(Gastón Taylor)
(Gastón Taylor)

El despacho de Pablo Avelluto en la Secretaría de Cultura de la Nación de la avenida Alvear es espacioso. Una larga mesa de vidrio en el medio, una gran araña que cuelga del techo, obra de artistas plásticos argentinos en las paredes, pequeñas esculturas, fotos del funcionario con Mauricio Macri. En un rincón, pegado a una ventana, sobre un escritorio no muy grande, la notebook con la que trabaja el secretario.

Está de buen humor y se nota. Sonríe, reflexiona, profundiza, hace chistes con picardía, se sincera, duda, asiente. Atraviesa los últimos días de una gestión que duró cuatro años, desde que el actual Presidente lo puso al mando de esta Secretaría, que entonces era un Ministerio, el 10 de diciembre de 2015.

Los temas que se tratarán en esta conversación —una hora y diez minutos, según la grabación— tienen que ver con el estatus de su cartera, las demandas del mundo de la cultura, los conflictos sindicales, las dificultades para crear una mística desde el oficialismo, el fracaso económico de la actual administración, las narrativas políticas del frente Cambiemos —casi deliberadamente omitió el término “relato”— y algunas declaraciones personales desafortunadas en las redes sociales de las que se arrepiente, entre otros asuntos.

Es curioso, durante mucho tiempo el secretario insistía con la necesidad de terminar con la épica de la Argentina que había sido un gran país para pasar a pensar en el futuro. Hoy, a punto de terminar su gestión, el fracaso se impone y no permite otra perspectiva. “Somos un país que pudo, pero desde hace décadas está estancado en su fracaso, en el fracaso de sus élites, de sus corporaciones, de su clase política. Que pudo ser otra cosa y ahora no puede ser nada. O puede ser esto que tenemos, con su pobreza escandalosa, su inflación tremenda”, explicó Avelluto, para quien los errores del gobierno en materia económica fueron un tema de diagnóstico y de ímpetu por cambiar todo al mismo tiempo, “maníacamente”. “A veces yo digo que a la mañana éramos neoliberales, al mediodía éramos keynesianos, a la tarde éramos socialdemócratas, a la noche éramos monetaristas”, dijo.

Entre las revelaciones, Avelluto aseguró ser el artífice intelectual de las marchas que el gobierno realizó en el último tramo de la campaña, al menos en cuanto a la idea de origen, un final de campaña que fue fundamental para que el oficialismo subiera algunos puntos en las elecciones y acortara la distancia con el frente peronista que llevó como primer candidato al presidente electo, Alberto Fernández. Sobre el final de este reportaje, Avelluto confesó cuál será su ocupación en el llano y tampoco si continuará en la política: “Es una pregunta que me hago todos los días”.


Algunas de las frases más fuertes de esta entrevista:

-"A algunos opositores les encantaba hablar de degradación o de que al gobierno la cultura le resultaba menos importante porque pasaba de ser un Ministerio a ser una Secretaria. Yo no lo viví así para nada."

-"Cuando llegamos había aproximadamente doscientas líneas de celulares que utilizaban personas que habían dejado de ser funcionarios hacía muchísimo tiempo y que el Estado seguía pagando porque nadie se había tomado el trabajo de reclamarlas"

-"Indudablemente el hecho que hubiera 1.600 personas que hoy no forman parte del equipo del Ministerio nos trajo inconvenientes y dificultades pero el Ministerio siguió funcionando. (...) Yo marco asistencia con mi dedo y pretendo que todos lo hagan. Pero no por una cuestión de ser el maestro Siruela, sino porque a nosotros nuestro sueldo nos lo paga la gente."

-"Nos faltó ampliar Bellas Artes. Necesitamos tener un Museo de Bellas Artes más grande. Queríamos llevarlo al edificio de la Televisión Pública, era uno de los planes."

-"Hay un cierto prejuicio ideológico, como si este gobierno no pudiera hacer una gestión positiva en el área de la cultura. He aprendido a no hacerme mala sangre con eso."

-"Yo creo que hay una tradición de izquierda en el mundo cultural. Que no está mal. Y hay una tradición también gregaria. (...) Cómo no enamorarse de narraciones que son más redentoras, que hablan de un mundo más bondadoso, más que de otras que son por ahí más frías. Más individualistas a veces también".

-"Hay otra ilusión que es la de seguir siendo joven. Yo he visto en el kirchnerismo, o en esos pensamientos que provienen del sector cultural, un enorme tónico rejuvenecedor para gente grande. Y no está mal, es un derecho querer seguir siendo joven, todos de algún modo querríamos seguir siendo jóvenes. Y las ideas del kirchnerismo muchas veces ayudan a rejuvenecer y a seguir sintiéndose joven. Uno lo ve en esos padres de colegio secundario que compiten con sus hijos a ver quién es más radical, quién es más revolucionario".

-"Es difícil ser un estudiante del Nacional Buenos Aires o del Carlos Pellegrini y ser macrista. Lo digo como padre del Nacional Buenos Aires"

-"Sería necio de mi parte negar que la industria editorial sufre como sufren todas las industrias. El consumo sufrió por la tremenda recesión que hemos tenido sobre todo en los últimos años."

-"Me arrepiento de mil cosas, me arrepiento de declaraciones, de medidas. Uno comete errores todo el tiempo. (...) Siempre fui un poco provocador, desde chiquito"

-"Unos días después (de la movilización del 24 de agosto), se me ocurrió en una especie de sueño diurno, que tal vez Macri tenía que hacer unas marchas por todo el país y entrar en contacto con la gente sin tanta seguridad…"

-Somos un país que pudo, pero desde hace décadas está estancado en su fracaso, en el fracaso de sus élites, de sus corporaciones, de su clase política. Que pudo ser otra cosa y ahora no puede ser nada. O puede ser esto que tenemos, con su pobreza escandalosa, su inflación tremenda".

¿Por qué hay poco apoyo de artistas e intelectuales con Cambiemos?


— Está finalizando su gestión y al mismo tiempo estos días se cumplen para usted cuatro años a cargo del área. Cuando lo vimos por primera vez era ministro, ahora se va como secretario. Y en ese cambio de nombre me gustaría preguntarle por su evaluación acerca de esa medida. En su momento no terminó de quedar muy claro el argumento, ya que señalaban que no era una medida de ahorro y fue evidente que tuvo un costo simbólico importante.

