La autora más vendida del género romántico-histórico de Argentina (3 millones de copias) acaba de publicar su nueva novela Aquí hay dragones: la Diana I (Suma de letras). La novela retoma un personaje menor de la autora, la Diana, a quien le hace vivir una historia de venganza, superación y amor en el contexto de la guerra de los Balcanes.

Cargada de descripciones detalladas, personajes bien construidos y una historia de amor redentora, la novela ya es éxito de venta en todo el país y sus lectoras -sus amigas como ella las define-, ya se han devorado el libro como pan caliente. El 1 de septiembre pasado en la librería Ateneo Grand Splendid más de mil seguidoras de la autora hicieron largas colas para poder intercambiar una palabra con Bonelli y llevarse el libro firmado.

Florencia llega al estudio de Infobae y todos caminan en puntas de pie. Es conocido que sus tiempos y sus espacios, la interacción con los desconocidos y el celoso resguardo que hace de su vida privada son una mezcla explosiva a la hora de entrevistarla. Con extremo cuidado por su persona y con pedidos específicos, la entrevista se desarrolló en un clima ameno en el que la autora contó gran parte del proyecto de escritura de su última novela, la relación personal con la literatura romántico histórica y el amor por sus lectoras.

En una charla íntima con Infobae Cultura, la autora cuenta además el proceso de investigación y escritura de su novela más extensa, más de 800 páginas, que espera su segunda parte para abril del año próximo.

-Florencia, hablemos de la extensión inusual de tu última novela.

-Me asusta verla, el segundo libro es más largo todavía. Pero es que no podía parar de escribir. La investigación fue enorme, brutal. En un momento tuve que frenarme porque me deprimí mucho. Estaba encarando dos temas durísimos. Por un lado, la guerra de Bosnia, que no sé si fue guerra en realidad, me parece que el concepto de guerra de dos ejércitos que se enfrentan y luchan dentro de ciertas normas fijadas en los convenios de Ginebra no es lo que se dio acá. Pero bueno, digamos que fue la guerra de Bosnia. Y por el otro lado, investigaba el tema del tráfico humano y me noqueó, tuve que parar. Por eso fue una de las novelas qué más tiempo me llevó escribir. Mis lectoras la vienen pidiendo de hace mucho tiempo. En un momento dije "bueno, basta de investigar, ahora me tengo que poner a escribir" y era tal el cúmulo de información que tuve la necesidad de compartir todo. Y salió esta novela. No podía parar de escribir porque además de meter la historia dentro de un contexto y contarlo también estaba la trama propia de la Diana, que es un personaje secundario que mis lectoras conocen de Caballos de Fuego, un personaje que amaron. Y quería darle un final feliz. Así que estaba la trama, el contexto y el libro iba creciendo y creciendo. Además, tengo poder de síntesis cero. El segundo tiene 100 páginas más.

-La Diana es un personaje muy querido. ¿Fueron los lectores los que te motivaron a escribirle una historia propia?

-No. Fue el hecho de no haberle dado un final feliz. Y como madre de mis hijos, porque yo siento que son mis hijos, una madre siempre quiere que los hijos sean felices. Así que quise darle un final feliz. Se lo merecía, pobrecita. Yo había investigado para libros lugares como Congo y Gaza, cuyas realidades son terroríficas, incluso hasta el día de hoy y me preguntaba por qué no me había deprimido tanto y después haciendo un análisis me di cuenta de que la gente del Congo y la gente de Gaza hace 60 años que están en guerra, viven en una continua situación de riesgo. En cambio Yugoslavia, que ya no existe, era como la Argentina. Era un país que tenía una realidad parecida a la nuestra: inflación, problemas con el FMI y me dije, la Diana era como yo; de hecho nació el mismo año que yo. Entonces sentí que me podría haber tocado a mí. Diana tenía una vida normal, con su familia que la amaba, tenían un restaurante en un pueblo y de repente explota esta locura y eso fue lo que a mí me shockeó. Yo era contemporánea de la Diana y mientras la Diana, y las mujeres que realmente sufrieron la guerra en Bosnia, sufrían estas atrocidades yo estaba terminando la facultad, por ejemplo.

-Hay algo que se trasluce en la novela, que tiene que ver precisamente con esto, con la cotidianidad del horror, con la supervivencia, el día a día. Levantarse a la mañana y vivir en ese caos. Y cómo sobreviven las mujeres en ese caos que es la guerra.

