Remedios Zafra: “La pandemia es usada como una forma de normalizar la precariedad que caracteriza al sector creativo”

Entrevista con la prestigiosa escritora y ensayista española, experta en cultura contemporánea y ciberfeminismo, sobre sus libros “El entusiasmo” y “Frágiles”

Remedios Zafra
Remedios Zafra

La cultura contemporánea y digital, el ciberfeminismo y la antropología se mixturan en estos tiempos cambiantes, donde las identidades están en constante fricción, entre los relatos del pasado y los que buscan generar los del futuro. Allí se encuentra la española Remedios Zafra, escritora, profesora y ensayista, que entre sus títulos tiene una licenciatura Antropología Social y Cultural por la UNED, un doctorado y licenciatura en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, estudios de doctorado en Filosofía Moral y Política por la UNED y un Master Internacional en Creatividad por la Universidad de Santiago de Compostela.

Auora de ensayos como Las Cartas Rotas. Espacios de igualdad y feminización en Internet; Habitar en (punto)net; Netianas. N(h)acer mujer en Internet; Un cuarto propio conectado. (Ciber)espacio y (auto)gestión del yo; (h)adas. Mujeres que crean, programan, prosumen, y El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital, por el que obtuvo el Premio Anagrama de 2017, también ha publicado libros de narrativa y poesía como Espacios Magenta; Lo mejor (no) es que te vayas; Historia de una mujer sin nombre, #Despacio y Los que miran.

Lo que sigue es la transcripción de la entrevista que se pudo escuchar esta semana en el programa No se puede vivir del amor, de Radio Ciudad.

-Tu obra circula en Argentina pero tenemos la sensación de que debería circular mucho más por lo que esta entrevista será también una carta de presentación amplificada de aquello en lo que venís trabajando sobre todo de tus últimos dos libros. Quisiera en principio detenerme en El entusiasmo Premio Anagrama de ensayo 2017 que tiene una suerte de hipótesis central, me atrevería a decir casi un mantra muy estimulante: “Eres tan entusiasta que es casi imposible no abusar de ti”. Esto lo has repetido en otras intervenciones y considero que es importante detenerme allí en principio para pensar el entusiasmo como mercancía, commodity. Han pasado 5 años de la publicación de El entusiasmo. ¿Sigue siendo así? ¿La pandemia ha potenciado ese usufructo desmedido del entusiasmo especialmente vinculado a trabajos creativos?

- Aunque yo he trabajado en los últimos 20 años en el análisis crítico de la cultura contemporánea, en la cultura red del feminismo y en la diversidad, en estos últimos libros me he centrado en el trabajo creativo y con una mirada feminista que procuro tener siempre presente en la escritura, pero cuando se habla del estusiasmo como algo positivo que caracteriza a quienes nos dedicamos a la práctica cultural, creativa y activista porque hacemos un trabajo que proviene de una vocación y de una motivación, es lo que define en gran medida al libro. Esto que mencionas que yo he dicho varias veces sobre que “eres tan entusiasta que es imposible no abusar de ti” y que me lo han dicho varias veces a lo largo de mi vida me ha llevado a teorizar sobre esa ambivalencia o polisemia del entusiasmo que nosotros lo entendemos desde esa perspectiva constructiva, como un motor, una fuerza pero que el sistema lo entiende como algo instrumentalizado para aumentar la hiper productividad y competividad del contexto contemporáneo. Como un motor que parte de la idea de que como nos gusta lo que hacemos estaremos dispuestos a hacerlo gratis y a estar pagados por ese capital simbólico que tanto se ha vinculado al trabajo creativo. En relación a la pandemia, pienso que no solamente sigue dándose esa instrumentalización sino que es usada como una forma de normalizar la precariedad que caracteriza al sector creativo. Una precariedad distinta a otros tipos de precariedad vinculadas a la pobreza y a lo que consideramos vivible, pero una precariedad que considera al dinero en el contexto creativo como algo de lo que resulta incómodo hablar. Volviendo a la pandemia gran parte de los trabajadores creativos que se han visto muy afectados y mucho más precarizados, más limitados a las pantallas cuando no siempre su trabajo se podía hacer por la pantalla, se han visto obligados a compartir su trabajo creativo bajo esa otra forma de capital simbólico que a veces ha sido la instrumentalización de la solidaridad como una manera propia de estos últimos meses. Yo creo que en tanto crisis vivida ha tenido una lectura muy crítica y dura para los trabajos creativos aunque como quiero quedarme también con una mirada positiva creo que también ha sido una oportunidad para pensar cosas que antes no nos planteabamos.

