Agustina Bazterrica: “Yo siempre escribo para el lector que está en mi cabeza, que es infumable”

Autora de distopías fascinantes y horrorosas, la escritora argentina habla sobre su ensayo ‘Literatura o muerte’, un texto apasionado en el que describe la cocina de su obra y su vínculo hasta físico con la lectura

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Retrato en blanco y negro de Agustina Bazterrica, con el mentón apoyado en su mano y cabello largo, junto a la portada roja de su libro
En su ensayo reciente, Agustina Bazterrica reflexiona sobre el vínculo con los maestros y sobre el modo en que las ideas pueden volverse obsesiones. (Foto: Denise Giovanelli)

Agustina Bazterrica nació en Buenos Aires en 1974 y escritora, pero también es licenciada en Artes y gestora cultural. En 2017 resultó ganadora del Premio Clarín por su novela Cadáver exquisito y por la misma novela fue premiada con el Ladies of Horror Fiction. Éxito total en Argentina y en el mundo, Cadáver exquisito fue traducida a más de 30 lenguas. Bazterrica es autora, además, del libro de relatos Diecinueve garras y un pájaro oscuro y de la novela Las indignas. Recientemente Editorial Godot publicó en su colección Íntima Literatura o muerte, un ensayo apasionado en el que Bazterrica, una de las grandes escritoras argentinas de los últimos años, autora de distopías fascinantes y horrorosas, escribe sobre la cocina de su escritura y también sobre su relación estrecha y hasta física con la lectura.

En su libro, Agustina reflexiona sobre el vínculo con los maestros, sobre el modo en que las ideas pueden volverse obsesiones y detalla el modo en que trabaja los textos, en los que cada palabra tiene un valor único. También dedica largas reflexiones a las influencias conscientes y también a aquellas otras que se instalan en su escritura desde el imaginario colectivo. Para dar una idea del tono apasionado del libro, que se mantiene hasta el final, vale reproducir la frase del comienzo: “Si no escribo, me muero”.

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Lo que sigue es la transcripción y adaptación de la charla que mantuvimos semanas atrás durante la grabación de un episodio del podcast Vidas prestadas. Esa tarde, además de hablar sobre Literatura o muerte, también adelantó algunas pistas de su próximo libro: una novela porteña y graciosa que transcurre en el futuro y en el que los personajes recitan frases célebres de Moria Casán.

— ¿Cómo es eso de que si no escribís te morís?

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— Es que es verdad, es verdad, si no escribo me voy… A ver, si no estoy en contacto con la literatura, me voy apagando. Necesito hacerlo y la verdad es que soy una privilegiada de poder al día de hoy, después de haber trabajado 22 años como secretaria en un estudio de abogados como para poder pagar las cuentas, poder vivir de los libros, poder estar viajando, hablando de literatura. Yo todos los días agradezco...

Vista cenital de la portada de un libro de tapa blanda de color rojo con el título 'Literatura o muerte' y el nombre 'Agustina Bazterrica' en blanco y negro, sobre una superficie de madera oscura
"Literatura o muerte", de Agustina Bazterrica, fue publicado por Editorial Godot.

— Me impresiona lo que estás diciendo aunque lo sabía, porque además lo contaste varias veces. En el libro hay un momento en donde aparece la Agustina Bazterrica que habla del dinero y de lo que significa la necesidad de ganar dinero para poder escribir y mencionás, por ejemplo, que les pagás a las personas que leen tus manuscritos, incluso si son amigos.

— Bueno, de hecho, mañana jueves me junto con Pamela Terlizzi Prina, que es amiga, escritora, poeta, con la que hice “Siga al conejo blanco”, que fue un ciclo que invitábamos a un montón de gente, y ella me va a dar la devolución de la nueva novela.

— Sí, sí, que ya está terminada.

— Que ya está terminada. Y le pagué a Pame y ella me dijo, no, somos amigas hace muchísimos años, me dijo, no, no me pagues. Y yo: Pamela, es tu trabajo, es tu tiempo. O sea, fin, te pago. Lo mismo con Sarah Moses, la traductora de mis libros en inglés, que también la está leyendo. Y cuando Lili, mi maestra hace más de treinta años, la termine de leer también le voy a pagar, porque me parece que es valorar el tiempo del otro y la experiencia.

