Emmanuel Carrère con Infobae antes de su visita a la Argentina: “Dependo de los lectores, el poder me interesa, pero desde afuera”

El escritor francés recibió a Infobae en su departamento de Roma antes de su visita a la Argentina, en septiembre, cuando presentará Koljós, su último libro. Habló de la muerte de sus padres, su “desilusión amorosa” con Rusia, del activista ruso Limónov y de Donald Trump, a quien comparó con un personaje de Philip K. Dick

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El escritor francés reflexiona sobre su vínculo con Rusia, la transformación de su mirada tras la guerra en Ucrania y su relación con el poder, marcada por la independencia y la distancia

(Desde Roma, Italia) La primera y única vez que Emmanuel Carrère estuvo en la Argentina, en noviembre de 2015, Donald Trump todavía no había ganado la nominación republicana para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los padres del escritor francés seguían vivos y Eduard Limónov —el polémico poeta, novelista y activista político ruso, personaje central de uno de sus libros más leídos— era todavía una voz crítica, incómoda y extravagante dentro de la Rusia de Vladimir Putin.

Once años después, casi todo cambió. Trump atraviesa su segundo mandato y, para Carrère, parece “un personaje de Philip K. Dick”. Sus padres murieron en 2023. Limónov también murió, en 2020. Y Rusia, ese país que fue durante décadas una pasión familiar, literaria y personal, se convirtió después de la invasión a Ucrania en el centro de una ruptura íntima.

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“Estaba enamorado de Rusia y hubo una desilusión amorosa”, dice Carrère en diálogo con Infobae.

El escritor llegará en septiembre a la Argentina para presentar Koljós (Anagrama), su último libro, una obra que cruza la muerte de sus padres, la historia familiar, la herencia rusa y georgiana, la guerra en Ucrania y la pregunta moral que atraviesa toda su obra: hasta dónde tiene derecho un escritor a contar la vida de los otros.

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“Estoy feliz de volver a Argentina”, dice. La frase abre una conversación que va de la madre al poder, de Limónov a Trump, de la no ficción a la inteligencia artificial, de la intimidad familiar a la geopolítica.

Infobae: Koljós gira, entre otras cosas, en torno a la figura de su madre, Hélène Carrère d’Encausse, una intelectual central en Francia. ¿Sintió alguna presión especial al retratarla?

Emmanuel Carrère: Como escritor, nunca escribí bajo la influencia de mi madre, aunque tuvo una enorme importancia en mi vida. Afortunadamente, nunca sentí esa influencia o esa presión. Puede ser muy difícil ser hijo de una escritora muy conocida, pero estábamos en campos distintos: ella era historiadora, pertenecía al mundo académico. Yo pude desarrollar mi escritura fuera de su zona de influencia. Y con este libro me acerqué a ella.

Emmanuel Carrère, de mediana edad y cabello entrecano, sentado en un sofá verde sosteniendo una taza, frente a un entrevistador joven con papeles, siendo grabado por un smartphone
El desencanto de Carrère con Rusia tras la invasión a Ucrania marca una nueva etapa en su narrativa y en su visión personal sobre el poder y la cultura

I: ¿Cree que le habría gustado el libro?

EC: Las cosas verdaderamente difíciles de digerir para ella ya estaban en Una novela rusa, un libro por el que estuvimos distanciados durante un tiempo. En Koljós, sí, hay cosas que no le habrían gustado, sobre todo las que tienen que ver con la familia o con la intimidad de su relación con mi padre. Pero también es un retrato evidentemente contrastado. Para que haya un retrato tiene que haber zonas de sombra. Y, sin embargo, tengo la impresión de que, en conjunto, es un retrato bastante luminoso. Creo que mi madre habría sido sensible a eso.

Carrère habla de su madre sin solemnidad, pero con una admiración que no oculta las contradicciones. En el libro, Hélène Carrère d’Encausse aparece como una figura imperial: secretaria perpetua de la Academia Francesa, historiadora de Rusia, interlocutora del poder político francés y, durante años, una voz indulgente con el Kremlin.

“Siempre es necesario ese juego de luces y sombras”, dice. “Me considero un retratista, y mostrar luces y sombras es lo que me sale natural. La muerte de mi madre me impresionó mucho. Tuvo una muerte estoica, para la que se preparó y a la que se enfrentó. Hubo algo hermoso en eso. Lo admiro”.

I: En el libro aparece una idea muy fuerte: la vida horizontal —amigos, amores, contemporáneos— y la vida vertical —padres, descendencia, genealogía—. ¿Este es el libro en el que más se acercó a esa dimensión vertical?

