sobre si mantiene ese alias en la actualidad.
El impacto de la noticia fue inmediato. Numerosos medios internacionales replicaron la investigación de Reuters y retomaron la discusión sobre el sentido y el alcance del anonimato en el arte contemporáneo. Mientras algunos especialistas aseguran que el hallazgo significa el cierre de una etapa y el fin del misterio, otros sostienen que el “mito de Banksy sobrevivirá más allá de cualquier confirmación documental”.
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