
En Atlas, un libro que Jorge Luis Borges escribió junto a María Kodama, se lee: “De todas las ciudades del planeta, de las diversas e íntimas patrias que un hombre va buscando y mereciendo en el decurso de los viajes, Ginebra me parece la más propicia a la felicidad (…) Sé que volveré siempre a Ginebra, quizá después de la muerte del cuerpo”. En 1986, se enteró que padecía cáncer. Tenía 86 años y estaba cansado de tanta exposición. Entonces partió hacia la capital de Suiza. En abril se contrajo matrimonio con Kodama, su pareja desde hacía muchos años, y a los dos meses murió. Hoy se cumplen 34 años de su deceso, pero su figura sigo muy presente, quizás más que ningún otro escritor. Para recordarlo, un breve repaso por su obra, por sus libros imprescindibles.
Fervor de Buenos Aires
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Primero lo primero. Su debut literario fue un poemario titulado Fervor de Buenos Aires. Se publicó en 1923 por la Imprenta Serrantes con una edición pequeña, mínima, de 300 ejemplares. En la tapa, un dibujo de su hermana, Norah Borges, representa la capital argentina como esa mezcla de metrópoli y pueblo que era, pero también una mirada melancólica, algo extraño en un muchacho de veintipico de años. La edición original contaba con 64 páginas y un prólogo titulado “A quien leyere” escrito por el propio Borges, algo inusual para un primer libro.
Hay filosofía, hay amor, así como también una radiografía poética de la Buenos Aires de los años veinte. Este libro, que se puede leer como la piedra angular de su obra, incluye poemas dedicados al Cementerio de la Recoleta, a los arrabales y a los cuchilleros. En sus propias palabras: “Pienso que nunca me he alejado mucho de ese libro; siento que todos mis otros trabajos sólo han sido desarrollo de los temas que en él toqué por primera vez; siento que toda mi vida ha transcurrido volviendo a escribir ese único libro”.
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Ficciones

Para muchos, este libro publicado en 1944, es su mejor libro. Tiene dos partes: “El jardín de senderos que se bifurcan” y “Artificios”, así como también dos prólogos. Esto se debe a que en 1941 los cuentos de “El jardín...” fueron publicados con ese nombre como libro. Tres años después, decidió agregarle seis relatos más y unirlos en uno solo.
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Están aquí “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, “Pierre Menard, autor del Quijote”, “Las ruinas circulares”, “El jardín de senderos que se bifurcan”, “Tema del traidor y del héroe” y “Tres versiones de Judas”, entre otros. Con Ficciones Borges se colocó en un primer plano de la literatura argentina y, con el tiempo, de la literatura internacional.
El tamaño de mi esperanza
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Un libro de ensayos. Se publicó en 1926. En sus páginas están los ingredientes típicos de su obra: lo criollo, las referencias de la pampa, la inquietud por la literatura y la preocupación por el lenguaje. Allí escribe, por ejemplo: “Nuestra realidá vital es grandiosa y nuestra realidá pensada es mendiga. Aquí no se ha engendrado ninguna idea que se parezca a mi Buenos Aires, a este mi Buenos Aires innumerable que es cariño de árboles en Belgrano y dulzura larga en Almagro y desganada sorna orillera en Palermo y mucho cielo en Villa Ortúzar”.
El Aleph
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Si alguien quiere regalar un libro de Borges, quizás el mejor sea El Aleph. Cuentos publicados en 1949 y reeditados en 1974. De estilo sobrio y perfeccionista, todo ocurre en un ambiente realista que muta genialmente a lo fantástico. Lo que se revela aquí son las grietas en la lógica de la realidad. Con este libro se consagra como una de las voces más descollantes de Argentina, de América Latina y del mundo.
El oro de los tigres
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Todos suelen aclamar al Borges cuentista, pero sin dudas fue también un poeta genial. En este libro reúne una serie de poemas y textos breves en prosa escritos entre 1969 y 1972. Ya cuenta con las lecturas necesarias y la precisión de la experiencia para crear un libro realmente exquisito. “Con los años fueron dejándome / los otros hermosos colores / y ahora solo me quedan / la vaga luz, la inextricable sombra/ y el oro del principio”, escribe en el poema que da título al libro.
La ilusión del tiempo, la filosofía clásica, la épica como destino inevitable, el pasado familiar, lo tremendo del azar y los sueños que se confunden con la vigilia, son algunos de los temas que se desarrollan en este libro y que forman parte del itinerario borgeano. “De un hombre que ha cumplido los setenta años que nos aconseja David poco podemos esperar, salvo el manejo consabido de unas destrezas, una que otra variación y hartas repeticiones", dice con su ironía demoledora.
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