Por Sol Bonelli

Al pensar en los procesos creativos, me pregunto desde cuándo, quienes escribimos, lo empezamos a hacer. Terminé Flores de Tajy, a mitad del 2015 pero podría pensar, que se venía escribiendo desde mucho antes en mí. A mis doce años, supe lo que significaba el "Juliette Show" de luces de neón que se ostentaba frente a mi colegio, en la esquina de dos avenidas principales del barrio porteño de Flores. Bajo ese cartel, por la escalera de alfombra negra gastada, rumbo a un sótano oscuro, sólo los varones entraban (de púberes en adelante). Adentro, las mujeres-objeto se movían, según me contaron, semidesnudas, a un son que parecía no entusiasmarlas.
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Así, por relato de quienes tenían el privilegio de poder acceder y disponer en esos lugares (o sea cualquier varón con tres mangos en el bolsillo) supe que existía la prostitución. Desde entonces, ese universo me intrigó. No podía naturalizar ese "intercambio". No parecía "el trabajo más antiguo del mundo" como algunos rezan. Me sonaba deforme y abrupto, eso de que un desconocido pague por meterse en el cuerpo de una. Porque yo, mujer en este mundo, no era criada en eso de pagar por sexo. Me intrigaba pensar en el lugar de esas mujeres, ¿Por qué lo hacían? Pero el tema no era sencillo y en mi cabeza preadolescente no terminaba de cerrar.
De la trata, en cambio, me enteré años después, cuando por impulso, me anoté al taller de trata y prostitución durante aquel 25º Encuentro Nacional de Mujeres en Paraná. Allí entendí lo que era la trata, al escuchar a esas madres, buscando a sus hijas, que, como gritamos en tantas marchas, son desaparecidas para ser prostituídas. Entendí, también que ciertas cadenas son invisibles. Muchas recién salidas, denunciaban la pobreza y el hambre, la falta de educación y derechos que las habían empujado hasta ahí. Se sabe, los recursos para retener a alguien van del engaño, el fraude e intimidación a la violencia física, la amenaza, el abuso de autoridad y la vulnerabilidad y excede a la foto de mujeres encadenadas (por más que exista). A las "ratoneras" sexuales tantas mujeres caen ilusionadas "por amor", por falsas ofertas laborales o secuestradas sin más.
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Con las herramientas que tenía (y sigo empuñando hoy: la pluma y el papel), quise contar esta tragedia dolorosamente cotidiana. Para que se sepa, más allá de los espacios que yo frecuentaba. Para que lo sepa todo el mundo y sus verdugos no se sirvan más de nuestro silencio cómplice. Al menos no del mío. Entonces, el desafío fue pregunta: ¿Cómo narrar este horror para que sea escuchado?
En aquel 25º ENM, le compré a Sonia Sánchez su Ninguna Mujer Nace para Puta donde leí su historia y supervivencia. En unas jornadas sobre trata escuché a Alika Kinan contar su rescate de un prostíbulo en Ushuaia. Y esas voces y vivencias se quedaron en mis oídos.
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Puesta a escribir teatro, esas historias volvían como oleadas y en mi cabeza rebotaban las palabras del maestro Kartun sobre la bisociación: Esa amalgama de mundos opuestos que hace estallar los sentidos. Corría el 2014 y aún no habíamos gritado #NiUnaMenos, pero la marea bramaba, subterránea. ¿Cómo contar la trata desde la poseía, buscando así con-mover? (moverse con, accionar).

Tuve la necesidad de narrar la trata de mujeres desde la cosmogonía guaraní de la Naty, una paraguaya engañada, casi un cliché del mundo prostibulario (y chiste para algunos). Me inspiraron las leyendas guaraníes, y nacieron así las metáforas de la selva, salvaje y libertaria en contraposición a los refranes que usan Cris (la travesti/madama) y Miguel (el prostituyente). En sus dichos, se guarda lo más reaccionario de la sociedad, y para mí como autora laburando las palabras, significaban: todo lo gastado, lo que es siempre repetido y perpetuado, sin conciencia ni cuestionamiento.
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En un panorama terrible, fue apenas ese mi accionar: contar lo mejor que pude esa historia, que a tantas es común. Y lo que vino después tiene lo mágico y potente del teatro, que enseguida se torna un trabajo colectivo. Flores de Tajy, es una pieza teatral que cuenta la crueldad del mundo prostibulario y la trata de personas buscando con-mover, porque creo que moverse con es parte del trabajo propio y colectivo, si anhelamos que estas conductas caigan ¡y las tiremos de una vez!
*Flores de Tajy
Maipo Kabaret, Esmeralda 443, CABA
Miércoles a las 21
Duración: 70 minutos
Localidades: $ 600. y $ 500. Venta onlie por Plateanet. Boletería, lunes a lunes de 10 a 20 horas
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