Puede suceder que el estreno en una plataforma de streaming pase desapercibido ya sea porque coincide con el lanzamiento de algunos tanques, por obra del Maligno o porque se trata de una miniserie animada de origen italiano cuyos protagonistas centrales se encuentran en la mitad de su tercera década de existencia. A pesar de que sea un producto muy divertido, actual, con una ebullición del flujo de la conciencia (en la figura de un armadillo) y superficialidad que estalla, aunque también profunda emotividad. Ah: y no, no es un manga. Así las cosas, Strappare lungo i bordi –en español, Cortar por la línea de puntos–, una animación centrada en el transcurrir de los días y las noches de tres amigos, desde su infancia en los principios de noventa a la actualidad, a quienes se suma Alice al trío de Zero, Sara y Secco. Y claro, como conciencia de Zero (alter ego del dibujante Zerocalcare, exitosísimo en ventas de sus libros de comic en Italia), el Armadillo.

Bien, decíamos que comenzó mal pero, ¡atención!, la tendencia se revirtió. Por un lado, unos tiktokers muy seguidos, como el mexicano Javier Ibarreche, le otorgó miles de espectadores a la miniserie de seis capítulos de entre 16 y 22 minutos. Una inteligente política tiktoker de Netflix también amplió la resurrección de Cortar por… a la vez que la aún existente red social llamada “vida misma” hizo que las virtudes de la producción se propagaran mediante el boca a boca. Por ejemplo, el sobrino centennial de un amigo postcuarenta se la recomendó, que luego de verla decidió recomendársela a una escritora que la comenzó a ver y por Whatsapp le dijo a este humilde servidor que la viera. Mientras se disponía a hacerlo, recibió otro mensaje de Whatsapp de la amiga escritora: “Terminé llorando”. Porque ya se dijo que la miniserie no es todo risas, aunque en gran parte sí, pero que Cortar por la línea de puntos es en un todo existencialista. (Digresión: pavada de mercadotecnia el boca en boca, eh. Fin de la digresión.)

Los tres amigos Zero (que se dedica a dibujar historietas y enviar currículums), Sara (que tiene toda la vocación de ser maestra, pero no logra su objetivo) y Secco (quien tiene un extravagante modo de ganarse la vida) deben emprender un viaje –nótese que la precariedad laboral es propia de la época, allá en Italia, acá y donde sea, y que, con humor, la miniserie no evade ese trasfondo social–. Mientras tanto, Zero –un hombre neurótico a lo Woody Allen, pero con remeras punk– reflexiona sobre todas las cosas de su cotidianidad, que es la de varias generaciones, apelando a la imagen de las figuras troqueladas para cortar que mientras la vida pasa se piensa que la tijera corta las figuras siguiendo el patrón de puntos, pero que en realidad las figuras que resultan de la tarea son diferentes a la referencia original. Claro, todo mechado con mucho humor, la autoconciencia de ser un loser, una sana misantropía en cuanto a la sociabilidad y referencias pop de todo tipo, desde El Señor de los Anillos, pasando por El cuento de la criada a Evita Perón. Y, claro, el Armadillo.
Como se ha dicho, es una miniserie corta de capítulos cortos y disfrutables. Pero los tres amigos deben, en ese viaje, enfrentar quizás una de las preguntas más angustiosas a la que se enfrentan hombres y mujeres. No diremos más, pero sí que para el capítulo final es recomendable un paquete de pañuelos tissue. O el rollo de papel de cocina, qué más da.
Cortar por la línea de puntos se puede ver en la plataforma streaming Netflix.
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