Una historia de dos siglos: San Martín, Yupanqui y la música de la “Patria Grande”

Durante su exilio en Francia, el Libertador tomó clases de guitarra con Fernando Sor. De aquel estudio nació una pieza titulada “Gota de agua”, que ejerció una enorme influencia en los inicios musicales de Don Ata

Atahualpa Yupanqui.
Atahualpa Yupanqui, sobre historias narradas por Juan Bautista Alberdi, recordó el encuentro de San Martín con el guitarrista catalán Fernando Sor
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Doscientos años atrás, en 1824, el general José de San Martín se exiliaba con primer destino en Francia y clausuraba su carrera política y militar: había ejercido el liderazgo en la guerra por la liberación de la Argentina, Chile y Perú y, como parte de esa extenuante campaña, además de su contribución a la emancipación americana que completó Simón Bolívar, también dejó aportes trascendentes para la música del continente.

Guitarrista aficionado, por impulso de su madre, el único registro documentado de los estudios musicales de San Martín es un trabajo de perfeccionamiento con el célebre compositor y guitarrista catalán Fernando Sor (1778-1839). La jerarquía del maestro –que aceptó al alumno– permite suponer que el futuro libertador tenía condiciones para el instrumento.

Atahualpa Yupanqui, sobre historias narradas por Juan Bautista Alberdi, recordó ese encuentro, en París: “El 1797 se le presentó a Sor un joven de 18 años y le dijo ´Señor, soy un estudiante de guitarra muy irregular, pero quiero confiarme a Ud. en estos 40 días que voy a estar acá, luego tengo cosas que hacer más allá de los mares´”.

Lo cierto es que Sor le fijó a San Martín un calendario de trabajo y, a su término, le entregó como regalo un preludio en si menor que cobró tanta celebridad como su alumno: es el Estudio Nro. 22 de Sor (que aparece como el Estudio Nro. 5 en la selección del maestro español Andrés Segovia), una pieza muy difundida entre los estudiantes de guitarra.

“Alguna vez cuando empecé con la guitarra, todavía sin mucha disciplina, ese estudio me ayudó bastante”, recordó Yupanqui.

“A ese estudio se lo conoce como ‘Gota de agua’”, porque tiene un fa sostenido obsesivo”, precisó.

San Martín todavía estaba lejos de “cruzar los mares”, como afirmaba Yupanqui, siempre proclive a decorar las historias. Primero haría carrera en el ejército español.

Efemérides – Perú – historias – 5 febrero
José de San Martín además de su contribución a la emancipación americana también dejó aportes trascendentes para la música del continente

Muchos años después, ya incorporado a la lucha por la emancipación americana, San Martín desarrolló la música militar para su aplicación directa en el campo de batalla. Los instrumentos eran un arma que permitía dar órdenes donde no alcanzaba la voz humana. Era una herencia de la tradición francesa que, además de los efectos prácticos, consideraba “indecoroso” que el jefe militar se manejara a los gritos.

Una confusión de toques, justamente, parece haber sido una de las causas de la famosa derrota en Vilcapugio, en 1813: una fracción patriota confundió las órdenes y se dio a la fuga y eso generó un flanco aprovechado por el ejército realista.

Manuel Belgrano, el líder derrotado en Vilcapugio, al año siguiente, en una carta a San Martín le expresó su asombro por el uso de los clarinetes en la batalla de los soldados formados por el general de Yapeyú. “Los de Ud. se han portado conservando su lugar con toda formación y a son de clarín, siendo la admiración de los nuestros”, escribió.

San Martín recurrió a esclavos para formar el Ejército de los Andes (a Bolívar le llevó varios años más de frustraciones comprender que la revolución americana no podía hacerse sin el último peldaño social). El reclutamiento fue resistido: la esclavitud constituía la mano de obra del trabajo urbano y agrícola de los propietarios de Cuyo. Entre los negros del servicio doméstico eran apreciados aquellos que supieran música. El Telégrafo Mercantil, por ejemplo, en 1801 destacaba el valor de un negro porque “sabe tocar música, flauta, oboe y guitarra”

El Ejército de los Andes se integró con dos bandas musicales en los batallones Nro. 8 y 11.

El músico chileno José Zapiola documentó: “En 1817 entró en Santiago el Ejército que a las órdenes de San Martín había triunfado en Chacabuco. Este ejército trajo dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del batallón Nº 8, compuesta en su totalidad de negros africanos y criollos argentinos (...) Estas bandas eran superiores a la única que tenían los realistas en el batallón Chiloé, que era detestable”

El 22 de julio de 1817, San Martín y O´Higgins fundaron en Santiago una Academia de Música, dirigida por el teniente Antonio Martínez, que contó con 50 alumnos, provista con instrumentos traídos de Londres y Estados Unidos.

El repertorio incluía danzas populares como la Sajuriana, el Cielito y el Cuándo, así como marchas y valses.

José de San Martín
San Martín y O´Higgins fundaron en Santiago una Academia de Música

Tras la liberación de Perú, en 1821, San Martín incluso convocó a un concurso a los compositores de música para una marcha nacional peruana. Según afirma el escritor Ricardo Palma, cuando fue el turno de José Bernardo Alcedo, San Martín se incorporó y exclamó: “He aquí el Himno Nacional de Perú”.

Más allá del uso de la música como instrumento militar y para animar a las tropas, el ejército de San Martín fue una maquinaria monumental que trasladó a “músicos” de Buenos Aires y Cuyo a Chile y de Chile a Perú. Y luego el remanente de su ejército –luego del acuerdo con Bolívar en Guayaquil– se unió a las batallas patriotas en el Alto Perú.

Ya sin San Martín, algunos soldados argentinos participaron del final de la Guerra de la Independencia en las batallas de Junín y Ayacucho.

No hay modo de que semejante despliegue territorial no haya ayudado a definir el mestizaje de músicas del continente.

La herencia europea recibida en América fue influenciada por las músicas del renacimiento español, traído por los conquistadores, y el barroco italiano de los jesuitas. Todo se cruzó con las músicas de negros y esclavos. “En nuestra música hay danzas relativamente antiguas, como el gato, que es increíblemente parecida al canario, una danza española”, precisó el especialista Julián Polito.

Distanciado del poder de Buenos Aires, el 10 de febrero de 1824, San Martín y su hija se embarcaron hacia el puerto de El-Havre, en Francia.

Ya en el exilio, San Martín conoció en París al compositor italiano Gioacchino Rossini, que era muy cercano a Alejandro Aguado, su benefactor. Se suele citar el encuentro en el estreno de Guillermo Tell, la última ópera de Rossini, el 3 de agosto de 1829 en la Ópera de París. No es claro que esa haya sido la oportunidad.

Rossini también fue el protagonista de la primera ópera interpretada en Buenos Aires, en el antiguo Teatro Coliseo, el 27 de septiembre de 1825 (El barbero de Sevilla), una producción de 24 músicos que contó con el apoyo de Bernardino Rivadavia, rival político de San Martín.

El cualquier caso, las dos décadas de la Guerra de la Independencia también marcaron el mayor tráfico de músicos entre los territorios de la “Patria Grande”.

Tras aquellas batallas San Martín ejercía sus dotes de guitarrista para sus soldados. En aquellas noches habrá tocado “Gota de agua”.

A aquella obra Yupanqui le decía “El arreglador” porque sus amigos, cuando pasaban penurias, le pedían que la tocara “para arreglarles el alma”.

Fuente: Télam S. E.

Fotos de archivo.

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