"El entusiasmo" (Anagrama), de Remedios Zafra
"El entusiasmo" (Anagrama), de Remedios Zafra

- Hay desde ya una intersección del entusiasmo como commodity que es la del género. ¿Dirías que ese entusiasmo es mucho más explotado cuando se trata de mujeres o de identidades trans o no cis que cuando se trata de hombres?

- Creo que apuntas a algo muy importante porque el entusiasmo ha estado vinculado a las profesiones creativas y las profesiones creativas hasta hace muy poco eran profesiones muy masculinizadas, pero en ese sentido ha habido un punto de inflexión en las últimas décadas en los diferentes países en el que acontece por fin que los pobres, las mujeres y aquellos que salen de esa heteronormatividad pueden crear y pueden convertirse en sujetos creadores y convertir esa diferencia, diversidad y alteridad en motivo de esa creación. Y esto ha caracterizado en la práctica creativa reciente haciéndola más activista y es de hecho la que más me interesa: la feminista, la queer la que reflexiona sobre cómo esa diferencia puede ser usada como empuje para la desigualdad. Y esas dos palabras me han irritado siempre mucho. La confusión entre diferencia y desigualdad. Diferencia alude a la diversidad que promovemos y que tenemos que defender y la desigualdad habla de las distintas oportunidades que se derivan de la diversidad. Es decir tener un cuerpo distinto, venir de una cultura diferente, nacer con determinadas diferencias visible a los otros o nacer de un lado u otro de la frontera. Esa diferencia utilizada como forma de desigualdad siempre me ha movilizado y en relación al entusiasmo que viene de estas nuevas subjetividades que están creando deriva en precariedad y es algo que necesitamos vincular. Habitualmente la precariedad ha estado feminizada pero también ha estado relacionada con todas aquellas identidades no heteronormativas y con todas aquellas identidades empujadas al espectáculo o a lo estetizado. Yo creo que las identidades sexuales han sido objeto de trabajo creativo, pero, si bien aparecían en la obra, eran siempre objetualizadas. Igual que en el caso de las mujeres. Han sido estetizadas y en muchos casos espectacularizadas pero no han sido objetos de creación. Y esos sujetos de creación tienen una historia reciente y una historia cargada de entusiasmo que hay que cuidar porque ese entusiasmo llega a legitimar que esos trabajores creativos no cobren. Resignandonos a ese capital simbólico supone aceptar que sólo podrían crear los hombre y los ricos.

- ¿Cómo cuidar ese entusiasmo hoy? Cuando el sistema escrito con “s” y escrito con “c” tiene herramientas suficientes para que esa fetichización y arrinconamiento casi circense que en los trabajos creativos terminan teniendo otras identidades es irresistible y casi automatica esa operación de confinamiento. ¿Cómo hacer para que el entusiasmo no caiga en las trampas propias de este regimen económico?

-Yo creo que defender el estusiasmo sincero frente al impostado que hoy caracteriza nuestras vidas, trabajos y el contexto neoliberal en el que el entusiasmo es instrumentalizado y proteger la libertad creativa es crucial. Estamos hablando de uno de los pocos momentos en los que hemos podido elegir el ser y el hacer. No elegimos dónde nacemos, con qué cuerpo, en qué cultura pero la práctica que realizamos es algo que procuramos elegir. Y también elegimos y nos posicionamos en todo aquello que tenga que ver con las subjetividades que vienen de las identidades. A mi me interesa mucho esa diferenciación. Identidades como lo que la sociedad hace con nosotros y que les permite definirnos colectivamente y subjetividad como lo que nosotros hacemos con lo que la sociedad hace con nosotros. Ese posicionamiento de libertad al que me refiero tiene que ver con la construcción subjetiva con la necesitada de construirnos subjetiva y libremente. Y bajo esa construcción subjetiva necesitamos contextos donde esas subjetividades puedan crear colectividad en relación a nuevas alianzas, a esos lazos de solidaridad y de denuncia política que permitan mejorar mundos. En El entusiasmo abordo la necesidad de algo que se repite cuando hablamos de la toma de conciencia identitaria y subjetiva, de la importancia de autoconciencia y autoreflexión y por lo tanto de frenar la inercia hiper productiva y veloz de la contemporaneidad para que en ese ejercicio de la conciencia podamos construir subjetividademte con profundidad e imaginación como elemento fundamental para no repetirnos. En ese desvío de lo siempre igual es donde nace la oportunidad de cambiar, como decía Theodor Adorno: donde nace la esperanza. Pero para ese desvío necesitamos imaginación que es un elemento esencial. Y por último la alianza entre esas subjetividades es la vía que tenemos para convertir lo íntimo que es opresivo en la toma de conciencia para convertirlo en algo político porque cuando a ti te perturba lo que sientes y a mí también y al de más allá también, al hacerlo público y compartirlo nace ese lazo de colectividad que es lo que impulsa la acción política el posicionamiento no como un yo sino como un nosotros, un plural.

