
Este otoño boreal, Art Spiegelman recibirá el Premio Nacional del Libro honorario por su “distinguida contribución a las Letras Estadounidenses”. Se siente honrado, y un poco preocupado.
El inesperado placer de ser reconocido por la Fundación Nacional del Libro se produce meses después de que de que su obra ganadora del Premio Pulitzer Maus fuera retirada por un consejo escolar de Tennessee, por considerar que la novela gráfica de Spiegelman sobre el Holocausto era inapropiada para el plan de estudios del distrito. Las ventas de Maus y otros de sus libros aumentaron, pero la atención lo distrajo de otras prioridades.
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“Mi agenda de trabajo se hizo añicos por completo”, dijo durante una entrevista telefónica reciente. “Me alegré de volver a arrastrarme a mi escondite”.
Ahora, Spiegelman, de 74 años, anticipa que está de vuelta en el mundo, una carga ciertamente envidiable que requerirá que reserve tiempo y considere su legado de décadas, uno profundo y de gran alcance. Su influencia se extiende desde Maus, ganador de una mención especial de los jueces del Pulitzer en 1992, hasta su trabajo en cómics underground de la década de 1970 y sus famosas portadas del New Yorker, en particular las siluetas oscuras de las Torres Gemelas que se exhibieron dos semanas después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
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“Art Spiegelman ha capturado la imaginación del mundo a través de los cómics”, dijo David Steinberger, presidente de la junta directiva de la Fundación Nacional del Libro, en un comunicado publicado este viernes. “Sus magistrales novelas gráficas abordan e iluminan temas desde el Holocausto hasta las secuelas del 11 de septiembre, junto con la intimidad de las personas, los eventos y los cómics que lo moldearon como artista. La innovadora obra de Spiegelman nos ha mostrado las posibilidades ilimitadas de los cómics como una forma de arte literario”.
Nacido en Estocolmo, Spiegelman era un niño pequeño cuando su familia emigró a Estados Unidos a principios de la década de 1950. Descendiente de judíos polacos, perdió a decenas de parientes –incluido su hermano Rysio– durante el Holocausto, una trágica historia en la que se basó Maus. Su carrera como ilustrador se remonta a la adolescencia, cuando colaboraba con Smudge y otros fanzines y producía su propia publicación, Blasé.
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La carrera de Spiegelman es, en parte, la historia de tomar una forma de arte asociada con los niños y reformularla para adultos, lo que él llama “investigar el lenguaje y la naturaleza de los cómics”. Es el primer dibujante en ganar la medalla DCAL de la Fundación Nacional del Libro, que anteriormente se ha otorgado a Toni Morrison, Philip Roth y Robert Caro, entre otros.

“Es muy diferente de lo que sucedía en los años 70, cuando ser dibujante esencialmente significaba –a menos que fueras Charles Schulz– que no estabas en las grandes ligas del éxito. Era más como ser un artista del tatuaje”, dice Spiegelman.
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“Pero el mundo está cambiando. Ha habido un cambio cultural que ha hecho que sea menos peyorativo hacer historietas. Hubo un momento en la década de 1950 cuando se prohibieron los cómics en todo Estados Unidos. Se los consideraba peligrosos, y existía una lucha sobre lo que se les debería permitir ver a los niños. Existía un sistema de clasificación (el Comics Code) y muchas cosas no tenían sentido. Pero hace tiempo que el genio salió de la botella”.
Neil Gaiman presentará a Spiegelman en la ceremonia del 16 de noviembre, organizada por la Fundación Nacional del Libro. La directora ejecutiva de la Asociación Estadounidense de Bibliotecas, Tracie D. Hall, recibirá un premio por su destacado servicio a la comunidad literaria estadounidense, y se anunciarán los ganadores en cinco categorías competitivas, desde ficción hasta literatura juvenil.
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En una entrevista telefónica reciente, Gaiman dijo que Spiegelman había tenido un impacto duradero sobre él. Recordó haber visto algunas de las imágenes de Maus hace unos 40 años y haberlas relacionado con sus propias experiencias como pariente de sobrevivientes judíos del Holocausto. “Dejó huellas en mi alma”, afirmó.

Se hicieron amigos años después, aunque Gaiman, quien recuerda haber rechazado la oportunidad de conocer a David Bowie y Elvis Costello, entre otros, tenía por norma no oficial no conocer a sus héroes. Pero dijo que su admiración y afecto por Spiegelman no han hecho más que profundizarse, y no le sorprendió que este dijera que le preocupaba que ganar el DCAL pudiera alterar su agenda de trabajo.
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“Eso es arte”, dijo Gainman. “Arte, con ‘A’ mayúscula. Siempre se está pensando en arte, con ‘a’ minúscula. Él hace cosas que importan, y creo que lo sabe. También creo que somos ridículamente afortunados de tenerlo”, concluyó.
Fuente: AP.
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