— Porque sabés que hay una especie de situación incómoda en relación a eso porque pareciera que todo el placer que provoca la literatura tendría que provocarlo también trabajar con la literatura.

— Claro.

— Presentaciones de libros que no se pagan cuando sí se paga un taxi para llevar algo o trasladar a alguien, o se paga un canapé o un vino para un evento, pero no se contempla pagar el trabajo de los presentadores. Me impresionó favorablemente que hablaras del tema, por eso lo digo. Tamara Tenenbaum también habla del tema. Muchas veces parece que el tema del dinero no va de la mano de hablar del arte.

— Porque está esta cosa de “por amor al arte”.

— Eso, claro.

— Y si bien en mi caso yo valoro y agradezco viajar y hacer todo lo que hago, es mi tiempo, es mi cuerpo, mi experiencia. O sea, viajar es alucinante y esto no es una queja. Yo lo llamo “problema champagne” porque te estás quejando de que viajás mucho, es ridículo, pero al mismo tiempo viajar implica poner el cuerpo, cambiar la alimentación, el clima, o sea, te afecta corporalmente y hablar delante de un montón de gente también es dar un montón de energía. Y eso tiene un valor.

— Por supuesto.

— Y si bien yo lo he hecho muchas veces de manera gratuita, yo he hablado en más de cien escuelas, no les cobro honorarios a las escuelas.

— Claro, pero no es lo mismo.

— No es lo mismo. Por eso entonces elijo dónde sí y dónde no. Pero ya llega un punto en mi vida en el que puedo decir: bueno, yo ya pagué el derecho de piso, fin.

— Te digo esto último sobre el tema, porque tu libro es mucho más que esto, a mí lo que me encantaría es que ya no se tenga que hablar del tema. O sea, que presentar un libro, escribir una contratapa o leer un manuscrito se considere un trabajo como cualquiera.

— Totalmente, igual está cambiando de a poco.

— Porque se empezó a hablar, porque hay gente como vos que lo escribió en su libro; eso ayuda muchísimo para que se instale el tema. Pero mencionabas a tu maestra, en el libro mencionás las veces que ella te apuraba cuando salías del taller diciéndote: “Para la próxima semana me traes un cuento así y asá”, y cómo eso en realidad lo que hizo fue darte impulso para escribir.

— Totalmente.

— Le das mucho espacio a lo que tiene que ver con los talleres y con el aprendizaje.

— Completamente. A mí los talleres de Lili, Liliana Díaz-Mindurry, que está en todos mis libros. y la nombro en todas las entrevistas, me enseñaron muchísimas cosas y me dieron muchísimas herramientas para poder escribir. Y, además, aparte de ser súper recontra lúcida, Liliana es una de las personas, de entre las que conozco, que más leyó en la vida. Sus cursos sobre la Divina Comedia son una locura, ahora está haciendo un curso sobre Saer, que es mi autor favorito, es increíble. Pero es una persona generosa que cuando veía que alguien no solo tenía talento, bueno, el talento es importante pero hay que desarrollarlo y hay que sostenerlo con disciplina. Entonces ella apostaba a esa persona. Y en mi caso avisó eso, fue como: bueno, te voy a exigir.

— ¿Llegaste a pensar que no, que lo tuyo era para poquito?

— Bueno, tuve un desvío, que creo que lo nombro en el libro. Antes de trabajar como secretaria, trabajé haciendo visitas guiadas en el Teatro Colón y me enamoré de la ópera y aparte tuve un ex que era cantante del coro del Colón, eso también influyó.

— No está esto en el libro.

— No, eso no porque no lo quería nombrar.

— Por eso, me está interesando mucho (risas).

— Y empecé a estudiar canto lírico, que soy malísima, o sea, no va, no era lo mío. Y en un momento le pregunté a mi maestro de canto qué pasaba si yo dejaba. Y era como, bueno, no pasa nada. Y en cambio Liliana me respondió, me acuerdo literal, si dejás de escribir yo te mato.

Entrevista Agustina Bazterrica
Bazterrica siempre asegura que Juan José Saer es su autor argentino favorito. (Foto: Gustavo Kogan)

— Qué amenaza.