— Bueno, mucha gente interpretó que había un cambio jerárquico o un cambio de importancia. Incluso a algunos opositores les encantaba hablar de degradación o de que al gobierno la cultura le resultaba menos importante porque pasaba de ser un Ministerio a ser una Secretaria. Yo no lo viví así para nada. No tuvo impacto en mi trabajo cotidiano, no tuvo impacto en mi relación con el presidente. No tuvo impacto en los recursos, en la autonomía para la toma de decisiones. No tuvo impacto en el equipo. Yo creo que se trató de una reestructuración global, no fue el único caso. Fue una decisión que tomó el presidente para condensar la toma de decisiones en un equipo más chico. Éramos muchos ministros, las reuniones de Gabinete eran muy numerosas. Y en un momento se pensó que eso era mejor, creo que lo fue, de hecho. Pero al contrario, yo diría que mi relación directa, sobre todo al extinguirse las figuras de los coordinadores de Gabinete, se convirtió en una relación mucho más fluida con el presidente, con el cual pasé a tener un diálogo más cotidiano, tanto personal como a través del WhatsApp, el teléfono. Entiendo que muchas veces se piensa que las cosas son más o menos importantes por el lugar que ocupan en el rango. Entonces ahora alguien puede pensar que, bueno, si se hace un Ministerio de la Mujer es porque entonces la mujer es más importante. Yo no pienso así, no pienso así. Me parece que uno debe evaluar la gestión, si fue buena, si fue mala, si se usaron bien o mal los recursos, y no tanto si te llamas secretario, ministro, secretario de gobierno, director.

— ¿Pero desde lo simbólico no piensa que tuvo un costo alto que no terminó de tener en todo caso el beneficio contrario?

— No, no lo pienso. Por ahí para alguien sí, yo creo que para alguien puede haber impactado. Para mí no. A ver, yo no vine porque quería ser ministro, vine porque quería colaborar con un proyecto y haciendo las mismas cosas que hacía antes. No era para mí una cuestión de qué cargo ocupaba, no me preocupó nunca eso. Pero entiendo a los que les preocupa, entiendo que por ahí sienten que algo es menos importante porque no se llama Ministerio y se llama Secretaria. No tuve ninguna limitación al estar jerárquicamente bajo el ministerio de (Alejandro) Finocchiaro, con quien me llevo fantásticamente bien. O de ser par del secretario (Lino) Barañao, que también está en la misma situación que yo. De hecho hacíamos la broma con varios secretarios que habían dejado de ser ministros sobre que éramos el mejor equipo de secretarios de los últimos 50 años.

— Claro. Con Adolfo Rubinstein, por ejemplo

— Con Rubinstein, y con el secretario de Trabajo y con los que habíamos dejado de ser. Y bromeábamos mucho con el secretario Etchevehere, que había vuelvo a ser ministro, a quien acusábamos de traidor.

— Cuando usted llega, lo hace sabiendo que lo que le va a tocar es un momento difícil de la Argentina pero llega para hacer cosas. ¿Qué cosas pudo hacer, según su evaluación, y qué cosas no pudo hacer?

— Bueno, pude hacer muchas cosas afortunadamente. Algunas que no me imaginaba que iba a tener que hacer, y otras que sí me imaginaba y pude hacer. Y entre las que no me imaginaba fue la de ordenar una situación administrativa muy caótica. La burocracia del propio Ministerio era muy desastrosa, muy desprolija, de malgastar mucho los recursos, que nunca eran importantes. Esto implicaba que no se respetaban las normas de administración, que implicaba tener licitaciones. Para que se den una idea o para que la gente pueda imaginar, digo, había aproximadamente doscientas líneas de celulares que utilizaban personas que habían dejado de ser funcionarios hacía muchísimo tiempo y que el Estado seguía pagando porque nadie se había tomado el trabajo de reclamarlas. Cualquiera de nosotros que paga su línea de celular sabe cuánto vale una línea de celular, 1.000, 2.000 pesos. Nosotros pagábamos eso por doscientos todos los meses.

— ¿Cuándo lo advirtió?

— Cuando recién llegamos y empezamos a tomar eso, u horarios que no se cumplían por parte del personal, procesos de compra que no eran transparentes, que se hacían por contratación directa, no se hacían licitaciones. No se hacía ninguna licitación para ningún servicio. Imagínense ustedes que este Ministerio tiene cincuenta edificios a su cargo, esos son cincuenta servicios de seguridad, cincuenta servicios de limpieza, son los dos principales proveedores. Cuando empezamos a licitar eso bajó 30, 40 por ciento el costo. Y esos fueron recursos que se podían destinar a otras actividades. Había gastos sin rendir. O sea, en cualquier trabajo, cuando a alguien le dan un adelanto para viajes, para un gasto, cuando uno vuelve lo rinde. Acá había 15 millones de pesos que provenían de las gestiones, no solo de la de Teresa Parodi sino de la anterior, y de la anterior, y de la anterior, que se habían ido sin que nadie los rindiera y sin que nadie exigiera su rendición.

Avelluto junto al presidente Mauricio Macri (Foto: NA)
Avelluto junto al presidente Mauricio Macri (Foto: NA)


— ¿Y eso se pudo hacer?

— Se pudo recuperar la inmensa mayoría de ese dinero. Aparte la SIGEN me lo exigía a mí. Había convenios con universidades que no estaban rendidos y hubo que declarar nulos. Hubo cosas que hubo que denunciar ante la Oficina Anticorrupción. Hubo espacios públicos que estaban concesionados en museos cargados de irregularidades. Todos estaban cargados de irregularidades, el bar del Cabildo, el de la Manzana de las Luces, el del Museo Sarmiento. Lo último que logramos declarar nulo fueron las cocheras que funcionan en la avenida Las Heras, en la Biblioteca Nacional. Cocheras que tienen tres subsuelos, para cientos de autos, y que desde la inauguración de la Biblioteca Nacional pagaban menos de 20.000 pesos de canon. O sea, el alquiler de tres o cuatro cocheras por mes.

— Además del dueño de esas cocheras, ¿quién se seguía beneficiando de eso?