-Es como si en estas situaciones de guerra se supiese que ir a destruir a la mujer genera un desarreglo absoluto en el tejido social. Sin querer envanecerme, creo que la mujer es lo más importante de la sociedad, es el eje de la sociedad. La mujer es muy poderosa y por eso siempre ha sido atacada. Si te fijás, en estas guerras no hay grandes matanzas, sino más bien hay violaciones, mutilaciones. Es como dejarla completamente desencajada a la mujer y con eso se empieza destruir todo. Es como un efecto dominó. Entonces, en esta novela vuelve a aparecer esta cotidianidad de la mujer en la guerra que yo ya trabajé en mis otras novelas. Para darte un ejemplo, en Bosnia hay mujeres que todavía hoy piden justicia. He escuchado testimonios de mujeres que dicen que todavía hoy salen a la calle y el cartero es el tipo que las violaba en el campo de concentración, porque era todos contra todos. Entonces todavía tienen que soportar eso, no ha habido justicia y esas mujeres tuvieron que sobrevivir día a día sin nada y encima sufriendo una violencia permanente y viendo también cómo se ejercía la violencia sobre sus hombres, sus hijos, sus maridos, sus padres. Y están ahí todavía, y siguen luchando. Las admiro tanto.

-Cuando entraste en la investigación más profunda para este libro ¿qué fue lo que te paralizó?

-Me di cuenta una mañana que estaba enojada. Me levantaba enojada. Muy enojada conmigo misma, con mi especie, con el ser humano. Pensaba cómo puede ser, qué le pasó al que inventó esto sea Dios, Cosmos, llamalo como quieras. ¿En qué estaba pensando cuando nos inventó así, de este modo? porque hay gente que es realmente tan buena, pero otros son tan perversos. Y también lo que me asustó fue ver cómo las personas que manejan el mundo saben cómo manipular a gente normal y convertirla en bestias porque en Bosnia fue una guerra de gente "normal" que fue llevada a través de propaganda al mejor estilo Goebbels en la II Guerra Mundial a considerar que el vecino que habían saludado y con el cual habían compartido la vida era el enemigo que había que masacrar. ¿Cómo puede ser que el ser humano sea tan lábil, y pueda pasar de la normalidad a estas situaciones? ¿Cómo nos dejamos manejar así? Eso me hizo enojar. Y me di cuenta de que tenía que parar. Me puse a trabajar en unos cuentos que me habían pedido y fue un cable a tierra importante. Y cuando retomé, seguía enojada pero no tanto.

-El enojo te impide escribir…

-Sí porque no estoy acostumbrada a estar enojada. Estaba resentida también. Toda esta investigación había despertado estos sentimientos en mí y no me permitía crear. Me preguntaba por qué nos hacemos esto los unos a los otros. Y después cuando retomé, entendí que era importante poder contar todo porque acá no tenemos ni idea de todo esto. Lo poco que recuerdo de esa época, y que veíamos en los noticieros, era el sitio de Sarajevo. Eso era lo más famoso. Y si bien la masacre que vivió Sarajevo fue terrorífica, la masacre verdadera ocurrió afuera de Sarajevo. Hubo pocos periodistas que salieron a ver lo que pasaba. De hecho Eddie Buliami y su colega Penny Marshall fueron hasta Omraska y a varios campos de concentración. Los serbios los llamaban campos de refugiados pero eran campos de concentración, como había habido en la Segunda Guerra. Era como que no habíamos aprendido nada. Y esto pasó en el corazón de Europa, en el mismo continente donde había tenido lugar la Segunda Guerra Mundial.

Florencia Bonelli
Florencia Bonelli

-Algo que resulta apasionante es cómo en la era de las comunicaciones, en la que todos sabemos tanto de todo, no podemos impedir nada de lo que pasa. En un punto pareciera que la información nos paraliza.

-Y acá se trató de paralizar la información que Buliami y Marshall quisieron mostrarle al mundo. Tuvieron muchísimos problemas para poder mostrar lo que realmente estaba pasando. Hubo una tapa de la revista Time de un muchacho fotografiado en Omaska que parecía sacado de Auschwitz. Y ellos tuvieron muchos problemas para mostrar eso al mundo. Querían frenarlos, querían paralizarlos, pero por suerte se supo. Y, a pesar de todo, aún hoy hay mucha gente que dice que todo fue mentira.

-En la novela hay un optimismo que nace entre esos encuentros entre las personas, a pesar de todo: amistades, historias de amor. Es algo muy femenino. Los personajes más fuertes, más contundentes, son mujeres que se enfrentan a todo.