— Y fue como, ok, sí. Porque, digo, están buenos los desvíos también porque gracias a ese desvío yo la conocí a Liliana. Porque empecé a estudiar en el Conservatorio Nacional, que no sé cómo me aceptaron, aún hoy no sé. Y conocí a un chico que tenía su obra, me la prestó y me voló la cabeza. Y ahí la contacté y empecé a ir a sus talleres. O sea que ese desvío fue fundamental.

— Bueno, lo que pasa es que a lo largo de la vida uno vive varias vidas también, ¿no?

— Totalmente.

— La mayoría de las personas, salvo los casos en donde uno se queda como muy adentro, si tenés una vida afuera, si trabajas, si conocés gente, suele pasar que existen esos desvíos. Mencionabas recién a Saer.

— Sí.

— Quienes te conocemos o te seguimos en las redes sabemos lo que te pasa con Saer. En el nuevo libro hablás de Saer en varias oportunidades pero me interesa mucho el momento en el que hablás del cuento “Solas” porque es el cuento que le trajo el primer gran escándalo.

— Ah, no sabía, ¿a ver el chisme?

— Contemos primero por qué lo mencionás en el libro y ahora yo te cuento el chisme.

— Bueno, a ver, es mi autor argentino favorito y de hecho algo que no está acá porque todavía no había sucedido, yo tengo un grupo de amigas con las que nos juntamos cada 15 días a leer por Zoom libros que elegimos entre todas. El grupo se llama “Leo, luego existo”.

— ¿Son todas escritoras?

— No, algunas son escritoras, pero la mayoría son lectoras. Tenemos ingenieras, tenemos de todo, dentistas, y un subgrupo de ese grupo que se armó ahora se llama Secta Saer y nos juntamos una vez por mes, todo por Zoom porque hay algunas que viven en otros países, y queremos leer toda la obra de Saer. Entonces ya leímos El entenado, ahora estamos con Cicatrices, y vamos a seguir.

— ¿Leen solo a Saer o leen a los que leyeron a Saer, también?

— No, por ahora solo a Saer. Vamos a terminar toda la obra de Saer y después veremos con qué seguimos. Pero para mí, le decía la otra vez a un amigo, cada libro de Saer es una lección, una masterclass de literatura.

— Es así, claro. Y están sus libros también que no son de ficción, los ensayos sobre literatura.

— Son impresionantes.

— Es un poeta escribiendo narrativa.

— Totalmente. Aparte, a ver, El entenado yo la leí muchas veces y ahora la releí y sigo encontrando cosas, y capas de lectura, y me sigo emocionando, y sigo diciendo cómo hizo para crear esta maravilla. Ahora con Cicatrices lo mismo, que no es el libro que más me gusta de Saer, pero bueno, releerlo es...

— Si después de leerla, leen la clase de Sarlo sobre Cicatrices que está en el libro de sus clases que publicó Siglo XXI, si leen a Sarlo pueden encontrar esto mismo que estás diciendo acerca de las capas que uno empieza a encontrar y dice: cómo puede ser que esto no lo vi, o cómo no me di cuenta. Es increíble.

— Porque nada está puesto al azar.

— Así es.

— Todo está todo conectado y todo tiene un porqué.

— Bueno, y después hay personajes que siguen a lo largo de la obra y eso también es muy maravilloso. Pero hablábamos del cuento “Solas” porque vos en Literatura o muerte contas un poco la cocina de cada uno de tus libros. Y en un momento, creo que lo de “Solas” es por Las indignas, mencionás ese cuento en donde hay dos mujeres en una cama.

— Sí. Una tensión sexual, erótica.

Entrevista Agustina Bazterrica
En "Literatura o muerte", Bazterrica desarrolla el tema de la pasión lectora. (Foto: Denise Giovanelli)

— Bueno, entonces, ese cuento se publicó, creo que fue en El Litoral, en el diario de Santa Fe, en los 60, y fue un escándalo porque eran dos mujeres en la cama, dos prostitutas en la cama.

— Claro.

— Es una historia que está contada por él en algunas entrevistas y también en algunos libros de Martín Prieto, muy lector y conocedor de Saer y de su obra.

— Claro, mirá. Bueno, para mí ese cuento fue una influencia más fuerte que por ahí El cuento de la criada, que es obvio que es un libro con el que dialoga Las indignas, pero Margaret Atwood no es una autora que yo haya estudiado, ¿entendés?

— Claro.

— La estudio más a Clarice Lispector que a Atwood.

