La escritora y actriz Romina Paula presenta su película “De nuevo otra vez” (Foto: gentileza Catalina Bartolomé)
La escritora y actriz Romina Paula presenta su película “De nuevo otra vez” (Foto: gentileza Catalina Bartolomé)

En De nuevo otra vez hay varias texturas. Como ocurre en la mayoría de los trabajos de la escritora, directora teatral y actriz Romina Paula, en su debut como cineasta se superponen capas. Hay una historia que se cuenta -la de una hija, encarnada por la propia Romina- que vuelve por un tiempo a la casa de su madre -encarnada por Mónica, la mamá de la artista en el mismísimo hogar familiar- acompañada por su pequeño hijo Ramón -su propio niño-. A la vez, hay un registro casi documental con fotos de su familia, donde recupera de alguna manera sus orígenes y explora sobre la vida de sus antepasados, inmigrantes alemanes que llegan a la Argentina y terminan sus días aquí, hablando en un lenguaje cotidiano que inevitablemente va a extinguirse. Y también hay actores que acompañan las escenas y la vida de la protagonista de la película, que se llena de preguntas a partir de la maternidad y de los vaivenes de su deseo.

En un tono honesto y alejado de los clisés, Romina Paula abre las puertas a sus propios miedos y experiencias y los expone en primer plano.
"Me pregunté mucho qué es o cómo se puede contar la primera persona en el cine. ¿Es la nuca, como en las películas de los hermanos Dardenne? ¿Ver una nuca es una primera persona? Una cámara subjetiva para ver un café porque la protagonista lo está mirando, ¿es primera persona? ¿Qué es la primera persona en el cine? No tengo una respuesta para eso, pero creo que el ejercicio quizás es bastante ése. Como si la pregunta fuera: ¿es una primera persona esta película? ¿Y cómo se cuenta esa primera persona? ¿Es el off? ¿Ella en pantalla es la primera persona? ¿O ella es tercera porque la estás viendo?", reflexiona la artista en diálogo con Infobae sobre el largometraje que acaba de estrenar en el Malba, el Centro Cultural Recoleta y el Cine Gaumont, entre otras salas.

El tráiler de "De nuevo otra vez", de Romina Paula

-Hablás muchas veces de las imágenes generadoras como primer paso para la escritura. Para esta película, ¿hubo un disparador o imagen así?
-Tengo dos, en realidad, que reconozco, que finalmente son muy constitutivas para la película. Porque pasa que a veces partís de algo y después lo descartás. Pero en este caso son dos pilares. Por un lado, quería filmar a mi mamá en su casa. En realidad tenía la imagen de mi mamá en la cocina, algo que finalmente está muy presente en la película, hablando en alemán. Por alguna extraña razón, a eso siempre lo vi como algo de ficción, que es raro porque en realidad es mi mamá hablando en su cocina en alemán, algo de la realidad (risas). Quería registrarlo y a la vez darle un marco ficcional. Eso lo pensé hace mucho y lo tenía en mente hace mucho. Por otro lado, tenía también la imagen de una hija que vuelve con un hijo a la casa de su madre. Después, en algún momento tuve vinculadas esas dos imágenes y finalmente lo estuvieron. Pero, cuando las pensé, como todavía no tenía un hijo, entonces la imagen de la chica volviendo era una actriz. Todo eso era una idea que yo llamaba "audiovisual" (risas).

-Claro, porque hasta ahora vos fuiste recorriendo varias formas como dramaturga, novelista, actriz…
-Sí, pero sabía que esto no era otra cosa. Supongo que porque quería filmar a mi mamá que no es una novela, o alguien de teatro. Tenía bien claro, entonces, que las dos imágenes eran audiovisuales. Pero sé que hacer cine es muy caro, entonces tampoco tenía la ambición de hacer todo lo que se debe hacer para filmar una película o me imaginaba algo más chico, convocando a algún amigo, una cámara y alguien que hiciera el sonido. Finalmente, cuando se empezó a armar la posibilidad de hacerla, el productor Diego Dubcovsky me hablaba de "equipo chico" con quince personas yo pensaba que era un montón. Equipo chico en mi cabeza eran tres, incluyéndome (risas).

