
Tan solo unos días después de que Juan Forn falleció, se anunció la salida de Nieblita del Yi, un libro escrito por él y su pareja María Domínguez, basado en un cuento de Guillermo Enrique Hudson e ilustrado por Teresita Olhaberry. La publicación postmortem sólo puede indicar una cuestión, si se refiere a Forn –esa persona tan querida por todos quienes lo conocieron y que poseía una increíble pasión por los textos y la escritura–: su relación con la literatura sobrevive a todo, aún la muerte.
Hudson es un autor del siglo XIX que nació en la Argentina, más precisamente, en Quilmes, de padres ingleses. A los 33 años, por razones de salud, emigró a Gran Bretaña y comenzó una prolífica carrera como escritor con una obra basada en sus memorias, principalmente, en la Argentina, aunque también fue un fanático ornitólogo, fundador de la Sociedad de Protección de Aves en Inglaterra y presidente honorario de la Sociedad Honoraria del Plata. Allá lejos y hace tiempo y La tierra purpúrea quizás sean sus obras más potentes acerca de su estancia en el país.

Infobae Cultura conversó con María Domínguez sobre Nieblita del Yi, libro en el que varias literaturas se condensan.
—¿Cómo se les ocurrió que un fragmento de Hudson, un autor que se estudia generalmente en la facultad o los últimos años de la secundaria, podía ser objeto de un libro de literatura infantil?
—La idea de convertir en libro ese fragmento, o mejor dicho, ese cuento que está dentro de la novela de Hudson, tuvo lugar en la imaginación de Pablo Franco y Teresita Olhaberry, los impulsores de la editorial Flor Azul –además de que Teresita ilustra las páginas del libro– durante un viaje que hicieron a Uruguay, cuando en un teatro de Montevideo presenciaron una obra basada en La tierra purpúrea y quedaron encantados. Pablo cuenta que al día siguiente buscaron sin parar, hasta que la encontraron, una edición de la novela traducida por Idea Vilariño. Muchos años después, en Mar Azul y cuando ellos ya tenían la editorial entre manos, durante una visita que hicimos con Juan a su casa, nos hablaron sobre la idea del libro y nos mostraron el cuento. Entonces tuvo lugar un nuevo encantamiento. No recuerdo bien cómo fue, pero Pablo sostiene que yo le propuse a Juan, y él aceptó, hacer juntos una versión libre de la historia que Tere ya estaba empezando a ilustrar. Me gusta pensar que Nieblita del Yí es la materialización de una sucesión de encantos.
Por otro lado, no estoy tan segura de que se trate de un libro de literatura infantil únicamente. Pienso que Nieblita puede formar parte de la legión de libros sin edad, esos que contienen diferentes capas de sentido, como si fueran una especie de caja china, o una mamushka.
—Forn no había publicado antes en este género, no sé si vos sí ¿Cómo percibiste vos su descubrimiento del género como autor?
—Mientras hacíamos Nieblita, hubo momentos de mucha diversión y de mucha ternura, también hubo algunos debates, pero dudo que para Juan haya implicado el descubrimiento de un género como autor. Por un lado, él descreía bastante de la categoría de género y siempre estaba buscando difuminar las fronteras. Para escribir se paraba en eso que él denominaba lo anfibio, y que representaba una especie de vía de escape, una manera de liberarse del chaleco de las clasificaciones literarias. Por otro lado, durante el proceso de escritura lo vi activar el mismo mecanismo que utilizaba para sus contratapas. Juan entendía a las historias, a los relatos, como artefactos perfectos de transmisión, el lugar donde ocurre más espontáneamente la comunicación. Miles de veces lo escuché decir: “lo que a mí me interesa es contar el cuentito”, y eso es justamente lo que sucede en Nieblita del Yí, contamos un cuento. Pienso que lo nuevo en este caso, pudo haber sido la experiencia de escribir con alguien más: decidir de a dos qué palabras usar, de qué manera entablar el diálogo entre dos personajes, cómo mostrar el sentido de la historia, de qué forma escribir el final.
En las contratapas, Juan establecía diálogo mental con los escritores que leía, pero finalmente era él quien decidía la manera de contar. En Nieblita del Yí pasa otra cosa, porque es fruto de una superposición y una comunión de voces que fueron dando forma y sentido al relato. Podemos pensar que está primero Hudson, Idea Vilariño después, luego aparecen juntas la voz de Juan y la mía, y en paralelo se fusionan con las pinturas de Tere, donde también tuvo lugar una versión libre ilustrada del cuento. Fue ella quien transformó a Nieblita en un pájaro. Cuando Juan y yo vimos el pico negro que asomaba sobre su cabeza, tuvimos que volver al texto y escribirlo de otra manera.
—¿Cómo fue trabajar a cuatro manos?
—Fueron más que cuatro manos las que trabajaron en este libro: mientras Pablo buscaba el formato y los papeles ideales, se ocupaba también de preparar el camino para la transformación en libro, Tere pintaba hasta el cansancio en lienzos enormes, Juan y yo escribíamos y Ana Armendariz actuaba como una especie de genia diseñadora que a la distancia se encargaba de fusionar todo lo que íbamos haciendo. Pienso que toda esa tarea colectiva, ese hacer compartido, y el tiempo de maceración que tuvo el libro, es lo que finalmente le imprime tanto valor y hermosura al libro. Estuvimos cuatro años haciéndolo, tuvimos el tiempo a nuestro favor. Trabajamos sin apuros, sin condicionamientos, entre amigos. Juan siempre decía que si prestás atención, una historia te dice cómo quiere ser contada. Pienso que eso fue lo que hicimos, tomarnos el tiempo para escuchar y darnos cuenta de qué manera había que contar ese cuento.
Ahora que el libro está manos de muchas personas, la historia empieza a ampliarse y aparecen nuevas cosas. Ayer alguien me contó que en China, en la cuenca del río Amarillo, existe también un enorme río llamado Yí, pero que hay un estudioso de la etimología que asegura que el nombre del río uruguayo deriva del guaraní y puede traducirse como río caudaloso, río que no se corta.
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