Salvajismo, popularidad y deconstrucción: viaje al ingenioso mundo de los cantitos de cancha

En “¡Canten, putos!” (Gourmet musical), el escritor argentino radicado en Uruguay Manuel Soriano indaga sobre las canciones de los estadios. “Muchos hinchas dicen cosas en ese contexto de la tribuna que nunca las dirían cuando vuelve a su casa, aunque ahora se tomó un poco más de conciencia”, cuenta

Manuel Soriano (Foto: Télam)
Manuel Soriano (Foto: Télam)

La estrecha relación entre literatura y fútbol que hay en Argentina y en Uruguay queda representada en el original libro ¡Canten, putos! del escritor argentino Manuel Soriano, fanático de Boca, quien a través de un conjunto de crónicas busca dar la pista desde el origen de las canciones cargadas de homofobia, masculinidad y xenofobia que cantan las hinchadas en todos los estadios.

Soriano es un apellido relacionado a la escritura y al fútbol, Osvaldo es recordado tanto por sus populares novelas como por sus crónicas futboleras y por su amor por el equipo del Papa Francisco, San Lorenzo de Almagro. Manuel, en esta tarea, no defrauda con la portación de apellido. Lleva a la literatura y al fútbol a través de sus canciones a un lugar de lectura placentera, con este libro editado por Gourmet musical.

Manuel Soriano nació en Buenos Aires en 1977 y vive en Montevideo, Uruguay, desde 2005. Es editor de la editorial Topito Ediciones y autor de La caricia como tortura y Variaciones de Koch y del libro de cuentos Nueve formas de caer. Ganó el Premio Clarín en el año 2015 con su libro Qué se sabe de Patricia Lukastic.

Con un repertorio de base musical que va de Sergio Denis, Gilda y Roberto Carlos hasta Los Abuelos de la Nada, los cantitos que buscan alentar a los equipos tienen una vitalidad propia, que puede leerse en sintonía con la historia: si con el neoliberalismo la violencia, el racismo, la misoginia y la xenofobia eran moneda corriente, en este presente de reclamos y luchas de género, la cuota de discriminación y machismo exige ser matizada, tanto que un árbitro puede parar el partido si escucha en las tribunas cantos discriminatorios.

—Más que en los datos precisos de los cantitos en las hinchadas, ¿te interesó poner foco en el relato de la búsqueda de esa información?

—El método de la búsqueda tuvo un momento durante el proceso de escritura de las crónicas, fue a partir de la segunda (están puestas en el libro casi en orden cronológico) en el que me di cuenta de que más allá de la historia de los cantitos lo que quería escribir era la historia de la búsqueda. Esas dos primeras crónicas me salieron de manera intuitiva y después tomé conciencia de ese recurso, lo reconocí y lo exploté a sabiendas. Pienso que es un acierto: a la mayoría de los lectores que les ha gustado este libro, no lo es tanto por la conexión de los cantitos de las hinchadas con las canciones originales sino en la forma en la que está hecho y se reconstruye la historia de la búsqueda que te permite recorrer muchos lugares. Muchos hinchas dicen cosas en ese contexto de la tribuna que nunca las dirían cuando vuelve a su casa, aunque ahora se tomó un poco más de conciencia.

"¡Canten, putos! Historia incompleta de los cantitos de cancha" (Gourmet musical) de Manuel Soriano
"¡Canten, putos! Historia incompleta de los cantitos de cancha" (Gourmet musical) de Manuel Soriano

—¿Cómo funciona la idea de plagio en el mundo futbolero a diferencia del musical?

—Es interesante la comparación con respecto al plagio. La diferencia en un principio se da porque en el ámbito musical está regulada la autoría, sin embargo, en las hinchadas no; por lo tanto en la música hay parámetros de plagio que me encargué de indagar, averiguar y estudiar un poco para escribir estas crónicas. Para que haya plagio en la música hay una cantidad de detalles que tienen que repetirse para que sea penado en un juicio. En las canchas todo se maneja más bien a nivel de mostrar qué hinchada puede ser las más “vigilante”, la menos original o la más “polenta” creando cantitos. En ese sentido, por ejemplo, se popularizó que es la de San Lorenzo la más creativa y aunque si esto no es cierto (o sí) lo que importa es que en este terreno es que existe el mito de que es la hinchada más ingeniosa y si existe el mito, la hinchada de San Lorenzo pasar a ser de hecho la más ingeniosa.

—¿Cómo ves al individuo “civilizado” que pierde su condición en la masa salvaje de los tablones?