EC: Creo que es bastante natural cuando uno envejece. Cuando tus padres mueren, te encuentras en otro lugar de la vida.

I: Sin embargo, dentro de esa dimensión vertical, sus hijos casi no aparecen. La genealogía va más hacia arriba que hacia abajo. ¿Es una decisión suya? ¿Algo hablado con ellos?

EC: Es una decisión mía, pero no demasiado reflexionada. Tengo la impresión de que hay un tabú en hablar de los jóvenes, de los hijos. Las vidas que están detrás de uno se pueden contar, pero aquellas que todavía están abiertas siento que tienen algo de tabú.

I: Uno de los pocos tabúes que resisten en la literatura de Carrère.

EC: Quizá sí. Si hay un tabú, es eso de lo que acabamos de hablar. Me cuesta un poco explicarlo, pero si queda un tabú, sería ese.

Carrère anticipa su visita a Argentina para presentar “Koljós” y resalta la afinidad cultural entre su historia familiar y la diversidad de orígenes que caracteriza a la sociedad argentina

“Koljós funcionó”

La pregunta moral es inseparable de la obra de Carrère. En El adversario, el proyecto en el que trabajó casi una década buscando la forma ideal, decidió no escribir desde el punto de vista de Jean-Claude Romand, el hombre que mintió durante años a su familia antes de asesinarla. En Una novela rusa, contó la historia de su abuelo materno, un georgiano colaboracionista, y esa decisión le costó una ruptura temporal con su madre. En Yoga, la exposición de su vida privada también abrió heridas.

I: Usted ha sido muy enfático con ciertos límites morales. Por ejemplo, no escribir desde el punto de vista del asesino en El adversario. ¿Cómo es ese diálogo interno sobre qué sí y qué no escribir?

EC: En este libro había cosas que podría haber decidido no contar, especialmente lo que tiene que ver con la vida conyugal de mis padres. Hubo algo que me ayudó: decidí hacer leer el libro no solo antes de la publicación, sino cuando todavía era posible cambiar muchas cosas, no simplemente quitar una frase. Se lo di a mis dos hermanas y a mi tío Nicolás. Eran las tres personas de las que quería no solo la autorización, sino también que se sintieran cómodas.

‘Koljós’, de Emmanuel Carrère (Anagrama)
Emmanuel Carrère explora en Koljós la complejidad de los vínculos familiares y el impacto de la historia rusa y georgiana en su vida y obra (Anagrama)

Carrère esperó con ansiedad, sobre todo, la reacción de su hermana Nathalie.

“Ella era más cercana a nuestros padres, la que de algún modo ‘custodiaba el templo’ de la familia. Mis hermanas me dijeron: ‘Sí, hay cosas que a mamá no le habrían gustado, pero cuentas la historia desde un lugar donde hay amor, y nos sentimos bien con eso’. De hecho, no solo están felices por el éxito del libro: se creó algo común entre nosotros tres. Nos vemos más ahora. Nos acercamos después de la muerte de nuestros padres. En ese sentido, Koljós funcionó.

I: El título remite a una escena de infancia, a un momento de unión familiar, pero también a la gran historia rusa que atraviesa el libro. ¿Lo tuvo desde el comienzo?

EC: No. Apareció al final. El título es muy importante para un escritor. Si no tenés el título… Yo tenía títulos feos, banales, del tipo Una historia familiar. Y en un momento, cuando llegué al final del libro, cuando estamos los tres alrededor de nuestra madre, entendí que el libro se llamaba Koljós. Me dio mucho placer. No era solo que había encontrado un título: era ese título. Una palabra que mezcla la dimensión histórica del libro con la pequeña historia familiar, infantil, con su calor, su dulzura. Surgió al final.

“Estaba enamorado de Rusia y hubo una desilusión amorosa”

Rusia fue durante décadas una constante en la vida y la obra de Carrère. Su madre lo formó en esa fascinación. De chico, le hizo leer a Dostoievski. De adulto, él volvió una y otra vez a ese país: para filmar, para escribir reportajes, para contar historias como la del soldado húngaro perdido durante décadas en un hospital psiquiátrico ruso, para escribir Una novela rusa y luego Limónov.

Pero la invasión a Ucrania quebró algo.

Emmanuel Carrère analiza el contraste entre la trayectoria de Limónov, marcado por la fidelidad a sus ideales, y la irrupción de figuras como Donald Trump en la política global, comparando sus perfiles y el impacto de su poder en el mundo contemporáneo

I: Rusia aparece en Koljós como punto de encuentro entre su historia y la de su madre. ¿Cambió su idea de Rusia después del inicio de la guerra?

