Por Horacio Tarcus 

“La biblia del proletariado” (Siglo veintiuno), de Horacio Tarcus
“La biblia del proletariado” (Siglo veintiuno), de Horacio Tarcus

Relata Francis Wheen en su libro sobre la historia de El capital que, en febrero de 1867, poco antes de enviar su opera magna a la imprenta, "Karl Marx le insistió a Friedrich Engels para que leyera La obra maestra desconocida, de Honoré de Balzac. Según le dijo, la historia era en sí una pequeña obra maestra, 'repleta de la más deliciosa ironía'". La obra maestra desconocida narra la historia de Frenhofer, un gran pintor que dedica diez años de su vida a trabajar sin descanso en un retrato que revolucionará el arte al proporcionar "la más completa representación de la realidad".

"Cuando Frenhofer permite finalmente que otros artistas, Poussin y Porbus, inspeccionen el lienzo una vez concluido, estos quedan horrorizados al ver un revoltijo de formas y colores, amontonados unos encima de los otros, sin orden ni concierto". Frenhofer contempló su propio cuadro y admitió: "¡Nada! ¡Nada! ¡Y pensar que he trabajado diez años!". Y luego de expulsar a los colegas de su estudio, quema sus obras y se suicida.

Por sorprendente que nos parezca hoy, ciento cincuenta años después de la publicación del primer tomo de El capital, la identificación de Marx con Frenhofer y su "obra maestra desconocida" no es en absoluto descaminada. Según el testimonio de su yerno Paul Lafargue, "[nunca estaba Marx contento de lo que hacía: siempre cambiaba alguna impresión, creyendo que de todas maneras era inferior la expresión a la concepción. Hay un estudio psicológico de Balzac –que Zola plagió vergonzosamente–, Le chef-d'oeuvre inconnu; el estudio le hizo impresión profunda porque describía sentimientos que Marx había experimentado. Se trata de un pintor genial atormentado por la necesidad de reproducir las cosas tal como se reflejan en el cerebro, que retoca sin cesar el cuadro hasta el punto de convertirlo en [una] masa informe de colores, que, sin embargo, [a sus ojos] representan fielmente la realidad".

El testimonio de Lafargue reviste especial interés porque nos muestra dos caras opuestas de El capital: por una parte, es la obra que consagra a Marx, la que conoce reediciones y traducciones en vida de su autor y cuya lectura, a propuesta de su amigo Jean-Philippe Backer, será recomendada en el Congreso de Bruselas de la Internacional (septiembre de 1868) con la expresión la "biblia del proletariado". Pero esta consagración de Marx y la temprana sacralización de El capital contrastan con la otra imagen que nos ofrece Lafargue y que refrenda la correspondencia del propio Marx: la de un autor-artesano siempre inconforme con los resultados de más de dos décadas de labor, que hace y rehace sucesivos borradores que luego desecha para volver a comenzar una nueva redacción, que pospone una y otra vez la entrega de los originales prometidos a sus editores. Como el plástico Frenhofer, Marx oscilaba entre la seguridad y la duda, temía que los constantes "retoques" alteraran la armonía de la obra, que la introducción de sucesivas mediaciones concatenadas terminara volviendo tan complejo su sistema que opacaran o neutralizaran su "representación de la realidad".
Y si esto cuenta para el primer tomo de El capital publicado por el propio Marx, vale tanto más para los borradores inéditos. Lafargue testimonia que "[h]abría sido para él un martirio si le hubieran obligado a enseñar sus manuscritos antes de haberles dado el último toque. Este sentimiento era tan fuerte, que me dijo un día que prefería quemar sus manuscritos antes de dejarlos incompletos". Sin embargo, sabemos que Marx no los quemó, que Engels fue su primer albacea literario, que tras diversas vicisitudes pasaron al Partido Socialdemócrata Alemán y que luego, con el advenimiento del nazismo, fueron albergados en el Instituto de Historia Social de Ámsterdam. Nuestra comprensión de la obra cumbre de Marx está mediada por la sucesiva publicación de estos manuscritos: el segundo tomo de El capital fue publicado por Engels en 1885 y el tercero en 1894; las Teorías de la plusvalía fueron editadas por Karl Kautsky entre 1905-1910; los Manuscritos de 1844 y la Ideología alemana se publicaron en 1932; el Capítulo VI inédito de El capital en 1933, y los llamados Grundrisse entre 1939 y 1941.7 No cabe la menor duda de que sin la publicación póstuma de estos manuscritos, nuestro conocimiento de Marx sería pobre y parcial. Sin embargo, es necesario resaltar que el trabajo de sus editores –por calificados que estuviesen figuras de la talla de Engels, Kautsky o Riazanov– nunca se limitó a una cuestión de competencias técnicas o intelectuales, sino que respondió sobre todo a una cuestión de autoridad: a la hora de poner en circulación una nueva obra, la pregunta de fondo giraba en torno a qué persona (Engels, Kautsky, etc.) o qué institución (el Partido Socialdemócrata Alemán, el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, etc.) poseía la suficiente autoridad como para dar a luz aquello que Marx tanto se había resistido a mostrar, para hilvanar los fragmentos que el propio autor no había logrado integrar en un todo, para completar sus puntos suspensivos o sus frases inacabadas.