Remedios Zafra
Remedios Zafra

- Hay un momento en el que vos vehiculas una categoría divina alrededor de este trabajo alrededor de las subjetividades: una versión mejorada de los viejos plurales, dijiste. Esos viejos plurales que el neoliberalismo se ocupó de agrupar y de categorizar tienen una tendencia automática a trabajar de sí mismos y luego cada subjetividad también, es decir empezamos en un momento determinado a repetirnos y a trabajar de nosotros mismos porque eso es lo que este orden ha dispuesto y así podemos desplegar nuestro entusiasmo. Esto se ve mucho en ciertos feminismos y a borbotones en activismos sexogenéricos. Una suerte como de compulsión a la iteración más que a la repetición casi como a la hoja de calcar. ¿En este momento se trata justamente de ampliar la imaginación?

- Apuntas a algo esencial. Una de las ideas que a mi me parece más potente cuando hablamos de colectividad es cómo en la época contemporánea estamos creando nuevas subjetividades y cómo pasamos a esos nuevos plurales. El no reiterar esos viejos plurales, transformar y evitar la inercia a repetirnos a la que nos lleva la rutina cotidiana requiere necesariamente de imaginación. Hay una tendencia a buscar identidades que fácilmente pueden llevarnos a los viejos dogmatismos y nos hacen pasar de largo por la necesidad de experiementar y por tanto de tantear con la imaginación esos plurales e identidades que tal vez tendrían más de afinidades, y no tanto de un ser o no ser, sino de ser más o menos algo sin dejar de ser más o menos otras cosas. De ese ser ingrediente que de formas imaginativas ha explorado Donna Haraway. A mi esa idea de la afinidad me parece interesante pero ha sido frivolizada y desechada como formas de identidad propias de las redes o de colectividades de lazos muy ligeros. Estar abiertos a la imaginación implica poder valernos de estrategias como son las nuevas figuraciones, las parodias que nos permiten experimentar sin caer en victimismos. La repetición de lo que nos daña para rendir un duelo simbólico y pasar a otras fórmulas. Ese juego que hoy en día toleramos muy poco en la vida cotidiana porque vamos muy acelerados y excluimos la imaginación y el juego como si fuera propio sólo de los niños. Creo que esa imaginación sí podemos permitírnosla en la escritura, en el trabajo creativo o en contextos activistas cuando nos reunimos de manera libre a pensarnos sin necesidad de reiterarnos y ahí el poder experimentar nos lo tenemos que permitir. La distancia propia del trabajo creativo que nos permite tantear e imaginarnos es un ejercicio valioso para la conciencia y para ese posicionamiento.

- En Frágiles, tu nuevo libro, propones algo que antes, durante y después de la pandemia resultará capital y es la recuperación del tiempo popio. La recuperación de cierta anticeleridad sin felicismo: sin las soluciones más automáticas de este momento que tienen que ver con la sonrisa, con un positivismo muy ligero y en general bastante infértil. ¿Por qué trabajaste con cartas? ¿Cuál fue tu propósito recuperando un género que por lo menos parece muerto?

