
Como no recordarlo: fue en el teatro Coliseo de Buenos Aires, en las horas finales de 1980. Gal Costa había lucido de maravillas en el concierto de presentación de su por entonces reciente álbum Gal Tropical, y en el momento del último bis se sentó en el borde del escenario, descalza, con un guitarrista atrás, a un par de metros, y cantó “Força estranha” de Caetano Veloso en homenaje a John Lennon, que había sido asesinado unos días antes en New York. Una maravilla ese momento. Por isso uma força me leva a cantar, por isso essa força estranha; por isso é que eu canto, não posso parar… Por isso essa voz tamanha. Y lo hizo con esa voz única, brillante, que tenía.
Qué cantante, Gal.
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En sus actuaciones más recientes, quienes la escucharon con atención aseguraban que esa voz que conservaba no parecía la de una mujer que estaba en el tramo de los 75 a los 80, porque seguía segura, decidida, afinadísima. Ahora se acaba de saber de su muerte y parece mentira. Uno, devoto seguidor de su música a la distancia, no puede no pensar en el dolor y en el estupor que deben estar viviendo sus compañeros de generación y de movimiento, los tropicalistas Caetano Veloso y Gilberto Gil, y también en el dolor de Roberto Carlos, Rita Lee y otras grandes figuras de la música popular del Brasil que la tuvieron como un símbolo. En rigor, Gal fue la gran voz del país, una bandera de todas y todos, de los habitantes de los lugares más pobres, perdidos en el mapa, y de los lugares más poderosos, quizá en las grandes ciudades.
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Gal Costa, que había nacido como Maria da Graça Costa Penna Burgos en San Salvador de Bahía, ahí, nada menos, en setiembre del 45, fue la muchachita hermosa de pelos negros enrulados que le puso una voz increíble al Tropicalismo en los 60, y debutó discográficamente en 1967 con un antológico disco compartido con su amigo Caetano Veloso. Ahora podría decirse que ella fue una intérprete insuperable de la obra de Caetano. Se puede escuchar Baby y no hace falta más.
Hizo su carrera de más de 50 años con una particular habilidad para seguir siendo una vanguardista como en sus primeros días y a la vez para consolidarse como una clásica generadora de grandes éxitos. Dicho de otra forma, su voz sonaba tanto en los reproductores de los jóvenes que buscaban nuevos caminos cuanto en la televisión de la tarde, cuando sus canciones identificaban a las telenovelas no siempre de calidad pero sí de mayor audiencia.
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Así, llegó a ser de alguna forma la gran voz de ese pueblo, quizá tanto como había llegado a serlo Mercedes Sosa aquí. Y aunque nunca perdió de vista el éxito y el buen negocio, siempre fue arriesgada y una valiente. Fue por eso que en los 80 cantó a Cazuza, que fue un gran artista pero que según la opinión de muchos compatriotas suyos fue no más que un sucio rockero, puto y mariguanero: Não me convidaram pra esta festa pobre que os homens armaram pra me convencer, a pagar sem ver toda essa droga que já vem malhada antes de eu nascer. En tres minutos y medio, Gal Costa legitimó, ante los oídos descreídos, esa pluma valiente. Brasil, mostra tua cara; quero ver quem paga pra gente ficar assim; Brasil, qual é o teu negócio, o nome do teu sócio. Confia em mim.
Como tantos grandes artistas de su país, de Tom Jobim y Joao Gilberto para acá, su norte fue el norte. Recuerdo con qué orgullo unos periodistas brasileños amigos me regalaron en el verano del 2007 un ejemplar del DVD Gal Costa Live at The Blue Note que hasta ese momento solo se había editado en los Estados Unidos (tiempo después habría también una edición brasileña). En ese momento se comentaba que se había retirado temporalmente de la escena para dedicarse a la crianza de su hijo, a quien había adoptado cuando tenía dos años. Gabriel hoy está por cumplir los 20.
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De hecho, sus últimos trabajos, nacidos a partir del álbum en estudio A pele do futuro, fueron un coqueteo con la música disco, un género bailable que, de acuerdo a las declaraciones de la cantante, le gusta mucho a Gabriel.
En el 69, cuando Brasil sufría estaba gobernado por una dictadura, y sus amigos Caetano y Gil tuvieron que marchar al exilio, Gal había grabado un tema de Roberto Carlos que fue escrito especialmente para ella. El que decía: Meu nome é Gal, e desejo me corresponder com um rapaz que seja o tal. Meu nome é Gal e não faz mal que ele não seja branco, não tenha cultura de qualquer altura: eu amo igual.
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Hasta ahora ese antiquísima canción la identificaba aunque ella ya no era una jovencita sino que lucía como una señora mayor: Meu nome é Gal, tenho 24 anos, nasci na Barra Avenida, Bahía, todo dia eu sonho alguém pra mim. Acredito em Deus, gosto de baile, cinema, admiro Caetano, Gil, Roberto, Erasmo, Macalé, Paulinho da Viola, Lanny, Rogério Sganzerla, Jorge Ben, Rogério Duprat, Waly, Dircinho, Nando e o pessoal da pesada, e se um dia eu tiver alguém com bastante amor pra me dar, não precisa sobrenome pois é o amor que faz o homem. Meu nome é Gal.
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Gal ha muerto y la tristeza no tiene fin.
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