— Lo derivamos a la Justicia. Porque eso es un escándalo, que además no solo atañe a la gestión anterior, a la anterior y a la anterior. Desde que se inauguró ese edificio se concesionaron. Entonces eso nos llevó muchísimo tiempo. ¿Qué cosas pudimos hacer? Pudimos sanear muchísimo el INCAA. Incluso teniendo que ir contra gente que nosotros mismos habíamos nombrado. Ustedes se acordarán de que durante la gestión anterior hubo muchísimas investigaciones periodísticas que hablaban de la corrupción en el Instituto y hoy de eso no se habla. Y no se habla porque se ha eliminado completamente y soy el primero en denunciarla si aparece algún caso. Hoy hay procesos transparentes, es todo digital, a través de internet se puede seguir el proceso de presentación de proyectos. Por supuesto hay una Ley del Cine que nos limita muchas de las cosas como la conformación de los comités de evaluación. En el caso del Instituto Nacional del Teatro, igual. Hoy por primera vez las sesiones del Consejo del Instituto Nacional del Teatro se pueden seguir por streaming. Lo cual afecta directamente a toda la comunidad teatral del país. Pudimos hacer los concursos para los museos nacionales, lo que me llena de orgullo porque nunca se había hecho por lo menos con la masividad con la que se hizo. Pudimos oficializar la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, que tenía 10 años en una especie de limbo jurídico. Qué sé yo, pudimos hacer un montón de cosas.

— En artes plásticas...

— En artes plásticas cambiamos el reglamento, pudimos volver a los Premios Nacionales de Literatura. Pudimos hacer muchas cosas, pudimos darle un impulso muy grande a las industrias creativas a través de los MICA, a través de la participación argentina en los MICSUR. Bueno, una de las cosas de la que también estuvimos muy orgullosos, y me acuerdo que cuando lo prometí dije uy, en qué lío me metí, que fue prometer quitar los andamios del Cervantes, que hacía 12 años que estaban. Y yo dije, me acuerdo fue en una de las primeras entrevistas que di, dije: yo me comprometo a sacarlos. Pero todavía no sabía cómo se hacía. Pero yo sabía que los tenía que sacar porque era una vergüenza. Y los pudimos sacar, pudimos hacer la licitación transparente. Porque esos andamios estaban, ya eran parte del paisaje, pero estaban porque había desprendimientos de la fachada que podían lastimar a la gente que pasaba. Lastimarla o matarla directamente. Y lo pudimos hacer. Pero no solamente pudimos arreglar la fachada sino que arreglamos lo que pasaba adentro del teatro a través de una gestión que hoy es elogiada por propios y ajenos como la de Alejandro Tantanian.

(Gastón Taylor)
(Gastón Taylor)


— En la carta que envió esta semana a sus colaboradores hace mención a los trabajadores. Y desde ATE hubo una respuesta a esa carta en la que se habla de los 1.600 despedidos y, también, de un 70% de los trabajadores dentro de la Secretaría que tienen un salario que está por debajo de la línea de pobreza. ¿Qué balance hace con respecto a su relación con los trabajadores del área?

— Bueno, mi relación con los trabajadores ha sido buena. Digo, han colaborado, hemos tenido una relación profesional. Yo en muchos casos he sido la primera autoridad de la casa, haya sido Secretaria, Dirección, Ministerio, que recorrió todos los museos y que pudo saludar si no a todos a muchísimos, a la inmensa mayoría de los trabajadores de aquí. Por supuesto he tenido mis roces con los diferentes gremios por problemas y aspectos puntuales. Indudablemente el hecho que hubiera 1.600 personas que hoy no forman parte del equipo del Ministerio nos trajo inconvenientes y dificultades pero el Ministerio siguió funcionando. Nosotros nos atenemos a un relevamiento que hizo el Ministerio de Modernización con relación a lo que se conoce como dotaciones óptimas, que se hizo para todo el Estado, es decir, cuál es el número de personas necesarias para las tareas que cada repartición tiene que hacer. Y lo cumplimos. No es un número antojadizo y no es que todo esto ocurrió de un día para el otro. Sí hubo una fuerte recisión de contratos al inicio. Pero después hubo un proceso que se fue dando que tuvo que ver con jubilaciones o a través del hecho de exigir el cumplimiento de horarios. Parece mentira, pero no se cumplían los horarios de trabajo. Y yo no estoy planteando esto como si fuera un jefe de personal, estoy planteando lo que pasa con cualquier trabajo. Yo marco asistencia con mi dedo y pretendo que todos lo hagan. Pero no por una cuestión de ser el maestro Siruela, sino porque a nosotros nuestro sueldo nos lo paga la gente. Y tenemos una responsabilidad adicional te diría a la del sector privado. Porque el sector privado finalmente te lo paga el accionista, te lo paga el dueño, te lo paga una persona, acá nos lo paga gente a la que le va bien pero un 35% al que le va mal o muy mal. Entonces nuestra responsabilidad es doble o triple sobre esos recursos. Y esa idea de de dónde vienen los recursos que vienen para el Estado estaba un poco perdida, creo que todavía está un poco perdida en la Argentina. Parece que fuera simplemente el presidente, el gobierno el que paga. Con relación a los salarios, son los que se determinan en las paritarias. No los determino, los determinan los gremios, ATE y UPCN básicamente en nuestro sector, con el Estado nacional. Es cierto que la carrera en la administración pública viene desde hace muchísimos gobiernos muy deteriorada, no hay concursos, mucha gente ha ingresado, nosotros hemos llamado a concursos, pero mucha gente ha ingresado y ha quedado en capas geológicas a veces… Pero sí hemos promovido de acuerdo a los títulos, las antigüedades, las capacidades, etcétera. Hemos normalizado muchos de los aspectos y en muchos casos la gente nos lo ha reconocido. En el caso, por ejemplo, de los elencos estables, eso fue, donde además terminamos enviando un proyecto de ley al Congreso precisamente para que los elencos, que son las orquestas, las compañías de danza, los coros, puedan tener finalmente la autonomía que merecen para zanjar una serie de problemas que vienen teniendo de larguísimo aliento, de muchísimos años. Digo, esto es por el lado de algunas de las cosas que hicimos. En el caso del Fondo Nacional de las Artes, por ejemplo, logramos más que duplicar el número de becas que se otorgaron comparando el último período de Cristina Kirchner con estos cuatro años de Mauricio Macri. La Biblioteca Nacional, que fue otro de los puntos centrales de nuestra gestión, primero con Alberto Manguel y después con Elsa Barber, aumentó su número de visitantes y usuarios. Y aumentó el número de material digitalizado. Conseguimos un crédito de 7 millones de dólares para equiparla para la digitalización, que es el enorme desafío que tiene la Biblioteca. Porque es una biblioteca que está aquí nomás, cerquita de nuestro Ministerio, en la Recoleta, pero que la tienen que poder usar todos los argentinos estén donde estén. Hemos mantenido el nivel de excelentes muestras, con la exposición ahora mismo de los manuscritos de Camus, la exposición sobre la historia de las mujeres en la Argentina, la exposición con el manuscrito de Cien años de soledad. Digo, hemos tenido exposiciones extraordinarias, los manuscritos de Borges. Digo, ha habido cosas maravillosas. Con el Museo Nacional de Bellas Artes pasó lo mismo. Yo estoy muy orgulloso de todas esas cosas. ¿Qué nos falta? Nos faltó ampliar Bellas Artes. Necesitamos tener un Museo de Bellas Artes más grande. Tuvimos muchos planes, queríamos llevarlo al edificio de la Televisión Pública, era uno de los planes.