— Hablás mucho de las influencias. Es cierto que a veces uno termina de leer algo y queda completamente tomado por esa literatura. Y, también es cierto, como vos mencionás que decía Úrsula K. Le Guin, que es importante copiar. Hay que copiar lo bueno para llegar al estilo propio.

— Totalmente. Bueno, qué es lo que a mí me pasa con los primeros cuentos. Muchos de ellos no están publicados porque son muy malos. Pero es esto, ¿no? Tomar a Cortázar y tratar de escribir algo parecido. Que es lo mismo que hacen los artistas en los museos, ¿no?

— Sí, claro.

— Tratando de copiar la obra de arte. Es un poco lo mismo. Lo que pasa es que si seguís en esa línea de tomar la voz de un autor o una autora que te fascina y no te corrés de eso, bueno, es una copia velada de otro.

— Y sos un epígono y es medio triste.

— Claro.

— Una cosa es el heredero y otra es el epígono.

— Total, y a mí no me interesa. Eso lo ves mucho, creo que no sé si lo puse ahí, en los concursos cuando sos jurado, ¿viste? Los hijos no reconocidos de Borges, de Cortázar. Que van apareciendo y decís: esto ya lo leí.

— Hay algo interesante que mencionás y es la influencia de la que no te diste cuenta, la influencia inadvertida.

— También.

— Y que te la señala de pronto un lector y vos decís: y, sí, puede ser, claro, si esto es algo que ya está en todos.

— Claro. Y también pasa mucho que escribís el libro, se publica y alguien te dice ¿leíste el libro que se publicó en 1600 en Finlandia, que es muy parecido? Y, no, pero también hay un inconsciente colectivo y un poco estamos hablando todos de los mismos temas.

— Exacto.

— Entonces, yo ahora estoy leyendo un libro que se llama Yo que nunca supe de los hombres, que lo relacionan mucho con Las indignas y yo no lo había leído.

— ¿De dónde es?

— Lo escribió una belga (N. de la R. la autora es Jacqueline Harpman).

— Bueno, Echeverría y Alberdi escribían en sintonía con Europa, también. Esas cosas pasan porque es el espíritu de los tiempos lo que está también en uno. Y los temas. Y tus temas, ya desde el comienzo, tienen que ver con la cuestión ambiental, con la vida que llevamos en la Tierra, con los derechos de las mujeres, en toda tu literatura aparece eso.

— Sí.

— Son los temas que te convocan. O, como se dice ahora, que te interpelan, Agustina (risas).

— Que me interpelan. Que estoy atravesada, sí, sí, totalmente, porque bueno, a ver, hola, todo lo que está pasando con los Epstein files. En Cadáver exquisito, sin spoilear, hay una escena donde cazan humanos y el año pasado nos enteramos de que durante el sitio de Sarajevo, hubo millonarios cazando personas. Parece ficción, pero sucedió. A mis cuentos, a veces, en Estados Unidos, sobre todo, los relacionan con el realismo mágico...

— Bueno, eso hacen en general con los latinoamericanos.

— Pero lo que hago es llevar al extremo lo que está latente en nuestra realidad. Entonces, bueno, trabajo sobre todo eso.

— Claro, es medio imposible no estar como impregnado, en un momento como éste, sobre todo en tu caso, que participás activamente en redes. Algo que mencionás, que me pareció muy interesante como lectora, es lo que significa para vos dictar talleres, leer a los otros. Es leerte a vos, haber sido leída o seguir siendo leída por aquellos en los que confiás, pero también leer, esto que mencionabas de ser jurado de concursos, que lleva a leer mucho, pero en el caso de los talleres es leer a aquellos a los que estás formando, ¿no?

— Sí. Ahora no estoy dando talleres porque viajo un montón, pero sí me interesa dar cada tanto. De hecho, los últimos los di con Pamela. Siempre me interesa darlos con otra persona porque aprendo un montón. Aprendo de los asistentes y también de las personas con las que dicto los talleres. Y sí, porque tenés que bajar toda la información que por ahí tenés de manera intuitiva para poder transmitirla. Y yo aprendí un montón. Y, de hecho, hay un cambio bastante grande para mí entre Cadáver exquisito y Las indignas porque en el medio dicté talleres. Y es aprender a mirar tu obra con otra mirada, con otros recursos, que los tenés de manera más racional. Básicamente es eso, aprender a leer de manera activa, que es algo constante, que no se termina, ¿no?

