Por Claudia Lorenzón

José Niemetz (Foto: Los Andes)
José Niemetz (Foto: Los Andes)

El mendocino José Niemetz, ganador del Premio Clarín de Novela 2018, despliega en el libro Tú eres para mí una historia de desmesura que tiene como protagonista a una mujer obesa, de un apetito sexual voraz que al igual que una viuda negra encuentra placer en asesinar a sus víctimas en un vivero heredado de su abuela húngara.

Magistralmente escrita, y al ritmo de un thriller sexual, la historia crece en cada página alimentada con la prolífica imaginación de su autor, un docente de 56 años, licenciado en Letras que vive en General Alvear, donde tiene una librería.

—¿De dónde surgió el personaje tan desmesurado y siniestro a la vez?

—El personaje surge de mis propios fantasmas, de mis obsesiones, de mis miedos y de mis preocupaciones por la discriminación que sufren muchas minorías, como por ejemplo los obesos. Creo que las minorías gordas no están lo suficientemente visibilizadas.

—De todas formas, más allá de la discriminación y las humillaciones que Estela sufrió en la infancia, no aparece como una mujer débil y sometida.

—Ella decide ser la gorda que ve en el cuadro Las jardineras, de Botero, y entonces muestra arrogancia y orgullo de sí misma. Cuando ve esa imagen del cuadro dice: ahí descubrí la gorda que yo quería ser. Es una gorda que va empoderándose de a poco y descubre en el crimen el placer y su forma de vivir y ser feliz.

—Pero a la vez desde lo sentimental es una persona nula de sentimientos.

—Es una mujer absolutamente amputada. La novela transcurre en los límites del vivero y Estela es una planta más: no habla y esta frígida de emociones, no siente dolor, pena, amor, ella vive. Y sentirá amor por la que será su hija y con quien descubre la maternidad.

José Niemetz (Foto: Télam)
José Niemetz (Foto: Télam)

—¿Por qué le interesó mostrar la oscuridad humana a través de ese personaje?

—Será porque estoy tratando de echarme luz a mí mismo, tratando de trabajar con mis propias oscuridades, no estoy haciendo un apostolado sobre las oscuridades ajenas sino sobre las propias. Yo sufrí mucho la obesidad de mi viejo porque cuando vivís en una casa con un gordo el tema de la comida es un fantasma cotidiano, enorme, porque mi viejo tenía graves problemas de salud y pienso que algo de todo eso se coló en esta novela. También pienso cómo nos vemos sumamente controlados y manoseados con toda la manipulación estética de la publicidad y las imposiciones sociales. Pareciera que al gordo todo el mundo tiene algo que decirle: que haga dieta, que haga ejercicio, que se vista de tal manera. Parece ser una especie de monstruo social.

—¿De dónde surgió el interés por las plantas, flores y raíces como dadoras de medicina?

—Vivo en una comunidad de menos de 50 mil habitantes y donde la costumbre de tomar el tecito es muy común. Por otra parte, durante quince años viví y trabajé en una finca rodeado de plantas porque era agricultor, trabajé en fruticultura y vitivinicultura y ese contacto con las plantas te hace entenderlas desde otro lado. También esto está relacionado con personas de mi entorno que tuvieron experiencia con ayahuasca, plantas sagradas que les dicen, y una parte de lo que escribo tiene que ver con experiencias de personas allegadas a mí.

—La música aparece todo el tiempo, ¿por qué eligió esa música de los 60?

—Es la música que escuchaban mis viejos y la que escuchaba cuando era chico. Detrás de la aparente inocencia de esas canciones del Club del Clan hay mensajes de cómo nuestros padres construían sus preferencias y sus sexualidades. "Tu eres para mí" es una nefasta confesión de un sádico o una sádica y de ninguna manera de un ser amoroso, porque no hay amor en la posesión. Entonces pienso de qué manera violenta vamos construyendo esto que tiene que ver con la sexualidad y las parejas, y cómo aparecen el hombre y la mujer en los mensajes narrativos de la publicidad.

—Una de las cosas que se destaca en la novela es la imaginación, ¿cómo la alimenta para la escritura?

—Después de los 50 llegué a una etapa de mi vida en la que me descuidé completamente del qué dirán. Soy docente en un pueblo chico y ya no me preocupo por lo que digan los demás. Y una vez que abrís la compuerta sale todo, como ocurre con el lenguaje cinematográfico. A mí me gustaría escribir como Alex de la Iglesia filma y esta historia sale de esa desmesura, de esa falta absoluta de límites que propone Alex de la Iglesia.

Fuente: Télam.

 

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