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60 videollamadas de una hora y un documento “versión mil”: cómo es el “trabajo invisible” detrás de la edición de libros

¿Cuántas batallas se libran entre un autor y un editor antes de que el texto adquiere su forma final? Francisco Magallanes de Club Hem, Leticia Martin de Qeja Ediciones y Mariana Sáez de Filosurfer revelan algo de lo que pasa detrás del telón

Feria de Editores (FED) 2026 primer día
Sesenta videollamadas de una hora y un documento “versión mil”: cómo es el “trabajo invisible” detrás de la edición de libros (Foto: Matías Moyano)
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Matar a un ruiseñor, la novela de Harper Lee de 1960, no pasó el filtro del editor. Cuando Tay Hohoff la recibió en 1957 le dijo que la historia era muy buena, que quería publicarla, que ansiaba verla en las librerías, pero que había que reescribirla. Por empezar, el título era otro (Ve y pon un centinela), pero el gran cambio fue que la narradora, que en el original era adulta, pasó a ser una niña. Concepto, estructura, punto de vista, lenguaje, todo. Finalmente, Matar a un ruiseñor se volvió un clásico.

Con autores que ya tienen aceitada la maquinaria narrativa, los editores quizás no tengan demasiado que hacer, salvo una lectura atenta y honesta —lo cual no es poco; diría que, por el contrario, es todo—, y aún así siempre hay modificaciones. Pero a veces las literatura sobreviene rito colectivo de interpretaciones y el asunto es, como dijo alguna vez Arthur Plotnik, que un autor “escribe para contar lo que les arde dentro”, y los editores “editan que el fuego se vea a través del humo”.

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La forma más precisa

“Detrás de cada libro hay mucho trabajo que no se ve”. Del otro lado del teléfono, Francisco Magallanes, editor de Club Hem y miembro del Colectivo Editorial Malisia. Luego de un largo viaje desde La Plata, estaciona el auto en un hueco que encontró una calle de Chacarita y camina rumbo al C Art Media, donde funciona la Feria de Editores. Es temprano, no se apura. Es la hora de empezar a acomodar todo para recibir a los lectores. Mientras llega a la FED, saca el teléfono y manda un audio.

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“Circonario” de Santiago Manuel Fernández, “El favor de Manuel Estelles y ”Érase una vez el en Oeste" de Leonardo Oyola

El favor de Manuel Estelles es una de nuestras últimas novedades. Durante más de un año nos encontramos por videollamada todas las semanas durante una hora. Leíamos cada una de las versiones del manuscrito, línea por línea, en voz alta, e íbamos trabajando de acuerdo a qué se podía potenciar, qué es lo que había que quitar, qué es lo que había que conectar de manera más efectiva para que la novela vaya encontrando su forma más precisa para el lector sin que la novela perdiera su esencia”, cuenta.

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Estelles en Buenos Aires, Magallanes en La Plata, cada uno se conectaba religiosamente para perderse en un texto y ajustar sus hilos. “Le dedicamos el tiempo que cada libro requiera”, cuenta este editor, orgulloso de que su sello siga “apostando a nuevas voces”: El favor es la primera novela de su autor. “Son incontables horas de trabajo invisible, muchas videollamadas, infinidad de mails y de mensajes de WhatsApp, todo lo que está por detrás de la producción y la edición de un libro”, completa.

Trabajo lento en un mundo inmediato

Leticia Martin, editora de Qeja Ediciones, dice que tranquilamente podría entrar a su correo y saber el número exacto de mails que intercambió con un autor para hacer un libro, “pero es una tarea que nunca hicimos, creo que para protegernos”. “A veces me sorprendo viendo las cadenas, las fechas en que se inició cada proceso. Suelen ser años. Es lento hacer un libro. Lento en un mundo inmediato”, explica sobre el trabajo editorial que hace junto a Nazareno Petrone, su pareja, también autor y editor del sello.

Su última novedad se titula Érase una vez en el Oeste y el autor es Leonardo Oyola, un nombre conocido en el ambiente literario. Publicarlo no fue fácil. El asunto empezó complejo: “Hará tres años lo seguíamos de cerca para conseguir un material suyo. Él nos mandó manuscritos de alumnos, varios, pero nosotros lo queríamos a él, que estaba tapado de laburos de guion y talleres. Yo estaba empecinada en publicar una charla TED de Oyola que uso en mis clases para ilustrar conceptos, y creo que eso le gustó”.

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Los libros del stand de Qeja Ediciones en la Feria de Editores (FED)

“Después lo invitamos a cenar, charlamos de libros, de experiencias, de las restricciones que implica tener un contrato firmado con una editorial grande que limita lo que puede darle a otras”. Fue el año pasado, cenando en el Bar Acuña, concretaron el asunto. Decidieron hacer un libro de “crónicas autobiográficas”, “género que la editorial global no le bloqueaba”: Todo con cuidado, respetando tiempos y dando aviso. Un autor no puede arruinar su relación con una editorial por publicar con otra", explica Martin.

“Fueron meses de pensar juntos e ir y venir con el documento de Word que terminó en las galeras”, dice la editora y agrega: “Hay un grupo de WhatsApp entre Leo, Nazareno y yo, creado en enero de 2026, que tiene una larga conversación. Allí organizamos Meets con la artista plástica que labura para nosotros desde España, el viaje a Mar del Plata a la Feria de Invierno, donde lanzamos el libro, la gira a Rosario y Venado Tuerto que se nos viene a fin de mes, miles y miles de estrategias para llegar a los lectores”.

Versión uno, versión dos, versión mil

“Gran parte del trabajo es solitario frente a la computadora o el papel, pero una parte mucho más importante es el diálogo con los autores y autoras, y entre todo el equipo”, cuenta Mariana Sáez, editora de Filosurfer y parte del Malisia. “A veces es un diálogo sincrónico y otras es en borradores que van con comentarios, con preguntas, con sugerencias, con anotaciones, y vuelven con más comentarios, preguntas, sugerencias y anotaciones. Versión uno, versión dos, versión mil”, dice y se ríe.

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(Foto: Matías Moyano)

Esos documentos en llamas, que suelen viajar por mail y por grupos de WhatsApp, en el caso de Filosurfer, cuenta Sáez, están acompañados por “muchas videollamadas”: “Nosotros somos de La Plata, publicamos autores de acá, pero muchos viven en otras ciudades del país o en otros países. Por eso usamos la videollamada como espacio de encuentro y de conversación para trabajar sobre los textos y retomar de manera sincrónica y en vivo las conversaciones que venimos manteniendo por otras vías”.

Una de las novedades que trajeron a la FED es Circonario, una suerte de diccionario sobre el mundo del circo. Su autor, Santiago Manuel Fernández, es argentino y vive en México, “y en el último año que trabajamos el libro él estaba de gira como dramaturgo, director, productor y artista de circo”. Pero la triangulación fue más extensa: “La ilustradora es mexicana, una diseñadora vive en Barcelona, otra en San Martín de los Andes y nosotros en La Plata. Lo difícil eran los horarios”, cuenta Sáez.

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