Hay un consenso generalizado entre los periodistas más apasionados por el oficio que dice que Leila Guerriero es una referente. Sin dudas lo es. En sus libros se ha encargado de narrar desde la crónica zonas generalmente oscurecidas y poco concurridas. Basta nombrar Los suicidas del fin del mundo. Crónica de un pueblo patagónico (2006), Plano americano (2013) y Opus Gelber. Retrato de un pianista (2019).
El martes por la tarde estuvo vía streaming en el ciclo organizado por Fes Comunicación, Fundación Gabo y Altair Magazine. Se tituló “El mejor periodismo está por venir” y Pere Ortín fue el entrevistador. A continuación, quince de sus frases más contundentes de esa conversación.
“Hubo una reacción de susto por parte de muchos colegas, y en cierta forma, más allá de que es una situación en que hay que tener mucho cuidado, se volvieron una especie de promotores del susto”.
“Ha habido un discurso periodístico muy encolumnado con esta idea de los poderosos, digamos, de “no protestes que yo te cuido”. Entonces cualquier voz que se atreva a señalar es vista como una voz un poco peligrosa.”
“Pareciera que el discurso público se ha quedado sin matices.”
“Es un momento complicado para las disidencias, pero también muy interesante. Escribir y pensar desde la incomodidad, del no saber dónde ponerse, es una posición de lectura de la realidad que a mí me resulta sumamente interesante.”
“Me interesa el campo semántico que se empieza a construir en torno a la pandemia. Dicho fácilmente, las palabras con la cuales el poder se refiere a estas situaciones, que son palabras propuestas por los sanitaristas e infectólogos. Obviamente que saben muchísimo de estas cosas, pero es un discurso muy deshumanizado. No tiene por qué ser de otro modo: dedican su vida a estudiar cosas que no están vivas ni muertas, que no son buenas ni malas, que son máquinas de replicarse. Esto pasa al discurso público y los periodistas se han apropiado de él.”
“Me llama la atención el campo semántico que se empezó a desarrollar en torno al contagiado. El estigma. El contagiado es un irresponsable, es un sospechoso. Hay que aislarlo, confinarlo. El campo semántico que se desarrolla en torno al contagiado es tremebundo.”
“Me da desolación ver en los programas de televisión a periodistas que hablan a la gente y le dicen: ‘Todos estas cosas pasan porque la gente es irresponsable. ¡Hay que quedarse en casa! ¡A ver si lo entienden!' Son periodistas que trabajan de panelistas en televisión, en radio, tienen una columna en el diario... tienen cuatro sueldos fijos por lo menos. Y le están hablando a gente que no puede salir de su casa hace tres meses. No es sólo gente en estado de pobreza extrema, también a un señor que tiene una peluquería. Siento que hay más que nunca una desconexión del oficio con la realidad de la gente, con el día a día de la gente”.
“Siempre creo que el cronista es el que llega después. Por eso la crónica es lo opuesto a la noticia: necesitamos tiempo”.
“El verdadero relato de este tiempo es el relato del miedo. Y aún para los que no estamos muertos de miedo está el susto”.
“En momentos como estos, si el periodismo no puede dar alguna herramienta para pensar, alguna cámara al sesgo y en diagonal, se replica la actitud funcional a los poderosos, que es la actitud del rebaño”.
“El discurso que el poder quiere que nos compremos es que todo el periodismo es sospechoso, todo el periodismo es servil, y no es así”.
“Hay que volver a encarnar los datos. Los periodistas tenemos que dar los datos pero contar también lo que significan, el detrás de escena, encarnar esas historias.”
“Tengo la impresión de que todo esto va a quedar como trauma, más que como experiencia. Va a haber que hacer mucho esfuerzo para encontrarle una narrativa, porque es un momento de debacle pero también de enorme inmovilidad.”
“No creo que la única forma de decir cosas interesantes sea disentir.”
“En tanto no nos metamos en el rebaño, el periodismo tiene mucho para aportar.”
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