—Sin dudas que los cantitos de cancha están hechos para ser cantados en masa. No se puede físicamente ser cantado de forma individual. Me ha sucedido en algunas entrevistas que he tratado de cantar solo para que alguien reconozca el cantito y me sentí realmente muy boludo, como desnudo, desprotegido, porque cuando hacés el cantito ponés como una voz medio rara de cancha, con la boca de costado. Se necesita el amparo de la masa. Muchos hinchas dicen cosas en ese contexto de la tribuna que nunca las dirían cuando vuelve a su casa, aunque ahora se tomó un poco más de conciencia. Muchas personas con las que he hablado, por ejemplo, dicen que desde que van a ver fútbol con sus hijos hay frases que no repiten, canciones que no cantan, gestos que no hacen o actitudes que reconocen como “giladas”.

—¿Por qué, aun en pandemia y sin hinchadas, hay una necesidad de poner por los altoparlantes las canciones de las hinchadas?

—El tema de la música por los parlantes en las canchas durante el confinamiento es para un estudio psicológico. No sé por qué esa necesidad. Pienso que pudieron percibir durante la transmisión esa especie de ausencia, ese silencio creado como un vacío que no llegaba a colmar al espectador. No lograba satisfacer la búsqueda del futbolero. Es la sensación de estar mirando un partido de entrenamiento. En ese silencio lo único interesante que se logra es que se pueden escuchar las indicaciones de los técnicos, poniendo en palabras las estrategias y se escuchan los gritos de los jugadores a nivel de cancha que para un hincha o para alguien que juega al fútbol es bastante atrayente. Algo realmente interesante que se dio con los cantitos en las transmisiones es que tuvieron que darse cuenta que las canciones no son iguales para cualquier momento del partido. Hay cantitos que son de aliento, para mandar al equipo a atacar, otros son para bancar los colores, esos que se cantan en momentos difíciles del equipo. Hay variedad de “ánimos” para distintos momentos del partido. Tuvieron que crear, durante la transmisión, una especie de profesión: un disc jockey de las canchas, el cual tiene que saber poner el cantito correcto para el momento del partido.

Manuel Soriano (Foto: Télam)
Manuel Soriano (Foto: Télam)

—¿Podés explicar algo más sobre esa teoría que relaciona al gambeteador con el alcohólico?

—No podría fundamentarla razonablemente. Pero sí es verdad que si leés una lista de los quince gambeteadores históricos del mundo, Diego Maradona, René Houseman, el Burrito Ortega, Garrincha de Brasil, George Best de Irlanda del Norte, hay un alto porcentaje de alcoholismo en ellos, es un rasgo de la personalidad. Pienso que puede ser, si me pongo un poco lírico, que hay un costado más rebelde y salvaje del gambeteador que en un zaguero.

—¿Por qué hay en Uruguay y en Argentina una relación tan estrecha entre literatura y fútbol?

—Antes que nada quiero aclarar que no soy un gran lector de literatura futbolera. Leí algunos ensayos muy buenos de Eduardo Galeano del libro El fútbol a sol y sombra y leí, obviamente, algunos cuentos de Fontanarrosa. Aclarado esto, sospecho que la conexión que se da entre el fútbol y la literatura en Argentina y Uruguay tiene que ver con la popularidad de este deporte en ambos países. Muchos escritores narran lo que tienen cerca o lo que los afecta y en el Río de la Plata hay mucha gente que le afecta el fútbol.

—¿Hay un amor asimétrico entre los uruguayos y los argentinos?

—En ese sentido la relación Uruguay-Argentina es asimétrica al menos cómo se verbaliza ese cariño entre ambos países. En el fútbol te permite cierto margen porque es un deporte y es una rivalidad, pero no es nada serio. Uruguay es como un hermano menor que no quiere que gane Argentina y Argentina lo ve de forma condescendiente. Yo les digo a los uruguayos que eso les debería molestar más y a muchos les pasa eso: les molesta nuestro cariño.

—¿Si el autor de este libro hubiera sido un hincha de River el recorte de los cantitos hubiese sido otro?

—De haber sido de cualquier otro equipo el recorte hubiera sido distinto, porque hay una gran parte del libro que está basada en recuerdos míos, en cosas que viví en la cancha y esas me remitían casi siempre a la hinchada de Boca. Por eso hay un recorte ahí medio obligado, a pesar de que traté de que no fuera un libro partidario, sino que pudiera ser leído por alguien de cualquier hinchada y pienso que ese sentido se logra en el libro.

Fuente: Télam


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