-Vos sabés que mis lectoras, desesperadas, me preguntaban cómo se llama el personaje protagónico, ¿quién es él?, y yo les decía "no". No les voy a decir porque la novela es ella, es la Diana. Después ella lo encuentra y las lectoras lo descubren con ella. Ella no lo espera, no lo busca y lo van a descubrir juntas pero no les voy a decir nada porque yo quiero que entiendan que la novela es ella, su búsqueda de venganza. Sin darse cuenta encuentra redención a través del amor porque es muy buena persona, pobrecita todo lo que le pasó. Fue muy amada, tenía una familia muy normal como la que podríamos haber tenido todos en aquel momento; padre, madre, hermanos, gente humilde, trabajadora. Entonces ella quiere vengarse pero en realidad quiere, sobre todo, sanar.

-Sí, es una venganza muy femenina en el sentido de que la venganza pasa por decir: "yo voy a rehacer mi vida, esto no me va a quitar mi vida".

-No nos olvidemos que nosotras somos de Venus y ellos de Marte, pobres. Marte es el dios de la guerra, no saben hacer otra cosa. Pero nosotras somos Venus. Tenemos ese poder de diosas del amor, y por eso la hice escorpiana a la Diana. Eso lo marco mucho en la novela. Porque las llaman las ave fénix del zodíaco. Escorpio tiene esa capacidad de pasar por situaciones de dolor extremo que a otros signos los dejaría por tierra y ellos se reconstruyen, renacen de las cenizas. Y eso fue lo que hizo la Diana.

-A la Diana la conocemos de otro libro tuyo, pero los demás personajes ¿tienen una base histórica?

-Todos los personajes son ficcionales pero por todo lo que leí y por los testimonios que escuché en los juicios de la Haya puedo decir que todo lo que está escrito ahí pudo haber pasado perfectamente y más todavía. Por ejemplo, Milan Lukić sí fue un personaje histórico y la Diana lo menciona. La policía lo apresó en Buenos Aires, tomándose un café en Palermo y él estuvo a cargo del campo de Višegrad, cerca del límite serbio, obviamente un lugar muy codiciado por los serbios. Y allí Lukić hizo estragos inenarrables. Yo, que vivo de escribir ficción, vivo de mi imaginación y no puedo creer que a alguien se le ocurran tantas perversidades. Eran él y su primo y no tenían ni 25 años.

-¿A qué atribuís esta capacidad para el mal?

-Creo que estas personas ya venían muy perturbadas por sus situaciones familiares o algo así, no lo sé. Y de pronto el propio Estado los habilitó a romper con todo, a destruir todo y entonces en una personalidad muy psicópata esta habilitación es una fiesta. También estaba el serbio-bosnio que no participó pero tampoco hizo nada porque tenía mucho miedo. Si vos protegías a los bosniacos, como les dicen a los bosnios musulmanes, corrías un gran riesgo también. Y después hubo muchos serbios-bosnios que sí ayudaron. En la novela hablo de uno en particular, que finalmente perdió su vida por ayudar a la Diana y a su familia. Intentó salvarlas para que no cayeran en manos de los serbios y muere. Entonces los más cruentos eran aquéllos con personalidades muy retorcidas que frente a este vale todo, habilitados por el Estado, habilitados por la propaganda, se soltaron. Me recuerda a esa frase de Shakespeare "Gritad devastación y soltad a los perros de la guerra", entonces ellos soltaron a los perros, pero no a perros sino a estas cosas, a estos dragones de la guerra y así fue que resultó ser un genocidio.

Las lectoras de Bonelli, con su nuevo libro
Las lectoras de Bonelli, con su nuevo libro

-Me interesa destacar en tu novela las diferentes reacciones de las personas frente al miedo.

-Hubo mucha gente paralizada por el miedo, el "no te metas", "no digas", porque era tal la ferocidad con la que te podían llegar a masacrar que los propios serbio-bosnios, que a lo mejor hubiesen querido ayudar a sus vecinos, a sus amigos musulmanes, quedaron completamente paralizados. ¿Es una condición humana entendible? Sí, la entiendo. ¿Loable? No, pero a lo mejor tenían familia, hijos, mujeres, temían que les hicieran lo mismo que les hacían a las mujeres musulmanas.

-El miedo es tan irracional.

-Es como una pelota de rugby, no sabés para donde pica. Puede hacer reaccionar de cualquier forma el miedo. Es una grieta que se te hace y por ahí puede entrar cualquier maldad, cualquier virus y podés terminar siendo un monstruo. Y es a la vez tan humano. Hay por ejemplo un caso que cuenta una chica en los juicios de la Haya y que es terrible. Milan Lukić la encierra en una casa junto con otras 70 personas, niños, ancianos, y les prende fuego. Ella logra escapar rompiendo una ventana, sale quemada viva. Hoy vive en Francia y decidió declarar en francés. Y cuenta que la salva un serbo-bosnio, la cura y la ayuda a escapar. Hubo casos así, pero si la masacre se concretó fue porque la mayoría no ayudaba.