Entrevista Agustina Bazterrica
A diferencia de los autores que cuando escriben no leen a otros escritores para no contaminarse, Bazterrica asegura que empieza un libro necesita leer sobre el mismo tema, cómo fue tratado, para encontrar una forma novedosa de abordarlo. (Foto: Lina Botero)

— Decís, por ejemplo, que te sorprende que haya gente que diga que cuando empiezan a escribir una novela o están iniciando un nuevo libro, no leen otra cosa para no contaminarse, mientras a vos te pasa todo lo contrario.

— Todo lo contrario. O sea, a ver, no me parece que haya un solo camino a seguir relacionado con el arte. Hay muchos caminos y tenés muchas excepciones. Pero bueno, lo decía Borges, para ser un gran escritor, tenés que ser un gran lector. Es como si querés tocar el piano y no escuchas música. Es rarísimo. Entonces a mí me pasa que empiezo con algún libro mío y necesito leer sobre el mismo tema, cómo fue tratado, justamente para encontrar una manera, no voy a decir original, porque no existe la originalidad, pero sí novedosa de tratar ese tema. Y para eso es leer, leer, leer. Y, aparte, porque me fascina.

– En Literatura o muerte hablás de la escritura y de la lectura. Y del cajón de herramientas para escribir y todo lo que provoca la lectura, que provoca cuestiones físicas y ahí mencionas un par de ejemplos. A todos los lectores en algún momento nos pasó de cerrar el libro y cerrar los ojos al mismo tiempo porque no podemos creer lo que acabamos de leer, pero también, de pronto, de sentirnos mal o directamente descomponernos. O sea, pasan cosas físicas. De todo eso hablás.

— Sí, totalmente. Aparte yo soy súper intensa cuando leo. De hecho, mis amigos no me regalan libros porque, bueno, como trabajo con los libros detecto muy rápidamente errores de verisimilitud, ¿no? Cuestiones que no me cierran, narradores que digo: qué es esto. Pero, también, cuando soy fan de un libro soy la más intensa (risas). Lo recomiendo a morir. El último libro que recomendé a morir y que lo voy a recomendar ahora en este momento es Dura una eternidad y en un instante se acaba, de Anne de Marck, en una estadounidense contemporánea, ¿ubicás el libro?

— No, no, no. Agendado.

— ¡Ah! Es una cosa impresionante, es una zombi que empieza el libro y se le cae el brazo izquierdo y es un libro precioso sobre el duelo, el amor. Es súper poético, es alucinante.

— ¿Qué te pasa con los géneros en la lectura? Porque estás hablando de una novela de género, que en principio tiene bastante que ver con aquello que te propusiste construir en tu obra, pero también hablás de Saer y Saer no tiene nada que ver con todo eso.

— También creo que lo digo ahí, en mi libro: para mí todo es literatura. Fin. Leo mucha poesía, muchos ensayos, ahora estoy leyendo un ensayo de Esther Pineda, creo que es el nombre, que se llama Bellas para morir. ¿Qué tiene que ver mi literatura con eso? Nada, pero, a ver, yo me alimento de todo. Y, de hecho, me pasa con Cadáver exquisito que en Estados Unidos muchos me preguntan: ¿cuáles son tus autores favoritos de horror? ¿Qué libros de horror leíste? Y, no, leí ensayos.

— Te documentás para escribir.

— Sí, ampliamente.

— ¿Eso es la herencia nerd de la que hablás durante todo el libro?

— La herencia nerd. Yo estudié Artes en la UBA, me especialicé en Artes Plásticas, que es una carrera meramente teórica. Y el último final, que lo di libre porque se me venció la materia, fueron seis horas de final.

— Epa.

— Escrito y oral. Seis horas ahí, en la facultad, rindiendo.

— Dios. ¿Te fue bien?

— Me saqué un 9, pero me podría haber sacado un 0 porque eran muy tiranos los profesores.

— ¿Pero agradecés eso?

— En un punto sí, en otro punto me parece que, bueno, hoy en día hay cosas que no se…

— No se tolerarían. Claro, claro.