En la película aparecen la madre de la artista y su hijo
En la película aparecen la madre de la artista y su hijo

-¿Cómo llegás de esas imágenes a combinar tantas texturas? Al ver la película uno se encuentra por un lado un registro documental, otra cosa muy testimonial con gente hablando a cámara en monólogos y después está la historia o la anécdota. ¿Cómo decidiste combinar todo eso?
-El rodaje estuvo partido en dos etapas. En mayo del año pasado filmamos todo lo que fue en la casa de mi mamá y en los alrededores. Después, en septiembre, con todos esos meses en el medio, filmamos todo lo que es en Buenos Aires, con los actores, la fiesta, los exteriores, los extras. En ese período, en la primera versión del guión, no estaban los monólogos, que fue lo último que escribí. Yo sabía que faltaba algo pero también sabía que teníamos ese tiempo entre las dos tandas de rodaje. Con las obras de teatro ni hablar, con los libros suelo demorar mucho tiempo, entonces hay tiempos en los que el material se va decantando y voy teniendo claridad sobre lo que estoy haciendo. Acá los tiempos fueron cortísimos. Además, el guión, desde el minuto cero lo compartí mucho con el productor, algo a lo que no estoy nada acostumbrada. Era entregar algo tan crudo y saber que no está bien, que otro me opine y me diga que no está bien. Y, a la vez, nunca había escrito un guión confiando en otra mirada, en la de alguien que hizo 50 películas. Así que fue dejarlo entrar.

-¿Esto cambió un poco tu forma de trabajar?
-Sí. En ese sentido cambió también mi manera de querer controlarlo todo. Como en la primera etapa filmamos solo lo de mi familia y el material que tenía era ese, dije: "Zas, quiero más de los actores". Quería verlos más. Entonces les escribí monólogos con cosas que me interesaban y que me parecía que les podía adjudicar. Lo de las diapositivas con fotos de mi familia apareció en una primera versión del guión. Es un material que tenía que una vez usé para una obra de teatro. Siempre me parecieron unas fotos muy lindas, sacadas por un fotógrafo amateur. Eran fotos familiares pero que tenían un potencial. A la vez, nunca las había visto en grande. Las vi como diapositivas a trasluz, después tamaño computadora y ahora tamaño cine, que es increíble. Y, además, como el material es analógico se ve bien en ese formato.

En el largometraje también se ven fotos familiares de Romina Paula
En el largometraje también se ven fotos familiares de Romina Paula

-Con la incorporación de ese material hay algo que tironea la película, la pregunta de hasta dónde es ficción qué cosa, hasta dónde no. Algo que ya trabajaste antes.
-En las novelas es muy así. Mis novelas son todas de primera persona femenina, de edades que hace poco dejé atrás. La gente tiende a pensar que es todo verdad, lo cual también es un poco divertido. Me causa gracia cuando me dicen "estoy en el momento en que te vas al bar". ¡No soy yo la narradora! (risas). Pero si bien en ese sentido uno podría pensar que el cine está más cerca del teatro porque es audiovisual también, en realidad haciendo la película me sentí más cerca de cuando escribo una novela que de cuando hago una obra de teatro. Quizá también por el tema, porque lo tenía más cerca. En las obras de teatro quizá hay un pacto de ficción más claro con unos nombres o personajes, algo más alejado del cuerpo.

-Lo curioso es que acá materialmente están vos. Mónica es tu madre, Ramón es tu hijo.
-¡Totalmente! Encima en las novelas las narradoras tienen un nombre y tienen una biografía que no es la mía, claramente. Acá es distinto. Sin embargo, por eso mismo, es raro pero también, en el producto final, me siento bastante protegida porque también sé que eso no es mi vida. Aunque soy yo y conozco todos los elementos que me acompañan. Pero la mirada sobre eso hace que lo que se ve no sea un registro documental. Claramente eso no es mi vida. Hay elementos muy importantes de mi vida, pero siento la protección de la ficción. Es raro que diga esto pero me pasa.

Otra postal familiar
Otra postal familiar

-La película casi que podría llamarse "la lengua materna" o algo parecido a eso. ¿Cómo fue que decidiste incorporar esas escenas de tu madre hablando en alemán?
-Eso fue ganando importancia. En realidad, desde la escritura siempre la tuvo. Sólo que yo no lo tenía tan en claro que iba a hablar tanto de eso. Pensaba que estaba retratando una versión de mí, de mis pensamientos, de una coyuntura. Y finalmente fue: "Ah, esto es también sobre mi madre" (risas). Haciendo todo esto me fui dando cuenta de que el vínculo nuestro es con la lengua y no con el país. Eso también es muy loco. Porque ellos (N. de R. los antepasados alemanes de su familia) no volvieron al país del que se fueron. Entonces el vínculo es con la lengua o con lo que queda de ella. Porque tampoco es la lengua actualísima alemana con su sofisticación de vocabulario y eso. Es algo más afectivo. Cada lengua tiene su clima pero en el alemán hay algo de su estructura que a mí me parece bastante fascinante. Hay muchas lenguas que no conozco, claro, que probablemente deben tener su fascinación también. Pero esa lengua tiene algo complejo y bello. De alguna manera también sentí que estaba capturando algo que irremediablemente se extingue y está bien, porque quería quedarme con un poquito de eso.