- Necesitaba un modo de decir que fuera coherente con lo que quería proponer y esa coherencia la encontré en un medio que permite la profundidad, la intimidad y dar tiempo. Frágiles nace de una multitud de individualidades que llegaron a mi correo electrónico en los últimos 3 años cuando hablaba del entusiasmo en distintos contextos. De pronto empecé a recibir testimonios, cartas manuscritas como las antiguas que se identificaban con la protagonista “Sibila” de El Entusiasmo. Me compartían sus vivencias de precariedad y entusiasmo en el contexto creativo, cultural y académico amplificando lo que yo contaba en el libro. Ese gesto de compartir su intimidad necesitando el silencio propio del mensaje no ya de otros formatos de internet donde todos hablamos al mismo tiempo y ya nadie escucha. En esos correos electrónicos amplificados al modo de cartas hay oportunidad para practicar la autonarración y algo muy antiguo que es el ensimismamiento y la toma de conciencia a partir de la posición de un interlocutor que sabes que te está escuchando. Era esencial poner esas voces que llegaban a mi correo porque llegaban esperando algo. Yo soy una humilde escritora, no tengo una representatividad política. Mi instrumento es la escritura y entendí que ese instrumento podía ser útil para ponerlos en conversación a través de esa recreación que hago en Frágiles de una interlocución mediada por cartas donde frente a esa celeridad que caracteriza a la época, el mensaje rápido, el tweet yo reinvindicaba el detenimiento, la pausa, esto que tú comentabas en tu pregunta: la imperante necesidad de un tiempo propio para escucharnos y escuchar al otro. En esa red de dos que se va tejiendo se crea colectividad política mucho más que cuando uno habla a muchos sentenciando. Porque la base de Frágiles es poner sobre la mesa el compartir la fragilidad justo en un momento en el que hemos sido muy concientes de la gran fragilidad de los cuerpos que en todo el planeta han quedado paralizados y escondidos en nuestras casas. Esa toma de conciencia de la fragilidad material y psíquica del sujeto es una oportunidad para reinvindicar la solidaridad, la necesidad de no reiterar esa consigna neoliberal de que tu solo puedes conseguirlo todo. No, tu no puedes solo. Necesitamos de la cohesión social, de la solidaridad, de la comunidad, de los servicios sociales, de la salud y educación pública, de la investigación para crear vacunas que puedan llegar a todo el planeta. Ese principio se me hacía muy importante y de ahí el hacerlo valer a través de la idea de fragilidad y del uso de las cartas.

"Frágiles" (Anagrama), de Remedios Zafra
"Frágiles" (Anagrama), de Remedios Zafra

-Dijiste escondidos en nuestras casa, no quiero dejarlo pasar. ¿Por qué escondidos?

- Tiene que ver con algo que abordo en el libro. Durante los últimos 15 años he trabajado mucho la idea de una habitación propia, conectada y me interesa mucho la forma en la que nos relacionamos con los otros a través de las pantallas y que construimos vida y comunidad a través de las pantallas y esa idea del estar en un espacio propio. En un principio estar en un cuarto propio conectado era algo emancipador y todavía hoy tiene esa potencia emancipadora. Pero creo que en la pandemia también hubo un experiemento hiperproductivo en el que de una forma muy acelerada hemos experiementado con fórmulas de teletrabajo eso de la habitación y el hogar conectado. La habitación conectada tiene esa multitud de aristas, de lugar que protege y de lugar que nos permite escondernos de lo que satura. La pandemia ha sido consecutiva a un momento de grandísima saturación laboral y de una movilidad que va en contra de lo que está aconteciendo en el planeta, de estar constanstemente trasladándonos y de resultarnos difícil el decir no a esa inercia y a esa rutina. La espontaneidad del escondido tiene también que ver con ese parapeto, con ese protegernos de un contexto que nos hace daño y en el que no hemos sabido cómo abordar esa ansiedad normalizada de la que se habla en Fragiles que junto a la precariedad y la contingencia son formas de caracterizar la época actual.

-La hipermovilización y la ansiedad forman una suerte de tándem, ¿no? En lo inmediato, ¿vislumbras que tanto desplazamiento se suavizará?

- Sí, es la doble cara que tiene esta pandemia. A la multitud de lecturas negativas que podemos extraer de lo que está aconteciendo tenemos que sumar lecturas de oportunidad de cambio. Este zarandeo planetario donde también nos vemos interpelados a actuar y esa aceleración de vidas que era una acelaración del planeta estaba siendo contestado con consignas sin prácticas ni acción. Había multitud de buenas intenciones de cómo intervenir en un planeta contaminado y frente a esas palabras vacías que han caracterizado la época pre pandemia pareciera que el planeta de alguna manera obliga a frenar y a pensar las oportunidades derivadas de esa tragedia. Y una de las oportunidades que tenemos- ya no de volver a la normalidad de antes- sino la posibilidad de acceder a un mundo mejorado en lo social y en el compromiso con los otros y con el lugar que habitamos y por tanto a una necesidad de intervenir en esa movilidad excesiva que habíamos normalizado y ya hemos visto que no es necesaria hasta ese punto.

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