— Claro. Pero sí me permitió esto de leer mucho, mucho, mucho, analizar, leer, activamente. Para mí, una cosa fundamental en un libro es la verosimilitud, que no tiene que ver con la veracidad, tiene que ver con que el universo de lo que vos creás, cierre. Entonces, yo en Cadáver exquisito podría haber inventado un lugar donde faenan humanos, que no existe, o sea, podría haber inventado el protocolo que sea, pero me basé en el protocolo que se usa para faenar vacas, cerdos y pollos, porque me parece que es mucho más terrorífico saber que está toda la maquinaria lista ahí. Para eso estudié seis meses ese tema. Con la nueva novela, que transcurre en Buenos Aires, voy a los lugares que nombro, los visito, saco fotos. Por más que sea en un futuro.

— Hablás de tu novela porteña.

— Mi novela porteña es en un futuro pero no importa, necesito estar en el lugar, ¿no? Con Las indignas, lo mismo, leí un montón sobre sectas. Estudié un montón para escribirla.

— Aunque está en el libro, me gustaría que me contaras cómo fue el nacimiento de Las indignas.

— En el 2018 me invitaron a la Feria de Cusco, Perú, que es una feria chiquitita. Cuando viajo, trato si puedo de ir a museos porque obviamente amo el arte y además amo la iconografía de los ángeles arcabuceros que estudié en la Facultad, que son ángeles hechos por artistas anónimos, vestidos de manera barroca con un arcabuz, que es un arma antigua y hay algunos en el Norte de nuestro país, que de hecho hice un viaje con una amiga especialmente para ver esos ángeles. Así de nerd soy. Pero bueno, estaba en Cusco, había un monasterio que ya no se usa como monasterio, no hay monjas en teoría, están las obras de arte. Yo estaba viendo un ángel arcabucero fascinada. Era la única turista. Me doy vuelta, veo una monja rezando, casi me muero de un paro cardíaco porque no tenía que haber monjas ahí. Me acerco, era un maniquí, más siniestro todavía. Salgo de ese lugar, que igual ahora que trabajo con energía, yo creo en las energías, todo el lugar tenía una energía muy densa, pero bueno. Salgo de ahí y digo: tengo que escribir sobre monjas. Pero, claro, lo primero que me surge es el lugar común, ¿no? La monja abusada, la monja que abusa… Me llevó bastante tiempo lograr encontrar la voz, la narradora, los elementos de la historia.

— ¿En qué estabas en ese momento cuando se te ocurrió esa novela? ¿No estabas en proceso con ninguna novela?

— Estaba como empezando a pensar en una novela que la tengo hace mucho, pero que la dejé a un costado y todavía me parece que la tengo que dejar ahí porque no encontré el narrador para esa novela.

— Contemos un poquito cómo es eso porque justamente iba a preguntarte si en estos años hubo mucho que dejaste en el camino, si hubo cosas que tiraste. Antes mencionaste cuentos que no se publicaron ni se van a publicar. A veces, incluso personas que son que son muy buenos lectores, no tienen idea de la cantidad de cosas que quedan en el camino en la obra de un escritor. No se publica todo lo que se escribe.

— Sí, yo no tengo un montón sin publicar porque soy una escritora muy lenta pero, por ejemplo, en el nuevo libro hablo de mi primera novela, Matar a la niña.

"Cadáver exquisito", la novela ganadora del premio Clarín que hizo conocida a Agustina Bazterrica, fue traducida a más de 30 lenguas.
"Cadáver exquisito", la novela ganadora del premio Clarín que hizo conocida a Agustina Bazterrica, fue traducida a más de 30 lenguas.

— Que sí se publicó.

— Sí, pero me hubiese gustado que no se publicara. Porque la están leyendo pirateada ahora. Que eso no me importa tanto como que la estén leyendo. Digo: no la lean, pero también es como ver mi recorrido, ¿no? Pero sí hay, por ejemplo, una novela que la historia me la contó una compañera de Facultad que es odontóloga, pero estaba estudiando mi carrera porque ama el arte, y un 1 de enero ella estaba en el patio de su casa colgando la ropa y le cae una prótesis dental. Dice: que raro, yo dentista, una prótesis dental, y detrás de la prótesis cae el dueño de la prótesis, que se estaba suicidando y eligió su patio para suicidarse. O sea, eligió matarla, básicamente. Me contó eso en cinco minutos en un recreo, no la vi más, yo escribí, empecé a escribir una novela con eso pero no encontraba como seguirla. La convertí en un cuento que está en Diecinueve garras y un pájaro oscuro y ahora ya sé cómo seguirla. Entonces, antes de escribir la novela de Buenos Aires yo estaba investigando para esa novela. Apareció la novela de Buenos Aires, la empecé a escribir, la terminé. Y ahora voy a retomar la otra, pero son miles de años que estoy con esa idea.