—¿Cuál era el plan de llevarlo a ese edificio?

—Tal vez hoy la televisión como tal requiera otro tipo de instalaciones. Ya no hay canales tan grandes como los que había, estamos hablando de hace 40 años. Y una posibilidad podría ser que esos grandes cubos pudieran almacenar una parte de la colección. Porque la maravillosa colección que tiene el Bellas Artes está siendo expuesta en un porcentaje mínimo, apenas superior al 10 por ciento.

— Gente muy ligada al arte y al Museo me señalaron alguna vez que más allá de que la ubicación era perfecta para pensar en una especie de gran milla de los museos, adecuar el edificio de canal 7 para ser extensión de Bellas Artes requería tal vez más inversión que construir uno nuevo.

— Puede ser. Digo, era una opción. Lo que pasa es que también nosotros habíamos evaluado vender edificios que ocupa hoy el Ministerio de Cultura para con ese dinero financiar esa ampliación del Bellas Artes, trasladar oficinas. Porque otro problema que tenemos es el almacenamiento de las reservas nacionales. Muchas cosas se pueden hacer. También teníamos otro proyecto que era extender el Bellas Artes hacia abajo, donde está hoy y que siguiera hacia abajo. Creo que hay más opciones, las ideas de los arquitectos son infinitas. Está claro que un museo tan grande simbólicamente, el museo más importante de nuestro país como es el Museo de Bellas Artes, necesita ser un museo grande en términos de cantidad de metros. Una de las últimas ideas que tuvimos tiene que ver con la puesta en valor, que no llegamos a terminar pero que está en marcha, del Palais de Glace, para que pueda ser, quizás, si las propias autoridades así lo consideran, pueda también albergar parte de la colección del Bellas Artes y de otras colecciones nacionales que a veces la gente no tiene acceso a poder apreciarlas y que son de enorme valor como la de la Cancillería, la del Banco Central, la del Banco Nación, la del Fondo Nacional de las Artes. Que son de altísimo nivel, son públicas, quiere decir que son de todos nosotros, de todos los argentinos, y que se pueden ir exhibiendo para que la gente pueda apreciarlas. Digo, en ese espacio maravilloso que yo espero que antes de mitad del año que viene pueda inaugurarse.

La relación de Avelluto con la industria editorial fue muy tensa. La Feria del Libro era el espacio donde la discusión tomaba estado público
La relación de Avelluto con la industria editorial fue muy tensa. La Feria del Libro era el espacio donde la discusión tomaba estado público


— Secretario, ¿usted cree que muchas de estas cosas que menciona y que en principio uno podría pensar como cosas importantes, o resultados importantes, no son evaluados de esa manera porque hay un prejuicio del mundo de la cultura con respecto al gobierno que usted integra?

— Sí. Sí, yo creo que sí. Y he debido lidiar con eso. Le había pasado a Macri en la Ciudad durante la gestión de Hernán Lombardi en Cultura y me pasó aquí a mí en la Nación. No me quejo, creo que son las reglas del juego. Y en estos casos pesa más el componente emocional, si uno quiere irracional, sentimental, que las evidencias. Digo, hay un cierto prejuicio ideológico, como si, bueno, este gobierno no pudiera hacer una gestión positiva en el área de la cultura. Yo creo que con el tiempo eso va a pasar, he aprendido a no hacerme mala sangre con eso. Porque las cosas están. El año pasado, por ejemplo, fue el año récord de producción de estrenos de cine argentino, más de 219, creo que 220 películas. El año anterior yo había sido acusado de pretender destruir el cine argentino. Y 2018 también fue el año en el que en el Festival de Mar del Plata tuve un grupo en la inauguración que me chifló como si yo fuera el destructor del cine nacional. Este año en la Feria del Libro también otro grupo, de editores o de personas que estaban allí, me chiflaba como el destructor de la industria editorial. Sin embargo, fue el año en el cual se sancionó una medida que desgrava el papel y la impresión, es decir, de algún modo subsidia el 21% de los costos productivos de la industria editorial. Entonces las medidas existen, los números están. Y yo me doy cuenta que a veces por más que uno vaya con argumentos racionales hay un elemento propio del prejuicio. La definición de prejuicio es muy buena en eso, es una emoción terca sobre algo que no se conoce bien. Ablandar prejuicios, modificar prejuicios, requiere básicamente del encuentro personal. Mi experiencia más interesante en ese sentido fue con Alejandro Tantanian. Alejandro y yo no nos conocíamos antes de trabajar juntos. Probablemente pensamos distinto en muchas cosas en materia política. Sin embargo, pudimos trabajar extraordinariamente bien, porque él quiere hacer un teatro público de calidad, probablemente el teatro público más interesante desde que Kive Staiff manejó el Teatro San Martín, y yo creo en lo que él está haciendo y creo que mi rol es generar los recursos para que él lo pueda hacer. Y darle toda la libertad necesaria para poder hacerlo. Entonces lo que ocurre ahí es algo si uno quiere mágico que es la confianza entre uno y otro. Es decir, si uno quiere es el secreto de cualquier amistad cívica. Yo soy feliz. He tenido gente que me ha criticado de un lado y hay gente que dice que yo era demasiado plural porque de pronto trabajaba gente que no era macrista, y yo decía que lo contrario de la utilización de la Secretaría de Cultura como una herramienta de propaganda partidaria no es utilizarla como propaganda partidaria del otro lado, es que sea para todos. Porque esto lo bancan todos. Y yo estoy contento porque nadie puede decir que no fue tenido en cuenta por sus posiciones políticas.

— ¿Por qué resulta tan difícil que haya artistas e intelectuales que crean en un proyecto como el de Mauricio Macri?

