
Ver una obra, después ir a cenar, o hacerlo antes. Conversar sobre lo visto, lo vivido, lo experimentado durante el desarrollo de la función son algunas de las inevitables acciones cotidianas para los amantes de las piezas teatrales que hasta se realizan en modo automático, por costumbre. En esta nota, dos propuestas para ir más allá y hacer de la salida una experiencia diferente y que colme todas las expectativas.
Las periodistas Verónica Pagés y Leni Gonzalez, reconocidas críticas de teatro, pensaron en un plan que se convierta en “un ritual completo: espectáculo + cena + charla, porque la fiesta se comparte”. En tanto que Mercedes Méndez y Jazmín Carbonell proponen un taller para afilar el ojo del espectador y que logre “elaborar un análisis completos y profundos”. De qué trata cada idea.
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Esta es la propuesta que armaron las críticas de piezas teatrales Verónica Pagés y Leni González. "Lo hicimos por varias razones. Primero y principal porque nos gusta: somos periodistas y críticas de teatro, hace años que recorremos las salas y nos sigue divirtiendo hacerlo”, reconocieron las mentoras de la original propuesta a Infobae Cultura al tiempo que confiaron: “Vivimos en la ciudad teatral más importante de Latinoamérica y con el circuito off entre los más (sino el más) nutrido y variado del mundo que, sin embargo, no tiene una difusión acorde a ese peso, sólo basta ver el espacio que se le da a las artes escénicas en los medios masivos”.
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La idea nació pensada para turistas deseosos de conocer algo más que las típicas ofertas que ofrece la ciudad de Buenos Aires como “bailar tango o conocer la cancha de Boca”, aseguran. “Después, vimos que también podía funcionar para la gente de acá, como una salida de ritual completo: ver una obra, comer y charlar". La obra a ver será siempre una que “nos interese a nosotras —agregó Pagés— pero no por ser las más publicitadas sino aquellas a las que hay que acercarse porque te la recomendó un amigo”.
Lo que sigue a la obra es una cena, merienda o picada post función que se hace en el mismo teatro “ya que son varias las salas que ofrecen esa amable posibilidad”. “Y en ese entorno, coordinamos una charla para hablar sobre el espectáculo, les artistas, el lugar, lo que preparamos y lo que surja de las preguntas de los espectadores. Es una propuesta para gente interesada en el teatro, pero no especializados”, sostuvo González.
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Las obras que poseen esta propuesta van variando, como también lo espacios donde se producen los encuentros. Por ejemplo, ya pasaron La enamorada, el unipersonal escrito por Santiago Loza y dirigido por Guillermo Cacace, con el debut como actriz de la cantante mexicana Julieta Venegas; El loco y la camisa, de Nelson Valente, un clásico que cumple once años en cartel a sala llena, ambas en el Picadero; Yo, Encarnación Ezcurra, un unipersonal con Lorena Vega sobre la polémica mujer de Rosas. Y en febrero será el turno de Nada del amor me produce envidia “que siempre vuelve porque es una obra maravillosa” (los domingos en el Picadero) y Algo de Ricardo, unipersonal de Osmar Nuñez, los sábados en La Carpintería.

Cómo mirar teatro: de la teoría a la práctica
La propuesta de Mercedes Méndez y de Jazmín Carbonell es brindar herramientas teóricas para que el espectador que suele concurrir a las salas teatrales pueda elaborar análisis completos y profundos de lo que ve. “Buscamos acercarnos a una definición de teatro, pensamos en conjunto ciertos elementos puramente teatrales para poder definir el objeto de estudio, centrándonos en aquellos elementos que del quehacer teatral con el fin de lograr un análisis completo”, señalaron a Infobae Cultura las entusiastas periodistas y criticas de teatro.
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A esa definción de trabajo, Méndez agregó: “Nos apoyaremos en ejemplos concretos. Además, en el taller contamos con la visita de directores, dramaturgos, actores, escenógrafos, iluminadores y vestuaristas a quienes les acercamos inquietudes ligadas al desarrollo específico de sus tareas en el campo teatral".

Méndez armó la propuesta junto a su amiga y colega Carbonell a quien conoció en un diario en el que ambas eran críticas de teatro. “Enseguida nos encontramos que teníamos un perfil de vida parecido: las dos con hijas chiquitas, periodistas y egresadas de la carrera de Artes (ella en la UBA y yo en la UNA). Al ser críticas, la gente, amigos, conocidos solían preguntarnos qué podían ir a ver el teatro o qué hacer después de una obra. Así se armaban charlas divertidas y eternas sobre cómo era una actuación, sobre la propuesta de un director o cosas más abstractas y profundas como si eso que habíamos visto era o no arte. Entonces se nos ocurrió armar un taller en el que pudiéramos poner sobre la mesa esas preguntas, tratar de analizarlas y compartir esas inquietudes con los artistas que hacían esas obras”, contó.
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Desde hace tres años, el taller se realiza en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960) donde todos los meses analizan una obra de teatro (por lo general son del circuito oficial e independiente), los alumnos se organizan para ir a verla y luego la analizan en clase.
“Dividimos todos los aspectos de ese espectáculo: pensamos la dramaturgia, la escenografía, la dirección, las actuaciones, la iluminación, el vestuario y cómo todos estos elementos dialogan entre sí. Siempre se apoya con una clase teórica —añadió Carbonell— como, por ejemplo, el año pasado analizamos la obra Hamlet que se estrenó en el San Martín y dimos una clase completa sobre Shakespeare en la que analizamos cómo se lo fue interpretando a lo largo de la historia”. La frutilla de este postre es que cada mes reciben invitados especiales.
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Las críticas de piezas teatrales coinciden que fundamental del taller es escuchar la voz de los alumnos. “Viene gente de todos los ámbitos: ingenieros, médicos, contadores y también actores y estudiantes de actuación; y todos aman ir al teatro. Son espectadores fieles —reveló Méndez y agregó— A veces, dudan de sus opiniones. Dicen: ‘A mí me pareció esto, pero no sé, como no entiendo’... Y nosotras tratamos de hacer que confíen en su intuición porque el teatro muchas veces pasa por el cuerpo, por el estado de ánimo, las emociones”.
A ello, Carbonell agregó: “Lo que hacemos entre todos y con los artistas que nos visitan es ayudarlos a ampliar su visión para tratar de definir qué es lo que está haciendo una actriz o un actor que me hace llorar o me genera apatía, qué es lo que me emociona de un texto, por qué una puesta nos parece bella o interesante. Partimos de esa idea, para tratar de ampliar los conocimientos sobre el teatro y que los análisis no se reduzcan a adjetivar”.
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Durante los tres años visitaron el taller Claudio Tolcachir, Vivi Tellas, María Onetto, Paola Krum, Mauricio Kartun, Guillermo Cacace, Santiago Loza, Emilio García Webhi, Javier Daulte, Osmar Nuñez, Mauricio Dayub, Carlos Rottemberg, Marilú Marini, Diego Velázquez y Renata Schussheim, entre otros artistas.
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