— Pero dijiste que el problema tenía que ver con el narrador.

— No, no es esa. En esa el problema que tengo es que tengo que releer y estudiar toda la Divina Comedia porque quiero que suceda en el Barolo o en un edificio parecido al Barolo y tengo que leer mucho sobre brujas.

— ¿Y cuál era la que tenía el problema del narrador?

— La del narrador es una distopía que, bueno, no sé si escribirla en primera o en tercera o hacer un mix.

— ¿Qué es lo que te suena distinto en una y en otra voz?

— Y bueno, que por ahí si la escribo en tercera me pierdo la frescura de la primera persona que necesito porque la protagonista de esa distopía es una niña. Va a tener que ver con la basura, con las islas de basura.

— Otro de los temas.

— Otro de los temas. Que también me puse a investigar sobre eso y es tremendo. Pero la primera persona me genera muchos problemas a nivel trama, que no sé cómo resolver. Bueno, hay que probar también ¿no?

— Decías que tardas mucho con cada libro.

— Sí.

— ¿Y tenés una rutina de escritura? ¿Escribís una cantidad de horas por día o te tomas semanas sin escribir? ¿Cómo es eso? Cuando viajás, ¿escribís?

— Mirá, es todo como muy raro porque durante mucho tiempo mi rutina de escritura era a la noche porque trabajaba en la oficina. Y no escribo todos los días pero sí estoy conectada todo el tiempo con lo que estoy escribiendo o con la lectura. Ahora sí soy nocturna y escribo durante la noche, pero me está pasando que a veces no y está como transformándose eso. Y me pasó que la novela de Buenos Aires la terminé en Madrid, en un hotel, con jet lag. Cuatro de la mañana, yo escribiendo. No sé, rarísimo, nunca me pasó. No podía escribir en hoteles, pero ahora sí puedo.

agustina bazterrica
La novela "Las indignas" nació en Cusco, a partir de una experiencia en un ex monasterio en el que la escritora estaba mirando ángeles arcabuceros y confundió un maniquí con una monja real.

— ¿La nueva novela no se parece a nada de lo que habías escrito?

— A ver, sí tiene las mismas obsesiones porque estoy hablando de una situación extrema climática, pero no tiene nada que ver en el registro porque es puramente porteño. Es un narrador en primera persona, vos estás leyendo lo que está pensando y es con todos los insultos que usamos acá, todo el lunfardo. Digamos, es muy, muy, muy argentina.

— A propósito de esto decís algo interesante, también, y volvemos al comienzo, en relación a lo que tiene que ver con vivir de la literatura, cuando decís que es posible que esta novela no sea tan tentadora para traducir como otras pero que no podías no escribirla.

— Totalmente. Sí, porque, a ver, no sé si lo digo ahí, pero ¿cómo traducís el insulto “la concha de la lora”?

— Se buscará algún equivalente (risas).

— Los traductores hacen magia también, yo los admiro un montón. Pero se va a perder algo, ¿no? Sí. Y, a ver, es muy, muy argentina. Y es más graciosa que otra cosa, hay una parte donde un personaje le dice al otro: recitame todas las frases de Moria Casán y ta, ta, ta, ta.

— Ahí, claro, es más complicado. Pero, de pronto, uno se pega sorpresas en ese sentido. ¿En cuanto a tu obra traducida, hubo muchas sorpresas? No porque las puedas chequear, porque seguramente no podrás chequear todas las lenguas, pero sin dudas hubo traducciones en países y en culturas que te sorprendieron. Y eso te lleva a viajar y a conocer.