— Bueno, yo creo que hay una tradición de izquierda en el mundo cultural. Que no está mal. Y hay una tradición también gregaria. A veces, obviamente me he hecho muchas veces esa misma pregunta. Porque muchas veces los intelectuales o los artistas que se han acercado, que los hay también, suelen tener un enfoque más individualista y menos gregario. Creo que tiene que ver con nuestra historia también y con prejuicios, sin duda. Y con ilusiones, con retóricas de la política, con narrativas de la política que son más eficaces en un lugar que en otro. Cómo no enamorarse de narraciones que son más redentoras, que hablan de un mundo más bondadoso, si uno quiere, más que de otras que son por ahí más frías. Más individualistas a veces también. Había una vieja anécdota de hace muchos años, cuando Macri recién empezaba en la política, un grupo de estudiantes de colegio secundario tenía que hacer un trabajo sobre los valores de los distintos partidos políticos. Entonces van a visitar a los radicales, entonces a los radicales les dicen bueno, sinteticen en una frase qué es el radicalismo. “El radicalismo es el apego a la Constitución nacional”. Van a visitar a los peronistas. “El peronismo es el apego a la justicia social”. Bueno, van a visitar a Macri. “Es el apego al sentido común”. Entonces, quién va a pintar en la calle “viva el sentido común”, “doy la vida por el sentido común”, “sentido común o muerte”. Bueno, es cierto, digo, la construcción de una mística, tal vez hasta estas últimas semanas antes de la elección. El sentido común como lema obviamente en aquel momento no te invitaba a dar la vida por el sentido común. A veces también sentí que nos podíamos convertir en el partido de los padres. Partido que les dice a los chicos “hay que trabajar, hay que estudiar”. Digo, es difícil…

Sobre las narrativas políticas


— También en función de la audiencia y de los adherentes, porque efectivamente es gente más grande.

— Más grande, sí. Es difícil ser un estudiante del Nacional Buenos Aires o del Carlos Pellegrini y ser macrista. Lo digo como padre de estudiantes del Nacional Buenos Aires. Ahora, también creo que algo de eso se quebró en el último tramo de la campaña electoral donde algo de esa épica, de esa narrativa ligada a los valores constitucionales, a las libertades públicas, emergió. No tanto emergió del propio macrismo como emergió de un sector de la sociedad que entendió que esos eran valores que debían ser defendidos porque son precisamente valores que, al menos algunos sectores del Justicialismo, no cuentan con buenas credenciales después de la experiencia del kirchnerismo. Entonces se movilizó y empujó de algún modo a que fueran retomadas o lideradas por Juntos por el Cambio o por el propio Macri. Y eso abre la posibilidad de algo nuevo. Y también creo que el peronismo ha demostrado a lo largo de su historia, en esa especie de diálogo tenso que viene teniendo con la izquierda desde los tiempos de John William Cooke, atravesando la década del 60, del 70, los inicios de Menem, y sobre todo retomado por Kirchner y por Cristina, una capacidad para crear ilusiones, para algunos serán espejismos, para otros serán realidades, cada uno lo verá como le parece, pero una enorme capacidad de crear mitología, de crear narrativas políticas en las cuales parece que algo va a suceder. Que después unos pensaremos que no sucede, otros creerán que sí está por suceder, y bueno, unos seremos más escépticos, porque seguimos abrazados al sentido común, y otros tal vez serán, no sé si llamarlos ingenuos porque sería un poco prejuicioso de mi lado, tal vez más crédulos, y abrazar esas causas. También hay otra ilusión que es la de seguir siendo joven. Yo he visto en el kirchnerismo, o en esos pensamientos que provienen del sector cultural, un enorme tónico rejuvenecedor para gente grande. Y no está mal, es un derecho querer seguir siendo joven, todos de algún modo querríamos seguir siendo jóvenes. Y las ideas del kirchnerismo muchas veces ayudan a rejuvenecer y a seguir sintiéndose joven. Uno lo ve en esos padres de colegio secundario que compiten con sus hijos a ver quién es más radical, quién es más revolucionario. Yo creo que son formas de época, olas, que tal vez vayan y vuelvan pero que sin duda existen. Y no era el rol desde el Estado competir con eso. Creo que ahí hay que tener cuidado. Al principio hubo cierta tensión dentro del propio gobierno en intentar atacar eso, y yo creo que fue sabio no haberlo hecho.

— La industria editorial es uno de los sectores más críticos de su gestión, o quizás aquel con el que más chispazos tuvo. ¿Qué balance hace respecto a este sector, teniendo en cuenta que usted proviene de ahí?

— Sí, a ver, tengo varios balances. El primero es que creo que fue un gran equívoco por parte de la industria. Muchos creían que porque yo venía de ahí yo era uno de ellos y entonces iba, de algún modo, a tener algún tipo de gesto, de beneficio. Y eso no debía ser así, porque yo trabajo para todos. Aparte fui empleado, jerárquico, director, gerente, pero no dueño de una editorial. Solo fui socio de mi papá en una librería un tiempo muy breve. Por lo tanto no tenía deudas con la industria editorial. Y si las hubieras tenido tampoco era éste el lugar para pagarlas. Segundo, creo que la industria editorial fue convirtiéndose con el correr del tiempo en una industria, como muchas otras, excesivamente dependientes del Estado, a través de las políticas de compras públicas. Que no es que estén mal, pero fueron generando una dependencia del sector demasiado fuerte. Entonces cuando el Estado dejó de tener plata para comprar libros la industria crujió mucho. No fue su principal problema porque no es que el Estado le compraba a toda la industria editorial, le compraba básicamente al sector de libros educativos. Y por otro lado la industria editorial no es consciente de la profunda transformación en las pautas de consumos culturales y en las pautas, en particular, de consumo de libros que están ocurriendo en el mundo. Es una industria muy conservadora en su manera de ver, y esto sí lo conozco por haber vivido 20 años en su interior. Y esa dinámica que se fue dando en las inauguraciones de la Feria del Libro básicamente en esa especie de ritual donde yo iba y escuchaba la lista de pedidos, y entonces tenía que defenderme, nada de lo que yo decía era importante o era relevante porque la discusión era sobre el IVA. Y cuando había una discusión sobre el IVA tampoco les importaba. Y me daba cuenta de que había otras discusiones políticas en el fondo. Creo que la industria editorial además ha sufrido mucho porque el consumo cayó mucho, y en eso tienen toda la razón del mundo. Sería necio de mi parte negar que la industria editorial sufre como sufren todas las industrias. El consumo sufrió por la tremenda recesión que hemos tenido sobre todo en los últimos años. Ahora, que se nos acuse por haber abierto la importación... la importación nunca debió haber estado limitada, porque la circulación de bienes culturales la tenemos nosotros garantizada por ley desde muchísimo antes que nosotros llegáramos. La barbaridad fue que se hubiera obstaculizado, no que nosotros la hayamos desobstaculizado. Nosotros les dimos además otras herramientas, la posibilidad del Exporta Simple, es decir, la posibilidad de hacer pequeñas exportaciones al mundo. Hemos llevado a editores a cuanta feria pudimos. Hemos mantenido los programas de subsidio a las traducciones a través de la Cancillería. Digo, no es que no nos importó nada. Creo sí que obviamente la industria, muchos industriales argentinos y el sector editorial no escapa a eso; durante los años del kirchnerismo estuvieron muy acostumbrados a una dependencia del Estado que, bueno, el Estado no tiene recursos para todo. Nosotros seguimos comprando libros a través de la CONABIP. Es cierto que compramos un poco menos, sí, es cierto que compramos un poco menos. También es cierto que no dejamos de comprar. También es cierto que cuando yo pensé si era mejor modificar los esquemas de compra para evitar el viaje de los libreros y comprar en librerías locales para mantener el volumen de compra, la propia Feria del Libro no estuvo de acuerdo. Entonces la industria también se mueve de acuerdo a su propia lógica de intereses. Por supuesto, no tuvimos una relación fácil. No tuvimos una relación fácil creo que en parte por esto que decía en el origen, ellos creían que yo iba a actuar en función de sos uno de los nuestros, y yo soy uno de los míos, no soy uno de los nuestros. Representaba acá los intereses de 40 millones de argentinos, no de un sector.