Que otros escriban y yo leo

-Hablemos de la fidelidad de tus lectores. ¿Cómo lo vivís en tu fuero íntimo?

-Son mis amigas. Yo lo siento así. Parto de una definición de mí misma como una lectora que escribe. Me siento así y siempre digo un poco en broma que si Borges es escritor yo no puedo decir que soy escritora. En realidad yo nunca pensé en ser escritora. Estudié Ciencias Económicas. Alguna vez pensé en estudiar Filosofía y Letras pero después me decidí por Economía porque me gustaban las matemáticas y entonces nunca pensé ser escritora. Y lo que sí fui toda la vida, desde muy chiquita, fue lectora. Mi padre me inculcó mucho eso. Soy una más de ellas, soy una lectora. Si me dieran a elegir entre leer y escribir, seguramente elija leer. Que otros escriban y yo leo. Para mí ellas son mis amigas. Lo siento así; tenemos un vínculo con muchas de ellas. Por ejemplo, Gloria Casañas, que fue la primera lectora que me escribió y hoy somos muy amigas. Las lectoras me cuentan sus cosas, nos juntamos mucho a tomar el té. Es una amistad pero lo que realmente siento por ellas es un agradecimiento enorme porque cuando empecé a publicar romántica el género no existía. Eran pocos libros que venían de Norteamérica. Historias muy lindas bastardeadas por las tapas que había que forrarlas para ir en el subte y que no te miraran raro, con esas ilustraciones donde todos aparecían medio desnudos. Pero con esos libros que parecían tan poca cosa yo aprendí tanto de la Edad Media europea, de la Guerra de Secesión, tanto. Venían muy pocos libros de Norteamérica y no vendían nada. Y yo quería publicar eso. Eso me gustaba a mí, era lo que me hacía vibrar cuando leía. Y cuando empecé no éramos nada, no existíamos, y ahora somos una legión que hacemos un festival y tenemos a nuestras lectoras que nos siguen por todas partes. Pero cómo lo logramos: fue gracias a las lectoras porque para la prensa no existíamos, para los críticos menos que menos. Y entonces fueron ellas, que los regalaban, los recomendaban, insistían a sus amigas, etc. Esa generosidad de compartir la experiencia es lo que agradezco.

-Es un género que implica un trabajo de investigación enorme. ¿Cómo es ese trabajo?

-Las lectoras reconocen mucho ese trabajo. A mí me gusta tanto investigar como escribir. Porque qué pasa, yo tengo una idea, sé en qué época quiero ambientarlo, se más o menos como quiero que sea la trama pero la investigación te va nutriendo de información que a veces te va modificando la trama porque vos querés incorporar esto que descubriste investigando, es un poco caótico. Es fascinante.

-En el caso de la historia de la Diana, el tema del tráfico de personas, por ejemplo, ¿lo conocías desde un principio?

-No. Yo no sabía que había sido tan terrible el tráfico humano que hoy por hoy está al mismo nivel que el de drogas. El tráfico humano tiene una ventaja entre comillas y es que estas bestias que trafican con seres humanos, sobre todo mujeres, pueden reciclar la mercancía, que así las llaman. Las usan hasta que la mujer muere. ¿Por qué hablo de este tema en este libro? Porque fue una de las consecuencias de la guerra. La guerra, cuando termina, no termina nunca en realidad porque las heridas que deja son terroríficas y no cierran. Una de las consecuencias de esta guerra fue la trata de personas porque gracias a los acuerdos de Brighton se llenó la zona de los Balcanes con personal de la ONU y de la OTAN y todos los organismos internacionales que se instalaron por razones humanitarias para mantener la paz y que generaron, paradójicamente, mayor demanda de sexo. No había con qué satisfacer esa demanda. Entonces empezaron a llegar las chicas que no eran prostitutas profesionales sino que eran secuestradas, engañadas y llevadas ahí. Hay un libro genial de Kathryn Bolkovac, se llama The Whistleblower que significa El alcahuete, el que pone de manifiesto, alguien que viene a arruinar la fiesta. Esta mujer, digna de admiración, era policía que estaba allí para controlar a la policía bosnia; policías del resto del mundo que fueron a controlar que se respetaran los derechos humanos y ella es una de las primeras que pone el grito en el cielo con lo que pasaba. Obviamente la echaron y se tuvo que ir. Lo pasó muy mal.Fue un escándalo en su momento y quería contarlo en el libro.

-Y pronto llega la segunda parte.

-Llega en abril. La presento en la Feria del Libro de Buenos Aires, es un lugar que amo, es mágico para mí.

 

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