-Otra cosa que sucede en la película y que también sucede en tu último libro, Acá todavía, es que capturás ciertas transiciones. ¿Te interesan esos momentos por algo en especial?
-Es el tránsito. O, ni siquiera. Pienso la película como en una suspensión. Esa suspensión antes de una decisión, algo que puede durar años o que puede durar un instante. Es ese momento en el que todavía esos otros en los que vas a convertirte son posibles hasta que definís uno. En Acá todavía no dice exactamente cuál es el próximo paso pero se ve el momento justo antes. Y en la película también. Es verdad que en general cuento esos momentos del "entre" una cosa y otra. Creo que tiene que ver también, pienso ahora, con la primera persona. Porque quizá con la tercera persona podés hacer lo que quieras pero por ahí tiene un poco más el peso de tener que contar un suceso, una anécdota, algo.

“Acá todavía” (2016, Editorial Entropía) es la última novela de la escritora
“Acá todavía” (2016, Editorial Entropía) es la última novela de la escritora

-Hay algo que aparece muy fuerte y tiene que ver con mujeres superpoderosas en la película. Además, están representadas tres generaciones, la de la protagonista cerca de los 40, la de su madre y la de la chica de veintipico. ¿Cómo lo pensaste? ¿Es inevitable que aparezcan este tipo de planteos en estos tiempos?
-Me pasó lo que me pasa a mí en general con las cosas. No es que tomo una decisión política y después actúo sino que percibo así la vida, escribo y después digo: "Che, parecería que tengo esta posición". En mi caso, me crié en una familia tipo, con padre y madre juntos. Sin embargo, no sé, aparece lo femenino así. Yo vengo de una estructura más convencional de "padre que va a la oficina a trabajar y trae la plata" y "madre ama de casa que se dedica a sus hijos con alegría". Marco lo de la alegría porque creo que eso hace la diferencia. Sin embargo, para mí siempre fue clarísimo que el poder estaba ahí, en mi mamá, que era la que manejaba los hilos. Eso obviamente lo pude nombrar de más grande. Pero era así. Mi papá era un señor que venía y al que no se lo podía molestar, estaba siempre como cansado, estaba ahí, fue el que tuvo la carrera universitaria pero yo siempre sentía en eso más formalidad y algo medio desolador. En cambio, las mujeres como mi mamá y mis abuelas en el hogar moviendo los hilos siempre me parecieron naturalmente más poderosas.

-A la vez, la nueva generación representada en la película por la hermana de la mejor amiga de la protagonista, viene a plantear otra cosa. En un monólogo se menciona "la revolución de las hijas". ¿Cómo te conectás con esa idea?
-Sí. Y ni hablar de las de 15, que ya traen otra cosa más y hasta podrían ser mi hijas. Estuve pensando en esto hace poco y me di cuenta que lo de la revolución de las hijas me gusta tanto porque "hijas" es algo que cualquier mujer en el mundo es. Madre no, es algo que se elige. Entonces, también, esta revolución de las hijas me parece poderoso. Las abuelas fueron hijas, las madres son hijas, las chicas son hijas. ¡Es algo medio innegable! Hace un tiempo me dijeron: "Ay, vos siempre con esa fascinación por las mujeres". Y pensé: sí, tengo fascinación por las mujeres. Vengo de un lugar en el que había mujeres amas de casa y pienso que tal vez a lo que se dedica alguien sea un detalle y lo importante quizá es de qué modo se dedica. Vi que en mi caso eran mujeres amas de casa pero no eran depresivas que miran televisión y fuman y querrían estar en otro lugar. Ellas se dedicaban a eso y a sus hijos con muchas ganas. Por llamarlo de alguna manera, había una ética del trabajo aplicada al hogar en este caso. Eran ellas las apasionadas, a ellas las vi así y no al hombre con traje yendo a su trabajo.

Romina Paula también es una destacada dramaturga (Foto: Gentileza Catalina Bartolomé)
Romina Paula también es una destacada dramaturga (Foto: Gentileza Catalina Bartolomé)

-En la película los varones están ahí. No en un costado pero tampoco en primer plano.
-Ramón es el varón más protagonista. Pero también quería eso. No quería que el varón fuera el tarado o mostrar una opinión negativa sobre el hombre. Por eso también quería que en el final hubiera amor, aunque se diluyera el proyecto en común. No quería la típica conflictividad de "este tipo es un forro, no me satisface" o una cosa despreciativa. No quería la demonización del hombre. Los varones, entonces, tienen ese lugar periférico y también muestran sus propios conflictos.

