
Antonio Carnicero vivió a la sombra de Francisco Goya. Y está bien, no alcanzó el lugar de genio del aragonés, pero su capacidad técnica igual le permitió desarrollar una carrera destacada, en la que llegó a ser pintor de cámara del rey, por lo que realizó retratos de la familia real, ministros de la corte y también cartones para tapices.
Miembro de una familia de artistas, su padre, Alejandro Carnicero, fue un escultor que trabajó en el palacio, y su hermano, Isidro, un escultor y pensionado en Roma, donde Antonio vivió por seis años, intruyéndose y ganando varios premios. Debido a su formación académica, primero en Salamanca y más tarde en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, su pintura se mantuvo siempre dentro de los parámetros del canon, por lo que a su regreso, trabajó como ilustrador de diferentes empresas editoriales hasta que ingresó definitivamente a la casa real,
La obra Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez refleja un hecho histórico: la ascensión de un globo Montgolfier por el francés Bouclé el 5 de junio de 1784 en los jardines de Aranjuez, en presencia de la familia Real, de la corte y del pueblo, vestido con los trajes característicos de majos y majas
La obra, que hoy se encuentra en el Museo del Prado, fue un encargo de los duques de Osuna y como documento de época testimonia el interés que despertaban los avances científicos durante la Ilustración. El suceso constituyó la primera hazaña aerostática realizada en España, aunque su final no fue el mejor: el francés terminó herido al no poder controlar la velocidad del descenso.

Para algunos historiadores, esta obra retrata en realidad un ensayo previo -el 23 de noviembre de 1783- en el que el marqués d`Aile y Pilastre de Rozier intentaron realizar una ascensión ante la familia real de Carlos III y la corte en el Real Sitio del Escorial.
“Desde el punto de vista artístico la pintura narra un hecho real, y en ese sentido contrasta con las fantasías catastrofistas de artistas coetáneos, como los numerosos naufragios y tempestades inventadas por pintores del siglo XVIII en Europa, especialmente Claude-Joseph Vernet, algunos de ellos en busca de representaciones grandilocuentes de acuerdo con la teoría estética de lo sublime. Aquí, por el contrario, se pone el acento en una experiencia vivida”, explica el texto del museo madrileño.
Y agrega: “El pintor pretende la captación del instante sin preocuparle el mayor efectismo estético. Procura ser lo más veraz posible en su deseo de levantar acta de un acontecimiento insólito y sacrifica todos los recursos a ese objetivo. De esa voluntad se deriva una pintura de composición esquemática, en la que predomina una rigurosa horizontalidad, únicamente animada por la tipología de los personajes, por lo general ataviados con indumentaria de fiesta, mezclándose los representantes del estamento privilegiado con gentes de variada clase y condición”.

Esta no es la única versión realizada sobre el vuelo de un globo por Carnicero. Una pieza más pequeña y aún más estática, del periodo de Carlos IV, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Por su parte, Goya también realizó su versión del trascendental evento.
En sus años finales, Carnicero fue maestro de dibujo de los infantes de la familia real, especialmente del entonces príncipe Fernando VII. La relación cercana con éste generó sospechas en el marco de la conspiración de El Escorial que en 1806 dirigió Fernando con el fin de destronar a su padre. Fue arrestado y permaneció más de diez días.
Tras la toma de poder por parte de Napoléon en 1809, al igual que Goya. fue obligado para trabajar para José I Bonaparte. Luego, con la caída de Pepe Botella se lo sometió a proceso porque había servido al rey extranjero. A Goya, lo perdonaron inmediatamente. Suplicó por el perdón, por regresar a sus tareas, pero no tuvo tiempo: murió el 21 de agosto de 1814 -hace exactamente 206 años- pocos días antes de la amnistía de Fernando VII.
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