
En Santiago de Chuco, Perú, el 16 de marzo de 1892, hace exactamente 130 años, nació un niño que luego la crítica calificaría como “poeta universal”: César Vallejo. Según el crítico Thomas Merton, “el más grande poeta católico desde Dante, y por católico entiendo universal”. Según Martin Seymour-Smith, “el más grande poeta del siglo XX en todos los idiomas”. Su influencia es indiscutible y, por ese mismo motivo, fenomenal. Dejó una obra transgresora que se volvió clásica e imprescindible.
“Cesar Vallejo fue, y es, aún leído hoy, un universo. Caótico, lacerado, perverso, contradictorio. Pero también: luminoso, sensible, inteligente”, escribió Gabriela Saidon en su artículo César Vallejo, el poeta que pronosticó su propia muerte. Fue en el soneto “Piedra blanca sobre piedra negra” que escribió: “Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París —y no me corro— / tal vez un jueves, como es hoy, de otoño”. Murió en 1938. Tenía 46 años.
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Los heraldos negros

Poesía: el género que más trabajó Vallejo. Los heraldos negros es su primera obra. La escribió entre 1915 y 1918 pero se publicó en 1919, aunque con fecha de 1918. porque decidió esperar a que su amigo Abraham Valdelomar le escribiera el prólogo, aunque finalmente no lo logró. El tiraje de la obra es poco, pero aún así dio qué hablar. Los críticos resaltaron su “tono renovador”, una nueva sensibilidad y una poderosa originalidad.
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Para Marco Martos, este libro da cuenta de que Vallejo “traía algo propio y peculiar: su lenguaje castizo, arcaizante y ternuroso, propio de las gentes de su provincia, Santiago de Chuco; una gran seguridad en su arte; el íntimo convencimiento de que la literatura en general, y la poesía en particular, son formas de tradición, pero al mismo tiempo de ruptura porque todo buen lector busca la continuidad, pero también la variación”.
Trilce
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Trilce es la obra cumbre de Vallejo, la más recordada. En su momento fue criticada. Los lectores ya entrados en años decían que era un “disparate”; para los jóvenes, “pose”. Se publicó cien año atrás, en 1922, en la ciudad de Lima. La empezó a escribir en 1918. En el mes de octubre comenzaron a circular los 200 ejemplares impresos. Contó con el prólogo de Antenor Orrego y un retrato a lápiz de Vallejo hecho por Víctor Morey Peña en la portada.
En diciembre de 1921 ganó un premio literario por su cuento “Más allá de la vida y la muerte” y con ese dinero pudo solventar parte de Trilce. Pero hubo un problema en la imprenta. El título original del libro “Cráneos de bronce” y lo pensaba firmar con el seudónimo de César Perú, pero sus amigos lo convencieron para que no tome ese camino. El problema era que ya habían sido impresas las tres primeras páginas; reponer esas tres hojas costaba dinero.
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En el libro César Vallejo. Itinerario del hombre, Juan Espejo Asturrizaga cuenta que Vallejo “repitió tres, tres, tres, con esa insistencia que tenía en repetir palabras y deformarlas, tressss, trissss, triesss, triesss, tril, trilssss. Se le trabó la lengua y en el ceceo salió trilsssce… ¿trilce?, ¿trilce? Se quedó unos instantes en suspenso para luego exclamar: ‘Bueno, llevará mi nombre, pero el libro se llamará Trilce’”.
En una entrevista de 1931, el poeta dijo que “Trilce no quiere decir nada. No encontraba, en mi afán, ninguna palabra con dignidad de título, y entonces la inventé: Trilce. ¿No es una palabra hermosa? Pues ya no lo pensé más: Trilce”. El año anterior, 1930, Trilce se publicó en España y obtuvo una suerte de resurrección. A partir de entonces, podría decirse, el mundo comprendió su valor: es uno de los poemarios más disruptivos de la historia universal.
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El tungsteno

Ya en Europa, instalado en Madrid, Vallejo publica en 1931 una novela social: El tungsteno. Acordó con Editorial, que busca obras para su nueva colección titulada “La novela proletaria” y la escribió en tres semanas. La idea —los bocetos, los personajes, las escenas— nació entre 1921 y 1923, y hacía 1927 ya estaba muy avanzada. Ese mismo año, 1927, Vallejo publicó en la revista Amauta un “capítulo de una novela inédita” titulado “Sabiduría” que sería incluido en El tungsteno.
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Al llegar a España en 1930 retomó su escritura y, al conseguir editorial, la publicó. Es una obra que retrata la agitación comunista y el indigenismo como movimiento revolucionario, denuncia la penetración imperialista en el Perú y el papel de la oligarquía local en esta tragedia política. Los personajes se tensionan en torno a la vida política y social. Por entonces, en Perú se fundaba el Partido del Pueblo y el Partido Comunista ingresaba en la política local.
Paco Yunque
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Un cuento: “Paco Yunque”, escrito en 1931 y publicado en 1951. Muchos sellos lo venden como un libro autónomo. En algún sentido, este relato lo es. Narra la historia de un niño pobre víctima de bullying por parte de un compañero, Humberto Grieve, hijo de los patrones de su madre. “El cuento, que su editor rechazó por ser ‘demasiado’ triste, se convertiría en texto de lectura obligatoria en las escuelas peruanas”, cuenta Saidon en su artículo sobre Vallejo.
Comienza así: “Cuando Paco Yunque y su madre llegaron a la puerta del colegio, los niños estaban jugando en el patio. La madre le dejó y se fue. Paco, paso a paso, fue adelantándose al centro del patio, con su libro primero, su cuaderno y su lápiz. Paco estaba con miedo, porque era la primera vez que veía a un colegio; nunca había visto a tantos niños juntos. Varios alumnos, pequeños como él, se le acercaron y Paco, cada vez más tímido, se pegó a la pared, y se puso colorado”.
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España, aparta de mí este cáliz

En enero de 1939, nueve meses después de su muerte, se publicó en España España, aparta de mí este cáliz. Soldados republicanos del Ejército del Este lo imprimieron en la imprenta de la abadía de Montserrat, en Cataluña. Está encuadrado en el realismo socialista y formado por un conjunto de quince poemas. Es un libro inspirado en la Guerra Civil Española. Al momento de su muerte, ya estaba listo para ser publicado. Fue su último legado.
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