— ¿Qué opinión le merece el proyecto del Instituto Nacional del Libro Argentino, que es algo de lo que se empezó a hablar hace tiempo?

— Sí, lo conozco y hemos participado de algunas reuniones. Creo que el proyecto no es bueno, que es muy mejorable. Creo que tiene un problema original en cómo está planteado su financiamiento. Porque todos los demás institutos que existen tienen fuentes de financiamiento directo. El INCAA se financia a través del ENACOM y de la venta de entradas. El INAM y el Instituto del Teatro del ENACOM. Y éste le quita fondos a la Secretaría de Cultura y se superpone con cosas que la Secretaría ya hace. Por otro lado, creo que muchos escritores se han confundido porque creen que el Instituto los beneficiaría a ellos y en realidad está pensado para beneficiar a las editoriales. Creo que no termina de estar claro cuál es su objetivo, si es la construcción de un Observatorio, el Observatorio no requiere esto. Creo que una de las fuentes de financiamiento que debería tomar es la recaudación del ISBN, que hoy está injustamente privatizada en la Cámara del Libro cuando debería ser pública. Esto en todos los países lo administra la Biblioteca Nacional de cada país y en algún momento de nuestra historia la Biblioteca Nacional lo cedió a la Cámara del Libro. Son muchos millones de pesos que yo creo que deberían utilizarse precisamente para que se fomente la industria editorial. Y ese debería ser uno de los fondos de asignación directa para el financiamiento del Instituto. Pero creo que también debería ser para la modernización del sector editorial, no solamente para intentar mantenerlo tal cual está, porque el mundo está cambiando y el mundo editorial tendría que ser consciente que si no se termina de adecuar a las transformaciones de su sector va a terminar desapareciendo, o va a terminar sufriendo mucho, y vamos a terminar subsidiando algo que no tiene… No es que los libros van a desaparecer, yo no creo que los libros vayan a desaparecer. Pero sí creo que hay que buscar mecanismos inteligentes y no mantenerlo tal cual está para siempre, para toda la eternidad. Porque nada va a seguir existiendo tal cual está para toda la eternidad. Entonces comparto la idea en general, no comparto cómo se está instrumentando y lo hemos conversado con los legisladores de la bancada de Juntos por el Cambio para intentar mejorarlo.

— Le voy a hacer una pregunta delicada. ¿Cuánto cree que el rechazo que pueden haber provocado las distintas políticas o declaraciones tienen que ver directamente con usted y no solo con el gobierno?

— No lo sé, habría que preguntárselo a los demás. Puede ser, mirá, yo siempre fui un poco provocador, desde chiquito. Y siempre tuve el cuero un poco duro para eso. Y he vencido a eso. Y los que me conocen también han vencido a eso. De manera tal que puede haber gente que un funcionario le caiga mal, porque le cae mal, y puede haber gente que un funcionario le caiga bien, porque hace cosas buenas a pesar que su persona le cae mal, y puede ocurrir lo contrario también. No lo sé.

Avelluto con Alejandro Tantanian, director del Cervantes y uno de los puntos más altos de su gestión, en la evaluación propia y también en la de los opositores
Avelluto con Alejandro Tantanian, director del Cervantes y uno de los puntos más altos de su gestión, en la evaluación propia y también en la de los opositores


— ¿Se arrepiente de algunas declaraciones?

— Sí, claro. Sí, obvio. Me arrepiento de mil cosas, me arrepiento de declaraciones, me arrepiento de medidas. Uno comete errores todo el tiempo. Uno se olvida, a ver, yo voy a la televisión, a veces uno quiere ser ingenioso y se olvida de que está hablando con millones de personas, o miles de personas, dice cosas... Yo creo que siempre preferí no quedarme callado, siempre fui de decir cosas incorrectas, o políticamente incorrectas. Siempre fui un poco provocador, desde chiquito, en la universidad. O sea, nadie que me conociera se pudo haber sorprendido mucho. Por supuesto no todo el mundo me conocía, y la inmensa mayoría no tenía por qué conocerme. Jamás me imaginé que iba a ser funcionario. Y he visto tweets míos que por supuesto pueden haber causado…

— ¿Le da vergüenza haber tuiteado que la Libertadora era su golpe favorito…?