EC: Amé la literatura rusa de niño, y fue mi madre quien me hacía leerla. Después, durante gran parte de mi vida adulta, preferí no acercarme demasiado a ese mundo, porque era el mundo de mi madre. El mundo es lo bastante grande como para no estar los dos en el mismo terreno. Pero hacia el año 2000, cuando me propusieron hacer el reportaje sobre ese húngaro, me encontré en un pequeño pueblo ruso y comenzó una fascinación. Me gustaba mucho. Volvía, volvía y volvía. Hice una película, después Una novela rusa, después Limónov.

Carrère no idealiza esa etapa. Sabía, dice, que Rusia era un mundo brutal, pero lo vivía también como una forma paradójica de libertad.

“Era la libertad de los extranjeros, y de los extranjeros más o menos ricos. Pero no puedo negar que esa experiencia me gustaba mucho. Me encantaba llegar a Moscú, encontrar amigos, gente no demasiado políticamente correcta. Pero algo cambió con la guerra en Ucrania. Apareció otra cara de Rusia. Yo debería haberla visto antes. No la vi porque estaba prisionero de una visión romántica. Estaba enamorado de Rusia y hubo una desilusión amorosa.”

El viaje a Ucrania profundizó esa ruptura.

Hice amigos ucranianos y empecé a ver las cosas desde su punto de vista. La idea de que las relaciones entre Rusia y Georgia o Ucrania eran relaciones coloniales era evidente, pero yo nunca la había pensado así. En mi familia, la relación entre la parte georgiana y la rusa es exactamente así: los rusos son los aristócratas, los ricos; y los georgianos representan esa pequeña burguesía intelectual tan importante en los países colonizados. Eso me hizo cambiar el punto de vista.”

I: ¿La guerra en Ucrania es también una batalla de relatos?

EC: Sí, claro. Y también es una batalla sobre qué cultura ocupa el espacio. Cuando los ucranianos se preguntan por qué tienen estatuas de Pushkin en todas las plazas, hay que entenderlo. No hace falta explicar que Pushkin es Pushkin, pero también hay que admitir que los grandes escritores rusos forman parte de una civilización colonial. Los ucranianos podrían preguntar: ¿los franceses estarían felices si hubiera estatuas de Goethe en todas partes?

Emmanuel Carrère, de mediana edad y cabello entrecano, sentado en un sofá verde sosteniendo una taza, frente a un entrevistador joven con papeles, siendo grabado por un smartphone
La muerte de los padres de Emmanuel Carrère y la herencia intelectual de su madre atraviesan el relato íntimo de Koljós

Limónov, el héroe imposible

En la Argentina, Limónov tuvo un impacto enorme. La biografía del escritor, disidente, aventurero, nacionalbolchevique y agitador ruso se convirtió en uno de los libros más leídos de Carrère en el país.

I: De las biografías que escribió, Limónov fue una de las pocas sobre un personaje vivo. ¿Cómo vivió su muerte?

EC: Me dio pena, pero no tanta, porque él no quería morir viejo ni enfermo. Y creo que en los últimos años de su vida se enojaba. Vivía su vida como un destino, como una historia, y pienso que el capítulo final ya no era tan interesante. Era esa figura de agitador político que estaba contra Putin, pero que al mismo tiempo estaba de acuerdo con casi todo.

Limónov nunca quiso opinar demasiado sobre el libro. Al menos no directamente.

“Por principio, no quería decir nada de mi libro. No quería hacer comentarios, ni siquiera a mí. Jamás me dijo algo. Sí reconocía como absolutamente positivo que su fama había crecido mucho en el mundo. Decía que se consideraba un escritor muerto que había renacido gracias al libro. Aunque también jugaba conmigo y me decía que yo era un escritor burgués, socialdemócrata, blando, y que si él tuviera el poder me haría fusilar. Me trataba como si hubiéramos robado un banco juntos.”

Después de la publicación de Limónov, Carrère siguió viéndolo.

“Cuando iba a Moscú, lo primero era ir a verlo”.

I: ¿En el mundo actual es más difícil que aparezca otro Limónov?

EC: Lo bello de Limónov es que no necesitaba condiciones sociales óptimas. Se pueden decir muchas cosas sobre él, pero hizo su vida con un coraje impresionante, contra todas las adversidades.