-La película tiene una mirada muy particular sobre la maternidad. En los últimos tiempos hay muchos discursos que indagan sobre este tema. ¿Cómo hiciste para no caer en la solemnidad clásica de la madre abnegada ni en el tono entre autoconsciente y paródico que se burla del chat de mamis?
-El descubrimiento minuto a minuto es que no hay un modo único de maternidad. Termina siendo algo muy personal que tenés que ir descubriendo. Eso mismo es lo áspero. Podés leer todos los libros que quieras antes de ser madre. Es como la experiencia cuando sos niño y tus padres te dicen algo y no podés recibir esa información hasta que no lo atravesás vos. Es lo más viejo del mundo ser madre. Cuando estás con la panza todas las que tuvieron un hijo te quieren contar algo. Entonces vos decís "acumulo información, algo de esto me va a pasar". Pues no (risas), ¡te pasa el caso que no te contaron! La sensación siempre es "a mí nadie me dijo". Y probablemente te lo dijeron pero no lo pudiste escuchar. Hay algo de eso. Por eso mismo también mi sensación minuto a minuto de estar con ese nuevo ser humano en el mundo es la perplejidad absoluta. Ojo, para nada es algo negativo la perplejidad. Pero siento que no hay un conocimiento previo que te pueda hacer anticiparte a eso o estar preparado.

-La protagonista de la película se hace varias preguntas en ese sentido.
-Es que lo mejor que podés hacer es estar presente ahí y decir "qué me trae esto de mí", más allá del otro. Esto que dice la Romina de la película lo pienso: esa sensación de cómo te percibís como mujer cuando te mirás al espejo. Para mí hay un antes y un después aunque quizá sea parecido. Pero es algo así como: ¿qué ven de mí? ¿Ven a una señora? ¿Ven a una chica? ¿Estaré linda todavía? ¿Ven una mamá? ¡Ni idea! Yo veo todo junto así, mezclado. Ahora me reconcilié con la idea de que no tengo idea de lo que estoy viviendo. Pero antes, ¿tenía certezas? Quizá ahora proyecto que antes tenía certezas pero no sé si era tan así. Y al final quizá solamente proyecto la certeza en el pasado, porque ya lo atravesé.

-Es curioso que ahora aparezca la madre porque en tu última novela la figura es la del padre.
-¡Sí, ya puedo dar por cancelados esos grandes temas! (risas). Es gracioso que en las novelas las madres siempre eran un desastre y nunca están, son madres abandónicas en Acá todavía y en Agosto. Y ahora ahora es una especie de oda que redime, una oda a mi madre.

-¿Cómo fue grabar teniendo que actuar y a la vez siendo directora?
-Lo primero que filmamos fue en la casa de mi vieja. Era toda la semana ahí, estaba todo el equipo de rodaje en la casa familiar. Y todo podía fallar, como pasa siempre en los rodajes. Con no actores y encima siendo mi primera película, con mi mamá, con mi hijo… todo podía fallar. Si Ramón se plantaba y no tenía ganas, no íbamos a poder filmar. O mi mamá podía llegar a ponerse muy nerviosa, a balbucear o a sobreactuar. Todo podía suceder. En ese sentido fue increíble, filmamos cinco días de corrido y funcionó y mi mamá actuó increíble. Para mí haciendo todas las cosas fue muy bueno, la pasé muy bien. Lo que me pasa en las películas en general como actriz es que el tiempo muerto de los rodajes, para el que no es técnico, es un plomo. Es espera, espera, espera. Hasta que estás rancio y de repente te dicen: "ahora tenés que hacer la escena en la que llorás y te pasa todo". Y vos decís: "Pero estaba preparada hace seis horas, ahora estoy vaciada, me comí una milanesa que me cayó pesada". En este caso me pasaba al revés. Es una película chica que escribí sabiendo que la iba a dirigir así que traté de tirarme buena onda de un rol a otro para poder hacerlo. Entonces me parecía espectacular que viniera la vestuarista y me dijera qué ponerme mientras me mostraban un plano. ¡No había tiempo muerto! Y en el no tiempo muerto sentía que fluía.

*De nuevo otra vez se puede ver en la sala del MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415) los sábados a las 22 y en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930) los domingos a las 19.30. Además se estrenó en los cines Gaumont de Buenos Aires, Select de La Plata, Village Avellaneda, Village Rosario, Cine Universidad Mendoza, Centro Cultural Guido Miranda (Chaco), Sala Orestes Caviglia (Tucumán) y el Cine Hogar Escuela (Salta)

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