
Poco se sabe sobre el desarrollo artístico de Henri Rouart (1833 - 1912). Tan poco que apenas es nombrado en las crónicas de la época a pesar de haber participado en la mayoría de las muestras impresionistas. No fue en sí un pintor desde siempre, no hay en su biografía una formación, el clásico recorrido de escuelas, pero sí una amistad que tuvo una notable influencia para que, como hobby, realizara pinturas: Edgar Degas.
Rouart y Degas fueron compañeros de escuela en París y amigos de toda la vida. Pero mientras el pintor de las bailarinas eligió el arte como carrera, Rouart prefirió el ejército, teniendo una labor destacada durante la Guerra Franco-Prusiana, donde tuvo a su viejo compañero de aulas como voluntario durante el asedio de París.
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Una vez terminado el conflicto bélico, ingresó al campo de la ingeniería industrial y tuvo un notable éxito. Por eso, los libros de historias del arte no suelen incluirlo, más allá de alguna mención, pero sí los del diseño mecánico. Fue un pionero en los nuevos sistemas de refrigeración e inventó, por ejemplo, el sistema de la red subterránea de tuberías de correos neumáticos de París, por el cual se realizaba una entrega rápida de correo en cajas cilíndricas propulsadas por aire comprimido. Sus invenciones lo convirtieron en millonario.
Y Rouart gastaba parte de su fortuna en arte. Fue uno de los mecenas y coleccionistas esenciales durante el impresionismo sobre todo, aunque también reunió una interesante cantidad de piezas de arte europeo temprano. Entre sus “protegidos” estuvieron Delacroix, Courbet, Daumier, Millet, Corot, Manet, Berthe Morisot, Toulouse-Lautrec, Renoir, Puvis de Chavannes y Pissaro. Entre el sin fin de obras que adquirió se encuentra el retrató que Degas le realizó frente a su fábrica, que se encuentra en el Museo Carnegie.
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Pero, Rouart fue un buen pintor. ¿Brillante? No tanto como sus contemporáneos. Por supuesto, no haberse dedicado exlcusivamente al asunto y que su figura sea más relacionada a su rol de mecenas contribuyó a que se lo coloque como un creador de segundo o tercer orden con facilidad. De hecho, participó en siete de las ocho exposiciones impresionistas entre 1874 y 1886, de las que financió tres para que puedan realizarse. ¿Habría impresionismo sin Rouart? Sin dudas, pero su papel en la erupción de esta vanguardia no suele ser justamente reconocido.
La mayor parte de su trabajo plenairista lo llevó a ser conocido como “el pintor de los árboles”, aunque uno de sus retratos es una de sus obras más conocida: Mujer tocando la guitarra. La pieza, de finales de la década de 1880 se encuentra en el Dixon Gallerie & Gardens, Memphis, EEUU, y estaría inspirada en Hélène, hija del artista, y en el escenario de fondo puede apreciarse una porción de su famosa colección de arte. Rouart coloca así a dos de sus grandes pasiones en un mismo plano.
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Su importancia para el impresionismo fue tal que tras su muerte, en 1912, su hija y sus cuatro hijos vendieron su fabulosa colección por una cifra astronómica y eso marcó el inicio de los altos precios de las pinturas impresionistas en el mercado. Su legado también lo tuvo en sus genes: fue padre del pintor Ernest Rouart (que se casó con la artista Julie Manet, hija de Morisot y Manet), abuelo del también artista Augustin Rouart y bisabuelo del escritor y académico Jean-Marie Rouart.
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