
Dante tiene 41 años y le dicen Pato. Está detenido en la Unidad 9 de La Plata por un robo. Es reincidente y oriundo de la localidad bonaerense de Tigre. Hasta los 39 años no sabía leer ni escribir y ahora, luego de participar del programa Pabellones Literarios para la Libertad, cursó el nivel de educación primario, es el bibliotecario y asesora a sus pares sobre qué cuentos o narraciones leer.
“Pasé muchos años de mi vida preso y nunca los aproveché. Ahora estoy chocho. Escribí un cuento infantil y va a ser parte de un libro que vamos a publicar en los próximos meses”, afirmó. Pato es uno de los 58 presos que viven en el pabellón 18 de la Unidad 9, uno de los dos que se sumaron al programa Pabellones Literarios para la Libertad.
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“Acá me alfabeticé. Me enseñaron las letras del abecedario, a construir sílabas y palabras, y aunque me costó una enormidad, ahora puedo leer, escribir, expresarme mejor, y encontrar un sentido a mi vida”, agregó. Es padre de tres muchachos de 16, 18 y 19 años. También contó que lee al menos dos horas por día, “unas 30 páginas”, dice.
Guillermo, de 38 años, nacido en Lomas de Zamora, es otro de los internos que forma parte del espacio cultural. “Yo soy uno de los siete coordinadores”, afirmó. “La educación a mí me cambió la manera de pensar y de ver la realidad”, agregó Guillermo, quien ya transita una carrera universitaria.
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“Todos los viernes a la tarde, durante dos horas, en una videollamada, tenemos un encuentro con los talleristas. Ahí nos tiran consignas y nos hacen devoluciones de nuestras producciones. Está muy bueno. Con sus críticas vamos mejorando”, destacó Guillermo. Los talleristas son de la pastoral carcelaria. Colaboran ad honorem Sebastián Iaconis, Camila Serrangeli, Tomás Gómez Gatti, Cumén Putigna, Nehemías Rodríguez y Bianca Lafalse.
Sebastián dijo respecto a la experiencia: “Hace once meses que, cada viernes, nos leen siete escritos. Cuentos, poesías y reflexiones. Cada uno es muy rico y están llenos de recursos estilísticos que embellecen la literatura y la poesía. Como escritor y literato, afirmo que son obras de arte. Realmente, les encanta escribir y, a mí, me encanta escucharlos y leerlos”.
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Además del taller literario, los 58 presos del Pabellón 18 leen dos horas diarias, de 9 a 10 y de 16 a 17, luego participan de debates sobre filosofía y analizan cómo mejorar la comprensión de los textos. Para participar elaboraron y firmaron un acta acuerdo de convivencia, donde está prohibido pelearse y donde prima la palabra y el diálogo. También el respeto y el silencio en los momentos de lectura y escritura.

La experiencia cultural ya tiene un producto: el libro Mentes libres, escrito por los detenidos. Se trata de un compendio de 14 cuentos, reflexiones o poemas, con un total de 75 páginas. Al respecto, el tallerista Sebastián señaló: “La literatura que brota de Mentes libres es como la lluvia que da vida a un literato sediento de buena literatura, y no exagero. Lo que hay acá es realmente único y especial, y estoy orgulloso de que las personas privadas de la libertad sean las protagonistas de esta historia. Estos espacios artísticos y educativos realmente valen la pena”.
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La experiencia con los Pabellones Literarios para la Libertad viene creciendo. En la actualidad funcionan en 26 cárceles bonaerenses con la participación de 1.924 internos distribuidos en 48 pabellones y con la colaboración activa de un centenar de talleristas. El prólogo de Mentes libres lo escribió el juez Roberto Conti, quien es integrante del Tribunal Oral Criminal N° 7 de Lomas de Zamora.
Conti afirma: “Recuerden que están privados solo de su libertad ambulatoria, sigan con este entusiasmo, sigan divirtiéndose por intermedio del arte, una de las herramientas más importantes para sanar”. El magistrado es uno de los pioneros de la propuesta de lo que tomó forma con un programa que cuenta con el aval de una resolución del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
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Conti explicó que en uno de los pabellones literarios de la cárcel de Lomas de Zamora, en medio de una charla, uno de los internos le dijo: “Usted me condenó a prisión perpetua, doctor”. El juez reconoce que esa frase le llamó la atención, pero el encuentro prosiguió con un buen diálogo con él y con sus compañeros.
“En los pabellones literarios el nivel de conflictividad es casi cero. La palabra reemplaza a la violencia y todo es más ameno, a pesar de que están privados de la libertad”, indicó Conti. Los encargados de coordinar y llevar adelante el programa cultural mencionado es la subsecretaría de política penitenciaria a través de la jefatura del Servicio Penitenciario Bonaerense.
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