Horacio Tarcus
Horacio Tarcus

La historia de las traducciones y ediciones de El capital se inscribe plenamente en lo que Pierre Bourdieu denominó la "circulación internacional de las ideas", en cuyo marco los procesos globales de edición están sometidos a operaciones de selección (¿qué se traduce?, ¿qué se publica?, ¿quién traduce?, ¿quién publica?), de marcado (dégriffé) a través del sello editorial, la colección, el traductor y el prologuista (quien presenta la obra de algún modo se la apropia y la anexa al campo de recepción), y de lectura, por las cuales los lectores aplican a la obra categorías de percepción y problemáticas que son el resultado de un campo de producción diferente. Pero el caso de la historia de las ediciones de El capital ofrece un plus de sentido respecto de la publicación de cualquier otro libro. Pues de todas las obras profanas que los reformadores sociales del siglo XIX destinaron a la redención del proletariado, sólo El capital alcanzó semejante grado de consagración.

Un libro complejo, cuyo alto grado de abstracción teórica hizo que fuera más reconocido (e incluso venerado) que leído. Esta dificultad determinó que su edición, su presentación, su lectura misma excedieran con creces la relación simple, directa y profana entre el lector y un libro cualquiera. El acceso del lector a una obra como El capital debía ser mediado por una serie de personas e instituciones "autorizadas", que ofrecieran garantías de canonicidad y fidelidad a un original celosamente resguardado. Y así como la biblia judeocristiana estuvo sometida durante siglos a querellas por su carácter canónico, enseguida veremos que el siglo XX asistió a una disputa no menos intensa respecto a la "edición autorizada" de la "biblia del proletariado".

Este volumen no pretende ser una introducción a la lectura de El capital. Es apenas una historia de las traducciones y ediciones de la opera magna de Karl Marx en el mundo hispanoamericano. No aborda los problemas relativos a la producción teórica de esta obra ni a sus condiciones históricas de producción –asuntos que ya han sido tratados en obras clásicas por autores como Roman Rosdolsky, Ernest Mandel, David Harvey y muchos otros–, sino aspectos significativos de su recepción y circulación en el mundo de habla hispana. Como mis anteriores trabajos, se inscribe en el campo de la historia intelectual; y como mi próximo libro, El Manifiesto Comunista en América Latina, pertenece al universo de los estudios de historia del libro y la edición.

La edición prínceps y las reediciones alemanas

Aunque sometido a reiteradas interrupciones dictadas por sus actividades políticas, la necesidad de ganarse la vida, las penurias económicas y las enfermedades, Karl Marx nunca abandonó el proyecto de crítica de la economía política trazado en 1844. Volvió, siempre que pudo, a su escritorio del British Museum (hoy British Library). Disfrutaba de aquella excepcional biblioteca donde tomaba nota de las obras y revistas económicas. Una vez que regresaba a su casa, escribía hasta altas horas de la madrugada.

A mediados de 1860 el proyecto de publicar un segundo cuaderno de su
Contribución a la crítica de la economía política había quedado en el olvido. Había reestructurado el plan de la obra, que ahora se titularía El capital, mientras que Crítica de la economía política quedaría como subtítulo. A pesar de los apremios de sus editores, de su amigo Engels y de su propia familia, Marx estaba dominado por un afán de perfeccionismo que lo llevaba a reelaborar sin cesar sus planes y a reescribir íntegramente sus textos. Roman Rosdolsky ha contabilizado catorce versiones del plan de El capital, sólo entre septiembre de 1857 y abril de 1868. Sus numerosos manuscritos económicos están aún hoy en curso de publicación.