— Lo dije en un contexto, y tengo la oportunidad de aclararlo, eso fue por el golpe del 55. El golpe del 55 fue el golpe que yo más estudié, porque siempre me pareció el golpe más interesante para estudiar. Por eso digo que es mi golpe favorito. (N. de la R.: En 2013, durante un intercambio en Twitter, el secretario señaló humorísticamente entre otras cosas que el golpe contra Perón “tenía mala prensa”) Lo charlé con una historiadora, con una periodista, con alguien más. Nací 11 años después. Pero las cosas quedan escritas y después cada uno las interpreta en función de posiciones que cada tiene. Por otro lado, nadie puede tomarse todo totalmente en serio en la vida. He escrito otras cosas que creo que son más interesantes o más importantes que ese tuit. O que otros tuits que incluso pueden ser polémicos o pueden ser ofensivos o alguien los puede interpretar de manera ofensiva. En relación a que la exposición pública, no es algo que te enseñen, como nadie te enseña a ser ministro, como nadie te enseña a ser funcionario, como nadie te enseña a hacer declaraciones. A veces uno hace una de más, en una época en la cual los zócalos y los tuits y los clics y los títulos son importantes para concitar la atención. Yo trabajé de editor muchos años, entonces tiendo a tratar de concentrar ideas en una frase, y a veces esa frase es polémica porque te estás peleando con alguien, o porque querés mostrar que podés condensar una idea en muy pocas palabras. Y de pronto dijiste algo que es una pavada o en lo que quedás como un tonto o pensás que es ingenioso y quedaste diciendo una estupidez. O algo que para algunos puede ser una cosa inteligente pero para otros puede ser una reverenda pavada. Y son los riesgos que uno corre. Yo no es que me arrepienta, por supuesto que hay cosas que digo uy, mientras las estoy diciendo me doy cuenta que no debería decirlas. Porque ya te imaginas el tuit: “mirá este estúpido lo que dice”. Y por supuesto uno lo sufre después. Pero a veces también prefiero eso al discurso adocenado del que no dice nada, del que dice sólo lo correcto.

— ¿Usted con gran parte de los funcionarios del gobierno que en la última etapa de la campaña pusieron el énfasis muy claramente en “la democracia solo está con nosotros”?

— Creo que sí quedaba claro que los valores democráticos se ponían en juego, no porque nosotros –nosotros, el gobierno- pensáramos que los valores democráticos los teníamos nosotros. Sí sentí algo en aquella movilización del 24 de agosto, la que de algún modo convocaron Campanella y Brandoni. Yo fui a esa movilización, no fue mucha gente del gobierno ese día, pero yo fui con mi mujer, y pensaba que me iba a encontrar un mensaje parecido al de los caceroleros, antikirchneristas fanáticos, del final del kirchnerismo. Y para mi sorpresa, aunque había algunos, no me encontré ese antikirchnerismo radicalizado de aquel momento. Me encontré una actitud que tenía que ver con defender algo que no estaba muy claro qué era, porque no era tampoco defender a Macri. No era defender al gobierno, porque las cosas tampoco estaban como para defender mucho al gobierno, sino defender un espacio, un espacio de libertades. Que esas personas sentían, en su mayoría, que estaban defendiendo libertades, un clima, un cierto modo de convivencia, que los llevaba a defender a este gobierno. Y no estaban ahí porque defendían al gobierno sino porque creían que este gobierno está más cerca de defender esto que otro. Y ahí fue como una especie de encuentro, o de reencuentro, entre nosotros, el gobierno, y esa base electoral de la cual nos habíamos alejado te diría hasta físicamente. Corporalmente incluso. A tal punto que fue cuando el presidente decide ir solito con su mujer casi a participar de eso. No fueron preparados, ni había micrófono, nada. En ese momento, unos días después, fue que se me ocurrió en una especie de sueño diurno, que tal vez Macri tenía que hacer unas marchas por todo el país y entrar en contacto con la gente sin tanta seguridad…

Avelluto, quien dio la idea para las marchas del final de campaña

— ¿Fue idea suya?

— Originalmente sí. Después creció en una idea colectiva de mucha gente. Pero originalmente fue… Banderas argentinas, sin nada de tanto escenario aparatoso, digo, que fuera una comunión de algún modo y que la gente pudiera estar cerca. Y en localidades grandes y chicas. Y que fuera un encuentro en función de esos valores y ya no la gente yendo hacia él, sino él yendo hacia la gente. Y ahí, bueno, eso tomó, y fue creciendo hasta transformarse en lo que se transformó.

— Usted no es una persona que viene del mundo de la economía, pero sí es un administrador, sabe de números. ¿Cuál cree que fue el verdadero error en términos económicos que cometió el gobierno de Macri.

— Como dice, no soy economista. A ver, dos situaciones. Una es haber querido hacerlo todo. En un país donde las limitaciones son, o en una economía donde las limitaciones son tremendas. Y creo que esas limitaciones no las estimamos con la suficiente precisión en el inicio. Es decir, la fragilidad de nuestra economía es muchísimo mayor; era y sigue siendo muchísimo mayor de lo que nosotros habíamos estimado. Somos un país que pudo, pero desde hace décadas está estancado en su fracaso, en el fracaso de sus élites, de sus corporaciones, de su clase política. Que podría ser otra cosa, pudo ser otra cosa y ahora no puede ser nada. O puede ser esto que tenemos, con su pobreza escandalosa, su inflación tremenda. Un poco mejor a veces, un poco peor otras. Y por el otro lado, en un exceso de voluntarismo, con buena fe pero con un exceso de voluntarismo y de querer hacerlo todo y de querer resolver la pobreza y de querer resolver el déficit, y de querer resolver los holdouts, y de querer resolver la infraestructura, y de querer resolver maníacamente todo, hicimos cosas que eran contradictorias entre sí. A veces yo digo que a la mañana éramos neoliberales, al mediodía éramos keynesianos, a la tarde éramos socialdemócratas, a la noche éramos monetaristas. Entonces hacíamos esto y con lo que hacíamos allá… Lo sé porque aún en mi pequeño micromundo y mi pequeño estar me pasaba lo mismo. Es decir, yo quería arreglar el Museo y arreglar la administración. Y no podés todo. Y todo esto mientras el reloj del taxi a correr, y sentís que… Porque en una compañía privada tenés tiempo, pero acá no tenés nada de tiempo. Se vienen las elecciones de mitad de término, se viene esto, se viene lo otro; aparte no teníamos poder político tampoco para decir nosotros qué ley había que hacer, teníamos que negociarlo. Entonces creo que si vos juntas todos esos factores te sale más o menos lo que nos salió, digo, buenas intenciones…

El fracaso económico del gobierno


— Fracaso económico.

— Pero resultados magros. Pero el problema de fondo, si lo ves más allá de toda esa conjunción de elementos, está en una dificultad que tenemos desde hace mucho tiempo de poder, y ahora la viví desde la parte que me faltaba vivirla. Porque la viví como ciudadano en la platea, como editor o periodista circunstancialmente desde las bambalinas y ahora desde el escenario. O sea, di toda la vuelta, y ahora la volveré a vivir desde la platea y es nuestra dificultad como sociedad para poder articular un rumbo. Uno, cualquiera, alguno que podamos. O para ser China o para ser Bolivia, o para ser Brasil, o para ser de alguna manera, apuntar hacia algún lugar. Y eso requiere una renovación generacional, estoy convencido, de los sectores políticos, corporativos, sociales. Porque no es “nos sentamos a una mesa, acordamos cuatro o cinco cosas”, como se dice cada dos por tres. No es así, no es tan fácil, ya lo hubiera hecho otro. Digo, “se sientan los empresarios, se sientan los sindicatos”, o “llamamos a Tinelli, a Juan Carr y a la Iglesia y resolvemos el hambre”, no es así. Pero tiene que haber…

— Si, pero sin eso es más difícil, igualmente.

