
La escritura ágil, divertida e irónica de Eduardo Mendoza fue reconocida este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025, que ensalzó al popular autor barcelonés por ser un “proveedor de felicidad para los lectores”.
El jurado destacó “la decisiva aportación” de Mendoza “a las letras en lengua española del último medio siglo, con un conjunto de novelas que combinan la voluntad de innovación con la capacidad de llegar a un público muy amplio”, según el acta que acompañó el fallo del premio, convocado por la Fundación Princesa de Asturias, heredera al trono español.
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Dueño de una prosa humorística con la que retrató una sociedad española en transformación, “el jurado destacó que Mendoza es un proveedor de felicidad para los lectores, y su obra tiene el mérito de llegar a todas las generaciones”.
Distinguido en 2016 con el Premio Cervantes, considerado como el Nobel de las letras hispanas, este año se celebra el 50º aniversario de su primera obra, La verdad sobre el caso Savolta (1975), cuya mezcla de estilos con toques satíricos convirtieron en un gran éxito.
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Considerada como la primera novela de la Transición —el periodo que siguió a la muerte del dictador Francisco Franco en 1975— fue la entrada a la lectura para numerosos adolescentes españoles.
El premio “tiene un gran efecto de satisfacción”, reconoció Mendoza en una rueda de prensa en Barcelona.
“De pensar que justo 50 años después de publicar la primera novela (...) no me han mandado al cuarto de los trastos. Y esto es muy bonito”, agregó con una sonrisa bajo su característico bigote blanco.
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Defensa del humor
Mendoza nació en Barcelona en 1943, donde se licenció en Derecho en 1965 antes de realizar en Londres estudios de Sociología. Años más tarde se mudaría a Nueva York para trabajar durante una década como traductor en la ONU.
En 1983 regresó a Barcelona, ciudad donde ambientó la mayoría de sus obras, aunque siguió ejerciendo un tiempo como traductor.
Para entonces ya había publicado La verdad sobre el caso Savolta (1975), El misterio de la cripta embrujada (1979) y El laberinto de las aceitunas (1982). Su prolífica producción -que incluye novelas, teatro y ensayos- no dejó de contar con el favor del público.
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También fueron grandes éxitos La ciudad de los prodigios (1986), considerada para muchos como su obra cumbre, o la divertida Sin noticias de Gurb, una narración por entregas sobre un extraterrestre en la Barcelona previa a los Juegos Olímpicos de 1992, con la que se consagró como escritor de humor.

Gran admirador de Don Quijote, y con múltiples galardones como el Premio Planeta que ganó en 2010 por Riña de Gatos, Mendoza realizó una defensa de la comicidad al recoger el más importante, el Premio Cervantes.
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El humor “ha dado nombres tan ilustres a la literatura española”, pero “a menudo y de un modo tácito se considera un género menor”, lamentó. Yo no lo veo así, aseveró entonces.
Convertido en un referente de la literatura satírica en español, Mendoza abrió una senda que ha ido ganando adeptos. “Creo que detrás de mí se han animado muchos, y ahora hay una literatura de humor digna. Lo importante del humor es no bajar el listón”, destacó este miércoles.
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Segundo de ocho
El de Letras ha sido el segundo de los ocho galardones de esta edición de los premios, considerados los más prestigiosos del mundo iberoamericano, que anualmente, y a ritmo de uno por semana, otorga la Fundación Princesa de Asturias.
El año pasado, en esta categoría, el reconocimiento fue para la rumana Ana Blandiana, quien hizo de la poesía un arma de resistencia contra la dictadura comunista que sufrió su país.
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En otras ediciones también fueron premiados en esta modalidad el japonés Haruki Murakami, el cubano Leonardo Padura, la estadounidense Siri Hustvedt, el hispano-peruano Mario Vargas Llosa, o el mexicano Juan Rulfo.

Los galardones de este año arrancaron la semana pasada con el de Humanidades, que fue para el filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, gran analista de la “sociedad del cansancio”.
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Instituidos en 1981, estos premios están dotados con 50.000 euros (unos 56.200 dólares) y una escultura creada por el fallecido artista catalán Joan Miró.
Los reconocimientos, que toman su nombre del título de la heredera al trono de la Corona española, la princesa Leonor, son entregados por ella y los reyes Felipe VI y Letizia en octubre en una ceremonia en Oviedo, capital de Asturias.
Fuente: AFP
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