Marx consiguió al fin un editor en Hamburgo, Otto Meissner, dispuesto a afrontar la publicación. El capital. Crítica de la economía política circuló en esa ciudad a partir de principios de septiembre de 1867. La tirada fue de 1000 ejemplares. El texto fue ignorado por los economistas, pero su amigo Engels escribió en forma anónima las primeras reseñas, a las que siguieron otras el año siguiente en la prensa socialista de Alemania. Una segunda versión, corregida por el propio Marx, se publicó en fascículos entre junio de 1872 y mayo de 1873. Si bien la portada dice 1872, el posfacio de Marx datado el 24 de enero de 1873 prueba que terminó de imprimirse ese año (el volumen completo no salió a la venta sino a mediados de 1873).

Una tercera edición aumentada, a cargo de Engels, se publicó en 1883, poco después de la muerte de Marx. Incorporaba las correcciones manuscritas que su autor había realizado sobre sus ejemplares de la segunda edición alemana y la edición popular francesa. Engels introdujo nuevos agregados en una cuarta edición, en 1890, aprovechando algunas adiciones de la versión inglesa de 1887 traducida por el doctor Samuel Moore, amigo de Engels, y Edward Aveling, yerno de Marx.

Los volúmenes II y III, editados por Engels después de la muerte de Marx, fueron publicados en 1885 y 1894 respectivamente por la casa editorial responsable del primero: Verlag von Otto Meissner, de Hamburgo. Las reediciones alemanas fueron numerosas. Sólo nos interesa retener aquí algunas de ellas, ya que serán la base de las traducciones en castellano. Señalemos que Karl Kautsky publicó en 1914 una edición popular (Volksausgabe), que alcanzó numerosas reimpresiones. Kautsky trabajó sobre la segunda edición alemana, a la que introdujo modificaciones a partir de cartas y manuscritos de Marx de los que tuvo la fortuna de disponer. Para hacerla más accesible al lector, interpoló algunos pasajes de la edición popular francesa traducida por Roy18 y vertió al alemán las citas de obras de terceros que Marx había mantenido en su idioma original.

Además, estableció una tabla de obras y de nombres citados, así como un índice de materias. Pero en 1932 se publicó la edición canónica preparada por el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, que eliminaba las Intervenciones de Kautsky y restablecía el texto de la cuarta edición alemana preparado por Engels. En la sobrecubierta podía leerse incluso la expresión Ungekürzte (edición "sin cortes"). En el prólogo, Adoratsky advertía a los lectores obre el carácter poco fiable de la edición de Kautsky, cuya "falsificación" del marxismo contrastaba con la lealtad con que Engels había editado la obra. "Ya la llamada Edición Popular del primer tomo de El capital que Kautsky publicó en 1914 lo muestra crecientemente como un filisteo y un falsario". Lejos de proceder con la fidelidad con la que Engels editó la obra de su amigo, Kautsky "se ha atrevido [herangewagen] a cambiar soberanamente el manuscrito del texto de Marx publicado por Engels, a tachar y añadir, sin contar para esta acción con los necesarios motivos fundados". Y si este juicio valía para la edición del primer tomo (1914), cuando editó el segundo (1926) y el tercero (1929) Kautsky habría avanzado hacia "una abierta falsificación oportunista de los pensamientos
fundamentales de El capital".

Primeras traducciones

La primera traducción de El capital fue, para sorpresa de Marx, la rusa. El proyecto fue concebido por una de las formaciones de la juventud populista revolucionaria la Sociedad del Rublo de San Petersburgo, que inspiraba German A. Lopatin y de la que participaban, entre otros, Nikolaj N. Ljubavin, Mijail F. Negreskul y Nikola F. Danielson.

La labor iba a ser encarada por el físico y matemático Lopatin, pero, debido a que en 1869 fue deportado le fue encomendada nada menos que a Mijail Bakunin, quien años antes había traducido al ruso el Manifiesto Comunista.