Nota sobre Yoga de Carrere
La novela Limónov de Emmanuel Carrère retrata la vida controvertida y fascinante del escritor y disidente ruso Eduard Limónov, explorando los límites entre rebeldía, poder y literatura en la Rusia contemporánea

“El poder me da curiosidad”

En los libros de Carrère, el poder aparece de muchas formas: el presidente francés en el funeral de su madre, los servicios secretos rusos en Una novela rusa, la policía y la justicia en El adversario, la política en Limónov y en Koljós.

I: ¿Qué le provoca el poder?

EC: El poder me da curiosidad. Mi relación ideal con el poder es no ejercerlo y no ser objeto de él. Afortunadamente, estoy más o menos en esa situación. Mi trabajo es escribir de modo independiente. Dependo de los lectores. El poder político me interesa, pero desde afuera.

I: ¿Nunca estuvo tentado?

EC: No. Ni siquiera lo pensé.

Carrère participó en la adaptación de El Mago del Kremlin, basada en la novela de Giuliano da Empoli. Pero aclara que la fascinación por el poder no es exactamente la suya.

“Giuliano da Empoli está muy interesado en el poder. Tiene un verdadero conocimiento del poder, y yo no. Trabajé como colaborador, tratando de ser fiel al libro. Pero no es una fascinación mía. Si yo tenía que escribir un libro sobre un personaje ruso, era Limónov, que es exactamente lo contrario: alguien que nunca tuvo poder. Quizá soñó con estar en situaciones de poder, pero hizo todo lo posible para no acceder a esa situación. Es algo que admiro de él.”

Para Carrère, Limónov permaneció fiel a una idea infantil del héroe.

“Murió pobre como había nacido. Permaneció fiel al sueño que un niño puede hacerse de un héroe. En ese sentido fue un héroe. Y siempre pagó el precio más alto. Era un fascista, muchas cosas, pero también era eso, y eso lo respeto absolutamente”.

Emmanuel Carrère, de mediana edad y cabello entrecano, sentado en un sofá verde sosteniendo una taza, frente a un entrevistador joven con papeles, siendo grabado por un smartphone
El autor francés reflexiona sobre los límites éticos en la escritura autobiográfica y el derecho a contar la vida de los otros

La conversación transcurre en el departamento de Carrère con una naturalidad poco solemne. Antes casi de dar la mano, al abrir la puerta, pregunta si quiero café. Mientras va a la cocina, la vista se pierde por un momento en los estantes de su biblioteca. Más tarde, ya en plena charla, se descalza y se acomoda en el sillón con las piernas cruzadas. La entrevista alterna entre el francés y el italiano, con algunas precisiones en inglés. Habla durante casi una hora con una gentileza que contrasta con la dureza de los temas: la muerte de sus padres, la guerra en Ucrania, Trump, los límites morales de la escritura.

Trump, Elon Musk y Philip K. Dick

La conversación deriva hacia Donald Trump, Elon Musk y el mundo contemporáneo.

I: ¿Donald Trump sería una especie de contrafigura de Limónov?

EC: Es una figura muy inverosímil. Todos vivimos en ese sueño de despertarnos cada día y leer o ver la última cosa que inventó o dijo Trump. Tiranos vanidosos y pueriles hubo en toda la historia del mundo, pero estaban localizados. En cambio, esta es una persona que maneja buena parte del mundo, de la que dependemos.

Carrère no duda en ubicarlo en el universo de Philip K. Dick.

“Pienso que es un personaje de Dick. Él y Elon Musk. Este mundo de verdades alternativas, este mundo grotesco, da miedo. La alianza entre el tirano y los gigantes tecnológicos, una alianza objetiva, es quizá el fenómeno nuevo y monstruoso.”

I: Con todo esto, ¿qué espacio queda para la ficción?

EC: No lo sé. Es muy difícil hoy escribir cualquier cosa sobre el mundo. No sé cómo hacerlo. De hecho, por eso decidí escribir la historia de mi familia.

I: ¿Cuándo vuelve Emmanuel Carrère a la ficción?

EC: No lo sé. No tengo ninguna posición ideológica del tipo “la ficción está muerta”. Soy lector de novelas, me gustan mucho y las leeré hasta mi muerte. Pero personalmente me siento cómodo en este modo de escribir. Si me viene una idea de ficción, vuelvo con placer. Pero no tengo ninguna.