— Sí, mirá, ya es alucinante que se traduzca a tantos idiomas. Sí me pasó algo muy gracioso con la traducción al chino mandarín, que es que el traductor me contactó por Facebook. Y yo no le daba amistad porque es un señor de Taiwán, yo que sé. Hasta que le di amistad y me dijo mira, entrego el borrador mañana, lo único que quiero saber es –yo le dediqué Cadáver exquisito a mi hermano–, ¿tu hermano es más chico o más grande que vos? Porque no hay un ideograma en chino que sea hermano. Es más chico o más grande. Eso fue como muy gracioso. Y después, sí, no sé, enterarme cosas de los distintos mercados, ¿no?

— Las reacciones.

— Las reacciones. En Estados Unidos es bestseller y eso es como rarísimo, también. Enterarme, yo no sabía, que en Estados Unidos casi no se traducen libros.

— No, claro.

— Es apenas un 3% lo que está traducido.

— Es un privilegio enorme.

— Absoluto. Después, que en países como Finlandia, Noruega, Países Bajos, la gente sabe tan bien inglés que los leen en inglés y por ahí no son traducidos a esos idiomas. Entonces, traducir es todo un desafío para los editores.

— Me parece recordar que había una tapa polaca muy linda.

— Sí, son muy buenos los polacos a nivel diseño y, aparte, viajé ahí, es impresionante. Aman a los latinos. Hay como una conexión con ellos, ¿no? Por ahí es porque sufrieron tanto con las guerras que sí, hay una conexión.

— Decís que terminaste una novela. ¿Va a salir este año?

— No sé. Ojalá.

— Porque viene el proceso de editar, de trabajar.

— De hablar con la editorial. Entonces hay que negociar, hay que ver. No sé, ojalá que sí, me encantaría.

— Cuando te dijeron de escribir para esta colección de Godot, ¿cómo fue ese proceso? ¿Y qué pensabas hacer? ¿Es lo que terminaste haciendo?

— Fue muy gracioso porque me llegó el mail de Víctor Malumián, que es uno de los dueños. Yo estaba entre viajes. Estaba muy, muy pasada de cansancio y a mil. Leo el mail y leí diez mil caracteres. Dije listo, un artículo, lo escribo, le dedico este mes. Fin. Cuando vuelvo al mail eran cien mil caracteres. Casi me muero porque, de hecho, en un momento me agarró una contractura de escribir como una sacada hasta que dije: no, no, no. Le escribí a Víctor: Víctor me equivoqué, por favor dame más tiempo porque no llego. Y, bueno, eso creo que me ayudó a que el libro no sea tan solemne. Como que realmente sea una confesión, ¿no? Y fue un proceso también muy divertido.

Entrevista Agustina Bazterrica
En esta entrevista, Bazterrica adelanta algunas cosas de su próxima novela, a la que describe como "muy, muy argentina". (Foto: Alejandra López)

— ¿A quién se lo escribiste?

— A quién se lo escribí, qué buena pregunta.

— Claro, quién pensas que es ese lector.

— Es que yo siempre escribo para el lector que está en mi cabeza, que es infumable. Pero también, si bien una consigna era no dar tips de escritura, porque hay muchos libros sobre eso...

— Pero es difícil que no se escape algo.

— Está ahí, todo. Entonces, también es un poco: bueno, acá tenés una línea para seguir, si querés.

— Sí, pero sobre todo hay algo que queda claro y es: primero es la lectura y, después, ponerle el cuerpo a la escritura.

— Para mí, sí, siempre primero es la lectura. Lo digo en el libro: es como inspirar y exhalar.

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En un diálogo sobre presente y futuro de la industria del libro, el directivo mexicano que está al frente de las operaciones editoriales en 20 países, fue tajante sobre la IA. “No vale para nosotros, en ninguna instancia”, afirmó

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Mucha gente, ventas dispares y el fantasma de la crisis, en el último fin de semana de la Feria del Libro

¿Se vendió más que el año pasado, o menos? ¿El público acompaña? ¿Preguntan y se van, piden descuentos? ¿Cómo están los ánimos? Los editores responden

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Studio Ghibli y el arte de redefinir el cine animado: entre la memoria, la fantasía y lo cotidiano

A través de películas inolvidables como ‘Ponyo’ y ‘Mi vecino Totoro’, la compañía de Hayao Miyazaki ha logrado que la magia y la empatía de sus historias transformen nuestra mirada sobre la vida

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Qué planes tiene España para la Feria del Libro de Buenos Aires

El país europeo será el próximo Invitado de Honor. Llegan poco antes de las elecciones allí

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