
Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar es el título que Salvado Dalí eligió para este cuadro surrealista. Excéntrico, sí, pero lógico: él lo es, también el resto de su obra.
En 1944, Dalí estaba en un pico de popularidad y mucho trabajo. Había logrado trascender el ámbito de la pintura y se dedicaba a hacer decorados para películas de Hollywood y a diseñar portadas para la revista Vogue, y le quedaba poco tiempo para pintar. Se había mudado a Estados Unidos. Sin embargo alguna pulsión extraña lo llevó a construir esta obra —una de las pocas que pintó ese año— de 51 centímetros por 41.
Sus creaciones, entonces, estaban destinados a la cultura popular o, mejor dicho, a nuevos lenguajes, más ligados a lo comercial. De hecho, para 1944 había abandonado el “surrealismo ortodoxo” y en lo que tenía que ver estrictamente con pintura se había abocado a temas religiosos. Sin embargo, podría decirse que Sueño causado por el vuelo de una abeja... es su regreso triunfal al surrealismo.
¿Qué tiene esta obra que la hace tan interesante? Dalí fue un gran lector de Sigmund Freud. A sus teorías psicoanalíticas de los sueños las intentó llevar a la práctica en sus cuadros. Tal es así que creó su propio método de creación: el método paranoico-crítico. Él mismo lo definía como un “método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes”.
En Sueño causado por el vuelo de una abeja... se ve a Gala (nacida como Elena Ivánovna Diákonova), artista surrealista, su mujer, levitando sobre una roca. Hay también gotas de agua y una abeja revoloteando alrededor de una granada que, podría decirse, con su zumbido hace dormir a Gala. En la parte de la izquierda del cuadro, otra granada explota —¿producto del sueño?— y sale un pez de cuya boca, a su vez, surgen dos enfurecidos tigres y una bayoneta que la apuntan y tal vez la terminen por despertar.
Detrás del cuerpo desnudo y dormido de Gala y su sueño de granadas, abejas, tigres y bayonetas, hay un elefante con largas patas de flamenco, que aparece en otras composiciones de Salvador Dalí. El animal lleva sobre su espalda un obelisco, al igual que el elefante de Bernini de la Piazza Santa Maria sopra Minerva de Roma, que simboliza el poder del Papa. Siguiendo las interpretaciones: la granada es un símbolo cristiano de fertilidad y resurrección y la abeja simboliza a la Virgen.
“Es una fotografía onírica pintada a mano”, dijo Dalí de este cuadro, pero también de todos los que pintaba. Es un mapa de sus deseos y una radiografía de la tan genial como delirante mente de este artista catalán que nació en 1904 y murió en 1989. Esta obra se encuentra en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, España.
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