El futuro padre del anarquismo no fue más allá de los dos primeros pliegos, de modo que Lopatin retomó la traducción apenas regresó de su exilio parisino. Con tanta seriedad asumió su labor que se trasladó a Londres para consultar sus dudas directamente con Karl Marx. Sin embargo, en el inverno de 1870 Lopatin fue deportado a Siberia por su participación en el fallido intento de liberar a Chenichevsky, de modo que otro miembro de la Sociedad tuvo que concluir el trabajo de traducción, el economista Danielson, quien mantuvo una fluida correspondencia con Marx.

El primer volumen sorteo el comité de censura ruso (que la juzgó una obra "rigurosamente científica" al tiempo que "pesada y poco accesible") de modo que Das Kapital se publicó a principios de 1872 en San Petersburgo por obra del editor Nikolaj P. Poljakov, con una tirada de 3000 ejemplares. Como es bien sabido, las consecuencias históricas de esta edición fueron vastas. Pero el hecho de que la obra principal de Marx fuera traducida y difundida por los populistas, con quienes Marx mantuvo una animada y amistosa correspondencia, ha constituido una de las paradojas más productivas del proceso de recepción internacional de Marx, que la historia oficial soviética se veía imposibilitada de elucidar. Esta "anomalía" sólo pudo ser descifrada desde visiones periféricas y descentradas del marxismo soviético, como las que ofrecieron el polaco Andrej Walicki, el lituano-británico Teodor Shanin, el japonés Haruki Wada y el argentino José Aricó.

La segunda traducción fue la francesa de Joseph Roy, que contó con la supervisión de Marx e incluso con su colaboración para aligerar el texto alemán con vistas a lanzar una edición popular. Fue publicada por el editor libertario Maurice Lachâtre (1814-1900) en forma de fascículos entre agosto de 1872 y mayo de 1875, con una tirada de 10 000 ejemplares, que luego se reunían en un volumen.35 Fue precedida de una carta-prólogo de Marx, fechada en Londres el 18 de marzo de 1872, y dirigida al "ciudadano Maurice La Châtre", donde afirmaba: "Aplaudo su idea de publicar por entregas periódicas la traducción de Das Kapital. En esta forma la obra será más accesible a la clase obrera, consideración que para mí prevalece sobre cualquier otra".

Las versiones en español

El capital llegó al mundo hispanohablante a través de la edición francesa de Roy. El propio Karl Marx remitió desde Londres, en 1873, los primeros cinco fascículos a su enviado a Buenos Aires, el internacionalista belga Raymond
Wilmart. La carta de acuse de recibo de Wilmart es la primera referencia que conocemos de la circulación de El capital en América Latina. En forma paralela, los fascículos de la edición francesa eran ofrecidos en suscripción por el semanario socialista La Emancipación de Madrid. Por entonces, la ideología hegemónica en el movimiento obrero español era el anarquismo. Como señaló Pedro Ribas, "[g]racias a la venida de Paul Lafargue a España en 1871, el pequeño grupo de internacionalistas con los que tuvo contacto –los redactores de La Emancipación– se distanció de las posiciones bakuninistas y se colocó del lado del Consejo General de Londres". Aunque esa victoria marxista no haya sido más que "una victoria pírrica, ya que ese grupo quedó aislado del grueso del movimiento obrero español. En tal contexto, no hace falta decir que la penetración del marxismo fue muy débil".

Como sea, fue La Emancipación la que en el otoño de 1872 insertaba en sus
páginas el siguiente anuncio: Le Capital, por Karl Marx. Esta obra, traducida del alemán, se está publicando en Francia por series de cinco entregas, a 50 céntimos cada serie. La obra completa constará de diez series. Se admiten suscripciones en la Administración de este periódico, al precio de 62 céntimos de peseta, o sean 2 reales y medio cada serie para Madrid, y 68 céntimos, o sean 2 reales y ¾, para provincias.
Marx en las pampas: Juan B. Justo, traductor de el capital

La traducción de Justo, realizada sobre la cuarta edición alemana de Das Kapital preparada por Engels, circuló en sucesivos cuadernillos quincenales entre el 6 de septiembre de 1897 y el 19 de diciembre de 1898. A principios de 1899 se vendía encuadernada en un volumen de 688 páginas al precio de 7,50 pesetas (según el catálogo del librero Palau y Dulcet, incluso 10 pesetas en las librerías comerciales). En la Argentina, el periódico socialista La Vanguardia ofrecía a fines de 1897 y durante 1898 los fascículos coleccionables a 25 centavos cada uno, y en 1899 el volumen completo a 5,50 pesos.

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