Emmanuel Carrère, de mediana edad y cabello entrecano, sentado en un sofá verde sosteniendo una taza, frente a un entrevistador joven con papeles, siendo grabado por un smartphone
Emmanuel Carrère destaca la importancia de la lectura en su formación y el papel de la literatura frente a los desafíos contemporáneos

Leer sin televisión

Koljós también permite volver al origen del lector. Carrère cuenta que en su infancia no había televisión en su casa.

I: En el libro relata que cuando era chico no había televisión en su casa.

EC: Era un principio casi militante no tener televisión.

I: ¿Eso lo acercó a la literatura o son dos hechos sin conexión?

EC: Quizá sí. En mi familia, especialmente del lado de mi madre, había una idea: había que leer. Si uno leía, todo iba a estar bien. No importaban tanto las buenas notas en la escuela. “Si lees, todo estará bien”. Y yo fui un niño muy dócil. Fui fiel a esa educación. Hasta ahora, mi vida se basó en leer, y también un poco en escribir.

I: ¿Aplicó eso con sus hijos?

EC: Mis dos hijos, que ahora tienen 36 y 39 años, son grandes lectores. Pero con mi hija, que tiene 20 años, es distinto. Lee mucho en internet, está muy bien informada, lee muchas cosas, pero el libro no es el vector. Me parece extraño, porque el libro fue siempre el centro de mi mundo.

El derecho a contar una vida

I: Su pelea con su madre tuvo que ver con que ella no estaba de acuerdo con que usted escribiera la historia de su abuelo. ¿Estaría de acuerdo con que alguien escribiera su biografía?

EC: Lo dejaría hacer sin problemas. Algunos escritores norteamericanos eligen en vida un biógrafo oficial, le dan archivos, autorizaciones, lo habilitan a hacer preguntas a personas de la infancia. No estoy seguro de que yo haría eso. En general, no me interesaría colaborar demasiado. No por desconfianza, sino porque es mi trabajo. Si alguien quiere escribir sobre mi vida, que lo haga, pero no quiero especialmente ayudarlo.

Nota sobre Yoga de Carrere
La novela Una novela rusa de Emmanuel Carrère indaga en la memoria familiar, la identidad y los dilemas éticos del relato autobiográfico a través de la historia de su abuelo georgiano y su relación con Rusia

Lo compara con una adaptación cinematográfica.

“Cuando se hace una película de un libro mío, no espero que sean fieles al libro. Espero que hagan lo más interesante para ser fieles a quien hace la película. Si mi libro ayuda, está bien. No es mi problema, es del otro. Mi libro ya existe.”

¿Y si la biografía fuera severa?

“Si dijera que soy un mal escritor, quizá tiene razón. No me pondría feliz, pero son las reglas del juego. Soy una persona pública.”

I: De todos modos, con el modelo de autor en primera persona que usted utiliza, sus últimas obras parecen ir dejando una especie de autobiografía fragmentada.

EC: Sí, es cierto. No lo pensé así, pero desde hace algunos años me lo hacen notar. No es un proyecto consciente como el de Karl Ove Knausgård y sus seis volúmenes, que fue un proyecto desde el inicio. En mi caso es algo que sucedió sin que lo quisiera.

I: ¿Ya se habituó a insertar su punto de vista, sea como periodista o escritor?

EC: Sí, pero cuando decís escritor o periodista, yo no hago ninguna diferencia. Escribo exactamente de la misma forma si escribo un artículo, un reportaje o un libro. La única diferencia es la longitud. Escribo libros de no ficción y reportajes con el mismo estilo. También porque tengo la suerte de poder escribir artículos largos en diarios y revistas. Se necesita un mínimo de espacio, y también un máximo.

En Koljós, Carrère vuelve a la historia familiar para hablar de la muerte de sus padres, pero también de Rusia, de la guerra, de la culpa, del amor y de los límites de la escritura. Lo hace en un momento en que la realidad, dice, parece cada vez más difícil de narrar.

Emmanuel Carrère, de mediana edad y cabello entrecano, sentado en un sofá verde sosteniendo una taza, frente a un entrevistador joven con papeles, siendo grabado por un smartphone
La distancia emocional y literaria de Carrère respecto a Rusia se profundizó tras su experiencia en Ucrania y la reflexión sobre los relatos coloniales

Quizá por eso eligió volver a lo más cercano.

La familia, para Carrère, no es un refugio apacible sino un territorio de riesgo. Un lugar donde la literatura puede herir, pero también reparar. En el caso de Koljós, al menos, el escritor parece haber encontrado una forma de hacer las dos cosas: contar lo que dolía y, al mismo tiempo, acercarse a los suyos.

Koljós funcionó”, dice.

Y sonríe.

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