
El empresario Eduardo Costantini, fundador y presidente honorario del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), adquirió para su colección personal las cinco piezas que el argentino Gabriel Chaile expondrá en la Bienal de Venecia, por una cifra de “seis dígitos en dólares”, comentó a Infobae Cultura desde la madre de todas las bienales.
Chaile (Tucumán, 1985) es el único artista argentino convocado para participar de la muestra central de la 59 Bienal de Venecia –además de la participación de cada pabellón nacional, que, en el caso de Argentina, estará representado por Mónica Heller–, meca del arte contemporáneo que regresa tras un año de suspensión por pandemia, que se llevará a cabo del 23 de abril al 27 de noviembre.
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“Es muy importante el conjunto las piezas en forma individual, pero el conjunto en sí hace enfatiza aún más su identidad al describir a su familia, sus raíces. Me impresionó el tamaño de la obra, la volumetría, y la calidad resolutiva al igual que el significado comunitario y identitario”, explicó Costantini.

Las esculturas de gran formato -miden entre seis y tres metros y pesan más de 300 kilos- fueron realizadas en arcilla sin cocer, comisionadas especialmente por pedido de Cecilia Alemani, curadora de la Bienal. Se destacan en la muestra central del Arsenale, en un espacio monumental llamado Corderie. Las obras se titulan con los nombres y apellidos de sus familiares: su abuela materna, Rosario Liendro (la escultura más grande); su madre, Irene Rosario Durán; su padre José Pascual Chaile; su abuela paterna, afrodescendiente, Sebastiana Martínez; y su abuelo paterno Pedro Chaile. “Cada pieza es una persona que existe y es mi familiar. Es mi genealogía familiar”, explicó el artista.
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Y Costantini agregó: “Conforman un conjunto de hornos de barro donde hay fuego y el fuego atrae a la gente y también, la comida. Entonces, la gente se junta al lado del fuego y de la comida; o sea, es una obra comunitaria que revindica la cultura, la identidad de los pueblos originarios y es una mirada que claramente cruza toda la Bienal. Ahora los museos, etcétera, se están volcando a esa reivindicación, hay como una relectura de la resultante culturales cuando antes tenías todo centrado en Europa, en occidente. Ahora es un momento de reivindicación de las culturas nativas”.

Costantino comentó a este medio que “venía siguiendo” la obra de Chaile y que “institucionalmente con el Malba” estaban en convesaciones para realizar una exhibición, pero debido a la agenda del artista no era posible. “Él tuvo tanto trabajo últimamente que no se pudo, estábamos en eso y justo en esta visita a la Bienal apareció este grupo de obras, un poco inesperadamente y, por suerte, el decidió la venta completa de las cinco obras”.
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Por otro lado, si bien aún no se pudo organizar una muestra del creador tucumano en el espacio porteño, las obras sí serán presentadas “una vez que finalice la Bienal, alrededor de marzo del año que viene”. “Todavía no hay una fecha, pero va a ser el año que viene porque la Bienal está prácticamente hasta fines de noviembre” y luego, comentó, “todo el conjunto escultórico se expondrá en un lugar público de Argentina, que aún no está definido”.

“Es una alegría enorme concretar esta adquisición y apoyar el arte argentino a través de la obra de Gabriel Chaile, artista con gran proyección internacional, que reivindica la cultura y la tradición indígena de nuestro país y de América Latina. También destaco la oportunidad de preservar unido el conjunto de las cinco obras que Chaile concibió especialmente para esta Bienal como un retrato familiar, en el que están representados sus abuelos y sus padres. Un homenaje a su propia historia personal y una reivindicación a la cultura popular en la que se formó en su Tucumán natal”, explicó Costantini en un comunicado desde Venecia.
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Desde Portugal, donde reside, el creador de las monumentales Luchonas de barro preparó las piezas que presentará en la Bienal que en esta edición se inspira en el surrealismo de la británica Leonora Carrington, a através del lema La leche de los sueños.

Octavo hijo de familia obrera, descubrió su arte cuando en vez de ir al jardín se dedicó, con permiso de su madre, a dibujar en su casa. Chaile iba a cumplir 10 años en Buenos Aires cuando viajó a Lisboa por una residencia, había llegado en 2009 para cursar en el Di Tella y en 2017 había arrancado ese ascenso que lo llevó en 2019 al Miami Art Basel, donde su serie Aguas calientes, consistente en ollas populares intervenidas y una intervención de mate cocido calentado en un ladrillo con resistencia eléctrica, se vendió en pocas horas.
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En 2020, el COVID hizo que permaneciera en Lisboa y empezó un movimiento que lo llevó a la galería Heni Artists Agency, de Londres, y a estrenar sede neoyorquina de la porteña galería Barro con su muestra Me hablan de oscuridad pero yo estoy encandilado. Participó de una exposición en Berlín con un gran instrumento a cuerda y cerró la residencia con la muestra Pies de barro. En 2021 llegó a la galería Serpentine y a la feria Frieze, en Londres, y en octubre participó de la Trienal del New Museum, de Nueva York. En la última edición de arteba participó junto a su galería lisboeta, NVS, pero promoviendo a otros artistas.
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