— A ver, tiene que haber un acuerdo. Y además necesitamos Justicia. Necesitamos que alguien diga de acá para acá se puede y de acá para acá no se puede más. Porque si no vamos a estar discutiendo todo el tiempo si éste tiene que ir preso, si éste no tiene que ir preso, si esto se puede hacer, si esto no se puede hacer, digo, hay un punto en el cual si hacés esto vas preso, si hacés esto no vas preso. Y todos tenemos que creer. Como nos pasó con los militares del Proceso. Sabemos que torturar gente está mal, nos pusimos todos de acuerdo que está mal. Digo, estamos todos de acuerdo. Salvo alguna minoría demente el resto estamos todos de acuerdo. Y respetamos eso a rajatabla. Hay un punto en el cual necesitamos que la justicia sea creíble en la Argentina. Si durante unos años el señor X es un delincuente, pero después cambia el gobierno y el señor X no era un delincuente, nos estamos volviendo locos. Entonces hay un punto en el que necesitamos, a esa institución, recuperarla. Pero no recuperarla para que piense como yo o para que piense como ellos, necesitamos recuperarla para que todos le podamos creer a alguien.

— Recién dijo que el 10 de diciembre vuelve a la platea.

— No sé, ojalá, qué sé yo. Ojalá haya plateas disponibles todavía.

— ¿Cómo se imagina después del 10 de diciembre?

— No lo sé. Es mi gran pregunta porque yo siempre encaré esto como un trabajo, como siempre trabajé toda mi vida, de muy chiquito, así que voy a tener que seguir trabajando. En el sector público, en el sector privado, pero…

— ¿En la Argentina?

— En la Argentina o donde haya trabajo. Soy, como se dice, sostén de familia así que tengo que trabajar para poder vivir y espero realmente que lo que aprendí en estos años sirva para algo.

— ¿Va a seguir en la política?

— Espero que sí. Yo voy capitalizando lo que voy aprendiendo. Y la verdad que lo que he aprendido espero que me siga sirviendo. No sé, la verdad es una pregunta que me hago todos los días. Quisiera seguir pero también quisiera poder parar un poquito, pensar. No lo tengo claro, cuando lo sepa les contaré.


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LOS NÚMEROS OFICIALES DE LA GESTIÓN

Lo que sigue es un resumen de diez ítems que la Secretaría de Cultura de la Nación le envió a Infobae Cultura para su publicación:

1- En 4 años se duplicaron las visitas a nuestros Museos Nacionales.

2016: 834.177

2017: 1.084.186

2018: 1.217.182

2019: 1.732.000

2- Luego de 12 años, el Teatro Cervantes luce sin andamios y con una gestión emblemática. Por primera vez se llamó a licitación pública para realizar la puesta en Valor del Teatro Nacional Cervantes. Se concretó la renovación de fachadas y balcones del emblemático edificio. Además se recuperaron y pusieron en valor los muros, solados, carpinterías, herrería, iluminación y sistema de desagüe pluvial. La obra tuvo un presupuesto de $35.764.856.

3- Se concursaron 21 cargos de Directores de Museos Nacionales por primera vez en la historia.

4- Se logró la modificación de la Ley de circulación internacional de obras de arte para simplificar los trámites de exportación de obra y facilitar la circulación de arte argentino por el mundo. Durante 2016 se tramitaron 1.612 solicitudes de licencia de exportación por un total de 15.186 bienes culturales y 93 solicitudes de aplicación de franquicia de importación por un total de 136 bienes culturales. En 2017 se emitieron 1874 trámites de licencias de exportación y 84 franquicias de importación por un total de 20.272 bienes culturales. En 2018, se tramitaron 6.804 solicitudes entre Licencias de exportación, Avisos de exportación, Avisos de importación, y solicitudes de Aplicación a Franquicia por un total de 27.637 de bienes culturales. Al 31 de agosto de 2019 se tramitaron 1774 licencias/avisos/ franquicias por 9747 bienes culturales.

5- Se saldó una demanda histórica del sector que es la devolución del IVA para la industria editorial. Con esta medida, las empresas editoriales y gráficas pueden solicitar la devolución del IVA en los insumos como el papel, la impresión, la tinta y otros costos de producción.

6- Creación de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea: Luego de 10 años, a través de la resolución administrativa 1371, en el 2019 se logra su incorporación como el noveno organismo estable de la Nación marcando un hito en la historia de esa Compañía.

7- La Biblioteca Nacional Mariano Moreno tiene récord de usuarios con 216.435 lectores que asisten a la biblioteca.

8- Se llevaron a cabo 2 ediciones del Mercado de Industrias Creativas de Argentina, el encuentro de creatividad más grande del país y de la región. Con actividades culturales públicas, invitados internacionales, emprendedores de todas las provincias, rondas de negocios y países invitados, el MICA fue impulsor de otras versiones en Latinoamérica como el MICUY (uruguay), el CHEC (Chile), MICBR (Brasil) y el MICSUR. En total, pasaron 6500 emprendedores por los MICA, abriendo unas 8500 rondas de vínculos y negocios.

9- Trámites realizados mediantes procedimientos licitatorios: Se triplicaron los montos de licitaciones públicas, con una reducción de costos en los servicios de Seguridad y Limpieza del 40% anual. Seguridad y Limpieza tenía un costo anual de 380 millones. Con las licitaciones públicas realizadas, los mismos servicios en los mismos edificios, bajaron 240 millones de pesos, representando un ahorro nominal de 140 millones. Estos servicios fueron licitados por primera vez en la historia. En la Biblioteca Nacional, el ahorro por las licitaciones de seguridad y limpieza fue de 42 millones. En los Museos Nacionales el gasto en limpieza pasó de 144 millones de pesos a 77 millones de pesos anuales, generando un ahorro del 47%. Fue la primera vez que se hizo una licitación pública para dicho servicio. En 2019 se volvió a licitar con una proyección de 50 millones de pesos menos que en 2017.

10- El Fondo Nacional de las Artes duplicó el otorgamiento de becas a artistas de todo el país para concretar sus proyectos. En el período 2016-2018, el FNA entregó 2246 becas artísticas. (entregó 917 becas durante el período 2012-2015)



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